La justicia en el Reino: venganza

El Sermón del monte  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
0 ratings
· 8 views
Notes
Transcript
La justicia del Reino: la venganza
Hoy estamos frente a una de las declaraciones más conocidas y desafiantes de todo el sermón del monte. Este texto y el que abordaremos el próximo domingo constituyen el último bloque de lo que hemos llamado la justicia de los ciudadanos del Reino.
El cristiano es reconocido por una forma de vivir pero sobre todo por la forma en la que responde a las ofensas.
Nada es tan cristiano cómo vivir con la convicción de que no es nuestra la venganza. De qué aunque nos ultrajen y nos persigan, y aunque muramos por causa de Cristo; es Él quien se encarga de la justicia.
Esa es una manera elevada de vivir. Superior. Una que no se puede vivir solo por los compromisos éticos o morales, una que solo se puede vivir cuando se es un ciudadano del Reino de Dios.
Este asunto sobre cómo relacionarnos con los enemigos cierra la sección amplia de este capítulo 5: los ciudadanos del reino, los discípulos de Cristo son bienaventurados porque el Señor los ha llamado a su Reino pero deben exhibir una justicia superior a la de escribas y fariseos y superior a cualquier otra forma de justicia y eso tiene su más elevada dignidad cuando imitamos al Señor en el sufrimiento injusto.
Y este es por tanto el argumento que espero desarrollar en la mañana de hoy:
La justicia de los ciudadanos del reino se exhibe cuando no toman venganza sino que confían en la justicia del Señor.
Y vamos a desarrollarla siguiendo el bosquejo que hasta ahora hemos seguido para los casos anteriores donde el Señor está poniendo en contraste la forma en que los religiosos habían interpretado la ley vs la manera correcta de entenderla y practicarla.
Veremos entonces:
El mandato dado
El mandato correctamente entendido
El mandato correctamente aplicado

El mandato dado

El Señor aborda esta sección haciendo referencia a la forma en la que, al igual que las leyes antes abordadas, se le había enseñado la ley al pueblo de Dios.
“Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”.
Las referencias a esta ley vienen también del Antiguo Testamento:
Éxodo 21:23–25 ( Deuteronomio 19:21):
Pondrás como castigo, vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe
Si un hombre hiere a su prójimo, según hizo, así se le hará: fractura por fractura, ojo por ojo, diente por diente; según la lesión que haya hecho a otro, así se le hará (Levítico 24:19–20).
Esta ley es conocida también como la ley del Talión, la cual consiste en en hacer caer sobre el transgresor el mismo castigo que la falta que infringió. Debemos decir que esta no era un ley exclusiva de los hebreos. Varias civilizaciones mediorientales reportan escritos incluso anteriores a la Biblia, como el código del rey babilónico Hamurabi quien escribió unos 300 años antes de Moisés leyes muy similares sin embargo, lo que prueba es que el sentido de justicia es algo del sentir humano universal. Romanos 1 dice que es la forma en que Dios escribió la ley incluso en las observaciones naturales (Romanos 1:19).
Códigos civiles de otros pueblos antiguos y paralelos al código civil dado por medio de Moisés no invalidan el hecho de que la Biblia los contemple, por una razón religiosa clara: mientras los pueblos antiguos querían el bien de los hombres y el bienestar civil, la Biblia lo manda porque esperaba que esa forma de vivir reflejará que Él es Santo. Sean santos como yo soy Santo, dice el Señor (Lv 11:44-45).
Volviendo a nuestro tema; el propósito de este mandamiento era en principio garantizar dos cosas para el Pueblo de Dios:
Que se estableciera un mecanismo de justicia en el que el mal recibiera un castigo justo.
Evitar que se propague un sentido de venganza desmedido trayendo autodestrucción al pueblo.
Al ser pueblos conformados por clanes o familias, si no se tenía un mecanismo para frenar el deseo de justicia de manera satisfactoria, todo sentido podía convertirse en un derramamiento de sangre desmedido.
Dios prohíbe explícitamente la venganza.
No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo; yo soy el Señor (Levítico 19:18).
Mía es la venganza y la retribución; a su tiempo el pie de ellos resbalará, porque el día de su calamidad está cercano, ya se precipita lo que les está preparado… [Dios] vengará la sangre de sus siervos, traerá venganza sobre sus adversarios, y hará expiación por su tierra y su pueblo (Deuteronomio 32:35, 43; ).
No digas: Yo pagaré mal por mal; espera en el Señor, y él te salvará (Proverbios 20:22).
No digas: Como él me ha hecho, así le haré; pagaré al hombre según su obra (Proverbios 24:29).
Como vemos, este mandato buscaba justicia y no que las personas tomaran venganza por su propia cuenta.
No se prohíbe que una persona desee justicia, eso es natural y Dios es justo en su naturaleza, pero la justicia se delega a una autoridad establecida con la responsabilidad de aplicarla; la venganza personal en cambio es un sentimiento desproporcionado impulsado por el odio y el deseo de hacer daño.
Pero entonces ¿dónde estaba el problema de lo que enseñaban los escribas y fariseos?
Ellos habían convertido esta ley precisamente en un mecanismo para vengarse. Habían caído en sentimientos en contra de otros. Ellos no querían justicia, querían, al parecer ver el dolor del otro, no en manos de tribunales sino en sus propias manos.
Es normal que como humanos tengamos un deseo por justicia pero eso nunca debe llevarnos al aborrecimiento del prójimo que se esconde detrás del sentimiento de venganza.
Nosotros como seres humanos caídos no tenemos la capacidad para determinar medidas proporcionales de justicia porque hemos sido desequilibrados por el pecado.
En parte, nuestros estados modernos surgieron por el reconocimiento, de que necesitamos una instancia con un estándar determinado para establecer justicia sin involucrar el sentimiento personal e individual; Dios lo permitió de esa manera según Romanos 13. Las autoridades han sido establecidas por Él y a Él darán cuenta.
Si la justicia quedará a la merced de nuestras manos nos habríamos destruido hace mucho
Entonces ¿cuál debería ser nuestra actitud? ¿Cómo poder desear la justicia sin caer en el sentimiento de venganza? Eso nos conduce al siguiente encabezado:

