Héroes de la Fe - Moises Primera Parte
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Moises Primera Parte
Moises Primera Parte
📖 MOISÉS – PRIMERA PARTE: La Fe que Renuncia a lo Temporal por lo Eterno
Hebreos 11:24–26
24 Fue por la fe que Moisés, cuando ya fue adulto, rehusó llamarse hijo de la hija del faraón.
25 Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios antes que disfrutar de los placeres momentáneos del pecado.
26 Consideró que era mejor sufrir por causa de Cristo que poseer los tesoros de Egipto, pues tenía la mirada puesta en la gran recompensa que recibiría.
🟦 INTRODUCCIÓN
Para entender la fe de Moisés en Hebreos 11, debemos entender su vida completa: su contexto, su formación, su identidad, su llamado y sus decisiones. No fue un hombre que simplemente tomó una decisión impulsiva; su vida estuvo marcada por la providencia divina desde su nacimiento y por decisiones de fe profundas que costaron todo.
Hebreos nos presenta la fe no como emoción, sino como certeza de lo que se espera y convicción de lo que no se ve.
Moisés es uno de los ejemplos más altos de esta fe, porque su vida entera fue una renuncia deliberada al mundo para abrazar la promesa de Dios.
🟦 I. LA FE DE MOISÉS VE LA MANO DE DIOS DESDE EL PRINCIPIO
(Su nacimiento y preservación no fueron casualidad)
La vida de Moisés comienza con un contexto de crisis nacional. Un faraón que no conocía a José temió el crecimiento del pueblo hebreo y decretó que todos los niños varones fueran arrojados al Nilo. El río que debía dar vida se convirtió en una ciénaga de muerte.
En este escenario nace Moisés. Su madre, Jocabed, demuestra una fe extraordinaria al ocultarlo por tres meses. Cuando ya no pudo hacerlo más, tejió una canasta de juncos, la impermeabilizó con asfalto y brea, colocó al niño y lo dejó en el río, confiando plenamente en la providencia divina.
Dios intervino de manera sorprendente:
La hija del faraón encuentra la canasta.
Tiene compasión del niño.
Miriam (La hermana de Moises) interviene y ofrece una nodriza hebrea. ( va por la mama del bebe)
Jocabed termina amamantando a su propio hijo y recibiendo salario por ello.
Finalmente, la hija del faraón lo adopta como hijo suyo.
Si Moisés iba a ser el libertador de Israel, Dios mismo se encargó de guardarlo, formarlo y colocarlo en el único lugar donde el decreto de muerte no podía tocarlo: el palacio del faraón.
La fe de Moisés inicia antes de que él pudiera creer: la fe de sus padres confiando en Dios en circunstancias imposibles.
🟦 II. LA FE DE MOISÉS LE DIO IDENTIDAD EN MEDIO DE DOS MUNDOS
(Egipto lo formó externamente, pero Dios lo marcó internamente)
Moisés creció como príncipe de Egipto:
Recibió la mejor educación de la época.
Aprendió jeroglíficos, acadio y escrituras cercanas al hebreo.
Conoció la política, la administración de justicia y la cultura egipcia.
Se movía entre nobles, sacerdotes, militares y arquitectos.
Disfrutó privilegios que nadie más en Israel tenía.
Pero aunque vivía rodeado de la grandeza de Egipto, nunca olvidó quién era realmente. Su madre lo crió en sus primeros años, enseñándole su identidad hebrea, la historia de sus antepasados, la fe en el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Aprendió las promesas, entendió el pacto, conoció la historia de José y la promesa de liberación.
Esa identidad lo acompañó mientras veía templos, estatuas, ritos y la pompa de la realeza. Aunque el mundo trató de formarlo, la fe que había sido sembrada en él lo sostuvo.
🟦 III. LA FE DE MOISÉS LO LLEVÓ A TOMAR UNA DECISIÓN MADURA Y DELIBERADA
(A los 40 años, escogió a Dios por encima de Egipto)
Hebreos recalca algo fundamental: “cuando ya fue adulto.”
No era un adolescente impulsivo. Era un hombre formado, maduro, con criterio, conocimiento y experiencia.
A los 40 años, Moisés puso en la balanza:
Lo mejor del mundo que Egipto podía ofrecerle:
poder, gloria, placer, riqueza, privilegios, influencia.
Lo peor que la fe podía traerle en ese momento:
sufrimiento, burla, esclavitud, peligro, pérdida de status.
Humanamente, la elección era obvia. Pero Moisés eligió lo contrario.
La fe le permitió evaluar correctamente el valor de ambas cosas.
Entendió que todo lo que Egipto podía darle era temporal, mientras que la recompensa de Dios era eterna.
Por eso rehusó llamarse hijo de la hija del faraón, renunciando a su título, su seguridad, su herencia y su posición social.
Esta renuncia fue uno de los actos de fe más grandes del Antiguo Testamento.
No fue emocional, fue deliberado.
No fue por presión, fue por convicción.
No fue por ignorancia, fue por revelación.
🟦 IV. LA FE DE MOISÉS RECHAZÓ LOS PLACERES TEMPORALES DEL PECADO
(Vio que el pecado ofrece placer, pero un placer engañoso)
Hebreos dice que Moisés prefería ser maltratado con el pueblo de Dios antes que disfrutar de “los placeres momentáneos del pecado.”
