El peligro de la incredulidad
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Introducción
Introducción
En el año 1975, un joven ingeniero de la compañía Kodak, llamado Steve Sasson, inventó algo que cambiaría el mundo: la primera cámara digital. Era un aparato grande, pero funcionaba. Emocionado, se lo presentó a la junta directiva.
¿Saben qué le respondieron los ejecutivos de Kodak? Le dijeron: "Qué bonito, pero no le digas a nadie".
Kodak, que dominaba el 90% del mercado de películas fotográficas, no pudo creer que alguien quisiera ver fotos en una televisión. No creyeron en la nueva tecnología. Su incredulidad en la revolución digital que ellos mismos habían inventado fue tan profunda que la escondieron. Veinte años después, mientras otras compañías que sí creyeron (como Sony y Canon) lideraban el mercado digital, Kodak seguía aferrada a sus películas. En 2012, Kodak se declaró en bancarrota. La incredulidad les costó la empresa.
Hermanos, la incredulidad no es simplemente un error de juicio; es un veneno que paraliza. Si la incredulidad en una nueva tecnología puede llevar a la quiebra a un gigante mundial, ¿cuánto más peligrosa y devastadora es la incredulidad espiritual? ¿Qué pasa cuando no le creemos al Dios vivo?
El autor de Hebreos nos escribe hoy una advertencia urgente sobre este mismo peligro. Es un peligro que no solo nos puede costar bendiciones, sino que puede endurecer nuestro corazón al punto de apartarnos de Dios.
El título de nuestro sermón hoy es: "El peligro de la incredulidad".
Les invito a que leamos el libro de los Hebreos, capítulo 3 versos 1 en adelante
Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús; el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios. Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo. Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios. Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir; pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.
Oremos al Señor
La incredulidad es peligrosa porque nos hace infieles a Dios
La incredulidad es peligrosa porque nos hace infieles a Dios
Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús; el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios. Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo. Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios. Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir; pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.
Una de las principales luchas que el escritor del libro de los Hebreos enfrenta en su carta a los creyentes es acerca del peligro que corrían estos hermanos al dejar de confiar en Cristo y ceder ante el miedo y el temor a la persecución, con las miras de volver al judaismo y abandonar su fe en Cristo.
Por ello es que el escritor de esta epístola se aboca a demostrar la superioridad de Cristo sobre los angeles, los profetas, sobre la ley y sobre Moisés mismo. Dios es confiable, Cristo es el Hijo Santo de Dios, digno de ser creído y obedecido. Desecharle en incredulidad, no confiar en sus promesas, dudar de su verdad es un serio y grave pecado que lo unico que causa es mayores problemas para nosotros. La Escritura dice que todo el que creyere en Él no será avergonzado; pero todo aquel que endurece el corazón en incredulidad a su Palabra será quebrantado.
La Escritura nos muestra 2 aspectos importantes a tener en cuenta:
Los creyentes somos hijos de Dios, salvados por su gracia, llamados a ser parte de un cuerpo que es la Iglesia y de la familia de Dios en la cual somos hermanos.
Somos llamados en ese contexto no a alejarnos de Dios, sino a profundizar nuestra comunión y caminar con el Señor en santidad y obediencia.
La incredulidad es el rechazo conciente y constante a la voluntad de Dios porque no creemos que lo que Dios dice es verdad o no creemos que Dios es capaz de cumplir sus promesas y su verdad.
Por ello, no nos acercamos a Dios, hacemos nuestra propia voluntad, por ende, le desobedecemos. la incredulidad está asociada a la desobediencia, como la fe está asociada a la obediencia a Dios.
El escritor de Hebreos llama a los creyentes participantes del llamamiento celestial de Dios. Es decir, que la fe y la obediencia no solo están restringidos a algunos en la iglesia. Todos los creyentes somos llamados a la fe, a la obediencia y a la santidad en unidad del cuerpo.
Quien se resiste a la voluntad del Señor en desobediencia manifiesta un corazón de incredulidad y rompe la unidad del cuerpo, afrenta a su Señor y no es fiel como es la voluntad de Dios.
