La divinidad de Cristo revelada y aplicada

El evangelio Segun Juan  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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La divinidad de Cristo se revela progresivamente ante todos, pero no todos la aceptan del mismo modo.

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Leamos Juan 8:21–30

Muy bien ahora entremos en el tema de esta semana. Ahora recordemos que Jesús está en el templo, en medio de personas profundamente religiosas. Conocen las Escrituras, pero no conocen al Dios de las Escrituras. Jesus ha hecho dos declaraciones asombrosas, el es el aguda de vida y el es la luz del mundo. Ahora inmediatamente despues este pasaje, Jesús se revela una vez mas como Dios encarnado y deja ver que Su divinidad divide a los oyentes: algunos se resisten, otros lo aceptan, y todos quedan expuestos ante la verdad.
El texto que estudiamos hoy muestra tres cosas:
Cómo la divinidad de Cristo fue revelada a todos.
Cómo algunos la rechazan lo divino de Cristo a pesar de haberla oído.
Cómo otros vieron su divinidad como la esperanza prometida.
Ahora antes de ver el primer punto hay que señalar algo claramente.
En nuestros días, muchos hablan de la divinidad de Cristo como si fuera solo un atributo tierno o poético, algo que lo hace “especial” o “maravilloso” en un sentido estético, que hace pensar que divino es algo bonito o atractivo en gran medida.
Y aunque ciertamente Cristo es hermoso en su santidad, majestuoso en su amor y glorioso en su compasión, su divinidad no puede reducirse a una emoción humana.
En la Escritura, la divinidad de Cristo siempre está unida a su autoridad, poder, majestad y a su absoluta y preciosa soberanía.
En el sentido básico y etimológico, “divino” significa “lo que procede de Dios” (del latín divinus, de Deus = Dios). Pero en la Biblia, el término va más allá de simple procedencia: lo divino no solo proviene de Dios, sino que pertenece a su misma naturaleza.
Y es justamente allí donde hallamos la mayor y más solemne verdad: La divinidad de Cristo no dejará a nadie indiferente.
Para los redimidos, en el día de su venida, esa gloria será indescriptiblemente hermosa; la contemplarán como la fuente eterna de su gozo, y dirán: “Este es nuestro Dios, le hemos esperado.”
Pero para los que le rechazaron, esa misma gloria será espantosa. El resplandor de su majestad llenará de terror sus corazones, porque verán al mismo Jesús a quien despreciaron, coronado de poder y juicio. Entonces se cumplirá lo que Apoc 6 16 Y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro del que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero.
El rostro que para unos será eternamente bello, para otros será el rostro del horror por lo que les espera y de arrepentimiento pero ya sin esperanza. La divinidad de Cristo será gozo eterno para los salvos, pero juicio ineludible para los condenados.

