Falta de dominio propio

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SERMON EXPOSITIVO: La Falta de Dominio Propio

Texto base: Proverbios 25:28 — “Como una ciudad cuya muralla ha sido derribada, es el hombre cuyo espíritu no tiene freno”.

1. El Dominio Propio: La Muralla Espiritual del Creyente

Texto clave: Proverbios 25:28
La imagen que Salomón utiliza es poderosa: una ciudad sin muros es una ciudad expuesta, vulnerable, indefensa. Los muros representaban seguridad, identidad y resistencia ante enemigos. Así como Jericó cayó cuando sus muros fueron derribados, también el creyente cae cuando su dominio propio ha sido fracturado. El texto nos enseña que quien no tiene freno en su espíritu vive sin protección moral. No es que el enemigo no ataque, es que ya tiene entrada libre. Donde no hay dominio propio, no hay defensa contra tentaciones, impulsos, deseos desordenados ni pasiones que destruyen. La falta de autocontrol no es un detalle pequeño: es la ausencia de una muralla que Dios espera que levantemos mediante Su Espíritu. “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón” (Proverbios 4:23).

2. La Tragedia de Salomón: Un Hombre Sabio sin Autocontrol

Textos clave: 1 Reyes 11:1–4
Salomón escribió la advertencia, pero terminó siendo ejemplo de ella. Con toda su sabiduría, poder y recursos, se desbordó en pasiones prohibidas y deseos desordenados. Su falta de dominio propio no fue un error pequeño; fue la puerta por donde entró la idolatría, la división del reino y su decadencia espiritual. Su corazón se apartó del Dios que le había dado todo. La falta de autocontrol hace que el creyente ignore su propia sabiduría, desprecie los mandamientos divinos y justifique deseos que antes hubiera rechazado. La vida de Salomón demuestra que el conocimiento bíblico no es suficiente si el corazón no está sometido al control del Espíritu. “El que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:12).

3. La Falta de Dominio Propio: Un Pecado Respetable

Texto clave: Gálatas 5:22–23
En muchos círculos cristianos se condenan escándalos visibles, pero se toleran excesos internos: ira sin freno, palabras hirientes, emociones desbocadas, deseos sin filtrar. La falta de autocontrol se ha vuelto “normal”, algo que casi nadie confronta. Sin dominio propio, abrimos puertas a pecados que crecen silenciosamente: sarcasmo, chisme, maledicencia, burlas, compulsiones, hábitos que esclavizan. Lo que toleramos, termina dominándonos. La Escritura muestra claramente que el dominio propio es fruto del Espíritu, no una opción secundaria. “El necio da rienda suelta a toda su ira; mas el sabio al fin la apacigua” (Proverbios 29:11).

4. El Dominio Propio como Batalla Espiritual Interna

Textos clave: Tito 2:11–12
La gracia que nos salvó es la misma gracia que nos enseña a decir “no” al pecado. La falta de autocontrol no se vence simplemente con determinación humana, porque el problema está en el corazón. Pablo instruyó a Tito a enseñar a hombres jóvenes, mujeres jóvenes, ancianos y ancianas exactamente lo mismo: autocontrol. Esto muestra que ninguna etapa de la vida está exenta. La lucha continúa siempre. El dominio propio es una obra del Espíritu moldeando nuestros deseos. No consiste solo en reprimir lo malo, sino en formar hábitos santos que disciplinan la mente, la lengua, los ojos, las emociones y los impulsos. “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5:16).

5. El Llamado de Pedro: Sobriedad en un Mundo que Desborda Deseos

Textos clave: 1 Pedro 1:13; 4:7; 5:8
Pedro repite insistentemente la palabra “sobrios”, que significa autocontrolados, vigilantes, despiertos. En un mundo saturado de estímulos, pasiones y tentaciones accesibles, el creyente debe estar en constante vigilancia. No se puede vivir dormido espiritualmente. El enemigo busca puntos débiles, y cuando encuentra un área sin control, entra con fuerza. La falta de dominio propio no solo nos expone al pecado, sino también al ataque del diablo. Pedro conecta la sobriedad con la oración, la esperanza y la resistencia espiritual. “Sed sobrios y velad, porque vuestro adversario el diablo… anda buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8).