Se nos manda a considerar, a meditar, a reflexionar y pensar en los referentes que Dios nos ha dado como modelos de creyente que en medio de sus circunstancias vivieron de formas agradables al Señor, siendo fieles, mostrando su fe por medio de su obediencia a Dios en lo que el Señor les llamó. Estos modelos son:
Cristo Jesús, llamado por el escritor de Hebreos como el apostol de nuestra fe. La palabra apostol es un sentido mas general “enviado”. Esto hace referencia al hecho de que el Hijo de Dios fue enviado por el Padre Celestial para que haga su voluntad: entregandose a la muerte cruenta en la cruz para lograr la salvación de la humanidad. Y Cristo no se negó, sino que voluntariamente se entregó a hacer la voluntad de su Padre por amor y obediencia a El. Este es un ejemplo de fidelidad. Cristo habló de esto en el evangelio:
Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña.Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue.Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue.¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios.Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.
Tambien es llamado el sumo sacerdote de nuestra confesión de fe. Cristo fue fiel a su ministerio de orar e interceder por las almas perdidas durante su ministerio en la tierra y también ahora en los cielos sentado a la diestra de su Padre:
Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.
Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos,
¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.
En ambos ministerios, Cristo se mostró fiel a lo que Dios le encomendó como el Hijo obediente de Dios. Nosotros que nos llamamos sus siervos y sus hijos, ¿le imitamos y somos fieles también como El es fiel?
Tambien se nos presenta a Moisés, el siervo del Señor, como hombres fiel en toda la casa de Dios, en su ministerio para con Israel. Se repite dos veces que Moisés fue fiel en toda la casa de Dios, como un siervo amado. La palabra traducida por “siervo” no es la que comunmente se utiliza en el griego, sino que solo aqui en todo el Nuevo Testamento se usa esta palabra aunque en la Septuaginta si se usa en varias veces en el Antiguo Testamento en versos como Números 12:7–8 "No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa. Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?" "No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa."
Moisés fue fiel porque fue obediente a todo lo que Dios le mandó. Su fidelidad se mostró en su obediencia. Sus obras revelaron que su fe era verdadera.
Y sin embargo, Cristo es digno de mayor gloria porque es mayor el Amo que el siervo. Es mayor el que construyó la casa que el que la administró como supervisor. Moisés fue obediente y fiel en lo que se le encomendó; aunque en algun momento de su vida falló y por ello fue disciplinado; pero fue Cristo quien fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz.
Por ello, Cristo es nuestro mayor referente de obediencia, de fidelidad y de amor a Dios. Es quien se entregó a lo sumo y quien nos llama a seguir sus pisadas en obediencia, para evidenciar que realmente nuestra fe es verdadera y que somos arboles buenos, porque un arbol bueno no puede dar frutos malos, una fuente no puede dar agua dulce y agua amarga a la vez. Un hijo de Dios no puede vivir todo el tiempo en pecado, en desobediencia, en incredulidad y en rebeldía expresa a la Palabra de Dios. Puede eventualmente en algun momento debilitarse, pecar, alejarse del Señor; pero si todo el tiempo de su vida el promedio de ella es la desobediencia, entonces lo que muestra es que no tiene una fe verdadera porque el llamado de Dios a los creyentes es el llamamiento celestial a ser fieles a Dios en todo.
Esto lo evidencia el escritor de Hebreos al decir que:
pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.
Nosotros somos la iglesia del Señor, la casa de Dios, donde debemos crecer y ser edificados para ser un templo santo en el Señor. Notese el condicional: somos la casa de Dios si retenemos, si nos aferramos firmes en la confianza y en la esperanza de la fe hasta el final. Esto no significa que el escritor de Hebreos aboga o enseña una salvación por obras o por perseverancia. Lo que dice es lo que hemos venido enseñando en este sermón: la perseverancia en la obediencia, que es lo mismo que decir que somos perseverantes en la fe evidencia y manifiesta que realmente somos pueblo de Dios. El que vive en desobediencia constante, puede tener conocimiento de la Palabra, puede sentir cierta simpatia por la Palabra; puede emocionarse en algun momento al recibir la Palabra; pero su corazón no recibe ni abraza la Palabra, no da fruto porque no es buena tierra, no es un verdadero creyente. La incredulidad nos lleva a no tener fe en Dios y en su evangelio, por ende a no confiar en Dios y no obedecerle. Por eso somos infieles a lo que Dios dice y a quien Dios es.
