La Luz que lo Cambia Todo 2

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La Paz de Dios es consecuencia de tener una relación con ÉL.

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La Paz inesperada

Buenos días, una vez más bienvenidos a nuestra serie de Adviento; “La Luz que lo Cambia Todo”. La semana pasada vimos que la esperanza no es algo que fabricamos, es algo que Dios nos da cuando interrumpe en nuestras vidas, cuando lo escuchamos en la Palabra, cuando lo vemos en algo especial de la naturaleza, en un milagro, en una oración respondida, así como irrumpió en la vida de Zacarías cuando ya era muy anciano y le dice que va a responder la oración que había dejado de hacer, porque la naturaleza, la biología, la lógica le ha dicho que el tiempo para recibir ese milagro ha pasado.
Hoy hablaremos de La Paz Inesperada. Cuando piensan en paz ¿qué les viene a la mente? ¿en qué piensan al pensar en paz? Tal vez una casa tranquila a las 3 de la tarde con los 4 hijos sentaditos quietitos en la mesa del comedor, y tú sentada al lado con la chancla en la mano. O una plática con el cónyuge. Es decir, solemos buscar la paz ¡controlando la situación! Si controlo mis finanzas tengo paz, si controlo a mis hijos tengo paz, si controlo a mi esposa, tengo paz. Si controlo la glucosa, la presión. Si yo pudiera controlar los bloqueos tendrían paz.
En el tiempo de Jesús, existía la “Pax Romana”. Veamos un poco de historia. Después de un periodo más de 60 años de guerras civiles en Roma, con figuras como Silas, Mario, César, Pompeyo, Marco Antonio y Octavio, éste último, después sería llamado Augusto, fue el gran promotor de esa Paz Romana. Después de derrotar a Marco Antonio y Cleopatra de Egipto en la batalla de Actium el 31 a. C., toma el control total. La paz romana comenzó el 27 a. C. cuando Octavio recibe el título de Augusto (venerable). Al inicio se decía la Pax Augusta en su honor.
Él empezó a vender la idea de que su gobierno había traído más paz, de hecho, vean las encuestas...; pero no fue una paz lograda con acuerdos, o por edicto, sino una paz impuesta por el poder militar de Roma. Duró unos 200 años, pero era la paz del imperio, no la paz de la igualdad.
Ese tiempo de paz romana, creó un ambiente de estabilidad, la comunicación se estandarizó con el griego como idioma universal, aumentó el transporte con las calzadas hechas por los romanos que facilitó la expansión del imperio, el comercio y con el tiempo el Evangelio.
En el tiempo del nacimiento de Jesús ya existía esa paz romana, pero Dios tiene una nueva clase de paz que ofrece a todo el mundo. Veamos cómo empieza el pasaje de hoy:
“En esos días, Augusto, el emperador de Roma, decretó que se hiciera un censo en todo el Imperio romano. (Este fue el primer censo que se hizo cuando Cirenio era gobernador de Siria). Todos regresaron a los pueblos de sus antepasados a fin de inscribirse para el censo.” (Lucas 2:1–3, NTV)
Como ya vimos la paz romana era impuesta con el poder. El censo es precisamente eso, un acto de fuerza, como diciendo: “yo soy el Imperio, tienes que moverte, tienes que hacer lo que te digo y debes pagar tus impuestos”. Esa paz por la fuerza, fría, impersonal, genera caos y tiene un costo humano.
El mundo siempre ofrecerá este tipo de paz, una paz basada en el control externo; pero justo en medio de este caos forzado, Dios introduce una nueva paz, algo totalmente inesperado que se basa en la entrega interna, en la rendición personal. Y aquí desarrollaremos una tesis para entender la paz de Dios.
Primero es que la paz de Dios nace en la vulnerabilidad, no en la seguridad.
Para ir al Censo implicó que José con María, su esposa tuvo que viajar, están obligados a hacerlo. Deben llegar a Belén. María está entre la semana 37 y 40 de embarazo, muy cerca del nacimiento. La distancia entre Nazaret en Galilea y Belén en Judea en ese entonces serían entre 145 y 156 km. El viaje lo habrían hecho en unos 3 o 4 días. El camino no era sencillo. Había 2 rutas principales, la más corta por Samaria eran 112 km, pero implicaba atravesar territorio samaritano y era evitado por los judíos por la enemistad histórica.
