Está bien fracasar
Está Bien NO estar Bien • Sermon • Submitted • Presented
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Introducción:
Introducción:
Amados hermanos, el Señor Jesucristo les bendiga ricamente en este día. Damos gracias a Él por esta hermosa mañana que nos regala, donde Él ha renovado Su misericordia y continúa siendo paciente para con nosotros y este mundo, queriendo que ninguno perezca, sino que vayamos al arrepentimiento para el perdón de nuestros pecados y recibir el regalo de la vida eterna en la obra de Cristo nuestro Señor y Salvador.
Hoy, estoy aquí delante de Dios y de parte de Dios para compartir la enseñanza sobre este octavo tema de la Serie con la que empece en el primer trimestre de este año, llamada «Está bien no estar bien». Hemos hablado sobre 7 temas en enseñanzas pasadas sobre:
Está bien estar desanimado/deprimido
Aprendimos que la Biblia nos da permiso para sentirnos abatidos, mostrando cómo grandes siervos de Dios expresaron su angustia más profunda.
Está bien estar triste
Vimos en Jesús el ejemplo perfecto de alguien que experimentó una gama completa de emociones, incluyendo una profunda tristeza, validando así la nuestra.
Está bien llorar
Derribamos la idea de que el llanto es un signo de fe débil, entendiendo que es una parte esencial y bíblica del proceso de sanidad.
Está bien tener miedo
Comprendimos que el mandato "No temas" no es una reprensión por sentir miedo, sino una tierna invitación de Dios a encontrar ánimo en Su presencia.
Está bien tener luchas
Aprendimos que la fe no espera a que la tormenta pase, sino que se ancla en Dios como nuestro Refugio en medio de la crisis.
Está bien estar enojado:
Vimos por medio del Salmo 10, como podemos orar a Dios cuando vemos que los impíos y perversos de este mundo pisan los más indefensos, rogando para que Dios haga caer su justicia sobre ellos, no tomando nosotros justicia por nuestras propias manos.
Está bien cuestionar a Dios:
Aprendimos, por medio del libro de Habacuc como el llegar a cuestionar a Dios no es un pecado, si no que es una forma en la que nos mostramos totalmente honestos delante de Él.
Hoy vamos a hablar sobre el tema que se llama «Está bien fracasar». Y para empezar quiero compartir esta analogía con ustedes para ponerlos en contexto sobre el sermón de hoy:
Analogía:
Analogía:
Imagina a un joven de nuestra iglesia, un profesional diligente que trabaja en la 85. Se prepara por meses para un ascenso crucial o para presentar un proyecto que podría cambiar su carrera. Oramos por él en el grupo pequeño. Llega el día, y no lo logra. Fracasa. El domingo siguiente, celebramos con gozo a otra hermana que consiguió un nuevo contrato, pero sobre el fracaso de nuestro hermano cae un silencio incómodo. Él mismo, sintiendo vergüenza, se esconde y deja de venir.
¿Por qué? Porque hemos hecho de la iglesia un escenario para el éxito, pero no un hospital para el fracaso. Tenemos testimonios de victoria, pero no tenemos "espacio para el fracaso". Hoy, el Salmo 88 nos da permiso de Dios para fracasar, para sentirnos rotos y, lo más importante, para traer ese fracaso a Su presencia.
I. La geografía del fracaso: ¿cómo se siente?:
I. La geografía del fracaso: ¿cómo se siente?:
El Salmo 88 no es una reflexión teológica sobre el fracaso; es una descripción visceral de cómo se siente. Antes de poder procesar nuestro fracaso, debemos tener el valor de validarlo. El salmista, Hemán el ezraíta, nos da las palabras.
