Gratitud: El Antídoto

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El antídoto para perder el miedo al futuro, es confiar mi presente a Dios

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El Antídoto

Buenos días familia, hoy es ese domingo que algunos no quieren que llegue, quienes tienen más de 5 años en Casa saben que hay un tema que comparto solamente 1 o 2 veces al año ¡sí hoy es el domingo que hablamos de… dinero! La palabra que da comezón, la que hace que algunos se rían de nervios, el ritmo cardiaco sube un poquito y otros piensan: “con razón hoy me dolió el callo! ya sabía que no debí venir a Casa, algunos se mueven nerviosos en sus sillas y quienes vienen de camino y están escuchando el tema en las redes, están pensando seriamente en dar la vuelta.
Para quienes están conociendo Casa de Fe o vienen por primera o segunda vez, quizá están pensando ¡uy no tardaron nada para sacar el tema! Un tema de gratitud, otro de que somos el cuerpo, otro del servicio, de que soy el poema de Dios y ¡zaz! ¡la cartera! si vienes por primera vez estás pensando ¡me saqué la rifa del tigre!
Siendo honestos ¡a casi ningún adulto le gusta hablar de dinero! se siente incómodo, raro y lo entiendo, como pastor es la parte que tengo más dificultad para preparar, sin embargo, es parte de mi responsabilidad como pastor, enseñar de todos los temas que la Biblia enseña.
Como persona ¡es un tema que también me costó! recuerdo que de niño cada domingo mi papá me daba para mi ofrenda en la escuelita y para el diezmo en la iglesia. Después cuando empecé a trabajar a los 16 años, de vez en cuando se me pasaba, pero una pregunta constante de mis padres era ¿ya diezmaste?
Cuando vine de Chiapas a Oaxaca a estudiar, como estudiante foráneo ¡nunca tenía dinero! así que cuando recibía algo era fácil diezmar, porque lo aprendí de niño. De casados, el diezmo ni siquiera fue motivo de dudas ya de casados con Almita, desde un principio lo decidimos hacer, pero no siempre fue fácil, porque al hacer el presupuesto o las famosas cuentas ¡a veces no daban! Un sobre para cada presupuesto, hasta para los tacos...cuando había.
Eso de hacer cuentas nos pone nerviosos, porque al comparar el ingreso con los gastos ¡no siempre cuadra! y quien normalmente sale perdiendo o le quedamos debiendo ¡es a Dios! Sacrificamos el diezmo. Y si un domingo no fui a la iglesia y llevaba el diezmo, al otro domingo ¡desaparece! ya no llega. Miras los gastos, el ingreso y piensas: justo con ese diezmo completo para pagar la luz, Señor con todo respeto, pero ¡estás viendo que no ajusta! no miento, ¿ve la operación matemática? ¿estás seguro de que tus matemáticas están bien? porque las mías ¡no dan! ¿Alguien se ha sentido así?
En días pasados una hermana apreciada nos dijo: cuando se trata de hacer cuentas y lo que necesito pagar ¡no me dan las cuentas! entonces ¡ya no hago cuentas! y actúo en fe y es alguien que fielmente entrega a Dios su obediencia y su fe.
Vivimos una cultura que nos grita un mensaje todos los días, a todas horas ¡nunca es suficiente! necesitas más, acumula, súmale, asegura tu futuro, ¡cuidado, no te va a alcanzar! Ese mensaje, esa voz de miedo se mete en el corazón y lo secuestra, lo agarra y lo aprieta como un puño estruja un pedazo de papel.
Creo que la mayoría estamos agradecidos con Dios por el sermón que nos recordó la razón por la que adoramos a Dios ¡sus muchos beneficios! después vimos que somos un solo cuerpo, diferentes partes, un cuerpo; la semana pasada vimos que somos SU obra maestra, Su poema, y somos salvos no POR las obras, sino PARA las obras que Dios ya ha preparado para cada uno de nosotros.
Pero, cuando se trata de dar...cuando se trata de abrir las manos o la cartera, nuestros oídos y las manos en automático ¡se cierran! creemos que la generosidad es una pérdida como si el diezmo es un impuesto que la iglesia cobra para mantener el aire encendido, pero ¿y si estamos equivocados por completo? ¿y si el dar no es algo que Dios nos quita? ¿y si en realidad es un antídoto que Dios nos da? un antídoto para curarnos de la enfermedad más grande de nuestra cultura ¡el miedo y el materialismo!
