LA PROMESA QUE TRAE LUZ
Navidad con esperanza • Sermon • Submitted • Presented
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· 17 viewsPorque Dios envió al Rey que gobierna sobre todo, tú puedes vivir en paz bajo Su amor y Su cuidado.
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El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. Multiplicaste la gente, y aumentaste la alegría. Se alegrarán delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos. Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su opresor, como en el día de Madián. Porque todo calzado que lleva el guerrero en el tumulto de la batalla, y todo manto revolcado en sangre, serán quemados, pasto del fuego. Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.
INTRODUCCIÓN:
INTRODUCCIÓN:
ALGO QUE ME DA MUCHA ALEGRÍA ES QUE EN EL CIELO NO EXISTIRÁ EL PARTIDO DE MORENA…NI PRI, NI PAN… QUERÍA VER SU CARA… NO EXISTIRÁ NADA DE ESO…NO EXISTIRÁN LAS FALSAS ESPERANZAS DE UN MÉXICO QUE YA CAMBIÓ, DE UNA QUINTA O SEXTA TRANSFORMACIÓN….CUANDO EL PAN QUITÓ AL PRI Y LUEGO MORA AL PRI…TODOS TENÍAMOS ESPERANZA…
Todos hemos vivido este momento:
Aparece un político nuevo —no importa de qué partido— y llega con un discurso tan pulido, tan emocional, tan perfectamente diseñado, que por un segundo… nos compra la esperanza.
Promete seguridad.
Promete orden.
Promete bajar la violencia.
Promete combatir la corrupción.
Promete que “esta vez sí”…
que ahora sí “todo va a cambiar”.
Y aunque tú sabes, sabes, que ya te han visto la cara demasiadas veces… algo dentro de ti se mueve.
No lo dices en voz alta, pero piensas:
—“Bueno… tal vez ahora sí.”
Y lo irónico es que todos hemos hecho esa pequeña concesión emocional.
Un gobernante promete soluciones y por un instante respiramos más tranquilos, como si su voz pudiera asegurar nuestro futuro.
Pero pasa el tiempo.
La realidad no cambia.
Las calles no son más seguras.
La corrupción no se evapora.
La economía no mejora.
Y, al final, ese pequeño destello de esperanza termina siendo otro apagón más. Esa misma desilusión política, ese ciclo de esperanza inflada y frustración inmediata… es exactamente el mundo que Isaías está mirando.
Judá había puesto sus expectativas en reyes humanos:
Acaz, Ezequías, alianzas con Asiria, promesas militares, discursos optimistas.
Cada uno vendía estabilidad.
Cada uno hablaba de paz.
Cada uno prometía lo que no podía cumplir.
Y el resultado fue el mismo que vemos hoy: amenaza, inseguridad, miedo interno, ansiedad colectiva… un pueblo que empieza a preguntarse si Dios realmente sigue en el control.
Porque cuando te fallan suficientes gobernantes, terminas pensando que todos los reinados son igual de frágiles, incluso el de Dios.
Judá estaba así: Una nación viviendo con la sensación de que la luz se apagó. Lo familiar se volvió incierto. El futuro parecía un callejón sin salida.
Y la fe empezó a nublarse con la misma neblina que cubría su política.
Pero es ahí —justo en esa mezcla de miedo, desconfianza y cansancio— donde Isaías anuncia algo totalmente inesperado:
«El pueblo que andaba en tinieblas ha visto una gran luz.» (Isaías 9:2)
La luz no vendría de un rey humano.
No vendría de una reforma política.
No vendría de una nueva alianza militar.
No vendría de una campaña prometedora.
Vendría de Dios mismo.
De un Rey que no promete lo que no puede cumplir, sino que cumple lo que jamás prometió un hombre.
Isaías describe a este Rey con cuatro títulos que rompen con toda desilusión política:
—Admirable Consejero: sabiduría real en un mundo donde los líderes improvisan.
—Dios Poderoso: capacidad verdadera, no solo discurso.
—Padre Eterno: estabilidad que no depende de ciclos electorales.
—Príncipe de Paz: paz que no es propaganda, sino transformación.
Aquí está el punto:
Nuestra mala experiencia con gobernantes terrenales nubla nuestra visión del gobierno de Dios.
