Nuevo pacto

Fundamentos de la Fe  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Para comenzar veamos que nos dice la Biblia acerca del pecado. Recordemos que el pecado es lo que nos separa de Dios. Romanos 5.12

12Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron

De esta manerá a través del pecado, se introduce la muerte. No olvidemos cambiar la palabra por su sinónimo, “como la desobediencia entro en el mundo por un hombre, y por la desobediencia la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”.

12 Cuando Adán pecó, el pecado entró en el mundo. El pecado de Adán introdujo la muerte, de modo que la muerte se extendió a todos, porque todos pecaron

El primer pecado en el mundo fue la desobediencia de Adán. Así, en castigo por el pecado, apareció la muerte en el mundo. Y como todos hemos pecado, todos tenemos que morir.

Este pasaje nos muestra que el primer acto de desobediencia lo cometió Adán, y a través de él pasó la desobediencia a todos nosotros. ¿Quiere decir que cuando nacemos, nacemos en pecado?. No, lo que nos dice es que en nosotros está la tendencia a desobedecer, a no querer someternos a la voluntad de Dios, y eso produce la muerte en nosotros y no la vida. No es que Dios haya diseñado al hombre para que le desobedezca, pero por otra parte, tampoco quería un amor obligado o por compromiso.
Creo que al día de hoy nadie quiere un amor así, ¿no es verdad?
Así que Dios creo al ser humano para que lo elija a él, sin embargo, en un acto de rebeldía, se convirtío en desobediencia, y la desobediencia produce la muerte. Romanos 5.13

13Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado. 14No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir.

Entendamos que si Dios hubiera querido que existiera la desobediencia, hubiera preparado la ley desde antes, pero la ley no vino sino hasta Moisés. Ahora, había pecado, sí, pero no había ningun dato previo de lo que se debía de hacer, así que Dios puso las leyes.
Observemos que Dios nos creó con una naturaleza divina, para obedecerle por nuestra propia voluntad, ya que era nuestra naturaleza, pero a través del pecado vino la naturaleza caída, la naturaleza pecaminosa, dicho de otra manera, nuestra naturaleza a pecar, se nos hace natural el desobedecer y el desobedecer a Dios.
Ahora, cuando nace un bebe no tiene pecado, el pequeño no tiene conciencia de pecado hasta que crece y entonces desobedece. El acto conciente de hacer lo malo es lo que produce el primer pecado, y esa desobediencia es lo que nos separa de Dios. Romanos 3.21

21Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,

¿Cuándo se manifestó la justicia de Dios? En Cristo, ¿quién dá fe de Cristo? La ley los profetas. La justicia de Dios viene por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. El creer en Jesucristo, pensar y actuar como él lo hizo, mediante su ejemplo de obediencia a Dios, esa es la fe, y es la que produce justicia. Por eso decimos que el obedecer a Dios es justicia.

21 Pero ahora, tal como se prometió tiempo atrás en los escritos de Moisés y de los profetas, Dios nos ha mostrado cómo podemos ser justos ante él sin cumplir con las exigencias de la ley. 22 Dios nos hace justos a sus ojos cuando ponemos nuestra fe en Jesucristo. Y eso es verdad para todo el que cree, sea quien fuere.

21 La Biblia misma nos enseña claramente que ahora Dios nos acepta sin necesidad de cumplir la ley. 22 Dios acepta a todos los que creen y confían en Jesucristo, sin importar si son judíos o no lo son. 23 Todos hemos pecado, y por eso estamos lejos de Dios. 24

El pecado es lo que nos separa de Dios. Pecar es desobedecer las leyes o normas de la moral de Dios, es alejarnos del consejo de Dios, y lo contrario de esto es, obedecer las leyes o normas de la moral de Dios, acercarnos al consejo de Dios para obecedecerlo.
En el libro de Jeremías capítulo 31 nos habla del nuevo pacto, y nos confirma estás palabras. Así que cuando alguien quiere hablar de vivir bajo el nuevo pacto, el no obedecer a la ley, es en realidad, el poder cumplir la ley que es a través de Moisés y los profetas, por medio de la fe en Cristo.

27He aquí vienen días, dice Jehová, en que sembraré la casa de Israel y la casa de Judá de simiente de hombre y de simiente de animal. 28Y así como tuve cuidado de ellos para arrancar y derribar, y trastornar y perder y afligir, tendré cuidado de ellos para edificar y plantar, dice Jehová. 29En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera, 30sino que cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera.

27 El Dios de Israel dice:

«Viene el día en que haré que Israel y Judá vuelvan a poblarse de gente y de animales. 28 Así como antes me dediqué a derribarlos, arrancarlos y destruirlos, ahora me dedicaré a plantarlos, reconstruirlos y ayudarlos a crecer. 29 Cuando llegue ese día, nadie volverá a decir: “Los padres la hacen, y los hijos la pagan”, 30 porque cada quien será responsable de sus propios actos. En otras palabras, cada uno de ustedes morirá por su propio pecado».

Hay personas que creen que muchas de las cosas que les pasan son consecuencia de las acciones de los padres, pero al parecer la Biblia opina diferente. Aún cuando hay muchas personas religiosas que se apresuran a juzgar a los demás, e incluso a sus mismos hermanos, están hablando y actuando en contra de la palabra de Dios.

El nuevo pacto

31 El Dios de Israel dice:

«Viene el día en que haré un nuevo pacto con el pueblo de Israel y con el pueblo de Judá. 32-33 En el pasado, tomé de la mano a sus antepasados y los saqué de Egipto, y luego hice un pacto con ellos. Pero no lo cumplieron, a pesar de que yo era su Dios. Por eso, mi nuevo pacto con el pueblo de Israel será este:

»Haré que mis enseñanzas

las aprendan de memoria,

y que sean la guía de su vida.

Yo seré su Dios,

y ellos serán mi pueblo.

Les juro que así será.

34 »Ya no hará falta que unos sean maestros de otros, y que les enseñen a conocerme, porque todos me conocerán, desde el más joven hasta el más viejo. Yo les perdonaré todas sus maldades, y nunca más me acordaré de sus pecados. Les juro que así será».

Así que lo que nos separa de Dios es el pecado, que la responsabilidad del pecado es de cada uno, nuestras desobediencias, pero que tenemos la esperanza que no estará oculta la palabra de Dios para nosotros conocerla y entenderla porque la podemos entender claramente, así que qué más nos dice:
Romanos 3:23 "por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,"
De manera que como hemos desobedecido a Dios, nos estamos perdiendo las bendiciones de Dios. La palabra destituido, que en gr. es justeréo, también se entiende como: quedarse corto de alcanzar, o nos hace falta, y cuando habla de la gloria, que es gr. dokos, nos habla de todo lo bueno de Dios.
Así que hemos estado viviendo en está vida, en sufrimiento y frustraciones cuando pudimos estar viviendo de todo lo bueno de Dios.
A través de éste nuevo pacto que Yaveh prometió al ser humano 560 a.C. Por medio de la fe en Cristo Jesús podemos volver a la naturaleza divina y comenzar a obedecer a Dios, para ya no estar más lejos, ni separados de todo lo bueno que Dios nos permita vivir. No lo conocemos, puesto que hemos vivido de este lado del rio, pero una vez que lo hayamos cruzado entraremos a la tierra prometida, a la tierra que fluye leche y miel.

26Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. 27Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; 28porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados

13Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, 14¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?

15Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna.

Ahora podemos acercarnos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, lavados los cuerpos con agua pura.
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