La Mujer, su Hijo, y el Dragón

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Introducción

¿Qué se viene a sus mentes cuando escuchan este pasaje?
Apocalipsis 12:1 NVI
1 Apareció en el cielo una señal maravillosa: una mujer revestida del sol, con la luna debajo de sus pies y con una corona de doce estrellas en la cabeza.
Según la ICAR - Juan, en este pasaje, estaba describiendo a María la madre de Jesús.
Según los teólogos Católicos, “Si Cristo no fuera Rey, María no sería Reina, pues todas sus prerrogativas y títulos dependen de que sea Madre del Hijo de Dios hecho Hombre para nuestra salvación.”
En este pasaje, ellos ven a Dios afirmar que María en verdad ha sido exaltada como la reina del cielo.
¿Pero fue esta la intención de Juan al escribir Apocalipsis 12:1?
Olvidamos que el libro del Apocalipsis es un libro que contiene muchos símbolos.
Para interpretar un símbolos no podemos solo adivinar y esperar que no estemos equivocados.
Por ejemplo, si vemos una botella con una calavera tenemos varias opciones:
Este líquido me ayudará a perder peso - tanto que se me verán los huesos.
Este líquido provocará que tenga pesadillas.
Este líquido es veneno y si lo bebo podría morir.
Si adivinamos el significando podemos equivocarnos y las consecuencias serían mortales.
Lo mismo sucede con la Palabra de Dios - si no interpretamos correctamente el texto bíblico podríamos desviarnos del camino de verdad.
Hoy vamos a estudiar Apocalipsis 12. Al leer este pasaje, notemos que Juan describe tres escenas de una visión que Dios le permite ver.
12:1-4, aparece una mujer embarazada y un dragón.
12:5-6, la mujer da a luz y su hijo es arrebatado al cielo.
12:7-17, el dragón persigue a la mujer y hace guerra contra sus descendientes.
Apocalipsis 12 NVI
1 Apareció en el cielo una señal maravillosa: una mujer revestida del sol, con la luna debajo de sus pies y con una corona de doce estrellas en la cabeza. 2 Estaba embarazada y gritaba por los dolores y angustias del parto. 3 Y apareció en el cielo otra señal: un enorme dragón de color rojo encendido que tenía siete cabezas, diez cuernos y una diadema en cada cabeza. 4 Con la cola arrastró la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra. Cuando la mujer estaba a punto de dar a luz, el dragón se plantó delante de ella para devorar a su hijo tan pronto como naciera. 5 Ella dio a luz un hijo varón que «gobernará a todas las naciones con cetro de hierro». Pero su hijo fue arrebatado y llevado hasta Dios, que está en su trono. 6 Y la mujer huyó al desierto, a un lugar que Dios le había preparado para que allí la sustentaran durante mil doscientos sesenta días. 7 Se desató entonces una guerra en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron al dragón; este y sus ángeles, a su vez, les hicieron frente, 8 pero no pudieron vencer y ya no hubo lugar para ellos en el cielo. 9 Así fue expulsado el gran dragón, aquella serpiente antigua que se llama Diablo y Satanás que engaña al mundo entero. Junto con sus ángeles, fue arrojado a la tierra. 10 Luego oí en el cielo un gran clamor: «Han llegado ya la salvación y el poder y el reino de nuestro Dios; ha llegado ya la autoridad de su Cristo. Porque ha sido expulsado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios. 11 Ellos lo han vencido por medio de la sangre del Cordero y por el mensaje del cual dieron testimonio; no valoraron tanto su vida como para evitar la muerte. 12 Por eso, ¡alégrense, cielos, y ustedes que los habitan! Pero ¡ay de la tierra y del mar! El diablo, lleno de furor, ha descendido a ustedes, porque sabe que le queda poco tiempo». 13 Cuando el dragón se vio arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al varón. 14 Pero a la mujer se le dieron las dos alas de la gran águila, para que volara al desierto, al lugar donde sería sustentada durante un tiempo y tiempos y medio tiempo, lejos de la vista de la serpiente. 15 La serpiente, persiguiendo a la mujer, arrojó por sus fauces agua como un río para que la corriente la arrastrara. 16 Pero la tierra ayudó a la mujer: abrió la boca y se tragó el río que el dragón había arrojado por sus fauces. 17 Entonces el dragón se enfureció contra la mujer y se fue a hacer guerra contra el resto de sus descendientes, los cuales obedecen los mandamientos de Dios y se mantienen fieles al testimonio de Jesús.