I. DIVINIDAD REVELADA – Cómo es revelada a todos (Juan 8 21–24)

Yo me voy, y me buscaréis, pero en vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis venir.
Desde el principio, Jesús no se presenta como un simple maestro, sino como alguien con autoridad sobre la vida y la muerte. Al decir “Yo me voy”, está hablando de su regreso al Padre, después de cumplir la obra redentora. No se va huyendo: se va a cumplir el propósito eterno.
(En este estudio vamos a responder biblicamente, hare la pregunta pero tambien les dare textos biblicos para sus respuestas, esto con el deseo de que vayamos entrenando la mente y el corazon a responder todo con las Sagradas Escrituras)
lea Romanos 6:23 ¿Qué crees que es fruto del pecado?
leas 2 Tesalonicenses 1:8–9 ¿Qué clase de separación está describiendo Jesús?
El texto no dice “moriréis en vuestros pecados” (plural), sino “en vuestro pecado” (singular). Esto apunta al pecado raíz: la incredulidad, el rechazo al Hijo de Dios. Es el mismo pecado que condena hoy: oír la verdad del evangelio y permanecer indiferente.
Lea Hebreos 10:26–27 ¿Cual es el pecado que condena a muerte?
Ahora entendido esto vamos nuevamente a al texto y note el tono de mofa de los oyentes se burlan preguntando si Jesús pensaba quitarse la vida. Pero en realidad, Jesús sería quien entregaría voluntariamente su vida. La ironía es que, mientras ellos lo acusan de ser digno del infierno, Él está abriendo el cielo para los pecadores.
Vosotros sois de abajo; yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.
Jesús traza una línea espiritual clara: ellos pertenecen a lo terrenal, Él pertenece a lo celestial. Esto muestra que el ser humano, por naturaleza, está separado de Dios y no puede comprender las cosas del Espíritu sin una transformación interior. Solo el nuevo nacimiento puede trasladar a una persona de “abajo” a “arriba”.
Luego llega el punto culminante:
Si no creéis que Yo Soy, en vuestros pecados moriréis.”
Aquí Jesús usa una vez más la misma expresión que estudiamos la semana pasada: se atribuye a sí mismo el nombre con el que Dios se reveló a Moisés, ἐγώ εἰμι (egō eimi), equivalente al hebreo אֶהְיֶה אֲשֶׁר אֶהְיֶה (’Ehyeh ’Asher ’Ehyeh) de Éxodo 3:14, que significa Yo Soy el que Soy. Con estas palabras, Jesús no se presenta como un profeta más, sino como el mismo Dios eterno que habló desde la zarza ardiente, afirmando su identidad divina de manera abierta y absoluta.
Además, esto debe llevarnos a reflexionar cristocéntricamente. Observe que el Padre escogió ese nombre siglos antes con un propósito perfecto: preparar el lenguaje con el cual su Hijo se revelaría al mundo.
Cuando Jesús pronuncia ἐγώ εἰμι, está confirmando que toda la Escritura habla de Él, que la redención no es un plan alternativo, sino el propósito eterno del Dios trino , Padre, Hijo y Espíritu Santo, diseñado antes de la creación misma. Así, el “Yo Soy” que habló en el Sinaí es el mismo que ahora habla en el templo, cumpliendo el plan divino de salvación trazado desde la eternidad.
Creer en Jesús, entonces, no es solo aceptarlo como un maestro o ejemplo moral, sino reconocerlo como Dios mismo encarnado.
En otras palabras: Si Cristo no es Dios, no hay salvación. Y si no creemos en Él como Dios, moriremos en nuestros pecados.
Lea Filipenses 2:10–11 y responda ¿Por qué Jesús insiste tanto en decir “Yo Soy”?
Lea Colosenses 2:9 2 Corintios 5:17 Juan 20:28 ¿Qué cambia en nuestra fe al entender que Cristo no solo viene de Dios, sino que es Dios?

II. DIVINIDAD RECHAZADA – Cómo algunos la rechazan a pesar de haber oído (Juan 8 25–27)

Entonces le decían: ¿Tú quién eres?
Esta pregunta no es inocente, es de burla y desafío. A pesar de haberlo escuchado y visto sus obras, siguen pidiendo pruebas. Jesús responde:
“Lo que os he dicho desde el principio.”
Es decir: “Soy el mismo que les he declarado ser desde el principio: el Hijo de Dios enviado del Padre.”
La incredulidad humana no nace de falta de información, sino de un corazón que no quiere someterse a la verdad. Jesús ya ha mostrado con claridad quién es, pero ellos siguen resistiéndose. El corazón endurecido no se sacia con la verdad; pide más señales, pero no quiere creer.
Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros; pero el que me envió es verdadero, y yo, lo que he oído de Él, esto hablo al mundo.
Jesús deja claro que su autoridad no depende de opiniones humanas. Él habla con la autoridad del Padre. Su palabra no es una opinión religiosa más: es la verdad divina revelada. El mismo Dios que habló en el Sinaí ahora habla por medio del Hijo.
lea Juan 6:37 Juan 6:44 Romanos 8:29–30 ¿Por qué creen que Jesús dice que algunos no entendían que Él hablaba del Padre?
La ceguera espiritual no se resuelve con información, sino con regeneración. Solo cuando el Espíritu Santo abre el entendimiento, el corazón puede reconocer la voz del Padre en la voz del Hijo.
lea Juan 10:27–28 1 Corintios 2:14 Mateo 11:27 ¿como acercarse y entender con plenitud la divinidad de Cristo?
Hoy muchos reducen a Cristo a una “divinidad” entendida solo como algo tierno o bello, como si lo divino fuera sinónimo de dulzura o sensibilidad espiritual. Pero eso no lo es todo. Cristo no es solo hermoso; Él es Rey, soberano, nombre sobre todo nombre. Su divinidad no se contempla únicamente, se reconoce y se obedece. La verdadera fe no adorna a Cristo: se somete a Él.
Y esto debe hacernos pensar: ¿dónde estarán hoy aquellos fariseos y oyentes que escucharon de los propios labios de Jesús que Él era Dios, y lo rechazaron? ¿Y qué será de quienes hoy escuchan el evangelio y siguen indiferentes? Más aún, ¿dónde estarán nuestros seres queridos que aún no se han arrepentido ni han seguido a Cristo?
Porque la misma divinidad que hoy ofrece gracia, un día mostrará juicio. El rostro que ahora invita con amor, ese mismo rostro será terror para quienes lo rechazaron. Por eso conocer a Cristo no es cuestión de curiosidad religiosa, sino de vida o muerte eterna.