6. El Verdadero Dominio Propio: Más que Fuerza de Voluntad

Texto clave: 2 Pedro 1:5–6
Muchos no creyentes pueden disciplinarse temporalmente por metas personales, pero el creyente necesita un dominio propio que nace del Espíritu y apunta a la santidad. La autodisciplina humana puede controlar una área mientras otra se descontrola completamente. Pero el dominio propio bíblico abarca toda la vida: la lengua, los ojos, el apetito, el carácter, las emociones y la conducta. No es simplemente decir “no”; es someter los deseos a la voluntad de Cristo. Pedro lo coloca como un eslabón crucial en la cadena del crecimiento espiritual. “Porque Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y dominio propio” (2 Timoteo 1:7).

7. Construyendo la Muralla: Pasos Prácticos para un Dominio Propio Real

Textos clave: Salmo 119:11; Romanos 13:14
Un muro no se construye en un día, pero sí se comienza en un día. Para desarrollar dominio propio debemos:
Llenar la mente de la Palabra que fortalece la conciencia.
Establecer límites santos, aunque nuestra cultura los ignore.
Negarnos deseos no esenciales, para entrenar el corazón.
Evitar los ambientes donde sabemos que caeremos.
Buscar responsabilidad espiritual con creyentes maduros.
Depender del Espíritu más que de la fuerza humana.
Reemplazar hábitos destructivos por hábitos de piedad.
Cada área bajo control del Espíritu se convierte en un nuevo ladrillo en la muralla. Cada victoria pequeña fortalece el carácter y cierra puertas a ataques mayores. “Vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne” (Romanos 13:14).

Conclusión

La falta de dominio propio no es un detalle pequeño: es una brecha mortal. Pero la gracia que salvó a pecadores como nosotros es la misma que nos capacita para vivir una vida disciplinada, sobria y firme. Dios no nos llamó a ser ciudades sin muros, sino templos ordenados por Su Espíritu. Y donde el Espíritu gobierna, el dominio propio florece.

SERMÓN EXPOSITIVO: “EL DOMINIO PROPIO QUE AGRADA A DIOS”

Texto base: 1 Pedro 2:11“Amados, yo os ruego… que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma.” Tema central: La obra del Espíritu Santo capacitando al creyente para gobernar su vida.

1. El dominio propio: una guerra espiritual continua

Versículo clave: “Absteneos de los deseos carnales que batallan contra vuestra alma” (1 Pedro 2:11).
El dominio propio no es un accesorio opcional en la vida cristiana, sino una lucha constante contra los impulsos de la carne. La Biblia enseña que estos deseos se levantan como enemigos internos que pelean contra nuestra alma, debilitan nuestra comunión con Dios y nos exponen a caer. Este dominio propio no se obtiene por voluntad humana, sino por la obra capacitadora del Espíritu Santo. Es Él quien produce el querer y el hacer, y quien fortalece nuestras decisiones para honrar a Dios. El cristiano que no combate sus deseos carnales con la Palabra y la oración inevitablemente será vencido. Por eso la Escritura nos llama a depender, velar, orar y rendir nuestra mente a la influencia divina.

2. El dominio propio: fruto del Espíritu, no de la fuerza humana

Versículo clave: “…mas el fruto del Espíritu es… templanza” (Gálatas 5:22-23).
La cultura moderna enseña la fuerza de voluntad; la Biblia enseña el poder del Espíritu. No se trata de “controlarnos” a nosotros mismos, sino de permitir que Dios reine sobre nuestros deseos. El dominio propio es, en realidad, Dios controlándonos. Cuando un creyente se expone a la Palabra, se rinde en oración y busca la llenura del Espíritu, comienza a experimentar el poder para decir “no” al pecado y “sí” a la santidad. Sin esta obra celestial, cualquier intento de dominio propio será superficial y temporal. El Espíritu Santo moldea nuestros apetitos, purifica nuestras motivaciones y fortalece nuestra voluntad para caminar en obediencia.