La mujer y el dragón

La visión que tiene Juan en Apocalipsis 12 es realmente una sola visión en tres partes.
En esta primera parte Juan ve una señal en el cielo.
Apocalipsis 12:1 NVI
1 Apareció en el cielo una señal maravillosa: una mujer revestida del sol, con la luna debajo de sus pies y con una corona de doce estrellas en la cabeza.
Al principio mencionamos que en la ICAR dicen que Juan está describiendo a María y de como Dios la exaltó para ser la reina del cielo.
Es por eso que en la ICAR vemos tanta devoción / oración / devoción a María, la madre de Jesús.
Solo necesitamos ir a la misma Biblia para interpretar esta visión.
Génesis 37:9 NVI
9 Después José tuvo otro sueño y se lo contó a sus hermanos. Les dijo: —Tuve otro sueño en el que veía que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante mí.
En este pasaje José cuenta a su familia un sueño que tuvo donde aparecen los tres elementos que describe Juan - el sol, la luna, y las estrellas.
En el sueño de José, estos tres elementos representan a los padres de José (sol y luna) y a sus 11 hermanos (11 tribus de Israel).
Así que el conjunto de estos tres elementos representan a la nación de Israel.
Así que lo que ve Juan al principio de su visión es al pueblo de Dios, Israel.
Juan ahora nos dice que esta mujer está embarazada y está a punto de dar a luz.
Apocalipsis 12:2 NVI
2 Estaba embarazada y gritaba por los dolores y angustias del parto.
¿Cómo es que una nación puede estar embarazada y dar a luz?
En verdad esto se podría decir de todas las naciones ya que aun escuchamos decir - hijos de México, hijas de Francia, hijos de Idaho - nos referimos a gente que nace dentro de un pueblo, etnia, cultura y comparten los mismos valores y principios.
Ahora Juan se enfoca en el villano de esta visión - el dragón rojo.
Apocalipsis 12:3 NVI
3 Y apareció en el cielo otra señal: un enorme dragón de color rojo encendido que tenía siete cabezas, diez cuernos y una diadema en cada cabeza.
Juan lo describe como un dragón enorme de color rojo - no es pequeño, es fuerte, es imponente.
Tiene siete cabezas (intelecto), diez cuernos (poder), y una diadema en cada cabeza.
¿Quién es?
Su identidad se revela en el v. 9 - el gran dragón, el Diablo y Satanás.
Apocalipsis 12:9 NVI
9 Así fue expulsado el gran dragón, aquella serpiente antigua que se llama Diablo y Satanás que engaña al mundo entero. Junto con sus ángeles, fue arrojado a la tierra.
Es el enemigo del pueblo de Dios desde el principio.
De hecho, notemos como aparece su identidad que tomó en el huerto del Edén (la serpiente antigua).
Diablo se refiere un calumniador o acusador.
Satanás se refiere a un adversario, alguien que está en contra de otro.
Así que en la visión vemos a la mujer (el pueblo de Dios) ser enfrentada por el enemigo del pueblo de Dios.
El diablo ha aparecido porque quiere devorar el hijo que está por nacer.
Apocalipsis 12:4 NVI
4 Con la cola arrastró la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra. Cuando la mujer estaba a punto de dar a luz, el dragón se plantó delante de ella para devorar a su hijo tan pronto como naciera.
Nos damos cuenta como Juan menciona un detalle que podría pasar por desapercibido.
El dragón es el mismo que ha arrastrado la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra.
Muchos comentaristas ven en este pasaje la rebelión que levantó Satanás contra Dios.
Ahora el dragón que ve que la mujer está a punto de dar a luz se pone en frente de ella con el propósito de devorar a su hijo tan pronto que nazca.

El hijo de la mujer

El hijo ha nacido y queremos entender quien es.
Sabemos que este hijo que ha nacido estuvo a punto de ser devorado por el dragón.
Pero su identidad se revela en el v. 5.
Apocalipsis 12:5 NVI
5 Ella dio a luz un hijo varón que «gobernará a todas las naciones con cetro de hierro». Pero su hijo fue arrebatado y llevado hasta Dios, que está en su trono.
Este hijo que ha nacido es aquel que gobernará a las naciones con cetro de hierro.
Podemos ir al AT para entender de quien habla.
Salmo 2:9 NVI
9 Las gobernarás con cetro de hierro; las harás pedazos como a vasijas de barro».
Es Salmo 2 es una profecía acerca del Mesías de los judíos - Jesús de Nazaret.
La segunda parte de esta visión refuerza la verdad de como el Mesías, el Salvador, vino a nacer de entre el pueblo de Dios - Israel.
Cuando vemos la historia de los hebreos nos damos cuenta cuantas veces el gran dragón intentó impedir el nacimiento del Mesías.
La esclavitud egipcia.
El genocidio orquestado por Aman en el libro de Ester.
La matanza de los niños hebreos ordenado por Herodes.
Pero Dios quien es soberano protegió al linaje de Judá de tal manera que según el tiempo de Dios Jesús nació según las Escrituras.
Gálatas 4:4 NVI
4 Pero cuando se cumplió el plazo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley,
Y ahora que ha nacido el hijo de Dios, Dios la ha dado toda autoridad en el cielo, en la tierra, y debajo de la tierra.
Él tiene todo poder y dominio.
Él es Dios mismo.
Todo está sometido a su autoridad y algún día los imperios y reinos de este mundo serán deshechos y solo reinará el Mesías de Israel.
Pero algo sucede con el hijo de la mujer - es arrebatado al cielo hsta Dios.
Juan comprime la historia del nacimiento, vida, ministerio, muerte, resurrección de Jesús y ascensión a los cielos.
El hijo nace y luego asciende a los cielos al trono de Dios.
Juan narra lo mismo que declara Lucas en Hechos 1 cuando Jesús es elevado al cielo para sentarse en su trono a la derecha del Padre.
En estos mismos momentos creemos que Jesús está en el cielo sentado a la diestra de Dios de donde reina con todo poder y autoridad.