Pero Isaías nos recuerda: el verdadero Rey no ha perdido el control… somos nosotros quienes perdimos de vista su reinado.
IDEA CENTRAL:
Porque Dios envió al Rey que gobierna sobre todo, tú puedes vivir en paz bajo Su amor y Su cuidado.
Por eso la pregunta es inevitable:
¿Quién es ese Rey…y por qué podemos descansar en Él?
PARA RESPONDER ESTO VEAMOS CUÁL ES NUESTRA CONDICIÓN:
I. LA LUZ QUE REVELA NUESTRA CONDICIÓN.
I. LA LUZ QUE REVELA NUESTRA CONDICIÓN.
2El pueblo que andaba en tinieblas
Ha visto gran luz;
A los que habitaban en tierra de sombra de muerte,
La luz ha resplandecido sobre ellos.
3Multiplicaste la nación,
Aumentaste su alegría.
Se alegran en Tu presencia
Como con la alegría de la cosecha,
Como se regocijan los hombres cuando se reparten el botín.
4Porque Tú quebrarás el yugo de su carga, el báculo de sus hombros,
Y la vara de su opresor, como en la batalla de Madián.
Para entender la oscuridad debemos entender:
¿En que sentido podemos decir que está oscuro el mundo?
En la Biblia cuando se nos habla de oscuridad se refiere tanto al mal como a la ignorancia. Significa primeramente que el mundo está lleno de maldad y sufrimiento.
Vamos a trasladarnos al nacimiento de Jesus: En el tiempo que él nació por el contexto que la misma Biblia nos da sabemos que hay violencia, injusticia, abuso de poder, personas que huían de la opresión, familias destrozadas y angustia sin fin.
Se parece mucho a la actualidad ¿no crees?
En segundo lugar nuestro mundo esta en la oscuridad.
Nadie, absolutamente nadie sabe como curar el mal y el sufrimiento que hay en este mundo.
Mira las palabras: V.2 - “El pueblo que ANDABA en tinieblas/oscuridad ha visto gran luz.”
Esta era una de las profecías que anuncia el nacimiento de Jesús…700-750 AÑOS antes de que sucediera…
¿Porque este mundo necesita luz?
Veamos el contexto: Isaias 8.19-20.
19Y cuando les digan: «Consulten a los adivinos y a los espiritistas que susurran y murmuran», digan: «¿No debe un pueblo consultar a su Dios? ¿Acaso consultará a los muertos por los vivos?».
20¡A la ley y al testimonio! Si ellos no hablan conforme a esta palabra, es porque no hay para ellos amanecer.
NOS DICE QUE LA GENTE CONSULTA A LOS MAGOS Y A LOS ADIVINOS EN VEZ DE DIOS.
Luego termina el capítulo 8 mencionando que ellos se enfurecerán cuando, angustiados y hambrientos vagüen por la tierra. Y clavando la mirada en la tierra, solo verán aflicción, tinieblas y espantadiza penumbra, oscuridad total (v.21-22).
¿Que esta pasando aquí?
Estaban clavando la mirada e la tierra y buscándo EN LOS RECURSOS HUMANOS para arreglar el mundo
. En otras palabras estaban pidiendo a la misma humanidad, poniendo su esperanza en otros pecadores para salvar el mundo. Eso e como darle las llaves de tu casa a un ladrón.
Ellos podían decir: de verdad estamos en oscuridad pero podemos sobreponernos por nuestros medios.
No somos muy diferentes hoy en dia. La gente pretende hacer lo mismo. Algunos miran mas al estado, otros al sistema económico, otros la tecnología…ideologías
Sin embargo todos comparten la misma suposición… Las cosas están mal, oscuras pero creemos que podemos terminar con esa oscuridad mediante el intelecto y la inovación.
¿Realmente podemos cambiar o transformar el mundo entre nosotros?
Incluso en la vidas uno de los mensajes que mas vemos en propaganda es que podemos armar un mundo de unidad un paz… ¿podemos? Es obvio que no porque la humanidad no puede salvarse a si misma… todo sistema politico, todo descubrimiento tecnológico, de salud, ideología… solo ha conducido a mas oscuridad por causa de nuestra propia oscuridad.