3. Primera área de caída frecuente: comer y beber sin control

Versículo clave: “No os embriaguéis con vino… antes bien sed llenos del Espíritu” (Efesios 5:18).
Jerry Bridges señala que no estamos hablando simplemente de peso corporal, pues este puede tener muchas causas. La verdadera falta de dominio propio surge cuando cedemos continuamente al impulso de comer o beber lo que deseamos, aunque sabemos que está gobernándonos. Una persona puede no aumentar de peso y aun así ser esclava de un apetito no controlado. El problema no es el alimento, sino el corazón que se rinde a él. La comida, la soda, el café o el azúcar no son pecados por sí mismos, pero cuando un deseo domina nuestras decisiones, reemplaza el señorío de Cristo en esa área. Dios quiere que aprendamos a someter incluso nuestros hábitos cotidianos a Su Espíritu.

4. La importancia de cortar lo que alimenta la tentación

Versículo clave: “Si tu mano te es ocasión de caer, córtala…” (Marcos 9:43).
Una manera bíblica de ejercer dominio propio es eliminar aquello que alimenta nuestros deseos desordenados. El autor cuenta cómo dejar de comprar helado fue necesario para recuperar control. Esto no es legalismo; es sabiduría espiritual. Muchos cristianos fracasan porque intentan resistir sin remover la fuente de tropiezo. El Espíritu Santo da poder, pero espera que tomemos decisiones concretas. Evitar el camino de la tentación, limitar accesos, no almacenar aquello que nos debilita: todo esto es parte de la disciplina espiritual. El dominio propio requiere decisiones prácticas, humildad para reconocer debilidades y valentía para poner límites santos.

5. No se trata de condenar placeres legítimos, sino de evitar la esclavitud

Versículo clave: “Todas las cosas me son lícitas; mas yo no me dejaré dominar por ninguna” (1 Corintios 6:12).
Dios no nos llama a sentir culpa por disfrutar de alimentos, bebidas o gustos cotidianos. El problema aparece cuando estos deseos comienzan a controlarnos. La falta de dominio propio empieza cuando dependemos de algo para sentirnos bien, cuando no podemos decir “no” aunque sepamos que es sabio hacerlo, o cuando nuestros hábitos comienzan a desplazar otras áreas espirituales importantes. El creyente maduro reconoce que Cristo nos hizo libres, pero la libertad cristiana nunca debe convertirse en esclavitud emocional. La templanza es la capacidad espiritual de disfrutar sin caer bajo el dominio de nada que no sea Cristo.

6. Segunda área de fallo frecuente: el carácter iracundo y la mecha corta

Versículo clave: “El que tarda en airarse es grande de entendimiento; mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad” (Proverbios 14:29).
Muchos creyentes son conocidos por su mal genio, su facilidad para irritarse o explotar. Algunos tienen estallidos intensos pero breves; otros viven irritados constantemente. La Biblia enseña que la ira humana no obra la justicia de Dios. Aunque trataremos la ira como un tema aparte, aquí el énfasis está en la falta de dominio propio: la incapacidad de gobernar las emociones. El enojón no sólo peca al airarse injustamente, sino que peca doblemente al no ejercer control sobre sí mismo. Sus estallidos suelen dirigirse a cualquiera que le desagrade: un conductor, un árbitro, un compañero de trabajo, un hermano de la iglesia o, trágicamente, un miembro de su propia familia. Dios llama al creyente a ser lento para la ira y gobernar su espíritu.

7. La raíz del problema: deseos sin someter y emociones sin rendir al Espíritu

Versículo clave: “Mejor es el que se gobierna a sí mismo que el que toma una ciudad” (Proverbios 16:32).
La falta de dominio propio nace en un corazón que no ha llevado sus deseos al Espíritu Santo. Tanto los apetitos físicos como las emociones intensas necesitan ser santificadas por la obra de Dios en nosotros. Si un creyente no rinde sus impulsos, terminará siendo gobernado por ellos. El dominio propio no significa perfección, sino dependencia diaria del Espíritu: exponernos a la Palabra, orar sinceramente, renunciar a aquello que alimenta la tentación y cultivar una vida donde Cristo es Rey en cada área. Cuando el Espíritu gobierna nuestro interior, somos capaces de caminar en templanza, reflejar el carácter de Cristo y vivir en victoria sobre los deseos que batallan contra el alma.