La ruta por el valle del Jordán, la opción más probable era la de entre 145 y 156 km. Era más segura, el río jordán quedaba cerca del camino y podían tomar agua. Viajaban a pie, quizá María iba en un asno, no caminaba, pero era igual de cansado y molesto tomando en cuenta el embarazo avanzado. En esa época el clima era frío, con lluvias, incluso nevadas en las zonas altas. Eventualmente llegan a Belén, pero no tenían reservación. El poblado estaba lleno de viajeros, todos los hospedajes llenos.
“Mientras estaban allí, llegó el momento para que naciera el bebé. María dio a luz a su primer hijo, un varón. Lo envolvió en tiras de tela y lo acostó en un pesebre, porque no había alojamiento disponible para ellos.” (Lucas 2:6–7, NTV)
Podemos pensar, si Dios quería traer paz ¿por qué no lo hizo con un ejército de ángeles en Jerusalén? ¿O levantar un caudillo guerrero de Israel?
Si la paz viniera del poder, hubiera nacido en el palacio de Herodes, pero es una nueva paz, algo totalmente diferente a lo conocido, por eso nace en un pesebre, en completa vulnerabilidad ¡como un bebé!
La paz del mundo dice: “acumula poder, seguridad para que nada ni nadie te toque”. La paz de Dios dice: “YO me hice vulnerable para que puedas acercarte a mí”.
Ahora bien, meditémoslo un momento: ¿qué elementos o cosas te hacen “sentir” paz? Acaso no es cuando tienes el control de las cosas, cuando tienes suficientes recursos para “cualquier imprevisto”. Cuando eres tú quién hace las cosas. Cuando estas con las cámaras vigilando 24/7. Cuando a tu manera “tienes el futuro asegurado”.
Y ese es precisamente el problema: intentamos conseguir la paz de Dios con herramientas de la paz romana. Queremos controlar, queremos tener todo atado, queremos seguridad total. Pero la paz de Dios es relacional no posicional.
La paz del creyente nace de la relación con Dios, se basa en tu dependencia de ÉL y no por la posición que tú puedas lograr. La paz de Dios no te la da un título o un ejército, o una circunstancia ¡te la da la relación con ÉL! Para tener esa paz tienes que rendir tu necesidad de control ante Aquél que se hizo vulnerable por ti, esa es la ironía. Para tener seguridad, entrega tu vida a quién se hizo vulnerable, al que llegó como un humilde bebé, como el Cordero de Dios.
Lo otro es que La Paz de Dios primero a quienes más la necesitan.
Si Dios quería anunciar algo tan importante, trascendental como Paz en la tierra ¿a quién habrías enviado los ángeles? Seguro al gobernador de Cirene, al emperador, a los académicos del templo, a los líderes sociales, religiosos de Israel. Pero veamos a qué audiencia elige Dios:
“Esa noche había unos pastores en los campos cercanos, que estaban cuidando sus rebaños de ovejas. De repente, apareció entre ellos un ángel del Señor, y el resplandor de la gloria del Señor los rodeó. Los pastores estaban aterrados,” (Lucas 2:8–9, NTV)
Los pastores eran personas de baja estima, sucios, sin credibilidad legal. Si un pastor era testigo de alguien en la corte, no le creían, eran los marginados de la sociedad judía.
La paz romana estaba diseñada para la élite romana, los ricos, quienes podían comprar guardias de seguridad, quienes tenían una cabaña fuera de la ciudad para retirarse.
La Paz de Dios fue anunciada a los que estaban en la calle, a los que dormían en descampado. Al pueblo en común, se empieza ofreciéndose a ellos, pero está disponible para quién la quiera aceptar.
Los pastores, acostumbrados a ser despreciados, a no ser tomados en cuenta, reaccionan de la manera más natural ¡Se espantan!
“pero el ángel los tranquilizó. «No tengan miedo —dijo—. Les traigo buenas noticias que darán gran alegría a toda la gente.” (Lucas 2:10, NTV)
Dios está eligiendo a los que el mundo descarta, y los elige para que lleven el mensaje de paz, para que nadie pueda decir que esta paz es sólo para los privilegiados, o los que tienen poder, recursos. El mensaje de Lucas es claro: si eres marginado por el mundo ¡no estás marginado por Dios! si eres rechazado por alguien que es importante para ti, no eres rechazado por el más importante de todos ¡Dios!
El mensaje de la paz es personal, universal.
Es la paz que no depende de tu condición. Y si hay algo que el mundo y las personas anhelan es paz, esa paz que permite descansar cada noche, no porque no hay asuntos pendientes, sino porque saben que Dios tiene el control de todas las cosas.
Esto nos lleva a la última premisa, la Paz verdadera surge de adentro.