1.El fracaso nos aísla (v. 8, 18)
1.El fracaso nos aísla (v. 8, 18)
Lo primero que hace el fracaso es aislarnos. El salmista clama: «Me has quitado a todos mis amigos y ante ellos me has hecho aborrecible» (v. 8). El fracaso nos hace sentir tóxicos, indeseables. Como Zeny, la estudiante de enfermería que menciona Villanueva, preferimos mentir o escondernos antes que admitir nuestra derrota. La iglesia, al celebrar solo el éxito, participa en este aislamiento, dejando al que sufre solo. El salmo termina con la frase más devastadora de todo el salterio: «Me has quitado amigos y seres queridos; ahora sólo tengo amistad con las tinieblas» (v. 18). El fracaso se siente como la soledad absoluta.
2. El fracaso nos paraliza (v. 3-5)
2. El fracaso nos paraliza (v. 3-5)
El fracaso nos drena de toda fuerza. El salmista dice: «Tan colmado estoy de calamidades que mi vida está al borde del sepulcro. Ya me cuentan entre los que bajan a la fosa; parezco un guerrero desvalido» (v. 3-4). Como señala Villanueva, la palabra hebrea para "guerrero" (guéver) implica a un hombre fuerte. ¡Este es un hombre fuerte admitiendo: "No tengo fuerzas"! Es el profesional exitoso, el padre de familia, la madre pilar, que por dentro se siente como un "cadáver que yace en el sepulcro, de esos que tú ya no recuerdas» (v. 5). El fracaso nos hace sentir inútiles y olvidados por Dios.
II. La teología del fracaso: ¿dónde está Dios en esto?:
II. La teología del fracaso: ¿dónde está Dios en esto?:
Cuando el fracaso nos golpea, inevitablemente miramos hacia arriba. Y aquí, el salmista hace lo impensable: en lugar de culpar al diablo o a las circunstancias, dirige su queja directamente contra Dios.
1. La Honestidad de Culpar a Dios (v. 6-7, 16)
1. La Honestidad de Culpar a Dios (v. 6-7, 16)
Hemán no endulza su oración. Él acusa: «Me has echado en el foso más profundo... El peso de tu enojo ha recaído sobre mí; me has abrumado con tus olas» (v. 6-7). Más adelante, repite: «Tu ira se ha descargado sobre mí; tus violentos ataques han acabado conmigo» (v. 16). Esto nos incomoda. Queremos "corregir" al salmista. Pero, como enseña Villanueva, no hay ninguna indicación en el salmo de que este sufrimiento sea por un pecado específico. Es la honestidad de un creyente que se siente abandonado y atacado por el mismo Dios al que ama. Dios prefiere esta honestidad brutal a una piedad fingida.
2. La Lucha por la Reputación de Dios (v. 10-12)
2. La Lucha por la Reputación de Dios (v. 10-12)
El salmista no solo se queja, sino que argumenta con Dios. Su fracaso no es solo un problema personal, es un problema teológico: «¿Acaso entre los muertos realizas maravillas? ¿Pueden los muertos levantarse a darte gracias? ¿Acaso en el sepulcro se habla de tu amor, y de tu fidelidad en el abismo destructor?» (v. 10-11). En esencia, Hemán está diciendo: "Dios, mi fracaso no te da gloria. Mi muerte no te sirve de nada. Tu reputación de amor y fidelidad está en juego". Esta no es la murmuración incrédula de la que Dios se queja en Malaquías; es la lucha apasionada de alguien que se toma en serio el pacto con Dios.
III. La fe en el fracaso: ¿qué hacemos ahora?:
III. La fe en el fracaso: ¿qué hacemos ahora?:
Este salmo es el más oscuro, sin un giro final hacia la alabanza. Entonces, ¿dónde está la fe? La fe no está en el final feliz; la fe está en el clamor mismo.
1. La Fe es un Clamor Persistente (v. 1-2, 9b, 13)
1. La Fe es un Clamor Persistente (v. 1-2, 9b, 13)
A pesar de sentirse aislado, paralizado, atacado y olvidado por Dios, ¿qué hace Hemán? Sigue orando. El salmo se abre con esta declaración de fe: «Señor, Dios de mi salvación, día y noche clamo en presencia tuya» (v. 1). En medio de su dolor, dice: «Yo, Señor, te invoco cada día, y hacia ti extiendo las manos» (v. 9b). Y otra vez: «Yo, Señor, te ruego que me ayudes; por la mañana busco tu presencia en oración» (v. 13). Como dice Villanueva, en la oscuridad total, "Pero yo clamo a ti" es el equivalente de fe a "Pero yo confío en ti". La fe no es la ausencia de oscuridad; es la decisión de seguir clamando al Dios que no vemos.