Si miramos solo a la tierra y buscamos los recursos humanos LA OSCURIDAD EMPEORA. Y la Biblia no nos aconseja ser indiferentes a la oscuridad que hay en el mundo. De hecho nos llama a resistirás; pero nunca apoya ninguna ilusión de que podamos vencerlas por nosotros mismos.
Los cristianos NO deberíamos estar de acuerdo con las ideas optimistas que algunos hablan que dicen: «Podemos arreglar las cosas si NOS ESFORZAMOS LO SUFICIENTE»… CON LA IDEA DE DISNEY DE LA PELÍCULA ALADIN… UN MUNDO IDEAL….
Tampoco la Biblia nos llama a ser pesimistas… Lo que este pasaje nos dice, lo que Dios nos dice, lo que la navidad debe recordarnos es que: “EL PUEBLO QUE ANDABA EN TINIEBLAS / CONDICIÓN… VIO UNA GRAN LUZ”… No dice…del mundo salió una luz que ha visto el pueblo en tinieblas.
Esa luz vino desde afuera del mundo, y esa luz Jesús la ha traído, Dios la ha enviado para salvarnos. Ya que él es la luz
12Jesús les habló otra vez, diciendo: «Yo soy la Luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la Luz de la vida».
Cuando Isaías dice que la luz de Dios «ha resplandecido» sobre un mundo en oscuridad, está pintando una escena que todos entendemos: como cuando amanece después de una noche larga y de pronto todo cobra color. La luz del sol siempre ha sido un símbolo sencillo pero poderoso: da vida, muestra la verdad y llena de belleza.
II. La luz que nos da vida.
II. La luz que nos da vida.
Si el sol dejara de brillar, nos congelamos en segundos. Es nuestra fuente básica de vida. La Biblia dice algo aún más directo: «En Él vivimos, nos movemos y existimos» (Hech. diecisiete veintiocho).
Así que no solo respiras porque tienes pulmones… respiras porque Dios te sostiene. Tu existencia, desde tu cuerpo hasta tu espíritu, es un regalo diario de Su mano.
Y aquí viene la parte incómoda pero honesta: perdimos la relación perfecta con Él (Génesis capítulo tres).
Por eso la muerte física es inevitable, y por eso la muerte espiritual ya nos alcanza ahora mismo: falta de propósito, deseos que nos dominan, un vacío que no se llena, vergüenza persistente, identidades fracturadas, y esa frustración eterna de «¿por qué no puedo cambiar?».
HACE UNOS DÍAS TUVE DE ESOS MOMENTOS DONDE EMPIEZAS A CUESTIONARTE TODO, TE IRRITAS, TE SIENTAS EN EL PISO, LLORAS TE SIENTES AGOBIADO DE TAREAS, PROYECTOS, DOLOR… Y EMPIEZAS A CUESTIONARTE SI DE VERDAD VALE LA PENA LO QUE HACES…QUE ESTÁS HACIENDO CON TU VIDA…ESTO NO ES SUFICIENTE, NO SIRVE… EMPIEZAN A INVADIRSE PENSAMIENTOS Y TE AHOGAS MAS Y MAS EN LE DOLOR…QUIERES ABONDONARLO TODO, GRITAS,LLORAS, PREGUNTAS PORQUE!!!!
Y RECUERDO QUE MI ESPOSA AL VERME ASI, FUE DE TODA UNA TARDE AL DÍA SIGUIENTE QUE ME SENTÍ DE ESA MANERA… VIENE Y ME DICE CON SUS LÁGRIMAS EN LOS OJOS…
A VECES SOLO LO QUE NECESITAS ES COMER Y DORMIR… SI RECUERDAS HAY UNA HISTORIA BIBLICA DE UN PROFETA QUE ENTRO EN DEPRESIÓN Y LLEGO JUSTAMENTE A ESTE PUÑO QUERE YA MORIR Y DEJARLO TODO.. Y DIOS LO QUE HACE ES ENVIARLE COMIDA Y LE INVITA A DORMIR…
NO VINO CON MENSAJE DE ESFUÉRZATE..CREE EN TI… NO… COME Y DUERME…MI ESPOSA ME TRAJO ESA COMIDA QUE TANTO ME GUSTA… COMÍ, COSA QUE NO HABÍA HECHO DESDE EL DÍA ANTERIOR, TOMÉ AGUA Y DORMÍ…DESPERTÉ PIDIENDO PRIMERAMENTE PERDÓN A DIOS…COSA QUE COMPARTÍAMOS EL MARTES Y PIDIENDO PERDÓN A MI ESPOSA… SON LAS FRASES MÁS SIMPLES PERO NECESARIAS DE RECORDAR…
PERO QUE ME HACEN CONSIENTE DE LA OSCURIDAD QUE TODOS VIVIMOS PORQUE SE QUE NO SOY EL ÚNICO QUE SE HA SENTIDO ASI…
La luz revela la verdad. DE NUESTRA CONDICIÓN.
