La Vid

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INTRODUCCION

Vivimos en una sociedad extremadamente individualista. Donde nadie quiere rendirle cuentas a nadie. Y esto sin quererlo también se ha filtrado en la iglesia.
Es fácil venir los domingos a la iglesia, saludar a un par de hermanos y regresar a casa y así hasta el próximo domingo. Pero ser iglesia es mucho más que eso.
Ser iglesia es convivir, relacionarse, nutrirse, orar, comunicarse, ayudarse, exhortarse, los unos a los otros indica en el Nuevo Testamento una continua relación.
La iglesia no salva bien es cierto, Cristo Salva, pero ser iglesia si que denota una connotación de que eres salvo, y además te estás nutriendo en la iglesia local de la palabra de Dios y la comunión con los hermanos de manera que puedes crecer y llevar mucho fruto. Es imposible vivir un cristianismo sano y vivificado al margen del cuerpo de Cristo, al margen de la iglesia.
¿Para que somos la iglesia del Señor?, aparte de ser salvos hay algo muy importante, Dios Padre quiere que seamos como Jesús y ser sus discípulos lo cual conlleva, amar a Dios, amar a las personas y hacer otros discípulos, llevando así fruto que glorifica a Dios.

CUERPO

1Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. 2Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. 3Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. 4Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 5Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. 6El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. 7Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. 8En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

El apóstol Juan escribió alrededor del año 95-100 según los eruditos, aqui entre muchas enseñanzas de Jesús encontramos los yo soy. La vid real, es el último de los yo soy.

1Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.

Jesús les está hablando a sus discípulos acerca de que el es la vid verdadera, el labrador es Dios Padre,
Los oyentes, conocían que la Vid, la viña era según el Antiguo testamento símbolo de Israel. En numerosos pasajes vemos que el Señor es el dueño y labrador de su “viña” Israel. Él la había desarraigado de Egipto y la había trasplantado en Palestina. La había cultivado, cuidado y limpiado, todo en la
esperanza de que produjera fruto, buen fruto, mucho fruto. Pero su “viña” no produjo fruto, o produjo fruto
agrio. Por lo tanto, él tenía que podarla, limpiarla y trabajarla, quemando los gajos infructíferos, para obtener
lo que esperaba de ella.

2Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.

los pámpanos y sarmientos somos sus hijos.
Pámpano
Descripción: Brote tierno y verde que nace de las yemas de la vid. 
Función: Es la estructura fértil que soporta las hojas, zarcillos y, lo más importante, los racimos de uva. 
Sarmiento
Descripción: El mismo brote, pero una vez que ha madurado y se ha lignificado (hecho leñoso). 
Función: Una vez leñosos, los sarmientos quedan de la temporada anterior y son los que tienen las yemas de donde saldrán los pámpanos de la próxima temporada. 
El pámpano infructuoso Dios lo quita, lo corta. El que lleva fruto es limpiado, es podado en otras versiones, para que lleve más fruto.
¿Estamos llevando fruto? o ¿simplemente estamos viviendo la vida cristiana sin preocuparnos de llevar fruto?
El podador es capaz de saber que cosa debe cortar. Entre ellas está el exceso de hojas que consumen los nutrientes de la vid
y no permite que estos pasen a alimentar plenamente los granos de cada racimo. Tal es la vida religiosa de muchos creyentes. Se presentan como verdes y llenos de hojas pero no hay fruto en sus vidas. El viñador, se ocupa de podar la vid para que los racimos lleven mucho fruto.
El viñador sabe la necesidad de eliminar los gajos que sólo chupan la savia de la planta y que no rinden fruto. Además, los gajos estériles limitan la producción de las ramas fructíferas. Observando la operación desde afuera, no sabiendo el propósito del labrador, uno pensaría que está destruyendo la planta. Es una operación radical y dolorosa para la planta, pero necesaria para lograr mayor producción.
El trato con la rama que lleva fruto es muy distinto: la limpia para que lleve más fruto. Aun la rama fructífera
tiene que someterse a las “tijeras” del labrador. Con cuidado y suma delicadeza, el labrador va limpiando los brotes o vástagos que tampoco cargan racimos y que restan savia de las ramas que llevan fruto.
La disciplina es una operación de limpieza para llevar fruto o para llevar más fruto Dios aplica la disciplina momento a momento en la vida del creyente para que limpio pueda llevar más fruto por cuanto la comunión no está interrumpida.
La poda y limpieza de Dios se ha de reflejar en el creyente en cambios visibles, en una transformación genuina por medio de la voluntad del hijo de Dios al cambio y de la acción necesaria y fundamental del Espíritu Santo en nuestro interior.
Pero Dios nunca nos fuerza, nunca nos obliga a dejar esto y aquello, el permanecer en Cristo conlleva un costo, un precio que hemos de pagar voluntariamente. Solo así podemos llevar fruto.
A veces Dios nos lleva por situaciones o circunstancias para nuestro bien, donde nos poda o nos limpia para que pueda ser nuestra vida fructífera.
Dios es bueno, es el labrador, nosotros simples pámpanos y el tiene y sabe que es lo mejor para nuestras vidas.
La reprensión de los creyentes tiene por objeto su santificación, y esta no es otra cosa que la reproducción de la vida de Cristo en la cotidiana del creyente, en una operación del Espíritu, cumpliendo así el propósito del Padre, que seamos hechos conformes a la imagen de Su Hijo (Ro. 8:29). Dios sabe que todos arrastramos algo de nuestra vieja naturaleza, pasiones, derivas que deben ser purificadas. La operación de limpieza se ajusta a lo que se enseña en el Nuevo Testamento como disciplina, en la cual Dios nos trata como a hijos (He. 12:7-11). La disciplina no es un castigo sin propósito sino la corrección necesaria para un propósito de santidad y fructificación.
Puedo ser un pámpano y no estar llevando fruto, puedo estar en la Vid, ser hijo de Dios, ser iglesia y no llevar fruto. Una de las cosas que interrumpen el fruto es el pecado sin confesar, porque rompe la comunión con Dios y este estado impide llevar fruto.

3Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.

Jesús les dice a sus discípulos que ellos ya han escuchado sus enseñanzas al estar cada día viviendo con Él, están limpios por la palabra.
Que importante es que conozcamos y obedezcamos la palabra de Dios, que no solo conocerla basta, también hay que vivirla.

4Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 5Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. 6El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.

La palabra clave en este pasaje es permanecer, se repite varias veces, marcando la importancia que tiene.
Permanecer significa mantenerse sin mutación en un mismo lugar, estado o calidad
Cristo pone sobre la responsabilidad de los discípulos la de permanecer en Él, del mismo
modo que Él permanece en ellos. La comunión nunca se quiebra por Él sino por nosotros. La figura del pámpano y la vid es elocuente. El pámpano está en la vid y mientras esté en esa posición recibe de ella todo cuanto
necesita para llevar fruto.
Si para llevar fruto, mas fruto y mucho fruto es necesaria la aportación del poder divino y éste procede de Jesús,
no cabe duda que un pámpano separado de la comunión de la vid no puede llevar fruto por él mismo. Así tampoco los creyentes podemos fructificar para Dios separados de Jesús. Este separados de mí es equivalente a fuera de mí, esto es, Jesús por un lado y el creyente por otro. La advertencia es solemne puesto que Cristo no les dice que sin Él
poco podían hacer, afirma que nada podéis hacer. Cuanto el creyente haga por sus propias fuerzas sin recibir la provisión de poder y de vida de Cristo, serán simplemente apariencias piadosas, pero en realidad
obras humanas que no glorifican a Dios.

8En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

La vida que glorifica al Padre es la de quienes son discípulos de Cristo. Ser discípulo es seguir las pisadas del Maestro Producir fruto y ser discípulo están necesariamente unidas.
No se puede seguir a Cristo y no llevar fruto. El Padre es glorificado en la obra del HIJO (13:31-32), y en la vida de los discípulos que permanecen en Él. Debe tenerse en cuenta que el seguimiento a Cristo, lo que se llama también discipulado no es un asunto religioso, sino un estilo de vida que se identifica con el de Jesús.
Mantenernos en Cristo es algo así. El secreto de la vida de Jesús era Su constante contacto con Dios; con frecuencia se
retiraba a algún lugar solitario a encontrarse con Él. Debemos mantenernos en contacto con Jesús. No podremos hacerlo a
menos que nos lo propongamos.
Si el individuo va a crecer y producir fruto será solamente en relación con la vid. La visión de Jesús no es una de personas aisladas e independientes que llevan su vida y ministerio fuera de la comunidad. Sin la vid, no se puede hacer nada.
Todas las ramas están enraizadas juntamente en una sola vid, y solamente por medio de la raíz común pueden
producir fruto. Dios, el labrador, es quien decide si la rama funciona o no. Es él quien quita las ramas secas, y las echa al fuego; como también es él quien ve dónde, cuándo y cómo limpiar las ramas que producen algo,
pero que podrían producir más.

CONCLUSION

Cada uno de nosotros estamos en la vid si hemos nacido de nuevo, cada uno de nosotros somos pámpanos, y Dios ha dado diferentes dones. Debemos permanecer en Cristo para llevar mucho fruto que glorifique al Padre.
¿Estás dispuesto a que Dios te pode, te limpie, para llevar fruto y ser de bendición para otros?
Dios quiere que nuestras vidas no sean estériles, vacías, infructuosas. Quiere que sean fructíferas, llenas. Por medio de la iglesia local, Dios ha diseñado la manera de poder llevar fruto haciendo la función exacta que Él planeó para ti y para mi.
Permanecer en Dios tiene un precio que hay que pagar, pero merece la pena, merece la pena que nuestras vidas sean fructíferas y glorifiquen a Dios. Primero por el impacto de bendición que podemos marcar en otras vidas y segundo porque vamos a rendir cuentas delante de Dios y recibiremos recompensas por haber trabajado y llevado mucho fruto para Dios.
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