2. La Fe Acepta la Lucha Continua (v. 15; cf. Romanos 7:21-24)
2. La Fe Acepta la Lucha Continua (v. 15; cf. Romanos 7:21-24)
El salmista revela que esto no es un mal día: «Yo he sufrido desde mi juventud; muy cerca he estado de la muerte... y ya no puedo más» (v. 15). Esto nos conecta con la realidad de la vida cristiana que a veces no tiene un final feliz y ordenado, como el Salmo 12, que después de la promesa de Dios, termina con los malvados aún acechando (Sal. 12:8). Nos recuerda al apóstol Pablo en Romanos 7, un creyente que se deleita en la ley de Dios pero se siente "prisionero de la ley del pecado", llevándolo a gritar: «¡Qué hombre tan desdichado soy!» (Rom. 7:23-24 NVI). La fe madura acepta que la lucha y el fracaso son parte del camino, no una interrupción del mismo.
Conclusiones:
Conclusiones:
El Salmo 88 termina con la palabra "tinieblas" (v. 18). No hay alabanza. No hay resolución. Es el salmo perfecto para la persona que ha fracasado. ¿Y por qué está en la Biblia? Porque Dios quiere que sepamos que está bien fracasar. Quiere que sepamos que Él no nos abandona cuando lo hacemos.
La iglesia no puede ser un club de triunfadores. Debe ser un hospital de campaña para los "guerreros desvalidos". El Salmo 88 nos da permiso para dejar de fingir. Nos da permiso para estar rotos, para estar en la oscuridad, y nos da las palabras para orar desde allí. El fracaso no es el fin de tu historia; es el lugar donde dejas de confiar en tu propia fuerza y aprendes que la fe no es más que un clamor desesperado al "Dios de mi salvación", incluso cuando lo único que sientes es Su ira, y lo único que ves son las tinieblas.
Aplicación y preguntas de reflexión:
Aplicación y preguntas de reflexión:
Aplicación:
Aplicación:
Crear un Espacio para el FracasoComo iglesia, debemos cambiar nuestra cultura. Dejemos de ser una comunidad que solo celebra "testimonios de éxito". Tenemos que ser intencionales en crear un espacio seguro para el fracaso. Esto significa que como pastores, ancianos y líderes de grupos pequeños, debemos ser los primeros en compartir nuestras propias luchas y fracasos. Significa que cuando alguien comparta un fracaso, nuestra primera respuesta no debe ser una solución rápida o una racionalización teológica ("Dios tiene un propósito"), sino un "lamento contigo" y una presencia que acompaña en la oscuridad.
Preguntas de reflexión:
Preguntas de reflexión:
¿Qué fracaso (un examen, un negocio, una relación, una lucha moral) has estado escondiendo de Dios y de la iglesia por vergüenza, pensando que te hace "menos cristiano"?
¿Cómo reaccionaste la última vez que un hermano te compartió un fracaso o una oración no respondida? ¿Lo racionalizaste ("Dios tiene un propósito") o te sentaste con él en su oscuridad (v. 18), sin ofrecer respuestas fáciles?
Tarea en casa:
Tarea en casa:
Identifica a una persona en tu vida (o en la iglesia) que sepas que está pasando por un fracaso o un "tiempo de oscuridad". Esta semana, tu tarea no es darle un consejo, ni un versículo de victoria. Tu tarea es llamarla o visitarla con un solo propósito: escucharla. Y si te da permiso, dile: "Quiero orar contigo, y voy a usar las palabras de un salmo escrito para momentos como este". Luego, lee en voz alta el Salmo 88 por esa persona, validando su dolor y acompañándola en su clamor.
Oremos…
