Fortaleza en la aflicción
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· 9 viewsEn el momento de sufrimiento debemos aferrarnos a nuestra fe en Cristo para soportar y salir en victoria.
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Fortaleza en la aflicción
Fortaleza en la aflicción
Salmo 42:9–11 "9Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo? 10Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan, Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios? 11¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío."
Introducción
Introducción
Por causa de la caída en el pecado, todos experimentamos la aflicción. Job 5:7 "Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, Así el hombre nace para la aflicción."
Sabiendo que la aflicción es inevitable tenemos dos opciones: usarlas para crecer y madurar o para destruirnos emocionalmente.
Tristemente muchas personas permiten que las malas experiencias destruyan su vida, por eso viven opacas, tristes, serias y hasta amargadas, llenas de envidia y resentimiento.
Como seres humanos siempre necesitamos del apoyo mutuo.
Cuando éramos niños, acudíamos a mamá, papá o los abuelitos cuando estábamos tristes o teníamos miedo, pero ellos no duran para siempre. Entonces ya no tenemos a quien acudir en esta tierra y eso agrava la carga.
Sin embargo, para los que han decidido creer y confiar en Dios, tenemos en Él un Padre y amigo fiel a quien podemos acudir.
Podemos encontrar en Él el consuelo y la fortaleza para sobreponernos a nuestra aflicción y permitir que Él transforme la mala experiencia en ganancia: Romanos 8:28 "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados."
Angustias de David
Angustias de David
Aunque el salmo 42 no fue escrito por el rey David (por los hijos de Coré, levitas músicos del templo), expresan la experiencia de persecución y dolor que experimento David injustamente por el rey Saúl.
David había sido ungido como el futuro rey de Israel mientras reinaba Saúl (1 Samuel 16).
Desde entonces el Espíritu de Dios vino sobre David, lo capacitó, le dio la gracias y poder.
Fue el único israelita que se enfrentó al gigante Goliat, despertando así en otros jóvenes la valentía y el poder de Dios en ellos: 30 valientes y de ellos 3 principales, que los seguían 300. (1 Crónicas 11).
David comenzó a ser usado por Dios para la guerra y daba muchos triunfos a Israel en el reinado de Saúl.
Pero Saúl le tuvo envidia y en su paranoia creía que David quería matarlo, por eso buscó matarlo.
David debió huir y ser señalado de traición cuando no era verdad.
Comienza a experimentar un proceso de aflicción y sufrimiento al punto de clamar con angustia: Salmo 42:9 "Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?"
No había ningún amigo o familia a quien David podía acudir, pero confiaba en Dios que podía fortalecerlo y desahoga su alma delante de Él.
Su mayor sufrimiento fue porque no podía ir a la casa de Dios. Salmo 42:4 "Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; De cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta."
En todo este proceso David nunca buscó hacerle mal a Saúl, desahogaba su angustia en la presencia de Dios.
En momentos de angustia en lugar de perder el tiempo en pensar o desear el mal para los que nos causa dolor, derramemos nuestra alma delante de Dios y permitamos que Él nos consuele.
David en lugar de amargarse y tomar mala actitud se convirtió en agente de restauración: 1º Samuel 22:2 "Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaba endeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como cuatrocientos hombres."
La buena actitud
La buena actitud
Dependiendo de nuestra actitud, tendremos fuerza para salir victoriosos o para aumentar la angustia.
Uno de los hombres de la Biblia que experimento muchos sufrimientos fue el apóstol Pablo, en Filipo por liberar a una muchacha con espíritu de adivinación, fue acusado de alborotador y llevado preso.
Pablo y Silas son azotados mucho y llevados en el peor calabozo de la cárcel y puestos sus pies en el cepo.
Con esta injusticia podría esperarse que Pablo y Silas se quejaran, renegaran y tomaran una mala actitud, pero en lugar de ello glorificaron a Dios.
Hechos de los Apóstoles 16:25 "Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían."
Es difícil alabar a Dios en la aflicción, pero si tenemos firme nuestras convicciones y puesta nuestra esperanza en Cristo podremos hacerlo.
El fin del evangelio no es el bienestar material sino espiritual.
Podemos tener aflicción material y física pero fuertes y victoriosos en el espíritu.
Enfocarse solo en el bienestar material nos llevará a descuidar el espiritual y estaremos debilitados para enfrentar la aflicción.
Cuando tenemos puesta nuestra confianza y esperanza en Dios como Pablo y Silas, podremos comprender que los sufrimientos son pasajeros y son experiencias para nuestro crecimiento y madurez espiritual, sabiendo que los sufrimientos no se comparan con la gloria que gozaremos en Cristo: Romanos 8:18 "Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse."
Debido a su buena actitud y su fe en Jesucristo, Pablo y Silas fueron liberados de la cárcel con honra: Hechos de los Apóstoles 16:26 "Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron."
Las cadenas de opresión y angustia se rompen cuando alabas a Dios con libertad y sinceridad.
Debes cimentar tus convicciones y esperanza en Cristo, para que cuando venga la aflicción no afecten tu buena actitud, esta es producto de la fe que te dará la salida para tu situación. Mateo 7 el hombre que cimentó su casa sobre la roca.
Si tu actitud es mala tu aflicción se potenciará y apagará el fuego de Espíritu.
Habla a tu alma
Habla a tu alma
Salmo 42:11 "¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío."
Son reconfortantes las palabras de ánimo que recibimos en tiempo de angustia: Proverbios 10:32 "Los labios del justo saben hablar lo que agrada; Mas la boca de los impíos habla perversidades."
Pero cuando no hay nadie que nos aliente, recuerda que tú también tienes boca, y tus labios también pueden declarar la Palabra de Dios para alentarte a ti mismo.
Habla a tu alma, anímala a confiar y a esperar en Dios, recita la Palabra de Dios, léela en voz alta y reclama cada palabra para tu vida: Salmo 119:103 "¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca."
La Palabra de Dios declarada con fe y convicción te dará la fuerza espiritual para soportar la tribulación, y además de eso te dará la fuerza para consolar a otros.
Pablo sufrió una injusticia en Listra, despupes de sanar a un hombre paralítico, fue apedreado injustamente hasta dejarlo como muerto, pero se levantó, siguió predicando y regresó de nuevo a Listra, no para reclamar sino para animar: Hechos de los Apóstoles 14:22 "confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios."
Recibes consuelo y fortaleza cuando escuchas palabras de aliento, pero también cuando declaras la Palabra de Dios para tu alma, y más aun, cuando en la tribulación que sufres tu consuelas y alientas a otros.
2 Timoteo 3:16 "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,"
Hebreos 4:12 "Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón."
Conclusión
Conclusión
No permitas que el sufrimiento o la injusticia apaguen tu alma, te aleje de Dios y te hunda en la amargura y desesperación.
Clama con el último aliento: Salmo 18:6 "En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos."
Pon tu mirada en Cristo, en la esperanza de Salvación que tenemos en Él, saber que llegará el tiempo en que dejaremos los sufrimientos de este mundo y estaremos gozando con Cristo siempre: Apocalipsis 21:4 "Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron."
Pon tus ojos en esa esperanza y te dará la fuerza para atravesar el sufrimiento. Salmo 30:5 "Porque un momento será su ira, Pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, Y a la mañana vendrá la alegría."
Y cuando salgas de ese momento de sufrimiento, saldrás más fuerte y mejor, listo para ser instrumento en las manos de Dios para guiar a otros a Cristo.