SERMON EXPOSITIVO: “EL DOMINIO PROPIO, SEÑAL DEL ESPÍRITU EN EL CREYENTE”

Basado en los principios bíblicos del Antiguo y Nuevo Testamento

1. El dominio propio: una virtud repetida, enseñada y exigida en toda la Escritura

El término dominio propio no es una idea secundaria en la Biblia; aparece en varios pasajes y se reafirma constantemente como un rasgo imprescindible del creyente que quiere caminar en santidad. Desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo Testamento, Dios muestra que el hombre que no gobierna su espíritu vive expuesto a caídas, confusiones y derrotas espirituales. La Biblia usa la palabra enkrateia, que significa templanza, autocontrol, dominio propio, y describe a alguien que, bajo el poder del Espíritu, se mantiene firme ante impulsos, pasiones y emociones desordenadas. El dominio propio no es un talento natural; es una evidencia espiritual que aparece donde Cristo reina. Por eso la Escritura declara que “el dominio propio” es parte esencial de la vida del creyente regenerado.
Versículo clave: “Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda” (Proverbios 25:28).

2. El dominio propio como fruto del Espíritu Santo (Ga. 5:23)

Pablo enseña que el dominio propio es un fruto directo del Espíritu, lo cual revela que no se produce por fuerza humana, disciplina propia o voluntad personal. La raíz de un corazón gobernado no es la fuerza del carácter, sino la llenura del Espíritu Santo. El creyente puede tener conocimientos, dones, talentos o experiencia; pero sin dominio propio, su testimonio pierde credibilidad, su ministerio carece de respaldo y su carácter queda expuesto ante cualquier tentación. La presencia del Espíritu se evidencia en la capacidad de decir “no” a la carne y “sí” a la obediencia. Por eso, entre las virtudes cristianas que Pedro menciona, el dominio propio aparece como fundamento para una vida que crece en virtud, conocimiento y piedad. Donde hay Espíritu, hay dominio; donde hay carne, hay descontrol.
Versículos clave: “Pero el fruto del Espíritu es… templanza” (Gálatas 5:22–23); “Añadid… dominio propio” (2 Pedro 1:5–8).

3. El dominio propio confronta al pecador e impacta al incrédulo

El libro de los Hechos registra que cuando Pablo habló delante del gobernador Félix, este “tembló” al oír sobre la justicia, el dominio propio y el juicio venidero. Esto demuestra que el dominio propio no solo transforma al creyente, sino que confronta la conciencia humana, dejando ver que Dios exige que el hombre controle sus pasiones y viva de manera sobria y justa. La falta de dominio propio siempre prepara el camino para el juicio; por eso la palabra causa temblor en quienes viven entregados al pecado. El evangelio proclama gracia, pero también responsabilidad moral; proclama perdón, pero también demanda santidad. Félix tembló porque sabía que un hombre sin dominio propio está condenado a la esclavitud de sus vicios.
Versículo clave: “Félix se espantó… cuando Pablo disertaba… del dominio propio y del juicio venidero” (Hechos 24:25).

4. El dominio propio es sobriedad, compostura y madurez espiritual (Tit. 1:8; 2:2)

Pablo instruyó a Tito a que enseñara a la iglesia a vivir con sobriedad y compostura. El dominio propio no es radicalismo ni rigidez, sino una actitud espiritual que guía cada decisión con equilibrio, sensatez y prudencia. La sobriedad es una mente que no se deja arrastrar por impulsos repentinos ni por emociones desordenadas. La compostura es el reflejo externo de un corazón que ha aprendido a estar firme en cualquier circunstancia. El creyente con dominio propio no reacciona, responde; no se deja llevar, discierne; no pierde control, permanece en paz. La madurez se evidencia en la manera en que el cristiano piensa, habla y actúa bajo presión.
Versículos clave: “Que sea sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo” (Tito 1:8). “Que los ancianos sean sobrios” (Tito 2:2).