El mandato correctamente entendido

Este es el contraste que propone el Señor:
No resistan al que es malo.
Las palabras se pueden leer así: No frenen al malo, dejen que haga el mal que quiere.
Eso suena duro. Pero vamos a hacer algunas aclaraciones.
Está no sugiere una actitud pasiva frente a la maldad y que no nos importe la injusticia
Esto tampoco significa que Dios sea indiferente a la injusticia.
Este texto tampoco implica que los malos se saldrán con la suya
Lo que si esta diciendo este texto es:
No nos corresponde a nosotros tomar venganza porque aunque seamos víctimas del que hace maldad, las personas que hacen maldad están pecando contra un Dios Santo y Justo y es Él la instancia superior de justicia. Él dijo: mía es la venganza. Yo pagaré.
Este texto dice que la justicia no se efectúa en nuestro tiempo y que debemos ser pacientes. Hay un tiempo indicado y ese tiempo está en las manos del juez.
Y ese texto finalmente está diciendo que no debemos tomar venganza porque aunque devolvamos mal por mal, no le estaremos dando al malo lo que merece. Solo Dios tiene un sentido de justicia perfecto. Nosotros no.
El tiempo que vivimos ahora mientras se acerca el gran día en el que todos serán juzgados, nos ha sido reservado para mostrar algo mucho más glorioso: un amor y una misericordia única.
Pagar mal por mal es algo que todos pueden hacer, pero esperar en el Señor y responder con gracia es algo que solo los hijos de Dios pueden hacer.
Por otro lado, si nuestro propósito es ser sal y luz en este mundo para que los hombres glorifiquen a Dios ¿qué sentido tiene responder como los que no tienen a Dios lo harían?
Como acertadamente escribe un comentarista:
Ahora, mientras dure el día de la gracia, nos pide que sigamos su ejemplo. Hoy todavía no es día de juicio, sino de salvación. Renunciemos, pues, a nuestro natural afán de venganza; busquemos, más bien, la salvación en toda su plenitud: la reconciliación de los hombres con Dios, el amor fraternal, la paz de una buena conciencia, la formación en nosotros de la imagen de Cristo.
Cómo es natural, los oyentes del Señor debían estar tan atónitos como nosotros de escuchar una enseñanza como esta, así que lo que hace es ilustrar por medio de cuatro ejemplos específicos.

