Cristo, nuestra reconciliación
Fundamentos de la fe • Sermon • Submitted • Presented
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La pregunta que la mayoría de las religiones del mundo tienen en común es: “¿Cómo puede un hombre pecador ser reconciliado con un Dios justo?”. Mientras que todas las religiones apuntan a las obras de los hombres como medios de reconciliación, las Escrituras no apuntan al hombre sino a la persona y obra de Jesucristo. El hombre pecador puede ser reconciliado con Dios solo a través de la obra de Cristo en el Calvario.
El significado de la reconciliación
El significado de la reconciliación
La palabra “reconciliar” viene de la palabra en latín reconciliare [re = de nuevo + conciliare = ensamblar, unir, conquistar]. Significa “reunir otra vez, unir de nuevo, llegar a un acuerdo, hacer favorable o receptivo, restaurar la amistad o la armonía”.
¿Quién fue reconciliado con quién?
¿Quién fue reconciliado con quién?
Una pregunta que puede parecer sencilla, pero meditemos en esto: ¿la cruz reconcilió al hombre con Dios (es decir, hizo que el hombre se inclinara favorablemente hacia Dios) o reconcilió a Dios con el hombre (es decir, hizo que Dios se inclinara favorablemente hacia el hombre)? o de manera mas resumida: ¿La cruz reconcilio al hombre con Dios o reconcilio a Dios con el hombre?
Esta pregunta es importante porque algunos creen erróneamente que, aunque el hombre pecador está enemistado con Dios (es decir, en contra de Dios), Dios nunca está enemistado con el hombre (es decir, en contra del hombre).
Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; el mal no mora contigo.
Los que se jactan no estarán delante de tus ojos; aborreces a todos los que hacen iniquidad.
El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.
La Biblia enseña que Dios está enemistado con el pecador. Él es justo y santo; por lo tanto, está airado contra el pecador
La respuesta correcta es, ambos:
La cruz reconcilió a Dios con nosotros ya que Cristo pagó nuestra deuda, satisfaciendo la justicia de Dios y apaciguando Su ira. Esto quitó la enemistad de Dios contra nosotros e hizo posible que Él nos justificara a través de la fe en Su Hijo.
Nosotros somos reconciliados con Dios a través de la cruz cuando; por medio de la obra regeneradora y resucitadora del Espíritu Santo, nos arrepentimos de nuestro pecado (es decir, cesamos de ser hostiles en pensamiento y obra) y colocamos nuestra fe en Cristo.
Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida.
Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación.
La palabra “enemigos” viene de una adjetivo griego que refiere a alguien que es hostil, odioso o amargado con respecto a otro. En los Evangelios se utiliza para describir al diablo.
“La palabra ‘enemigos’ no solo resalta nuestro odio impío hacia Dios, sino ademas el odio santo de Dios hacia nosotros”
A menudo se sostiene que el hombre es enemigo de Dios, pero Dios nunca es enemigo del hombre. Sin embargo, esta declaración es muy engañosa.
El típico pensamiento: “Puedo ser indiferente hacia Dios, pero no odio a Dios”. Sin embargo, si las personas son indiferentes hacia el Señor Dios Todopoderoso, el que los creó y les ha dado cada bendición que reciben, ¿qué es eso sino odio?
Hay una gran diferencia en la motivación de las dos partes enemistadas. Lo que impulsa nuestra oposición hacia Dios es el mal (nuestro pecado). La oposición de Dios hacia nosotros se basa en una oposición santa contra el pecado. Debemos entender esa diferencia y no proyectar en el carácter de Dios las mismas razones injustas de enemistad que nosotros tenemos. No es correcto que la criatura esté enemistada con el Creador, pero si la criatura es pecadora, entonces es correcto y apropiado que el Creador esté enemistado.
Reconciliados con Dios
Reconciliados con Dios
Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida.
La muerte de Cristo es la base o fundamento de la reconciliación. Fuimos reconciliados en el sentido de que Dios, la parte ofendida, quedó satisfecho. Dios fue reconciliado hacia nosotros mientras nosotros todavía estábamos alejados de Él.