5. El dominio propio exige control de los deseos, la carne y la lengua

La Escritura ordena que el creyente ejerza dominio propio especialmente en las áreas donde la carne es más vulnerable: la sexualidad, los deseos desordenados y las palabras. Pablo dijo que quien no puede contenerse en el área sexual necesita ordenarse y someter su vida a la voluntad de Dios (1 Co. 7:9). También enseñó que el atleta que desea una corona debe disciplinar todo su cuerpo para no ser descalificado (1 Co. 9:25). Además, la Biblia llama a abstenerse de inmoralidad, deseos carnales y todo tipo de maldad (1 Ts. 4:2–4; 5:22; 1 P. 2:11). En el Antiguo Testamento, Dios puso especial énfasis en el control de la lengua, porque la boca es un arma que puede destruir más que muchos pecados visibles. Por eso el salmista dijo: “Guardaré mi boca con freno” y Santiago amplió esta imagen mostrando que la lengua puede incendiar mundos.
Versículos clave: “No calumnia con su lengua” (Salmo 15:3). “El atleta es templado en todo” (1 Corintios 9:25). “Absteneos de toda especie de mal” (1 Tesalonicenses 5:22).

6. El dominio propio da testimonio, protege el ministerio y evita tropiezos

Un cristiano sin dominio propio pierde autoridad espiritual. Puede saber mucho, pero no influye; puede predicar fuerte, pero no convence; puede ser libre por gracia, pero se vuelve esclavo de su libertad mal usada. Por eso Pablo dijo que se hacía siervo de todos para ganar a más: porque él mismo se imponía dominio propio dentro de la libertad del evangelio. El creyente que domina su carácter evita ser piedra de tropiezo y camina con coherencia entre su fe y su conducta. Cuando un cristiano se gobierna a sí mismo, refleja que Cristo gobierna en él. La falta de dominio propio destruye testimonios; la presencia del dominio propio abre puertas para ganar almas.
Versículos clave: “Me he hecho siervo de todos, para ganar a más” (1 Corintios 9:19–23).

7. El dominio propio se evidencia en la sobriedad, la vigilancia y la prudencia diaria

Pedro enseña que debemos ser sobrios y velar, porque el enemigo anda como león rugiente. El dominio propio mantiene al creyente alerta, despierto, atento a sus pensamientos y firme contra el pecado. Los jóvenes deben aprender a ser sobrios en su manera de pensar, y las jóvenes a ser prudentes en su conducta. Cada creyente debe ejercer vigilancia espiritual: examinar su corazón, controlar sus impulsos, y mantener una disciplina constante en oración, palabra y santidad. El dominio propio no es una emoción, es una práctica diaria. El creyente que se mantiene vigilante no cae fácilmente, porque su espíritu está sujeto al Espíritu de Dios.
Versículos clave: “Sed sobrios y velad” (1 Pedro 5:8). “Exhorta a los jóvenes a que sean sobrios” (Tito 2:6). “A las jóvenes… a ser prudentes” (Tito 2:5).