Vemos que Cristo y Moisés fueron fieles. Pero la incredulidad ataca esa fidelidad. Y cuando lo hace, no se queda en la mente; se convierte en rebelión activa contra el Espíritu Santo
La incredulidad es peligrosa porque nos hace rebeldes al Espíritu Santo
La incredulidad es peligrosa porque nos hace rebeldes al Espíritu Santo
Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, Y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, Y dije: Siempre andan vagando en su corazón, Y no han conocido mis caminos. Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo.
El escritor del libro de los Hebreos cambia el enfoque de su exhortación. El ya nos ha exhortado directamente mostrandonos como Dios nos ha provisto ejemplos de hombres que a pesar de todo siguen fieles y firmes a Dios: Cristo mismo el Hijo de Dios quien es fiel en todo lo que se le encomendó. Se le encomendó encarnarse y se encarnó. Se le encomendó vivir una vida perfecta y la vivió. Se le encomendó ir a la cruz a morir por los pecados de un mundo enemigo de Dios y lo hizo. Se le encomendó sentarse a la diestra de Dios para orar e interceder por los creyentes y esperar el tiempo de su regreso y lo está haciendo.
También vemos a Moisés, el siervo fiel de Dios, quien obedeció todo lo que Dios le encomendó y por ello es amado por todo Israel hasta el día de hoy y es uno de los personajes del Antiguo Testamento, junto con Abraham, de quien mas se habla en el Nuevo Testamento.
Sin embargo, ahora el escritor de Hebreos cambia su discurso y apela al mismo Espíritu de Dios hablando directamente hoy a los creyentes, tomando como ejemplo al pueblo de Israel, quienes no fueron obedientes ni fieles como Moisés, y por ello fueron disciplinados y juzgados por Dios en el desierto.
El mandato directo del Espíritu Santo hablandonos a ti y a mi hoy es claro: Si oyes hoy la voz de Dios, no endurezcas el corazón. La incredulidad no solo es desobediencia, sino que es desobediencia progresiva que va endureciendo el corazón cada vez mas, haciendonos insensibles, desobedientes, irreverentes, irrespetuosos y duros ante la Palabra de Dios. Es decir, no hablamos de personas que no conocen la Palabra, sino de aquellos que conocen y aun conociendo lo que deben hacer y sabiendo la voluntad expresa de Dios predicada cada domingo en la iglesia, rehusan obedecer cada vez mas, justificandose a si mismos, excusandose, poniendo sus razonamientos perversos y torcidos en vez de asumir y aceptar la bendita, simple pero poderosa Palabra de Dios.
El Espíritu Santo hermanos habla HOY. No solo habló para las personas del pasado o del pueblo de Israel que ya no existen hoy. El Espiritu de Dios habla HOY a los hombres y mujeres de estos tiempos, a la iglesia de este tiempo. Nos dirige a poner la mirada en quienes en el pasado hicieron lo mismo que hoy nosotros estamos haciendo para que veamos cual fue el resultado de su conducta y asi no nos engañemos. Hermanos, no nos engañemos, nadie puede burlarse de Dios. El que siembra para su carne, de su carne segará corrupción; pero quien siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.
Los israelitas:
Salieron de Egipto por la mano poderosa de Dios; pero no manifestaron gratitud al Dios que los liberó de la esclavitud.
Ellos provocaron a ira a Dios en el desierto con su desobediencia constante. 17 veces se encuentra registrado en las Escrituras que el pueblo de Israel, la primera generación tentó y provocó a ira a Dios con su constante desobediencia.
