Cristo, nuestra justificacion

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La palabra justificación en la Biblia

En el Antiguo Testamento se emplean dos formas de la misma palabra. Estos términos, excepto en algunos pasajes, no indican ningún cambio moral que Dios obra en el ser humano, sino que normalmente indican una declaración divina respecto al ser humano. Comunican la idea de que Dios, en calidad de juez, declara justo al ser humano.
En el Nuevo Testamento tiene el mismo significado es decir, declarar justo a alguien:
Romans 3:20–28 LBLA
porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él; pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado. Pero ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios ha sido manifestada, atestiguada por la ley y los profetas; es decir, la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen; porque no hay distinción; por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús. ¿Dónde está, pues, la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿La de las obras? No, sino por la ley de la fe. Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley.
Notemos que la justificación no implica la idea de hacer justo a alguien. Sino de Dios declarándolo justo. Somos declarados justos delante del juez celestial cuando ponemos nuestra fe en Cristo y su obra.
Galatians 2:16 LBLA
sin embargo, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino mediante la fe en Cristo Jesús, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para que seamos justificados por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley; puesto que por las obras de la ley nadie será justificado.
Podemos ser declarados justos, por la obra de Jesús en la cruz. Recordemos la doctrina de la imputación, nuestros pecados son puestos a Su cuenta, aunque el jamas cometió pecado, El en la cruz cargo con nuestro delitos, fueron puestos a su cuenta y los pago por completo. De manera que Jesús fue culpable en un sentido legal. Y ahora nosotros cuando por fe creemos en Jesús, Su justicia nos es imputada. Somos declarados justos no es un sentido real, sino en un sentido legal.

Definición:

La justificación se puede definir como el acto legal de Dios por medio del cual declara justo al pecador en base a la perfecta justicia de Jesucristo. No es un acto o un proceso de renovación tal como la regeneración, la conversión y la santificación, y no afecta la condición, sino el estado del pecador delante de Dios.

Justificados solo por la fe

La fe como el único elemento de justificación es una doctrina que la iglesia católico romana ha condenado de manera formal y enfatiza desde el Concilio de Trento a mediados del siglo XVI (El cual declara anatema a todo aquel que proclame la justificacion solo por la fe. El canon IX, de la Sexta Sesion del Concilio de Trento). Los defensores católicos afirman que no pueden encontrar esta en ningun lugar de las Escrituras.
Pablo lo deja en términos claros:
Romans 3:22 LBLA
es decir, la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen; porque no hay distinción;
Esto es lo que significa la Sola fide. De nuevo su argumento es que Pablo no dice solo por la fe literalmete. Pero no hay forma de escapar de este significado, pues el contexto inmediato lo deja en claro:
Romans 3:20 LBLA
porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él; pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado.
Existe otro argumento del clero católico, el cual afirma que cuando Pablo habla de “las obras de la ley”, se refiere solo a los rituales formales y otros elementos ceremoniales de la ley, como la circuncisión, reglas respecto a la limpieza ceremonial y cosas semejantes. Sin embargo no se puede reducir de esta forma el termino que Pablo usa.
Ejemplo:
Romans 7:6–7 LBLA
Pero ahora hemos quedado libres de la ley, habiendo muerto a lo que nos ataba, de modo que sirvamos en la novedad del Espíritu y no en el arcaísmo de la letra. ¿Qué diremos entonces? ¿Es pecado la ley? ¡De ningún modo! Al contrario, yo no hubiera llegado a conocer el pecado si no hubiera sido por medio de la ley; porque yo no hubiera sabido lo que es la codicia, si la ley no hubiera dicho: No codiciaras.
En el mismo versículo donde Pablo habla de la “la ley”, utiliza como ejemplo el décimo mandamiento: No codiciaras. Que trata del deseo. Resistir o cometer ese pecado no es algo que conlleve ninguna clase de acción. Así que cuando Pablo habla de “las obras de la ley”, esta usando la expresión en el sentido mas amplio posible. No se pude limitar a los ritos o aspectos ceremoniales de la ley judía.
Esta expresión entonces, incluiría cualquier pensamiento, accion o actitud que busque ganarse la aprobación de Dios mediante una muestra de obediencia a los mandatos de Dios.
Por lo tanto ninguna “buena obra” contribuye a la justificación del pecador ante Dios.
Isaiah 64:6 LBLA
Todos nosotros somos como el inmundo, y como trapo de inmundicia todas nuestras obras justas; todos nos marchitamos como una hoja, y nuestras iniquidades, como el viento, nos arrastran.
El mensaje de la justificación por la sola fe la que revolucionó la vida del monje agustiniano Martín Lutero (1483-1546). La salvación ya no se trataba de una cuestión de mérito humano, obras piadosas, justicia religiosa, o penitencia, como en el catolicismo, sino de un precioso regalo de Dios concedido al impío a través de un bendito canal llamado “fe”. Comentó Lutero en la Disputa de Heidelberg (1518): “La Ley dice: “Haz esto”, y eso jamás se hace; dice la gracia: “Cree en éste”, y todo está ya realizado”.
https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/que-son-las-cinco-solas/
Titus 3:5 LBLA
Él nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo,
Romans 11:6 LBLA
Pero si es por gracia, ya no es a base de obras, de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.
Cualquier religión que le diga a la gente que pueden merecerse un estatus aceptable delante de Dios esta enseñando un evangelio falso. Y los que corrompen la verdad de esa manera solo sellan su propia condenación.