Bien, la puerta ya está cerrada con 3 candados, nadie sale ¡relájate! estamos en la serie Gratitud. Vimos que la gratitud empieza con la memoria:
“Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios.” (Salmo 103:2, RVR95BTO)
Después vimos que la gratitud se mueve con el servicio:
“Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás.” (Efesios 2:10, NTV)
Veremos la prueba de fuego de nuestra gratitud hablando de la confianza en Dios.
El apóstol Pablo escribió a una iglesia en la ciudad de Corinto, esa iglesia quería ser generosa, había prometido ayudar a otros creyentes que pasaban hambre, pero ¡les dio frío! empezaron a dudar, estaban como nosotros haciendo cuentas en el cuaderno y ¡no ajusta!
Pablo les escribe y fíjense que no los regaña, no les da una ley, no les dice ¡tienes que dar o Dios te va a castigar! No, les da un principio que cambia el corazón, porque la obediencia, la generosidad no es un asunto de la cartera sino del corazón.
“Recuerden lo siguiente: un agricultor que siembra sólo unas cuantas semillas obtendrá una cosecha pequeña. Pero el que siembra abundantemente obtendrá una cosecha abundante.” (2 Corintios 9:6, NTV)
¿Cuántos hay de campo? ¡sí señor, yo soy de rancho! ¿cuál es la analogía que usa Pablo? ¿qué imagen nos da? Exacto, de la agricultura, la siembra. No usa una analogía de negocios diciendo: invierte 100 y te garantizo 1,000. No usa una analogía de impuestos: paga lo que debes o recibe una multa.
El agricultor sabe que si se aferra a su saco de semilla selectas y ¡se las come! tendrá comida para una semana, pero si la siembra generosamente ¡tendrá cosecha para todo el año, toda la temporada!
El miedo hace que nos comamos la semilla, pero la gratitud nos da la fe para sembrarla. Pablo simplemente les dice: “ustedes deciden el tamaño de su cosecha! Si siembran con el puño, escaso ¡así será si cosecha! si siembras con la mano abierta, generosamente ¡así será tu cosecha! la fe, la obediencia, la siembra ¡no es castigo, es un premio! Es un principio, es la ley de la granja.
En el verso 7 Pablo cambia el enfoque, pasa de la cantidad a la actitud y aquí estimada iglesia, es donde muchos de nosotros nos hemos equivocado por años.
“Cada uno debe decidir en su corazón cuánto da…».” (2 Corintios 9:7, NTV)
Y nos va a decir 2 formas negativas y 1 positiva.
“…y no den de mala gana ni bajo presión…” (2 Corintios 9:7, NTV)
No den con tristeza, lamentándose, no lo hagas como cuando pagas la tenencia del carro ¡de mala gana! como diciendo ¡pues ya ni modo!
Escucha iglesia, esto debe ser liberador, si estás diezmando o dando tu ofrenda por culpa, por obligación o bajo presión, creyendo que si no lo haces Dios te va a castigar o te va a ir mal en los negocios o lo haces porque el pastor está parado enfrente y ora con los ojos abiertos, Pablo dice ¡detente! ¡alto! esa no es la forma correcta, porque ¡Dios no necesita tu dinero! ÉL es el dueño, Soberano de todo, no quiere tu dinero ¡ÉL anhela tu corazón!
Después da la forma positiva de cómo sí debemos dar:
“«porque Dios ama a la persona que da con alegría».” (2 Corintios 9:7, NTV)
¿Saben cuál es la palabra para alegría? Es: ἱλαρός (hilaros = alegre), de ahí surge la palabra hilaridad, que segú la RAE es un adjetivo: divertido, jocoso, alegre, “que inspira la alegría o mueve a risa”. Y ¿sabes cuál es su antónimo, lo opuesto? lacrimoso, que lleva a lágrimas. Entonces, si para ti el momento de los diezmos y ofrendas te dan ganas de llorar ¡hay algo que no hemos entendido!