Intenta manejar de noche con las luces apagadas… y me cuentas cómo te fue.
Sin luz, no vemos la realidad. Bueno, la Biblia dice que Dios es luz y que en Él no hay nada de oscuridad
5Y éste es el mensaje que hemos oído de Él y que les anunciamos: Dios es Luz, y en Él no hay ninguna tiniebla.
6Si decimos que tenemos comunión con Él, pero andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad.
En otras palabras, la única razón por la que puedes conocer algo —desde cómo hacer una multiplicación hasta quién eres tú— es porque Él te dio mente, lógica y razón.
Y la única manera de conocer quién es Él no es adivinar ni inventar ideas bonitas; es a través de Su Palabra. Si Él no se revela, no lo vemos. Y si no lo vemos a Él, tampoco nos entendemos a nosotros.
La luz trae belleza y alegría.
No es casualidad que en lugares donde casi no sale el sol la gente caiga en depresión. La luz alegra. La luz levanta. Y eso viene directamente del carácter de Dios.
Agustín lo dijo: nuestros corazones no descansan hasta encontrar descanso en Él.
Porque cada cosa que disfrutas —un buen café, un abrazo de tu hija, un atardecer, una canción que te toca el alma— es un reflejo, una pizca, una muestra de la Belleza que Él es.
Cuando disfrutas algo de verdad, aunque no te des cuenta, lo estás buscando a Él.
La luz del sol nos mantiene vivos, nos muestra cómo caminar y nos regala alegría. Dios es todo eso, pero infinitamente mayor. Isaías no exageraba: cuando esa luz resplandece, todo cambia. Tu vida, también.
El resplandor de la luz
Cuando la Biblia dice que solo Dios tiene la vida, la verdad y el gozo que nos faltan —y que ni juntando todas nuestras fuerzas podemos producir— nos deja frente a una pregunta clave: ¿cómo puede esa luz divina realmente entrar en nuestra oscuridad? Isaías nueve lo responde de un solo golpe.
Dice que la luz «resplandece», literalmente «destella», porque «nos ha nacido un niño». En otras palabras: la luz no llega como un concepto… llega como un bebé. Y ese bebé tiene nombres que ningún bebé normal debería cargar:
Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.
O sea… Dios en pañales. Ninguna otra religión ha intentado algo así.
Y es aquí donde la Navidad deja de ser «celebración bonita» y es quedarte sin palabras ante la realidad de que Dios entró a nuestro mundo.
-Antes de seguir, el texto nos deja dos implicaciones que son imposibles de ignorar.
Primero: si Jesús es realmente el Dios fuerte y el Padre eterno, entonces no puedes tratarlo como si fuera un buen motivador de redes sociales. La gente que lo vio en persona jamás reaccionó con neutralidad. O se espantaban, o se enojaban, o terminaban arrodillados adorándolo. Pero nadie dijo: «Qué inspirador, me anima a ser mejor persona». Si el que nació en Belén es Dios eterno, entonces Él no está pidiendo un “like”: está llamando a que le entregues toda tu vida.
Segundo: si Jesús es el Consejero admirable y el Príncipe de paz, no solo debes servirlo… vas a querer servirlo. ¿Por qué lo llaman «consejero»? Porque cuando pasas por un camino duro, lo mejor es hablar con alguien que ya estuvo ahí. Y si Dios se hizo hombre, entonces tienes un Dios que realmente sabe qué se siente estar en tus zapatos. Ninguna otra religión afirma que Dios sufrió abandono, injusticia, dolor extremo o muerte.
Navidad dice: Él sí.
Él sabe lo que es llorar. Él sabe lo que es ser herido. Él sabe lo que es ser traicionado. Así que cuando le hablas, no lo haces con un Dios distante; hablas con alguien que te comprende desde adentro.