No fue un error aislado; fue un estilo de vida de incredulidad. Me faltaría tiempo para enumerar cada pecado, pero podemos ver claramente un patrón que fue escalando en gravedad:
Empezaron con la murmuración contra las provisiones de Dios: A pesar de ser liberados milagrosamente, su fe no duraba hasta la siguiente necesidad.
En Mara, murmuraron por agua amarga (Éxodo 15:22-26).
En el desierto de Sin, murmuraron por hambre, deseando las ollas de carne de Egipto (Éxodo 16:1-8).
En Refidim, volvieron a tentar a Dios pidiendo agua (Éxodo 17:1-7).
Más adelante, se quejaron del maná, llamándolo "pan tan liviano" (Números 21:4-9).
Su queja constante no era por la necesidad física, sino porque no creían que Dios fuera bueno o capaz de sustentarlos.
Siguieron con la rebelión contra la autoridad de Dios: La incredulidad en la provisión de Dios pronto se convirtió en un desafío a sus líderes escogidos.
Los propios hermanos de Moisés, María y Aarón, se rebelaron contra su autoridad (Números 12:1-8).
Luego vino una rebelión política y espiritual más grave: Coré, Datán y Abiram desafiaron abiertamente a Moisés y Aarón, y la tierra tuvo que tragárselos (Números 16). Cuando no creemos en Dios, empezamos a despreciar la autoridad que Él ha puesto.
Escalaron a la idolatría y apostasía flagrante: Cuando quitas tu fe del Dios verdadero, inevitablemente la pones en algo falso.
Mientras Moisés estaba en el monte, el pueblo construyó y adoró al becerro de oro, corrompiéndose por completo (Éxodo 32:15-25).
Justo antes de entrar a la tierra, volvieron a caer, uniéndose a Baal-peor en fornicación e idolatría (Números 25 / Salmo 106). Pasaron de quejarse por el pan a adorar demonios.
Y todo culminó en el rechazo total de la promesa de Dios: Este es el corazón del argumento de Hebreos. Después de todo lo que habían visto, la generación de Israel llegó al punto de no retorno.
En Cades-barnea, escucharon el informe de los diez espías y dijeron: "No podremos subir contra aquel pueblo... son más fuertes que nosotros" (Números 13:27-32).
Lloraron, culparon a Dios y dijeron: "¡Mejor nos fuera volver a Egipto!" (Números 14:1-10). Esta fue la incredulidad final. No fue falta de agua o pan; fue un rechazo directo a la promesa central de Dios
Hermanos, ¿ven el patrón? La incredulidad que empieza como una simple queja, si no se arrepiente, crece. Se convierte en rebelión, luego en idolatría, y finalmente endurece el corazón tanto que rechaza la propia promesa de Dios.
Me faltaría tiempo para enumerar demás pecados que cometió también la segunda generación de Israel. Pero creó que es suficiente para entender que el pueblo de Israel una y otra vez provocó a Dios con su desobediencia. Y con cada pecado iban endureciendo el corazón, iban apartandose de Dios cada vez mas. Ellos, los israelitas de la primera generación probaron la paciencia, bondad y misericordia de Dios. A pesar de que vieron el poder y la gloria de Dios durante cuarenta años, nunca fueron capaces de rendirse a Dios y obedecerle.
Por ello, Dios, asi como vemos en el libro de Romanos con respecto a la humanidad entera, Dios los entregó a la dureza de su corazón, para que vivan y corran detras de su incredulo corazón. Cuando se dice que Dios endurece el corazón de su pueblo o mejor dicho permite que su pueblo endurezca el corazón lo unico que hace Dios es dejar que el deseo del corazon de su pueblo que es alejarse de El se cumpla hasta cierta medida.
Asi sucedió con Israel:
Estuvieron expuestos al obrar de Dios y al buen ejemplo de Moisés durante 40 años; sin embargo, ni aun así se arrepintieron y dispusieron su corazón para Dios. Muchos dicen “el proximo año me voy a consagrar”; pero eso es mentira. El pueblo de Dios vio pasar 40 años con sus meses y sus dias y nunca cambiaron.