A Dios le encanta cuando pasamos al altar con una sonrisa, alegre, festivo, el que da casi riéndose como diciendo: Señor, no puedo creer que me dejes participar de esta bendición. Me has dado tanto, que esto es sólo una pequeña respuesta de mi alegría, mi gozo, por todo lo que me has dado.
“«porque Dios ama a la persona que da con alegría».” (2 Corintios 9:7, NTV)
Este es la forma de dar que Dios ama; no es el que dice: “tengo que pasar...me están viendo”, sino uno que desde temprano pide su sobre, en la oración se pone de pie, si no tiene sobre busca, levanta la mano no espera que se lo ofrezcan y si no me lo ofrecen ¡uf me salvé! Sino el que sabe que es una bendición poder participar.
Quizá alguien dice: ok pastor, entiendo el principio de la siembra, hacerlo con buena actitud, con alegría, pero una vez más ¿quién paga la luz de mi casa? ¿quién arregla la bomba de agua?
Pablo sabía que esa era la pregunta, sabía que el miedo que nos llega es: si siembro generosamente y con alegría ¡qué comemos mi familia y yo! Si doy con alegría ¿quién paga la colegiatura? la gasolina, la renta. Entonces Pablo escribe el verso 8 y este es el antídoto, es la promesa que le quita el poder al miedo.
“Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, de manera que siempre, en toda circunstancia, tengan todo lo necesario, y toda buena obra abunde en ustedes.” (2 Corintios 9:8, NVI)
La promesa parece casi algo de ensueño, lo que siempre hemos anhelado está ahí ¡en La Palabra! y no lo hemos apreciado; mira las palabras que sobresalen: Toda, gracia… abunde...siempre...en toda...tengan todo...abunde. Es el versículo más abundante ¡Dios no es tacaño! ÉL no está en Su Trono haciendo cuentas a ver cómo te quita ¡ÉL es poderoso para hacer que abunde!
Una paráfrasis del verso tomando en cuenta el original sería: “Dios nos da un caudal que excede nuestra capacidad de contener la abundancia, para que una vez cubiertas nuestras necesidades (Suficiencia), el desbordamiento moje a los que están a nuestro alrededor. (Buenas obras)”
Esa es la promesa. Lo que promete no es: entrega 1 peso y Dios te dará 2. Si das 100 caerán 1000 a tu buzó. Cuidado con esa teología, Dios no es una máquina expendedora, SU promesa es que tendrás ¡todo lo suficiente! El empresario que dice: Yo no doy el diezmo porque tengo suficiente, no quiero que Dios me dé más, tiene una enseñanza que no es de la Biblia.
Ahora preguntamos, si Dios me dará suficiente, pero ¿suficiente para qué? ¿un coche nuevo, una casa? ¿para ir de vacaciones? Leamos una vez más cómo termina el verso y ésta es la parte que lo cambia todo:
“… de manera que siempre, en toda circunstancia, tengan todo lo necesario, y toda buena obra abunde en ustedes.” (2 Corintios 9:8, NVI)
Esta frase conecta todas las cosas, teniendo en toda circunstancia, todo lo necesario. Dios no te da abundancia sólo para que consumas y acumules, Dios te da para que sirvas más. Dios te da más para que siembres más, ÉL te da lo suficiente para que pases de ser un almacén que acumula por miedo a ser un canal por el que fluye SU bendición de forma abundante a los demás.
Dios quiere financiar tu generosidad, quiere que seas parte de la buena obra que ÉL está haciendo en Oaxaca y el mundo, y esto nos lleva a la idea central. La semana pasada aprendimos que no fuimos salvos POR obras, o por el servicio, sino PARA el servicio. La de hoy es: La ofrenda y el diezmo, la generosidad no es el pago de una deuda, es el antídoto contra el miedo. Otra vez: La ofrenda y el diezmo, la generosidad no es el pago de una deuda, es el antídoto contra el miedo.
No damos porque Dios necesita nuestro dinero, damos porque ¡nosotros necesitamos ser libres del agarre del dinero! Necesitamos ser libres del miedo. Entonces ¿qué hacemos con esto? La pregunta no es ¿cuánto estás dando? Sino ¿dónde está tu confianza? en tus cuentas, en lo que tienes en el banco o está en Dios que es poderoso para proveer. WILLIAM COLGATE, a los 23 años funda su negocio en 1806, de almidón, jabón y velas. Siguiendo el consejo que le dio un cristiano: “Dale a Dios todo lo que le pertenece y haz un jabón honesto.”