Dorothy Sayers lo resumió con una claridad brutal:
si Dios permitió que viviéramos dolor, no fue desde el palco. Él bajó a la arena. Probó nuestra vida, nuestros límites, nuestras lágrimas y nuestra muerte. No exige nada que Él mismo no haya cargado. Y lo hizo voluntariamente, por amor, pensando que tú lo valías.
Por eso Isaías lo llama Consejero admirable, literalmente, hermoso. Porque tenía toda la altura del Dios fuerte, pero decidió envolverse en nuestra fragilidad. Entró a nuestra oscuridad, nos salvó en la cruz y lo hizo sin que nadie lo obligara. Eso es lo que hace bella a una persona: su capacidad de entregarse por amor. Cuando algo es verdaderamente hermoso, no lo obedeces por obligación; lo sigues porque tu corazón se siente atraído.
En pocas palabras: Jesús es la luz del mundo.
La luz que reemplaza nuestra muerte espiritual con vida.
La luz que rompe nuestra ceguera con verdad.
La luz cuya belleza quiebra nuestras adicciones al dinero, al sexo y al poder.
Y como Consejero admirable, camina contigo incluso «en sombra de muerte» (Mateo cuatro dieciséis), justo cuando ninguna otra luz alcanza.
Cuando todas las luces humanas se apagan, Él sigue brillando. Porque Él no refleja la luz. Él es la luz.
Las montañas, cuando las tinieblas las ocultan, son tan reales como a la luz del día, y el amor de Dios es tan cierto para ti ahora como lo fue en tus momentos más luminosos.
Charles Spurgeon
III. La luz que nos muestra gracia
III. La luz que nos muestra gracia
Ahora, la gran pregunta es: ¿cómo puede esta luz ser realmente nuestra?
Isaías no solo dice: «Nos ha nacido un niño». También remata: «se nos ha concedido un hijo». Y ahí está la clave: es un regalo. No se compra, no se gana, no se negocia… se recibe. Punto.
El versículo cinco también lo insinúa con una imagen que casi huele a victoria: botas de guerra y ropa ensangrentada… quemadas. ¿Por qué? Porque la batalla decisiva contra el mal no la vas a pelear tú.
No necesitas botas, armadura ni espada. Derrítelas. Quémalas. Alguien más entrará al campo. Alguien más vencerá. Isaías aquí no da nombres, pero más adelante aparece el “personaje misterioso” de los Cánticos del Siervo (Isaías cuarenta y dos al cincuenta y cinco):
«Él fue traspasado por nuestras rebeliones… molido por nuestras iniquidades… y por sus heridas fuimos sanados» (Isaías cincuenta y tres cinco).
Ahí está el Guerrero. Ahí está el que pelea por ti. Ahí está Jesús.
Cuando Cristo va a la cruz, carga nuestra deuda. Si confías en lo que Él hizo —y no en tus “buenas intenciones versión fin de año”— Dios te perdona, te adopta y te da Su Espíritu para transformarte desde adentro. Esa luz que trae vida, verdad y belleza llega como un regalo. Y como todo regalo serio, exige que admitas algo incómodo: no lo mereces.
La Navidad es «tiempo de regalos», sí, pero seamos honestos: hay regalos que son… complicados. Abres la caja de un amigo y te encuentras un libro de dietas. Abres otro y te sale un libro para “vencer el egoísmo”. ¿Qué le dices? «¡Gracias!». Pero en el fondo estás diciendo: «Sí, lo admito, estoy pasado de tamales y soy insoportable».
Hay regalos que te bajan el orgullo.
Y no existe un regalo que te haga tragarte más orgullo que Jesucristo. Navidad declara algo fuerte: estamos tan perdidos, tan incapaces de salvarnos, que la única solución era la muerte del Hijo de Dios. Eso significa que tú no eres alguien que “solo necesita un empujoncito” para enderezarse. No. Necesitas rescate. Necesitas gracia.
Para recibir este regalo, debes reconocer que eres pecador, que no puedes salvarte y que no puedes seguir al volante de tu vida. Y sí, eso nos duele. Pero también es el camino a la verdadera grandeza. Jesús descendió por nosotros, y la Biblia dice que para acercarte a Su luz, tú también tienes que descender: arrepentirte.