El día en que Dios quedó satisfecho y ya no estuvo en oposición a Su pueblo, nosotros no cambiamos automáticamente. No experimentamos esa reconciliación hasta que nuestra oposición y hostilidad hacia Él termina —cuando somos regenerados por el Espíritu Santo, nuestros corazones duros son quebrantados y somos llevados con gozo a una relación amorosa con el Padre por medio del Hijo.
En el momento que creemos somos completamente reconciliados (sigue siendo obra de Dios, porque la fe viene de El tambien como un regalo).
Metallassō & Katallassō
Metallassō & Katallassō
metallassō = cambio o intercambio de una cosa por otra
porque cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, que es bendito por los siglos. Amén.
Sin embargo esta no es la palabra que usa Pablo en nuestro texto, sino una variación de esta: Katallassō.
Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida.
Katallassō: cambio en la relación entre personas enemistadas.
La raíz “allassō” significa cambiar, y el prefijo “kata-” intensifica la acción. No significa simplemente “arreglarse” con alguien en un sentido emocional o superficial. Cambiar una relación de enemistad a una de paz. Hacer un intercambio que transforma la relación. Así, katallassō implica que algo esencial en la relación hostil entre Dios y el hombre fue alterado de manera objetiva.
Nosotros cambiamos la verdad de Dios por la mentira, y Dios por medio de su Hijo cambio nuestra enemistad por una relación de paz. Esta asombrosa reconciliación tiene efectos visibles en nosotros, no se trata de solo un cambio en mi estilo de vida, Cristo y su obra se vuelven el centro de nuestra de nuestra vida.
… fuimos reconciliados, la iniciativa esta en Dios, una muestra mas de que si 1% fuera nuestra desicion jamas la tomaríamos, somos naturalmente enemigos. El v. 11 nos da otra afirmación relevante:
Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación.
Por eso nos gloriamos en Dios, porque reconocemos que nuestra reconciliación es solo a través de Jesucristo.
En la reconciliación el pecador queda al margen:
a saber, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación.
Solo por Cristo
Solo por Cristo
Porque agradó al Padre que en Él habitara toda la plenitud,
y por medio de Él reconciliar todas las cosas consigo, habiendo hecho la paz por medio de la sangre de su cruz, por medio de Él, repito, ya sean las que están en la tierra o las que están en los cielos.
Cristo es Dios encarnado. Por lo tanto, no hay nada deficiente en Su persona o Su obra; no hay nada que pueda fallar; no hay eslabón débil en la cadena de nuestra salvación. Nuestra reconciliación fue lograda y es inalterable. Solamente Cristo es el reconciliador designado por Dios; no hay ningún otro. La reconciliación y la paz con Dios solo son posibles a través del sufrimiento vicario de Cristo y Su muerte.
El ministerio de la reconciliación
El ministerio de la reconciliación
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas.
Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación;
a saber, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación.
Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconciliaos con Dios!
Aquellos que han sido reconciliados con Dios han recibido la gran responsabilidad de compartir el evangelio con otros para que ellos también puedan ser reconciliados. Dios ha elegido reconciliar a los hombres consigo mismo a través de la predicación del evangelio.
Somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros, Dios usa a los hombres para dar a conocer a otros Su obra de reconciliación. Es un llamado real.
Embajador, es un emisario oficialmente delegado con la tarea de entregar un mensaje de parte del gobierno que representa. Cuando habla, lo hace con la plena autoridad del presidente del pais. El no adapta el mensaje para que se adecue a sus propios gustos (o los de su audiencia). No es un editor o doctor de discursos. Se le ha dado un mensaje que comunicar, y no tiene el encargo de reescribirlo, abreviarlo, modificarlo o alterarlo de forma alguna. Su tarea es entregar el mensaje exactamente como el lo recibió.
Así como la reconciliación tiene un gran impacto en nosotros (haciéndonos nacer de nuevo y dándonos un corazón hambriento por Dios), con tal seriedad deberíamos tomar el nuestro rol como embajadores de Cristo, Dios mismo nos lo encomendó a nosotros. Lucas 5:3-11
De pescadores de peces a pescadores de hombres:
Jesús sube a la barca de Simón y desde allí enseña a la multitud.
