Una ofrenda de gratitud que honra a Dios

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Texto base: Juan 12:3

I. Introducción

(Ilustración)Cuentan que en una ocasión, un rey recibió la visita de un humilde granjero. El granjero, sabiendo que estaría ante la presencia del monarca, quiso llevarle un regalo. No tenía oro, ni joyas, ni sedas finas. Lo único que tenía era una fruta que había cultivado con sus propias manos, la mejor de su cosecha, la cual había cuidado día y noche, regándola y protegiéndola de las plagas. Al presentarse ante el rey, los cortesanos se rieron por lo "insignificante" del regalo. Pero el rey, al ver las manos callosas del granjero y el brillo de emoción en sus ojos, aceptó la fruta, la olió y dijo: "Jamás he recibido un regalo tan valioso, porque en esta fruta no solo me das alimento, me ests entregando tu tiempo, tu esfuerzo y tu corazón".
Hermanos, estamos cerrando un año más. Estamos en nuestra Semana de Gratitud. Y la pregunta que surge esta mañana (o noche) es: ¿Qué traemos ante el Rey del Universo? ¿Traemos sobras? ¿O traemos algo que realmente honra Su majestad?
Hoy viajaremos a una escena conmovedora en Betania, seis días antes de la Pascua, para aprender de una mujer que entendió el secreto de la verdadera adoración.

II. Desarrollo

El evangelio de Juan, capítulo 12, versículo 3, nos relata el momento en que María toma una libra de perfume de nardo puro y unge los pies de Jesús. Al analizar esta escena, encontramos tres ingredientes indispensables de una ofrenda que honra a Dios.

1. Es algo valioso para nosotros

La Palabra de Dios dice en Juan 12:3:
"Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume."
Noten, hermanos, que la ofrenda de gratitud no es cualquier cosa.
Era algo especial: María no tomó el aceite de cocina, ni un perfume barato. Ella quería hacer algo extraordinario por su Maestro.
Era costoso: Los estudiosos y el mismo Judas (en el versículo 5) valoran este perfume en 300 denarios. Para que tengamos una idea, un denario era el salario de un día de un obrero. ¡Estamos hablando del salario de casi todo un año de trabajo!
Entrega total: Ella pudo haber usado solo unas gotas. Pudo haber abierto la tapa con cuidado, usar un poco y guardar el resto para su vejez o para una emergencia. Pero no. Ella "quebró el frasco" (como menciona Marcos). Lo dio todo.
¿Por qué hizo tal derroche? Porque su gratitud era proporcional a lo que Dios había hecho por ella.
Jesús no solo era su maestro; Jesús había devuelto la vida a su hermano Lázaro. Y hay una línea en la investigación bíblica que parece indicarnos que también es ella la mujer pecadora que estuvo a punto de ser apedrada.
Cuando miramos atrás en este año y vemos cómo Dios ha cuidado a nuestra familia, cómo nos ha dado salud, o cómo nos ha sostenido en la prueba, ¿no deberíamos también dar lo mejor? Una ofrenda que no nos cuesta nada, difícilmente honra a Aquel que lo dio todo.

2. Es una ofrenda planeada

Continuando con la lectura, cuando Judas critica la acción, Jesús responde en Juan 12:7:
"Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto."
Presten atención a la palabra "guardado".
A Dios no le agradan las cosas improvisadas: Nuestro Dios es un Dios de orden. En el antiguo santuario, nada se dejaba al azar; todo tenía un propósito y un tiempo.
Fue premeditado: Esta mujer no compró el perfume camino a la cena. Ella planeó esta ofrenda. Seguramente ahorró el dinero suficiente durante mucho tiempo, privándose de otros gustos.
Guardado para la ocasión: Ella reservó lo mejor para el momento adecuado. No fue un impulso emocional de último minuto; fue un acto de adoración deliberado.
Permítanme hacerles una pregunta directa, con todo el amor pastoral: ¿La ofrenda de gratitud que traeremos el próximo sábado es planeada o será improvisada? ¿Vamos a buscar en la billetera o en la bolsa el sábado por la mañana a ver "qué nos sobra", o vamos a apartar desde hoy lo que el Señor merece? Sería bueno, mis queridos hermanos, que hoy mismo, en oración, planeemos lo que vamos a agradecer el sábado. Que no sea una casualidad, sino una decisión del corazón.

3. Es bien vista por el Señor

Finalmente, veamos la reacción de Jesús ante la crítica. En Mateo 26:10 leemos:
"Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? pues ha hecho conmigo una buena obra."
El contraste: Judas reprocha y calcula el desperdicio financiero. Pero Jesús defiende y exalta el acto de amor.
El valor real: Aprendemos aquí un principio espiritual vital: Si lo que hacemos es valioso para nosotros mismos y lo entregamos con amor, será inevitablemente bien visto por Cristo. Dios no mira la cantidad de ceros en el cheque, Él pesa el espíritu del dador.
¿Y qué de nuestro vaso de alabastro? Quizá tú digas: "Pastor, yo no tengo 300 denarios". Pero escucha lo que dice Marcos 14:8: "Esta ha hecho lo que podía".
¡Qué frase tan poderosa! "Hizo todo lo que podía". No se trata del número, ni de compararnos con el hermano que tiene más recursos. Se trata de la motivación y del valor que nosotros, en nuestra realidad, le damos a la ofrenda. Si das lo mejor de ti, el cielo lo recibe con olor fragante.

III. El Ejemplo Divino y Conclusión

Hermanos, no podemos terminar sin mirar hacia el Cielo. Porque si hoy pedimos estos tres ingredientes, es porque Dios mismo nos ha puesto el ejemplo supremo de una ofrenda de gratitud y amor:
Dio algo valioso para Él: No envió a un ángel, ni creó un mundo nuevo para salvarnos. Dio a su Hijo Unigénito, lo más preciado del cielo.
Lo planeó: La redención no fue una improvisación ante el pecado de Adán. El plan de salvación fue trazado "desde antes de la fundación del mundo" (1 Pedro 1:20). Dios guardó esa ofrenda para el momento exacto.
Fue agradable: Y ese sacrificio, esa entrega en la cruz, fue olor fragante, un sacrificio acepto que abrió las puertas de la eternidad para ti y para mí.

Llamado

Hoy quiero invitarte a mirar tu "vaso de alabastro". Ese vaso representa tu vida, tus recursos, tu gratitud por este año que termina.
¿Habrá alguien aquí que hoy quiera decir: "Señor, no quiero darte las sobras. No quiero improvisar con mi gratitud. Quiero, como María, romper mi frasco a tus pies. Quiero darte una ofrenda planeada, valiosa y que salga de lo profundo de mi corazón"?
Si ese es tu deseo, si quieres preparar tu corazón para traer tu ofrenda de gratitud este sábado, te invito a ponerte en pie donde estás. Vamos a orar para que el Señor santifique no solo lo que daremos, sino la intención con la que lo haremos.
Oremos...
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