Conclusión

El dominio propio no es opcional, ni es una virtud para cristianos “más maduros”. Es la señal del Espíritu en cada hijo de Dios. Es la disciplina que guarda el corazón, sostiene el testimonio, fortalece la vida espiritual y prepara al creyente para vivir en santidad. El dominio propio es el muro protector del alma, el freno que evita la caída y la evidencia de que Cristo reina en lo más profundo del ser.
DOMINIO PROPIO
1. DEFINICIÓN Y CONSIDERACIONES GENERALES
• El dominio propio es la capacidad de regular o inhibir las conductas, impulsos y pensamientos que pudieran ser inadecuados o perjudiciales para uno mismo y/o para terceros.
• Permite lograr un equilibrio en todas las áreas de la vida, lo que permite disfrutar de las cosas agradables sin excesos y, por otro lado, desechar las dañinas, aunque estas puedan otorgar un placer intenso de forma inmediata.
En la Biblia
• El término templanza “dominio propio”, como tal, aparece varias veces en la Biblia y se enseña ampliamente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Bíblicamente, significa tener control sobre uno mismo. Es una de las manifestaciones distintivas del carácter divino y del fruto del Espíritu Santo; aparece como “control propio” (Gálatas 5:23, NTV).
• Pedro le advierte a la iglesia: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8, RV60). El dominio propio es visto en la conjugación verbal “sed sobrios”, donde alude a la abstinencia de todo mal, en la sobriedad y en la vigilancia.
• Pablo le manda a Tito: “Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes” (Tito 2:6, RV60), a los jóvenes se les manda que sean “sobrios en mente” (dominar propiamente los impulsos); y a las mujeres casadas “a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tito 2:5, RV60) y a las jóvenes a ser “prudentes” (que se dominen a sí mismas).
Ejemplos bíblicos
• José: “Aconteció después de esto, que la mujer de su amo puso sus ojos en José, y dijo: Duerme conmigo. Y él no quiso, y dijo a la mujer de su amo: He aquí que mi señor no se preocupa conmigo de lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene. No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (Génesis 39:7–9, RV60). José se encontraba en una posición difícil, sin familia ni amigos, ni nadie a quien pedirle ayuda o consejo, pero pudo controlar sus deseos por causa de su temor de Dios.
• David: “Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa” “Y envió David mensajeros, y la tomó; y vino a él, y él durmió con ella. Luego ella se purificó de su inmundicia, y se volvió a su casa” (2 Samuel 11:2, 4; RV60). En este asunto, el rey no tuvo dominio propio, ya que, sin pensar en las consecuencias, obró de acuerdo a sus concupiscencias.
• Jesús: “quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2:23, RV60). En todo momento fue el ejemplo perfecto de todas las virtudes y manifestaciones del carácter divino, incluido el dominio propio. Aquí Pedro menciona que Cristo se contuvo de responder a los insultos, amenazas, burlas y vituperios, aunque tenía el poder y la razón para poder hacerlo.
2. POSIBLES CAUSAS Y SÍNTOMAS
Causas principales
• Las Escrituras dejan claro que el dominio propio es una virtud divina.
• Es uno de los atributos comunicables de la naturaleza divina y es impartido al creyente mediante el Espíritu Santo, cuando este rinde su vida a Dios: “En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio” (Gálatas 5:22–23, NTV).
Manifestaciones principales
• El dominio propio o la templanza es una virtud que permite al individuo controlar:
◦ las pasiones
◦ los vicios
◦ los impulsos
• Se hace visible por medio de:
◦ el buen juicio
◦ la prudencia
◦ el discernimiento
◦ la sabiduría
3. CONSEJO BÍBLICO
Doctrinas principales aplicables
• Bibliología: la palabra de Dios es el indicador de los límites y leyes establecidas por Dios.
• Teología: Dios es el legislador que estableció leyes santas para ser obedecidas.
• Cristología: Jesucristo es el ejemplo perfecto de la templanza.
• Pneumatología: el Espíritu Santo es el que capacita al creyente para manifestar la templanza divina.
• Antropología: el ser humano, sus características naturales y su dificultad para tener dominio propio acorde a la ley de Dios.
• Hamartiología: el pecado como el causante de romper el vínculo con Dios por medio del cual el hombre puede disfrutar de sus atributos comunicables.
• Eclesiología: la iglesia es responsable de vivir las demandas morales celestiales en esta tierra.
• Escatología: el regreso de Cristo establecerá la perfección moral por la eternidad.
Elementos a considerar en el proceso de consejería
• El consejero debe guiar a quien se encuentra batallando con algún pecado, conducta o pensamiento a someterlos a la Palabra de Dios, ya que, mediante las Escrituras, el creyente recibirá la fortaleza e instrucción necesarias.