Una y otra vez provocaron a ira a Dios con su desobediencia. No tuvieron temor del castigo de Dios ni de su poder, a pesar de que lo vieron una y otra vez. Aunque vieron a Dios destruir a los enemigos de Dios, pensaron que ellos estaban exentos solo por misericordia; pero la misericordia de Dios también está acotada por su santidad.
Por ello, Dios se disgustó con esa generación, pues siempre andaban vagando en su corazón. La palabra traducida por “vagar” es la misma que se usa para mencionar a la oveja perdida que extravió el camino y a quien Jesús el buen pastor va a buscar. Es la misma que se menciona de los fariseos que erraban, extraviados del conocimiento verdadero de la Palabra de Dios, porque tenian una mente y un corazón incrédulos. Es la misma palabra que se usa del Anticristo que engañará a muchos, haciendolos desviarse del camino de Dios.
Esa generación nunca se enfocó, nunca hizo de Dios su prioridad, nunca rindió su corazón ante el Señor y ante su Palabra. Siempre anduvieron divagando, por un tiempo aceptando, pero casi siempre desobedeciendo. Por ello, realmente nunca conocieron a Dios ni sus caminos.
Por ello, Dios les entregó a su maldad y juró en su ira que nunca entrarían en su reposo. Durante el resto de sus vidas vagarían en el desierto, sin nunca poder experimentar las bendiciones de Dios, ni poder ser útiles en la obra de Dios. Nunca podrían ver en sus propias vidas lo que Dios les prometió porque nunca se deleitaron en el Señor. Vivirian siempre a merced de la misericordia de Dios, pero sin experimentar las bendiciones maravillosas que vienen por la obediencia a El. Mirarian de lejos Canaán, pero nunca entrarían en el.
Es terrible y triste el destino de quienes rechazan oir la voz del Espiritu Santo que habla hoy a su Iglesia. Hermano, no cometas el pecado que cometieron los israelitas de la primera generación. Creeme que hoy nosotros tenemos mas responsabilidad que ellos, porque nosotros tenemos el Espiritu Santo morando en nuestro interior, tenemos el canon completo de la Palabra de Dios, tenemos literatura cristiana, predicadores, libros, conferencias, tenemos libertad para buscar a Dios. Nada nos impide ni nos excusa de divagar en nuestro corazón y sin embargo, hacemos lo que los israelitas hicieron: oimos la Palabra semana tras semana pero salimos del templo en la misma desobediencia con la que ingresamos. No tomamos decisiones, no nos arrepentimos de nuestros pecados, no dejamos nuestra incredulidad. ¿Que crees que vamos a recibir de Dios? ¿Como crees que podremos soportar la venida del Señor?
Esa rebelión, ese patrón de desobediencia que vimos en Israel, no es gratis. Tiene un efecto corrosivo. La incredulidad primero nos hace rebeldes, y luego, peligrosamente, nos endurece el corazón
La incredulidad es peligrosa porque nos hace endurecer el corazón y perder bendiciones
La incredulidad es peligrosa porque nos hace endurecer el corazón y perder bendiciones
Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad.
Ahora, el escritor de Hebreos pasa de la antiguedad a lo contemporaneo. Nos dice que dejemos de mirar a los israelitas incrédulos y nos empecemos a mirar a nosotros mismos. ¿Como estamos delante de Dios? ¿Como se encuentra nuestro corazón? ¿Somos fieles delante de Dios o manifestamos un corazón de duda e incredulidad? ¿Estamos divagando siempre en nuestros caminos y corazón o nos hemos decidido de corazón a obedecer a Dios?