Tras enseñar, Jesús ordena a Simón ir a lo profundo y echar las redes.
Simón explica que trabajaron toda la noche sin resultado, pero obedece por la palabra de Jesús.
Al hacerlo, capturan tantos peces que las redes comienzan a romperse.
Llaman a la otra barca para ayudar; ambas se llenan al punto de casi hundirse.
Simón Pedro, asombrado, reconoce su pecado y cae ante Jesús. Jacobo y Juan también quedan impactados por el milagro. Notemos que no se ponen a negociar un contrato con Jesús para mas visitas y repartir las ganancias.
Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.
Jesús le dice a Simón que no tema y que ahora será “pescador de hombres”. En medio del terror de reconocer su pecado. Pedro quiso alejar al Señor, pero Jesus queria que Pedro se acercara mas. El momento exacto en que el pecador siente mayor alejamiento de Dios es el punto en que El Salvador busca reconciliacion.
y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres.
Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron.
Ellos llevan las barcas a tierra y lo dejan todo para seguir a Jesús. En el punto mas alto de sus carreras, cuando acaban de tener la mejor pesca de su vida, ellos abandonaron sus barcas, le dieron la espalda a su negocio de pesca, dejaron todo, y siguieron a Jesús. A estos son los que Dios reconcilia consigo mismo: a los arrepentidos. Ahora tenían un llamado mucho mas grande que su carrera: embajador de Cristo.
Todo cristiano es un emisario oficialmente delegado por Cristo:
Y acercándose Jesús, les habló, diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra.
Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.
Al implorar a los hombres que se reconcilien con Dios, no los estamos llamando meramente a dejar a un lado su hostilidad contra Dios, sino a tomar ventaja de la oferta de reconciliación de Dios a través de la persona y la obra de Cristo. Dios extenderá una rama de olivo de paz solo por cierto número de días. La oferta será retirada en la muerte de cada hombre y en la segunda venida de Cristo. … en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconciliaos con Dios! Debería haber gran urgencia en nuestra súplica que los hombres vengan a Cristo.
El gozo de la reconciliación
El gozo de la reconciliación
Cristo manifestó el amor de Dios al morir por personas indignas. Ninguno merecía ese sacrificio. Sin embargo, aunque éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. Todo lo que hicimos fue ofenderle, pero aun así El se dio por nosotros. Si Dios nos amó tanto cuando éramos Sus enemigos, ¿cuánto más hará para manifestar Su amor ahora que hemos sido reconciliados con El?
Estamos completamente seguros de que no nos rechazará (Romanos 5:9–10). Debido a la grandeza del amor incondicional de Dios para con nosotros, estamos confiados de que nuestra esperanza descansa sobre un fundamento inamovible. No seremos avergonzados porque sabemos que Dios cumplirá Sus promesas. Por eso es que podemos regocijarnos aun en medio de la tribulación.
Rafael Porter, Estudios Bı́blicos ELA: Salvos por la fe (Romanos parte I) (Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C., 1987), 47.
Ninguna aflicción tan grave, ningún dolor tan profundo, ninguna angustia tan intensa puede compararse con la gloria de esa reconciliación que hemos recibido en el Amado.
Miramos nuestra situación en este mundo y vemos nuestras cuentas bancarias desaparecer, nuestros hogares destruidos, nuestros trabajos perdidos, y nuestros cuerpos afectados por enfermedades, y pareciera que tenemos motivos para quejarnos, lamentarnos y llorar. Pero si levantamos la mirada por un solo segundo hacia la cruz y la resurrección, vemos que el Señor Dios omnipotente—tan santo que ni siquiera podría mirarnos—ahora nos mira, nos abraza y nos adopta como Sus hijos porque ha sido reconciliado con nosotros.
El gozo es otro beneficio que fluye de nuestra justificación. El versículo 11 es simplemente una ampliación de lo que Pablo dijo al inicio de Romanos 5: que, al ser justificados, tenemos paz con Dios y acceso a Su presencia, y ahora podemos gloriarnos en la tribulación porque produce perseverancia; y la perseverancia, carácter; y el carácter, esperanza, una esperanza que nunca nos avergüenza.