1 Juan 2:15-17 https://www.bible.com/bible/127/1JN.2.15-17
Pablo habla de la lucha que tenemos cada uno de los creyentes, una lucha interna entre nuestras dos naturalezas. La naturaleza carnal y la espiritual.
Esta condición refleja que el creyente vive simultáneamente en dos mundos: el natural y el espiritual. Nuestras raíces están en Adán y su naturaleza caída, pero también somos partícipes de la naturaleza divina a través de Cristo. La carne y el Espíritu están en conflicto constante, chocando y oponiéndose entre sí1. Como lo describe vívidamente Pablo:
Querias ser honesto y terminas dobandote el billete que se le cayo a la persona
Prometiste ahora si dar tu diezmo, pero terminaste gastandolo en cosas que “necesitabas”
Queria ser paciente con mi esposa, pero termine contestandole impacientemente.
Ahora si ibas a estudiar, pero terminaste haciendo trampa en tu examen, tarea, proyecto.
Aunque quiero hacer el bien termino haciendo el mal.
Pablo reconocio quel la unica esperanza que el tenia es que en Cristo Jesus, el pecado ha perdido su poder sobre el, y ahora podia obedecer a Dios.
Este texto no dice que el pecado no tenga placer. Lo tiene. Pero es:
Momentáneo, Fugaz, Engañoso, Temporal, Inestable, Destructivo
El pecado ofrece lo que parece dulce, pero su final es amargo.
El pecado promete libertad, pero da esclavitud.
Promete identidad, pero roba la verdadera identidad.
Promete poder, pero destruye al que lo busca.
Moisés pudo tener todo eso al alcance de su mano.
Pero la fe le permitió ver el final de ese camino y rechazarlo.
La fe verdadera no solo renuncia al pecado:
la fe revela que lo que Dios ofrece es infinitamente mejor.
Eclesiastés 2:1-11 https://www.bible.com/bible/127/ECC.2.1-11
🟦 V. LA FE DE MOISÉS VALORÓ LA RECOMPENSA ETERNA SOBRE LOS TESOROS DE EGIPTO
(Su mirada estaba puesta en algo superior)
Egipto era una de las civilizaciones más ricas y poderosas de la antigüedad.
Los tesoros de Egipto incluían:
Oro tan abundante que era comparado con polvo.
Barcos
privados.
Carros, caballos, joyas, sirvientes, palacios.
Enterramientos lujosos con riquezas que hoy valdrían millones.
Moisés podía recibir todo esto.
Pero lo consideró nada comparado con lo que Dios ofrecía.
El texto dice que “tenía puesta la mirada en la recompensa.”
Esta frase, en el griego, describe:
Un
enfoque constante.
Inclinación
de intereses.
Dirección
de pensamiento.
Expectación
permanente.
Moisés vivía mirando hacia adelante, no a su alrededor.
Su corazón estaba en lo eterno, no en lo material.
Por eso no le afectó dejar Egipto atrás.
🟦 VI. LA FE DE MOISÉS LO IDENTIFICÓ CON CRISTO, AUN ANTES DEL NACIMIENTO DE CRISTO
(Hebreos interpreta su sufrimiento como sufrimiento por Cristo)
Esta es una declaración profunda:
“Consideró que era mejor sufrir por causa de Cristo…”
Moisés vivió siglos antes del nacimiento de Jesús, pero:
Cristo
es eterno.
Cristo es la promesa desde Génesis 3:15.
El pueblo de Israel es el pueblo del Mesías.
Sufrir con el pueblo de Dios es sufrir por Cristo.
Identificarse con los oprimidos, con los esclavos, con los despreciados, con los que esperan la redención, era identificarse con el propósito del Mesías.
El oprobio que Moisés cargó anticipa el oprobio que Cristo mismo llevaría.
La fe le permitió ver que pertenecer a Dios, aunque costara vergüenza, era mejor que pertenecer a Egipto, aunque diera gloria.
🟦 VII. APLICACIÓN: ¿QUÉ ENSEÑA LA FE DE MOISÉS A NUESTRA VIDA HOY?
1. La fe nos da identidad en un mundo que quiere definirnos.
Así como Egipto quiso moldear a Moisés, este mundo intenta moldearnos a su imagen: estilo de vida, ideas, valores, prioridades.
La fe nos recuerda quiénes somos y de quién somos.
2. La fe nos enseña a poner todo en la balanza.
La vida cristiana exige decisiones.
La fe pesa el valor eterno de lo que Dios ofrece y el valor temporal del mundo.
3. La fe nos permite renunciar sin perder.
Moisés renunció a Egipto pero ganó un destino eterno.
Todo lo que entregamos por Dios vuelve multiplicado en gloria.
4. La fe nos hace ver que el pecado es placer temporal pero destrucción segura.
Lo que hoy parece atractivo puede destruir mañana.
La fe fija los ojos en Cristo.
5. La fe vive mirando hacia la recompensa eterna.
El creyente que fija su mirada en Cristo no se rinde ante el sufrimiento ni se enamora de lo temporal.
🟦 CONCLUSIÓN
La fe de Moisés no fue pasiva. Fue la fe de un hombre que:
vio la mano de Dios desde su nacimiento,
abrazó
su verdadera identidad,
tomó
decisiones maduras,
rechazó
placeres temporales,
valoró
lo eterno,
y se identificó con Cristo.
Esa misma fe está disponible hoy.
La fe que hace renunciar al mundo, abrazar la voluntad de Dios y mirar hacia la recompensa eterna.