Presta atención hermano es lo que dice el escritor de Hebreos. No desvies la mirada ni te distraigas de lo que el Espiritu Santo de Dios está hablando a la iglesia hoy:
Presta atención a la exhortación de la Palabra de Dios para que no haya en ninguno de nosotros un corazón malo de incredulidad que nos lleve a apartarnos del Dios vivo. Es claro que la desobediencia está relacionada a la incredulidad y eso es manifestación de un corazón malo que no quiere someterse a la voluntad de Dios, que permanece en esclavitud al pecado y a Satanás y no quiere y no puede buscar a Dios, ni amar a Dios, ni obedecerle. Hermanos, una persona así eventualmente terminará apartandose, apostatando de Dios, porque tiene su propia religión, su propia teología, su propio cristianismo que no es el biblico y por ende desea adorar a Dios a su manera, a su propio dios personal no al Dios de la Biblia. Ese corazón es malo e incredulo y no persevera. Hermanos, un hombre o una mujer puede conocer la Palabra de Dios y aun asi no ser salvo. Puede asistir al templo, incluso sentir cierta simpatía por las cosas de Dios o participar de las actividades de la iglesia, y sin embargo, seguir viviendo en oscuridad. ¿Como lo podemos saber? El texto lo dice: un corazón malo de incredulidad que lleva a esa persona a una desobediencia a Dios constante, persistente y progresiva que por ultimo le lleva a la apostasia, al apartarse definitivamente de Dios y entregarse a los pecados que siempre amó.
Presta atención hermano a tu propia vida y la de tus hermanos en la fe. ¿Ves a alguien que está tomando ese camino de incredulidad? ¿Conoces a alguien que a pesar de recibir la exhortación de la Palabra de Dios sigue desobedeciendola, una y otra vez? Esa persona está en grave peligro, está manifestando un corazon de incredulidad que le llevará a un terrible desenlace. Por ello, la estrategia bíblica es exhortémonos los unos a los otros cada día, entre tanto que hay oportunidad para que no nos endurezcamos por el engaño del pecado. Esto quiere decir que asi como los israelitas fueron engañados por el pecado para pensar que podian salir bien librados de su desobediencia, nosotros ahora somos engañados por el pecado para pensar que la gracia de Dios es sinonimo de libertinaje, entonces puedo ser cristiano y casi nunca congregar, casi nunca orar, casi nunca leer la Biblia, nunca evangelizar, nunca servir, nunca adorar a Dios con mis diezmos y ofrendas y abranzando pecados ocultos. Muchos piensan que podrán salir bien librados, que Dios nunca los va a disciplinar, que Dios igual les va a bendecir, que Dios está obligado a concederles sus caprichos. ¡Cuan engalñados están! y ¡cuan endurecidos tienen el corazón y entenebrecida su mente para ser engañados por Satanás y el pecado!. Sin embargo, algun dia se darán cuenta y el despertar será terrible. El pecado y la desobediencia prometen placer temporal y lo dan, pero el precio que hay que pagar por ellos es muy doloroso y terrible. Exhortemonos los unos a los otros, estorbemonos los unos a los otros para no caer en semejante desobeciencia. Lideres, exhorten a los hermanos sin temor a ser mal vistos. Amor no es consentir el pecado, sino enseñar la verdad de Dios. Padres, estorben a sus hijos y no dejen que corran al pecado sin decir nada. Hermanos todos, mortifiquemos nuestro pecado diariamente, no le dejemos correr presuroso hacia el diablo.
El escritor de Hebreos nos recuerda de que somos hechos participantes de Cristo; pero es verdad en quienes lo evidencian por medio de su perseverancia en la fe, en la obediencia, en el fervor y amor a Dios. Recuerde una vez mas la voz del Espiritu Santo hablando a tu corazon directamente: Si aun tu corazon no se ha endurecido tanto que aun puedes oir la dulce pero firme voz del Espiritu Santo, entonces no endurezcas mas el corazón como los israelitas lo hicieron. Es decir, no salgas de aquí como siempre, sin tomar una decisión firme, sin arrepentirte de tus pecados, sin rendirte por completo al Señor. Si aun tienes algo de sensibilidad, si el diablo y el mundo no te lo han robado todo aun, entonces toma una decision hermano. Cada dia que pasas en desobediencia, es una dia en que el corazon se endurece mas y mas. Ten cuidado porque esto no es broma, el pecado te roba la comunion con Dios y te debilita cada vez mas y mas sumiendote mas y mas en el desanimo, en la verguenza, en la culpa, en el dolor y en la inutilidad para las cosas de Dios.
¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad.
Una vez mas para terminar, el escritor de Hebreos nos hace recapacitar. Dios no juzga y disciplina a su pueblo por capricho. No, hay una acción y una consecuencia. Quienes logran salir adelante en la vida espiritual y por ende recibir las bendiciones de Dios no lo hacen por suerte, porque son iluminados o favoritos de Dios. Hay una ley espiritual de la siembra y la cosecha que no debemos ignorar. Piensa en esto:
¿Quienes provocaron a Dios porque aunque conocian la Palabra y la voluntad de Dios no la oyeron ni obedecieron? Fueron los israelitas, no fue una nación pagana que no conocia a Dios. Fue el pueblo de Dios quien tenian todos los privilegios pero no lo quisieron aprovechar.
¿No habian recibido la liberación de la esclavitud para poder servir y adorar a Dios en gratitud? Si, los israelitas fueron liberados de las pesadas cargas de la esclavitud que les impedian servir y adorar a Dios. En el desierto podian cultivar una relacion de obediencia y amor por Dios. A pesar de las inclemencias, nunca les faltó comida, ni bebida, ni el vestido ni el calzado se les gastó. Dios suplió siempre para ellos. Sin embargo, a pesar de que tenian las facilidades para obedecer a Dios, fueron ingratos y desobedientes al Señor.
¿Se enojó Dios contra su pueblo en vano o de manera caprichosa? ¿Acaso no era justo el castigo que los israelitas recibieron de Dios? Ellos una y otra vez, como ya lo hemos visto, desobedecieron al Señor, provocandole a ira, rechazando su misericordia, murmurando de la bondad de Dios, murmurando y rebelandose contra su siervo Moisés, quejandose, pecando. Durante largos 40 años nunca manifestaron un arrepentimiento verdadero. Son como esos llamados creyentes que domingo a domingo, bueno cuando se les ocurre hacerle el favor a Dios de congregar, escuchan la Palabra, la conocen, saben lo que tienen que hacer, pero terminando el culto, salen sin la menor intención de obedecer. Se engañan a si mismos pensando que asistencia equivale a santidad, se engañan a si mismos pensando que oir equivale a obedecer y que agradan a Dios solo con su mera asistencia pero en su vida manifiestan una constante rebeldia a Dios
¿Los israelitas que murieron en el desierto cayeron por mala suerte? No, ellos pecaron constantemente y fueron objeto de la disciplina de Dios por sus corazones rebeldes y duros. Sembraron incredulidad durante toda su vida. La Escritura dice que si pecamos y confesamos nuestros pecados delante de Dios en arrepentimiento y fe, Cristo nos perdona y limpia de toda maldad. Pero estos israelitas no se sentian culpables, no reconocian su pecado, como muchos creyentes hoy no aceptan ni reconocen su pecado delante de Dios. Por ello, recibirán la disciplina de Dios como lo recibieron ellos, cayendo en el desierto sin poder entrar en el reposo de Dios.
¿Se ensañó Dios con su pueblo injustamente? No, ellos desobedecieron y la paga del pecado es la muerte. Pecado que no confesamos y no traemos a los pies de Cristo es pecado que nos perseguirá toda la vida y nos alcanzará y su terribles consecuencias. A estos, Dios los entregó a su maldad, por lo que cada vez fueron de mal en peor, hasta que llegó el final para ellos: nunca entraron en la tierra de la bendicion que Dios había prometido a su pueblo, sino que fueron castigados.