III. DIVINIDAD ACEPTADA – Cómo otros aceptan a Jesús como el Mesías prometido (Juan 8 28–30)

“Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que Yo Soy.”
“Levantar” aquí tiene doble sentido:
Jesús será levantado en la cruz
y exaltado en gloria.
Lo que el mundo y especialmente el catolicismo romano lo ve como derrota, Dios lo convierte en triunfo. En la cruz se revelará plenamente quién es Cristo: el Dios eterno que se humilla para redimir a su pueblo. Allí el “Yo Soy” brilla con toda claridad: el Creador muriendo por sus criaturas.
Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada.
Estas palabras revelan la perfecta comunión del Hijo con el Padre. Jesús vive en constante obediencia, y su obediencia perfecta es la base de nuestra salvación. Por eso podemos decir que la justicia de Cristo es la justicia que nos cubre. Él fue obediente en todo, para que su obediencia fuese contada a favor de los suyos.
Lea Juan 8:29 y responda ¿Qué nos enseña esto sobre nuestra relación con el Padre?
Lea Juan 14:23 y responda ¿Qué significa vivir haciendo lo que a Él le agrada?”
Cuando comprendemos que Cristo obedeció perfectamente en nuestro lugar, entendemos que nuestra obediencia no es para ganar salvación, sino para responder con gratitud a quien ya nos salvó.
Hablando Él estas cosas, muchos creyeron en Él.
El pasaje termina mostrando que algunos corazones fueron tocados. La misma verdad que endureció a unos, iluminó a otros. El mensaje de Cristo nunca deja a nadie indiferente: divide, transforma o revela el estado real del corazón.
En conslusion: La divinidad de Cristo se revela progresivamente ante todos, pero no todos la aceptan del mismo modo.
Aplicacion para tu vida:
¿Estás oyendo la voz de Dios y respondiendo con fe? Esa voz que un día llamó a los muertos a la vida sigue llamando hoy, y si la escuchas, es señal de Su amor obrando en ti. Sus brazos están abiertos para recibirte, para restaurarte y darte nueva vida.
Si crees en Cristo, aférrate a Él con todo tu corazón. Si has sentido Su llamado, no lo ignores: Él no rechaza a quien viene en fe y arrepentimiento. Hoy puedes descansar en Su gracia y seguirle con gozo, sabiendo que sus ovejas oyen Su voz y Él las conoce por nombre.
Y para nosotros, los que ya creemos, esta verdad debe movernos a una vida de sumisión profunda al Señorío de Cristo. Reconocer Su divinidad no es solo aceptar una doctrina, sino vivir cada día bajo Su autoridad, obedeciendo con gozo al Rey que gobierna nuestros pasos. El Cristo que dijo “Yo Soy” no es solo nuestro Salvador; es nuestro Dios soberano, digno de confianza, de reverencia y de total entrega.
Cuando comprendemos que el Dios eterno se hizo hombre para redimirnos, ya no podemos vivir para nosotros mismos, sino para Aquel que murió y resucitó por nosotros. Que nuestra fe en Su divinidad se vea reflejada en obediencia, humildad y adoración constante. Porque creer que Cristo es Dios, es rendirle la vida entera.
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