El mandato aplicado

Todo lo que hemos dicho hasta ahora es parte del ABC cristiano, todos sabemos que esto es lo que el Señor pide, pero en la práctica nos vemos tan contrariado; sin embargo aquí tenemos cuatro escenarios que abarca parte de lo que son nuestras relaciones y situaciones que en principio parecen no tener mucho que ver con nosotros pero sin duda ha mucho que podemos extraer de aquí:

Poner la otra mejilla

Jesús comienza con el ejemplo de lo que pudiera parecer un ataque físico. Devolver golpe con golpe; sin embargo, esto parece extenderse aún más a lo que pudiera ser cualquier forma de ofensa.
Pero antes de ampliar el punto, incluso si esto se tratara exclusivamente de agresión física, este pasaje no está implicando que los creyentes no debemos practicar la legítima defensa que en ocasiones es instintiva con el fin de proteger nuestra integridad. La defensa legítima obedece a una reacción del momento mientras que la venganza es planificada y fría, entonces siempre es más o menos fácil poder encontrar las diferencias.
Ahora, si, extendamos un poco esta declaración. para poder dar un golpe en la mejilla derecha comúnmente se requería que te dieran con el revés de la mano derecha (a menos que fuera una persona zurda) y e, según explican algunos historiadores, era algo que los judíos consideraban altamente ofensivo e insultante.
Parece entonces que lo que el Señor está diciendo no es que debemos literalmente poner el otro lado de la cara al que nos da un golpe, sino, soportar la tentación de vengarse incluso si nos han insultado y ofendido en nuestra reputación.
Podemos caer en este tipo de venganza cuando al escuchar comentarios o alguna ofensa de parte de alguien sobre nosotros, cedemos a la tentación de devolver comentarios peores.
¿Ha pensado en lo tremendamente sensibles que somos a la ofensa? Y puede que no reconozcamos que respondemos con venganza, pero cuando dejo de relacionarme con alguien porque considero que me ha ofendido, estamos cayendo en esto que el Señor precisamente advierte.
Los creyentes debemos aprender a que los insultos, si, nos afectan, pero queremos llevar lo que nos producen internamente al Señor, no a nuestro corazón donde se convertirá en rencor y odio.

Entregar la capa

El otro aspecto, y este nos puede sonar un poco extraño, es el de alguien que quiere tomar tu túnica, dale también la capa.
Las personas en oriente medio solían tener una túnica o vestido, algunos podían tener varios, eran como camisones largos extendidos hasta los pies, pero la mayoría sólo tenía una capa, que era el ropaje externo, esencial, para cubrirse del frío; de hecho, estaba prohibido por la ley que alguien retuviera la capa de otro porque era con lo que se cubría del frio:
«Si tomas en prenda el vestido (capa) de tu prójimo, a la puesta del sol se lo devolverás, porque sólo eso es su abrigo, el vestido para cubrir su cuerpo. ¿Con qué dormirá?» (Éxodo 22:26s).
Lo que parece estar diciendo el Señor es que en ocasiones los creyentes debemos acudir hasta a la renuncia de nuestros derechos con el fin de preservar una causa mayor.
Es curiosos que cuando sentimos que estamos siendo privados de algo en lo primero que pensamos es en el derecho que tenemos y cómo reclamarlo, y si, es cierto que hay casos que será necesario acudir a las leyes si hay un bien mayor, la protección indispensable de nuestra vida o la de nuestros hijos, si somos hombres, vamos a buscar los caminos necesarios. Pero; no es el caso de los que siempre están pensando en los derechos que tienen porque nunca están dispuestos a perder nada; para ellos todo es una guerra y una lucha y siempre tienen estatutos y leyes y leyes de leyes sobre la mesa en toda discusión, a veces para pelear por cosas que ni siquiera necesitan.
Para otros también el acudir al derecho es el camino fácil para la resolución de conflictos, pero es porque no quieren el trabajo duro de procurar la reconciliación. El cristiano no siempre tiene que ganar. Debemos tener cuidado que en estos reclamos de derecho no estemos usando las leyes para esconder sentimientos de venganza y buscar el mal de otros.
Se ha conocido el caso de personas que han invertido fortunas, no solo en abogados con el fin de mostrar que tenía la razón afectar a la contraparte, así ambos hayan quedado sin nada, todo para descubrir que la justicia todavía sigue sin calmar la sed de venganza, eso es trágico.
Los discípulos del Reino son llamados pacificadores y también mansos y humildes y eso es ser bienaventurados.