La Confesión de Fe de Westminster (Capitulo 11)

A quienes Dios llama eficazmente, también justifica gratuitamente, no infundiendo justicia en ellos sino perdonándoles sus pecados y contando y aceptando sus personas como justas; no por nada obrado en ellos o hecho por ellos, sino solamente por causa de Cristo; no imputandoles la fe misma, ni la accion de creer, ni ninguna obediencia evangelica como justicia, sino imputandoles la obediencia activa de Cristo a toda ley y su obediencia pasiva en su muerte para la completa y unica justicia de ellos por la fe, la cual tienen no de si mismos. Es un don de Dios.

La santificación

La santificación se define como la continua y misericordiosa obra del Espíritu Santo por la cual purifica al pecador de la polución del pecado, renueva toda su naturaleza de acuerdo a la imagen de Dios y lo capacita para realizar buenas obras. Manual de doctrina reformada, L. Berkhof, pag. 233

La justificación y la santificación

La justificación libera al pecador de la culpa del pecado y adquiere todos los derechos de ser hijo de Dios, incluyendo su herencia eterna. La santificación remueve del pecador la corrupción del pecado y lo renueva de acuerdo a la imagen de Dios.
La justificación se lleva a cabo en el tribunal de Dios, fuera de la vida del pecador, si bien es cierto que se logra por medio de la fe. La santificación ocurre en la vida interior del hijo de Dios y afecta gradualmente todo su ser.
La justificación ocurre en forma completa de una vez para siempre; no se repite ni tampoco es un proceso. La santificación, por otro lado, es un proceso continuo que no llega a realizarse plenamente en la vida presente.
Si bien ambas son fruto de los méritos de Cristo, se atribuye la obra de la justificación particularmente al Padre, y la de la santificación al Espíritu Santo.

El perdón jurídico y el perdón paternal

Perdón Jurídico

Se refiere al perdón que se concede en la justificación y que se aplica a todos los pecados pasados, presentes y futuros y por eso incluye la remoción de toda culpa y castigo. Esto surge del hecho de que la justificación no admite repetición:
Romans 5:21 LBLA
para que así como el pecado reinó en la muerte, así también la gracia reine por medio de la justicia para vida eterna, mediante Jesucristo nuestro Señor.
Este perdón es el que Dios otorga como Juez. Este es el perdon que fue comprado por la expiacion que Cristo sufrio en nuestro lugar. Este tipo de perdon nos libra de la cualquier amenza de condenacion eterna. Es el perdón de justificación. Tal absolución es completamente inmediata y única, nunca tiene que buscarse de nuevo.
Romans 8:32–34 LBLA
El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con Él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.
¿Porque seguimos pidiéndole a Dios perdon por nuestros pecados? ¿Por que Jesús y los apóstoles (epístolas) nos exhortan a confesar nuestro pecado, para que sea perdonado?

Perdón Paternal

Ya como hijos de Dios nacidos de nuevo, seguimos pecando, y estos pecados desagradan a Dios como Padre nuestro, ya no como Juez. Por eso Jesús nos dice que oremos así:
Mateo 6:9, 12 (NVI)
»Ustedes deben orar así: »“Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. … Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros ofensores.
Nuestros pecados aun constituyen actos culpables (aunque es una culpa ya saldada), y como tales requieren confesión; la conciencia de culpabilidad no ha desaparecido y, por consiguiente, somos exhortados a confesar nuestro pecado y a buscar la seguridad reconfortante del perdón; Al pecar ofendemos a nuestro Padre y El no se agrada de nuestro pecado, por eso necesitamos de este perdón paternal. Y al ser perdonado, vuelve a avivarse y se fortalece por medio de la confesión, la oración y el ejercicio renovado de la fe, lo cual el pecado oscurece muchas veces.
Hebrews 12:6–8 LBLA
porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Es para vuestra corrección que sufrís; Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline? Pero si estáis sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces sois hijos ilegítimos y no hijos verdaderos.
Hebrews 12:11 LBLA
Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza; sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, les da después fruto apacible de justicia.
El perdón jurídico no libra de la condenación a manos de un Juez agraviado y omnipotente. El perdón paternal arregla las cosas con un Padre dolido y angustiado, pero amoroso. El perdón juridico nos da una posición inconmovible ante el trono del juicio divino. El perdón paternal tiene que ver con la condición de nuestra santificación en cualquier momento dado, y es dispensado desde un trono de gracia divina.
Hebrews 4:16 RVR60
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.
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