La guerra del dragón

Mientras tanto, en la tierra vemos que la mujer huye al desierto donde es sustentada por 1,270 días que es el equivalente de 42 meses o 3.5 años.
Apocalipsis 12:6 NVI
6 Y la mujer huyó al desierto, a un lugar que Dios le había preparado para que allí la sustentaran durante mil doscientos sesenta días.
Este es el tiempo presente.
La visión comienza con una mujer revestida del sol, la luna y estrellas - el pueblo de Dios del Antiguo Pacto.
Pero ahora la visión continua con la mujer que huye al desierto donde Dios la sustenta por un tiempo.
La identidad de la mujer es la misma solo que ahora incluye al pueblo de Dios del Nuevo Pacto.
En esta mujer vemos representado al pueblo de Dios de todos los tiempos.
Su estadía en el desierto y como Dios la sostiene habla de la experiencia actual de la Iglesia de Jesucristo.
Vivimos en este mundo - como si fuera en el exilio.
Pero no estamos desamparados porque Dios nos sostiene en este peregrinaje hasta llegar a la Tierra Prometida.
En los vv. 7-9 parece que Juan retrocede y recuerda de como fue que el gran dragón arrastra la tercera parte de los ángeles del cielo.
El gran dragón se enfrenta con Miguel - un ángel poderoso y es arrojado, junto con sus ángeles, a la tierra.
Al ser arrojado a la tierra vemos que persigue a la mujer que ha dado a luz.
Apocalipsis 12:13 NVI
13 Cuando el dragón se vio arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al varón.
Juan describe la constante persecución que ha operado el enemigo contra el pueblo de Dios de quien viene el Mesías de Israel.
Luego en el v. 14 Juan repite como la mujer vuela al desierto para ser sustentada por un tiempo lejos de la serpiente.
El Hijo ha nacido, ha sido arrebatado al cielo, pero la mujer (el pueblo de Dios) aun está sobre la tierra donde también están el gran dragón y sus ángeles.
Y lo más terrible de esto es que ahora la serpiente tiene una sola meta - destruir a la mujer.
Apocalipsis 12:15 NVI
15 La serpiente, persiguiendo a la mujer, arrojó por sus fauces agua como un río para que la corriente la arrastrara.
La serpiente hará todo lo necesario para destruir a la mujer.
Parece que la quiere ahogar, sofocar, sobreabrumar como si fuera por agua de un río.
Pero Dios no lo permite porque orden a la tierra a abrirse y tragarse el agua que arroja la serpiente.
Esto solo hace al dragón enfurecerse más contra la mujer y todos sus descendientes.
Y esta es la experiencia del pueblo de Dios en la actualidad.
Nuestra realidad es esta:
Satanás el diablo, día y noche busca como devorarnos.
El diablo busca como destruirnos.
No descansará hasta ver a cada creyente destruido.
Pero busca destruir a un pueblo específico:
Aquellos que obedecen los mandamientos de Dios y son fieles al testimonio de Jesús.
Esta es la identidad del pueblo de Dios.
Esta es la identidad de la mujer que Dios sostiene en el desierto.
No es el cristiano que solo lleva nombre de cristiano sino el verdadero creyente que nacido de nuevo y que ahora busca ser obediente a los mandamientos de Dios.

Conclusión

De pronto podemos pensar que la vida del cristiano va a ser libre de pruebas y problemas.
Pero Juan nos anima a entender que nuestro peregrinaje en esta vida será uno de constante ataque de parte del dragón.
Día a día el enemigo intentará atacar al pueblo de Dios porque sabe que le queda poco tiempo.
Apocalipsis 12:12 NVI
12 Por eso, ¡alégrense, cielos, y ustedes que los habitan! Pero ¡ay de la tierra y del mar! El diablo, lleno de furor, ha descendido a ustedes, porque sabe que le queda poco tiempo».
Así que entre más nos acercamos al final veremos como aumentan los ataques contra el pueblo de Dios.
¿Qué podemos hacer para combatir al dragón?
Apocalipsis 12:11 NVI
11 Ellos lo han vencido por medio de la sangre del Cordero y por el mensaje del cual dieron testimonio; no valoraron tanto su vida como para evitar la muerte.
Entender que ya lo hemos vencido por la sangre del Cordero.
Saber que nuestra victoria descansa en la obra de Jesús sobre la cruz del Calvario.
No lo hemos vencido por algo que hayamos hecho nosotros sino en base a la obra redentora de Jesús en dar su vida para salvarnos.
El reto más grande para el cristiano no es la amenaza de muerte, pobreza, enfermedad, etc., sino en creer que es suficiente la sangre del Cordero para garantizar nuestra victoria.
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