Ir una milla más

Este aspecto tiene que ver con algo muy propio de los días de Jesús. ¿Pero qué significaba exactamente? Permítanme leer una cita más:
La palabra que se usa para obligar es el verbo angareuein, que es una palabra con historia. Se deriva del nombre angareus, que era la palabra persa para un correo. Los persas desarrollaron un sistema postal maravilloso. Todas las carreteras estaban divididas en etapas a recorrer en un día. En cada etapa había comida para el correo y agua y pienso para los caballos, y caballos de repuesto. Pero, si algo faltaba por lo que fuera, se podía requisar a cualquier persona, obligándola a dar comida, alojamiento, caballos, ayuda, y hasta a llevar él mismo el mensaje una etapa. La palabra que indicaba esa obligación era angareuein.
Con el tiempo esta expresión se usó en los paises ocupados, de modo que un soldado romano, en el caso de Israel que estaba ocupad por ellos, podía pedirle una requisa a un ciudadano o incluso pedirle que transportara o llevara algo de un lugar a otro. No se sabe si lo de una milla era alguna ley interna del máximo recorrido, pero el Señor está diciendo, no te limites a eso, de ser posible ve dos más. UN caso muy conocido es el de Simón de Cirene, que fue obligado a llevar la cruz de Cristo hasta el gólgota.
No sé si ya los estás viendo pero esto nos permite ver hacia dónde quería ir Jesús con esto.
Que los ciudadanos del reino no debemos estar pensando en todas las cosas a las que tenemos derecho, sino en cuáles son las oportunidades de mostrar una forma de vivir distinta.
Cuando te insultan, responder con gracia y mansedumbre es una oportunidad de mostrar el carácter de Cristo.
Cuando quieren aprovecharse, lo ves como una oportunidad de poder mostrar generosidad.
Cuando quieren obligarte hacer algo, lo ves como una oportunidad de hacerlo con amor y con gozo.
Podrías reclamar tus derechos, podrías responder a la agresión, pero el Señor está llamando a algo mucho más alto y más grande. El Reino no se trata de nosotros, de lo que buscamos nosotros, sino de lo que buscamos para el Señor.
¿Pero y entonces, que el malo se salga con la suya? No, el malo no se saldrá con la suya, solo debes esperar a que el que aplica justicia perfecta lo haga en el tiempo indicado; tu por lo pronto, deja de pensar en lo que estás perdiendo, para pensar en lo que el Reino está ganando.
Y es justo así como el Señor cierra esta sección, mostrando el aspecto positivo; no solo el de estar esperando que sucede para ver qué derecho reclamo, sino el de tomar la iniciativa como una oportunidad para mostrar el carácter del Reino.

Al que te pida dale

Al que te pida, dale; y al que desee pedirte prestado, no le vuelvas la espalda.
Esto parece más que una ilustración adicional, la conclusión de todo lo visto.
De una actitud que debe caracterizar a los ciudadanos del Reino, el ser generosos, conectando con lo que acabamos de mencionar.
De nuevo, no se trata tanto de lo que perdemos y tenemos el derecho a reclamar, sino de lo que ganamos cuando mostramos esta forma superior de vida.
Y se que alguien puede estar pensando ahora ¿habrá alguien que haya vivido así?
La respuesta es sí. El mismo que enseñó esas palabras,
Esto no lo está diciendo alguien que esperaba que obedecieramos para ser buenas personas sino alguien que lo modeló con su propia vida.
Dice el apóstol Pedro:
Porque esto halla gracia, si por causa de la conciencia ante Dios, alguien sobrelleva penalidades sufriendo injustamente. Pues ¿qué mérito hay, si cuando ustedes pecan y son tratados con severidad lo soportan con paciencia? Pero si cuando hacen lo bueno sufren por ello y lo soportan con paciencia, esto halla gracia con Dios.
Porque para este propósito han sido llamados, pues también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan Sus pasos, el cual no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en Su boca; y quien cuando lo ultrajaban, no respondía ultrajando. Cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a Aquel que juzga con justicia. Él mismo llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por Sus heridas fueron ustedes sanados. Pues ustedes andaban descarriados como ovejas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de sus almas. (1 Pd 2:18-22, énfasis añadido)
De eso se trata el reino, mis hermanos, de imitar al Señor, de vivir como el Rey, y no precisamente en cuanto a sus privilegios terrenales, los cuales no fueron muchos, sino en cuanto a imitarlo en su conducta.
Si, este es un pasaje abrumador, demandante; pero no hay nada a lo que el Señor nos llame para lo que Él mismo no nos capacite. Esto debe llevarnos a ver nuestra necesidad de seguir dependiendo de Él y poner toda causa en sus manos.
Y si estás aquí y no tienes a Cristo, espero que no estés pensando que estás demasiado lejos. La verdad es que todos lo estamos, pero el Señor en nuestra ayuda. La amargura del corazón es un veneno que daña todo; ven a Cristo hoy para que él te de paz y te caapcite para vivir la vida que Él quiere que vivas.
Related Media
See more
Related Sermons
See more
Earn an accredited degree from Redemption Seminary with Logos.