oración o declaración de guerra espiritual y autoridad
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Transcript
En el nombre de Jesucristo, yo corto ahora toda línea de conexión demoníaca que se haya establecido entre el mundo espiritual de maldad y mi entorno.
Si han hecho pactos con mi nombre, se deshacen.
Si han invocado espíritus para interferir en mi destino, se deshacen.
Si han enterrado objetos con fines destructivos, se desentierran por fuego.
Si han consagrado relojes, ropas, cabellos, palabras, se pudre en el fuego de Dios porque no hay cueva, no hay altar, no hay sacrificio, no hay conjuro que pueda resistir la palabra de autoridad que se levanta desde el cielo en esta madrugada.
Espíritu del Dios viviente, activa ahora tus ángeles guerreros. Envíalos con espadas desenvainadas a mi casa, a mi calle, a mi comunidad. Que toda reunión en lo oculto quede expuesta. Que todo plan que se esté para mi ruina, para mi retroceso, sea interceptado por tus ejércitos celestiales.
Hoy declaro una intervención divina. Hoy profetizo movimientos angelicales. Hoy hablo y se activa la gloria de tu presencia envolviendo mi atmósfera y me levanto también en autoridad para interceder por mi familia.
Todo espíritu que ha estado trabajando de generación en generación, sembrando división, pobreza en enfermedad, vicios, muerte prematura, cárceles, locura, accidentes, ruinas, esterilidad espiritual. Hoy los denuncio, hoy los cancelo, hoy los echo fuera. Ningún espíritu ancestral tiene legalidad sobre mi casa. Yo cierro las puertas con la sangre del cordero. Rompo con todo lo que mis antepasados hayan abierto por ignorancia o por rebeldía.
Toda maldición hereditaria queda anulada, porque la sangre de Jesús habla más fuerte que cualquier voz del pasado. Porque donde abundó el pecado, sobreabunda tu gracia, tu gloria, tu redención.
Y ahora mismo levanto mi voz y profetizo libertad. Profetizo cielos abiertos. Profetizo que lo que el enemigo intentó enterrar, Dios lo resucita. Profetizo que lo que fue robado será devuelto con intereses. Profetizo que todo ataque que vino para mi mal, Dios lo transforma en victoria. Porque mi vida no está en manos de los brujos, ni de los demonios, ni de los que practican el mal. Mi vida está en manos del que venció en la cruz del calvario. Y si él venció, yo también venzo.
Padre, que descienda tu fuego sobre mis pensamientos. Que se queme toda palabra negativa que fue sembrada en mi niñez, en mi pasado. Que se rompa toda mentira que el diablo sembró para hacerme creer que no puedo, que no valgo, que estoy solo, que no sirvo. Yo rechazo toda palabra de maldición lanzada por hombres y por demonios. Reprendo la voz de la inseguridad, de la duda, del miedo, de la ansiedad.
Hoy me pongo el casco de la salvación, el escudo de la fe, la espada del espíritu, el cinturón de la verdad, el calzado del evangelio. Hoy me he visto con la armadura de Dios porque no vine a dormir, vine a pelear, vine a recuperar lo que me pertenece, vine a levantar mi casa en guerra, en intercesión, en autoridad.
Y declaro también en el nombre de Jesús que todo espíritu nocturno que opera entre las sombras, que se mueve por las madrugadas, que espera mi cansancio para atacarme, que se mete en los sueños para atar mi mente, ahora pierde poder, se le seca toda fuerza. Se corta toda raíz, se desactiva todo portal que le daba acceso. Esta madrugada lo decreto con mi voz y con mi espíritu. No hay acceso, no hay poder, no hay oportunidad, porque esta casa está bajo la sangre, porque esta familia está bajo cobertura, porque esta vida está sellada con el fuego del Espíritu Santo.