• El consejero debe evaluar cuál es el concepto de Dios que posee el aconsejado. Esto va más allá del conocimiento intelectual, sino que se extiende a las actitudes, conductas, forma de ver la vida, etc. El temor reverencial a Dios es fundamental para el fortalecimiento de la templanza en la vida del creyente y, para eso, es esencial tener una visión adecuada de la persona de Dios. Si esto no existe o no es adecuado, el consejero ha de focalizar en este punto. “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová” (Proverbios 1:7, RV60).
• Será importante crear consciencia en el creyente de que al pensar y actuar sin dominio propio, se desvaloriza a sí mismo y acarreará consecuencias muy negativas para él, su familia y la iglesia.
• Todo creyente tiene sus luchas particulares, y tendrá ciertos detonantes que lo llevarán a pensar y actuar de formas inadecuadas o pecaminosas. Será importante que el consejero le ayude a identificarlos, para poder luego trabajar sobre ellos. El cristiano no debe ser ingenuo, necesita estar preparado para enfrentar o huir de las tentaciones que sabe que le son especialmente difíciles de soportar. “El avisado ve el mal y se esconde; más los simples pasan y reciben el daño” (Proverbios 22:3, RV60).
• Es importante que el cristiano conozca y utilice las herramientas que tiene a su disposición para hacer frente a la batalla de la mente. Estas son el estudio de la Palabra de Dios, la oración, la comunión con los hermanos, y la dependencia en fe en las promesas divinas. “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (Efesios 6:13, RV60).
• El consejero también debe explicarle al aconsejado que el dominio propio consiste principalmente en ejercitar la voluntad, de modo que esta se vaya fortaleciendo y haciéndose más robusta. Esto está íntimamente ligado con los frutos del evangelio (Hechos 24:25). De nada le servirá al aconsejado tener mucho conocimiento sobre este tema si no está dispuesto a crecer en fuerza de voluntad, por medio de la obra del Espíritu Santo.
• Muchas veces sucede que el cristiano se desanima al considerar sus fracasos en llevar a la práctica las virtudes divinas. El consejero ha de animarle a no desmayar, sino a levantarse y continuar, ya que el proceso de maduración espiritual dura toda la vida. La perseverancia es fundamental en la vida cristiana. “Quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva” (Filipenses 1:6, NTV).
4. LO QUE LA PSICOLOGÍA CRISTIANA DICE
Características
• Tener dominio propio significa que las acciones y la conducta son dirigidas por las convicciones y metas personales, en lugar de serlo por las emociones o impulsos.
• Desde una perspectiva psicológica, para referirse al dominio propio se utilizan términos como autocontrol o disciplina. Estas son habilidades que se adquieren por medio de la determinación, la motivación y la práctica.
• Muchas personas que no son creyentes poseen un gran autocontrol o dominio propio sobre algunas áreas de sus vidas, aún más que muchos cristianos. Por ejemplo: los que hacen deporte y se abstienen de muchas cosas que les impidan un rendimiento óptimo; los que deciden comer saludable y lo sostienen; los que se enfocan en sus metas laborales o académicas, dejando de lado los entretenimientos y la pérdida de tiempo; etc.
• Sin embargo, por más determinada y disciplinada que sea una persona, hay algo que nunca logrará hacer por sí misma: dejar de pecar. Puede ser que haya personas que no cometan pecados groseros y que tengan una moral elevada, pero continúan pecando con los pensamientos, con las actitudes y generalmente con el orgullo al sentirse satisfechas con ellas mismas.
• La psicología posee diferentes herramientas y estrategias para lograr un mayor autocontrol sobre la conducta. Algunas de ellas son:
◦ Detectar y modificar los patrones de pensamiento: muchas conductas inadecuadas están sostenidas y reforzadas por pensamientos inadecuados. Pensamientos como “lo haré después”, “un poco no me hará daño”, “todos lo hacen”, etc., generan emociones que desembocan en acciones consecuentes a ellos. Por lo general se trata de circuitos repetitivos de pensamiento-emoción-acción. Por lo tanto, si se interviene en el primer eslabón de la cadena, se modificarán los siguientes.
◦ Visualización por medio de la imaginación: imaginar el escenario donde se ha conseguido el objetivo final puede ser un gran aliciente para continuar. La realidad es que la imaginación siempre se pone en marcha, pero generalmente actúa en forma perjudicial con respecto a las metas a largo plazo. Por ejemplo: alguien que hace dieta, si se imagina comiendo algo que no debe, esto debilitará su voluntad y eventualmente romperá la dieta. Pero, en cambio, si se imagina habiendo adelgazado o pudiendo hacer deporte de mejor forma, esto dará un impulso positivo a la decisión de continuar con la dieta.