El ejército celestial se une al anuncio y aquí está la famosa declaración que define la paz:
“«Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad.»” (Lucas 2:14, NVI)
Esta paz no es la ausencia de guerra en el mundo, eso es algo que nunca se ha visto. Esta paz no es la ausencia de problemas, tampoco ha pasado. Es la palabra griega Εἰρήνη (eirēnē). Eirene, que significa Paz, en hebreo es la palabra Shalom (שלום), lo que le da un significado más profundo que la simple ausencia de conflicto.
Significa totalidad, estar completo, tener bienestar, un estado donde no falta nada. Es la idea que se presenta en Job.
“Sabrás que tu hogar está seguro; cuando revises tus posesiones, no te faltará nada.” (Job 5:24, NTV)
¡No te falta nada! Implica calma y serenidad interior que el creyente experimenta incluso en medio de circunstancias turbulentas.
“»Les dejo un regalo: paz en la mente y en el corazón. Y la paz que yo doy es un regalo que el mundo no puede dar. Así que no se angustien ni tengan miedo.” (Juan 14:27, NTV)
La Paz que Dios viene a ofrecer es algo que surge de adentro, por eso es algo que el mundo no puede dar ni quitar, la paz no es algo, ¡es una persona! Pablo lo dice así:
“Porque Cristo es nuestra paz…” (Efesios 2:14, NVI)
En la iglesia primitiva, la iglesia se saludaba con esta expresión: “Charis kais eirene”. Gracia y Paz. La gracia es la fuente, viene de Dios y la paz es el resultado de tener una relación con ÉL.
La Gracia es la acción inicial de Dios, el favor inmerecido que hace posible todo lo demás. La paz no puede lograrse por esfuerzo humano.
El resultado lógico e inevitable de experimentar la Gracia de Dios ¡es la paz! tanto la reconciliación con Dios como la armonía interna. Pablo comienza así su carta a los Romanos:
“Les escribo a todos ustedes, los amados de Dios que están en Roma, que han sido llamados a ser santos. Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les concedan gracia y paz.” (Romanos 1:7, NVI)
Esto no es sólo un saludo, es una oración para que la base y el fruto del Evangelio se manifieste en la vida de los creyentes.
Todo esto es posible, por este evento que recordamos cada año, todo esto es posible por ese inicio humilde, esa decisión de nuestro Dios de dignarse mirarnos, así como se dignó mirar a Zacarías y Elizabet.
“«Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad.»” (Lucas 2:14, NVI)
La paz inicia cuando Dios toma el lugar que le corresponde, cuando ÉL es glorificado en el cielo, en la tierra y en nuestros corazones. Empieza de forma vertical, pero después se manifiesta de forma horizontal, es la paz para aquellos que gozan de su buena voluntad, aquellos en quienes Dios se complace, aquellos que están dispuestos a recibir la Gracia y el favor ofrecido en Jesús.
La paz no es el resultado de que todo esté como tú quieras, o que tengas lo que tú anhelas, o que el mundo cambie para ti, o las circunstancias se acomoden a lo que tú quieres ¡eso no va a suceder! pero la paz es posible, porque es el resultado de tu relación con Dios. Es la capacidad de tener calma interna, aunque el caos, el censo, el viaje, el trabajo, las deudas, la demanda, la separación siga afuera.
La pax romana, la paz del mundo es una paz ilusoria basada en el control. La Paz que Cristo ofrece es una paz real, basada en la rendición, en entregar el control a Dios.
“Los pastores regresaron a sus rebaños, glorificando y alabando a Dios por lo que habían visto y oído. Todo sucedió tal como el ángel les había dicho.” (Lucas 2:20, NTV)
Los pastores fueron y encontraron al bebé y luego regresaron glorificando y alabando a Dios. La paz de Dios no te deja donde te encontró.
Estos pastores ¡obedecen! y van a narrar lo que han experimentado. Esa noche fueron a pastar el rebaño como pastores anónimos, ignorados por la sociedad, pero terminan la noche siendo los primeros receptores de esa paz y van a compartir la mejor noticia. Después de escuchar el mensaje de Dios ¡no fueron los mismos!
Si hoy buscas paz en el control, el éxito, el dinero, el poder, te vas a decepcionar, la podrás tener, pero si fundamentas tu paz en eso, te va a defraudar.
El reto es ser como los pastores, sencillos, humildes, recibir el mensaje y compartir la Buena Nueva.
Entrega todas tus necesidades, miedos, tu necesidad de controlar las circunstancias a Dios quien controla el Universo. Al hacerlo, recibirás la Paz que no tiene lógica, y podrás ver que la paz de Dios sobrepasa todo entendimiento.
Palabra de Dios
Oremos
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