En la Biblia el punto de partida, el estándar de entrenamiento para la generosidad siempre fue el diezmo, el 10% es el piso ¡no el techo! es lo que nos democratiza a todos ¡nadie da más, nadie da menos! Y es la herramienta principal que Dios usa para tomar ese puño por miedo alrededor del dinero y poder abrirlo. Fue tanta la ganancia de Colgate, que empezó dando el 10% de diezmo, después dio el 20, el 30 hasta llegar a dar el 90% de todas sus ganancias y viviendo él con el 10%. Tenía la firme experiencia que mientras más daba, más Dios lo prosperaba.
Es la forma de decirle al corazón y al miedo ¡Tú no mandas, mi confianza está en Dios! Si nunca has practicado el diezmar, si te ha dado miedo, miedo a perder el control, miedo al futuro, si sigues atorado en las matemáticas de las cuentas, hay un reto de parte de Dios para ti. Hay un solo lugar en toda la Biblia donde Dios le dice a su pueblo algo asombroso:
“…¡Inténtenlo! ¡Pónganme a prueba!” (Malaquías 3:10, NTV)
El único lugar donde Dios dice ¡atrévete a probarme! te doy permiso, es más ¡te reto! Como si Dios te dice “Yo sé que esto da miedo, sé que no tiene lógica humana, así que te doy permiso ¡prueba mi fidelidad! Y ese reto en Malaquías ¡es en relación precisamente a los diezmos y ofrendas! es en relación con el dinero.
El reto es, si no has diezmado, si das a Dios lo que quieres, si no lo has puesto en primer lugar, el reto es que lo pruebes por 77 días. Decide en tu corazón que en los siguientes 77 días lo primero que vas a apartar de tu ingreso, es el 10%, no al final, no si te sobra, porque ¡nunca sobra! sino lo primero que apartas, como la primera semilla y la más importante y sólo observa si Dios no cumple Su promesa. Mira si no te da “todo lo suficiente”, mira si no empiezas a sentirte más libre, con menos ansiedad, es un reto de confianza en Dios.
Si nos visitas por primera vez, si estás en tu búsqueda espiritual ¡relájate! no te sientas presionado, no queremos nada de ti ¡queremos algo para ti! Este mensaje es para quienes llamamos a Casa de Fe nuestro hogar.
¿Se imaginan cómo sería Casa de Fe si todos somos dadores alegres? imagina una iglesia libre de miedo, una iglesia que confía en la provisión de Dios, anhelamos ser generosos extravagantes, porque significa que Dios nos ha concedido la bendición de ser canal de más bendiciones, ser ríos de bendición para otras personas.
Que seamos esa iglesia que siempre puede financiar toda “buena obra” que Dios ha preparado para nosotros.
Muchas veces el dinero es la última frontera de nuestra fe, el materialismo o el miedo nos domina y la única forma de vencerlos es con el antídoto y el antídoto es la gratitud puesta en acción a través de la generosidad.
Dios conoce nuestras finanzas, sabe que a veces estamos atorados con ese miedo y por miedo nos perdemos la bendición. Pero también has visto cómo, cuándo recibes dinero y no eres fiel con Dios, muchas veces ese dinero se va, se escapa de las manos ¡no alcanzó para nada! Ni pagas las cuentas pendientes, ni obedeces as Dios, es como echar agua en una cisterna rota, y déjame decirte, que Dios ya lo ha advertido:
“Pues mi pueblo ha cometido dos maldades: me ha abandonado a mí —la fuente de agua viva— y ha cavado para sí cisternas rotas ¡que jamás pueden retener el agua!” (Jeremías 2:13, NTV)
Dios conoce nuestros miedos, deudas, cuentas y hoy nos llama a confiar en ÉL, que seamos Su pueblo libre de temor, que seamos dadores alegres, que nuestra mirada esté en Dios y no en el recurso, que Dios nos de valor para aceptar el reto de probarlo, no solo de labios o en el servicio, sino en el área que más nos cuesta: las finanzas, el dinero. Que podamos ser canal de bendición y no un estanque de agua muerta.
Palabra de Dios
Oremos
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