◦ Entrenamiento con auto-instrucciones: similar a lo que sucede con la imaginación, las auto-verbalizaciones son algo que se produce continuamente de forma natural, pero que la mayoría de las veces funciona de forma negativa. Aquí se trata de entrenar a la persona para que se dirija a sí misma órdenes, instrucciones y aliento, que le ayuden a guiar su conducta según sus objetivos previamente establecidos.
◦ Administración de auto-recompensas: muchas conductas negativas se sostienen porque se han asociado a ciertas recompensas. Por ejemplo: el estudiante que en vez de estudiar se pone a jugar los videojuegos está recompensando la acción de postergar sus obligaciones. Un programa de auto-recompensas en este caso se podría pautar si juega 20 minutos después de una hora de dedicarse a sus tareas escolares. El placer que le genera jugar se irá asociando poco a poco con la acción de estudiar.
Causas
• Debido a que la naturaleza del hombre se ha corrompido por la entrada del pecado, aquel que desea agradar a Dios, el que desea hacer algo noble y provechoso o el que desea llevar una vida recta moralmente necesitará refrenar sus deseos, emociones e impulsos naturales.
• La naturaleza humana busca evitar el sufrimiento, realizar el menor esfuerzo posible y disfrutar el mayor placer que pueda alcanzar. De manera que para estudiar, trabajar, hacer ejercicio, construir una relación duradera, etc., deberá ir en contra de estas tendencias naturales, es decir, ser dueño de sí mismo.
• Pero en cuanto a llevar una vida que sea agradable a Dios, el ser humano necesita una capacitación sobrenatural, que solo es provista por el Espíritu Santo.
Enfoque
• La mayoría de los cristianos se proponen realizar ciertas conductas que consideran que se espera de ellos, como leer la Biblia, orar o ir a la iglesia. Al mismo tiempo intentan no hacer cosas que consideran incorrectas, como caer en determinados pecados.
• Frecuentemente estos intentos fracasan al cabo de un tiempo y el creyente se pregunta por qué. Para resistir el pecado no es suficiente con conocer el mandato de que no se debe ceder, ni tampoco alcanza el saber que algo es bueno para poder hacerlo.
• Es necesario que el creyente posea un convencimiento profundo y personal del porqué se debe o no se debe hacer algo. Si este no existe, no habrá motivación interna, sino solo un mandato externo.
• El convencimiento comienza con estar plenamente seguros de:
◦ Lo correcto y verdadero del por qué hacer o no hacer algo: por ejemplo: el creyente podría decirse a sí mismo: “mirar lo que no conviene ofende a Dios, me esclaviza al pecado, y corrompe mis pensamientos” (Habacuc 1:13; Juan 8:34; Proverbios 23:7).
◦ Poseer los recursos para hacer o dejar de hacer algo: por ejemplo: “Dios me ha dado todo lo que necesito para soportar la tentación, el Espíritu Santo me capacita con el gozo y la fuerza divina, el pensamiento de que no puedo soportar la tentación es el método de mentiras que satanás utiliza para desanimarme y tomar ventaja sobre mi vida” (1 Corintios 10:13; Gálatas 5:22–23).
◦ Las consecuencias de mantenerse firmes: por ejemplo: “Conocer más profundamente a Dios y tener comunión con él es mejor que cualquier placer momentáneo. La recompensa eterna es mejor que lo pasajero. Las consecuencias de hacer lo correcto serán de bendición para mi familia” (Filipenses 3:7–8; 2 Corintios 4:17–18).
• El consejero ha de evaluar este aspecto en el aconsejado y deberá ayudarlo a afirmar sus propias convicciones, que le proveerán de la motivación interna necesaria.
• Tener dominio propio no significa nunca expresar el enojo, sino expresarlo por una causa adecuada, de forma correcta y con un propósito determinado. La expresión del enojo es un instrumento para alcanzar un objetivo, no es un fin en sí mismo.
• Un ejemplo claro es cuando Jesús echó a los cambistas del templo. Fue una de las pocas veces en que expresó su enojo de forma intensa.
• Esta capacidad para resistir la tentación, controlar los impulsos, refrenar la lengua y los pensamientos, saber cómo y cuándo actuar y tener constancia en los hábitos provechosos solo es posible por la obra del Espíritu Santo en el interior del creyente.
• El dominio propio o templanza es una manifestación del fruto del Espíritu Santo, y solo en la medida en que el creyente ande en el Espíritu, podrá experimentarlo en su vida.
• A diferencia de lo que se puede lograr por esfuerzos propios o con técnicas psicológicas, esta virtud producida por la vida de Dios dentro del cristiano se expresa integralmente. No se aplica a algunas áreas de la vida y a otras no, sino a la vida entera del hijo de Dios.
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