El escritor de Hebreos ha dejado claro que Dios no fue injusto ni caprichoso al disciplinar a su pueblo. Ellos se lo buscaron, se lo merecían. Claro que predicamos de un Dios de gracia. Si ellos se hubieran arrepentido, ellos podrian haber entrado en la tierra de la bendición; pero no lo hicieron. Por ello hermano, si hoy escuchas la voz de Dios arrepientete, ven a Cristo, confiesa tus pecados y tu maldad y serás perdonado y recibiras la bendicion de Dios. Pero los israelitas no pudieron experimentar ello debido a su incredulidad.
La incredulidad es el rechazo a someterse a la voluntad de Dios y creer que el Señor es capaz de cumplir lo que ha prometido. La incredulidad detiene el obrar de Dios, afrenta al Espiritu Santo, ofende a Dios, endurece el corazón y cauteriza la mente poco a poco. Se manifiesta principalmente en desobediencia. Muchos hoy dicen “soy cristiano, soy hijo de Dios, amor al Señor, El es lo mas importante para mi”, pero es mentira. Las palabras se las lleva el viento. Su comportamiento muestra desobediencia, rebeldia, que Dios no es su prioridad, no hay generosidad, no hay gratitud, no hay servicio, no hay dependencia del Espiritu Santo, no hay gozo de la salvacion, no hay oracion, no hay lectura de la Palabra, no hay deleite en Dios, no hay humildad, no hay evangelizacion, no hay nada. Solo pecado, desobediencia, inmoralidad, orgullo, desprecio por las cosas de Dios. ¿Como crees que nos podriamos presentar delante de Dios con ese corazón?
Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad. La incredulidad fue la raíz de su desobediencia, y la desobediencia fue la prueba de su corazón endurecido.
Aplicaciones para la vida
Aplicaciones para la vida
Quizás pensamos: "Eso le pasó a Israel, a ellos que vieron las maravillas en el desierto". Pero, ¿saben a quién más tuvo que confrontar Jesús por este mismo pecado? A sus propios discípulos.
Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.
Incluso los once, después de tres años con Él, lucharon con la incredulidad. La incredulidad no respeta niveles de madurez. Es un peligro constante para todos nosotros. Es el engaño del pecado que nos susurra: "No le creas a Dios. No obedezcas. No es para tanto".
Pero el Espíritu Santo nos dice hoy, con la misma urgencia que en el libro de Hebreos capítulo 3 como lo hemos estudiado hoy y en el Salmo 95: "Si oyereis HOY su voz, No endurezcáis vuestros corazones".
"Hoy" es la palabra clave. No mañana. No el próximo año. Hoy es el día de ablandar el corazón. Hoy es el día de creer.
Quizás usted está aquí esta noche y se identifica con Israel. Ha visto la mano de Dios en su vida, ha escuchado sermón tras sermón, pero su corazón sigue divagando. Su vida es un patrón de desobediencia: en sus finanzas, en su pureza, en su servicio, en su perdón. Sabe lo que Dios pide, pero elige no creer que obedecerle es mejor.
Tal vez se ha sentido endurecido. La Palabra ya no le conmueve como antes. El pecado ya no le duele como antes. Eso, hermano, es el síntoma de un corazón malo de incredulidad.
Pero la buena noticia es que está aquí Hoy. Y Hoy su voz le está llamando. El Dios vivo no quiere que te apartes. Él te está llamando a volver.
Llamado al Altar
Llamado al Altar
Quiero invitarle en esta noche a tomar una decisión. Si usted reconoce que ha estado caminando en incredulidad, si ha permitido que la desobediencia endurezca su corazón, este altar está abierto para usted.
No es un altar de condenación; es un altar de sanidad. Es el lugar donde le decimos a Dios: "He sido infiel, pero tú eres fiel. He sido rebelde, pero hoy me rindo. Mi corazón está duro, pero tú puedes ablandarlo".
Mientras el grupo de alabanza nos dirige, si usted necesita consagrar su corazón a la fidelidad de Dios, le invito a pasar al frente. No tenga temor. Venga y rinda esa incredulidad a los pies de Cristo. Venga y dígale: "Señor, creo; ayuda mi incredulidad".
Vamos a orar juntos. Si usted está pasando al frente, venga con confianza.
Oremos al Señor