C. S. Lewis lo explica con una imagen impresionante:
el Dios altísimo bajando y bajando… hasta lo más profundo de lo humano, como un buzo que se lanza desde la superficie, atraviesa el agua luminosa, entra en lo oscuro, llega al fondo fangoso… y luego sube con algo precioso en la mano: nosotros.
Ese fue Cristo. Bajó a la oscuridad para levantarte a la luz.
Cuando Jesús murió, la tierra se oscureció (Mateo veintisiete cuarenta y cinco).
La Luz del mundo entró en la noche para sacarte de ella. Lo hizo para llevarte «a Su luz admirable» (Primera de Pedro dos nueve).
Pero —y aquí está la advertencia— las promesas de Navidad no se entienden desde el orgullo, ni desde la autoayuda, ni desde el “yo puedo con mi vida”. Solo se comprenden cuando aceptas que necesitas gracia… y que necesitas luz.
Este es el fundamento para entender todo lo que la Navidad realmente significa. Porque antes de anunciar gozo, Navidad anuncia algo más profundo: que estábamos a oscuras, y que la gracia vino a encendernos la vida.
CONCLUSIÓN
CONCLUSIÓN
MIRA CÓMO TERMINA….El celo del Señor.
El “celo” en Isaías nueve, siete es la manera en que Dios dice: «Yo mismo voy a cumplir esto». No es un impulso emocional; es Su amor decidido, el tipo de amor que no comparte el corazón de Su pueblo con ningún ídolo y que actúa con poder para cumplir cada promesa. Es el ardor santo del Dios que rescató a Israel y que garantiza que el Reino del Mesías no tendrá fin.
La diferencia con nuestro celo es simple:
el nuestro se contamina, el de Dios no.
Nuestro celo puede salir desde el amor… o desde la envidia. Puede ser noble… o puede explotar. El de Dios, en cambio, nace de Su santidad, nunca pierde el control y siempre cumple lo que Él ha prometido. Nosotros podemos fallar incluso con buenas intenciones; Dios jamás. Él no se altera: Él actúa.
Así que cuando Isaías dice que «el celo del Señor lo hará», está diciendo:
Descansa. No depende de la fuerza humana, sino del amor imparable de Dios.
Imagina esto en:
Piensa en un papá que ve a su hijo pequeño corriendo hacia la calle sin mirar. No se queda cruzado de brazos diciendo: «Ojalá no lo atropellen». No. Sale disparado, porque su amor no lo deja indiferente. Ese impulso no es enojo caprichoso, es amor decidido que protege.
Ese es el tipo de “celo” del que habla Isaías nueve, siete: el amor de Dios en acción, moviéndose con fuerza para cumplir Su plan y cuidar a Su pueblo.
El nuestro… bueno, el nuestro es más torpe. A veces amamos así, pero otras veces reaccionamos por inseguridad, orgullo o envidia. En cambio, Dios nunca actúa desde un arranque emocional, iseguridad, egoísmo, envidia…: Él actúa desde Su santidad, con un amor perfecto que jamás falla.
Su pasión por ti. Su amor inquebrantable. Su decisión soberana de no soltarte jamás. Y por eso, hermano, hermana, puedes levantar la cabeza hoy.
Porque un día —no muy lejano— verás Su gloria tal como es.
No borrosa.
No a medias.
No entre sombras.
Cara a cara.
Y todo lo que hoy te pesa, todo lo que hoy te hiere, todo lo que hoy te inquieta… será consumido por la luz de Aquel que descendió hasta lo más profundo para sacarte de ahí.
Ese día viene. El Rey viene.
Y mientras llega, camina confiado: Su luz no se apaga.
Ni en tus peores noches.
Ni en tus mayores batallas.
Ni en tus momentos más frágiles.
Así que sal de aquí recordando esto:
Si la luz de Cristo ya irrumpió en tu oscuridad,
entonces puedes vivir con esperanza,
puedes levantarte con confianza,
y puedes descansar sabiendo que un día
la luz que hoy apenas saboreas…
será tu casa para siempre.
El celo del Señor hará esto.
Y eso lo cambia todo.
Porque Dios envió al Rey que gobierna sobre todo, tú puedes vivir en paz bajo Su amor y Su cuidado.
