Dios está con nosotros en medio del sufrimiento.

Dios con nosotros  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
0 ratings
· 6 views
Notes
Transcript
En promedio, la mayoría de los adultos respiramos entre 20,000 y 25,000 veces al día.
El corazón de un adulto late alrededor de 100 mil veces cada 24 horas.
¿Te has dado cuenta de que no tienes que hacer nada para que esto suceda? No tienes que pensar ni “ordenar” a tus pulmones que respiren o a tu corazón que lata.
¿Cómo es eso posible?
El cerebro opera de dos maneras: de forma consciente y a través del sistema nervioso autónomo, el cual trabaja constantemente sin que tengas que pensar en ello. Este sistema se encarga, por ejemplo, de monitorear y ajustar el nivel de oxígeno en tu sangre. Si ese equilibrio se altera y el CO₂ aumenta, el cerebro envía una orden automática: “respira más profundo o más rápido”.
Ese mismo sistema regula qué tan rápido late tu corazón, mantiene estable tu presión arterial, controla la digestión, la producción de sangre y la temperatura corporal (aunque para algunos parezca que ese sistema anda medio descompuesto, porque siempre tienen frío o siempre tienen calor).
También se encarga de reparar células y músculos, y de coordinar la respuesta del cuerpo para combatir virus y enfermedades. Y todo esto sucede sin que te des cuenta.
El hecho de que no lo sientas; el hecho de que no lo veas; no significa que no está ahí.
La semana pasada aprendimos que “sin conciencia no hay experiencia”.
Establecimos que, si no ponemos atención y no somos intencionales, nos distraemos con mucha facilidad y no podemos ver ni sentir que Dios está presente todo el tiempo.
Pero ¿qué pasa cuando, aun esforzándome, las circunstancias, las condiciones de lo que estoy viviendo no me ayudan a sentir a Dios?
¿Qué pasa cuando estoy en medio de los problemas, en medio del dolor?
¿Cómo sentir a Dios cuando todo se está cayendo a mi alrededor?
En momentos como esos, debemos echar mano de nuestras convicciones. Si sabemos y creemos que Dios está con nosotros, debemos aferrarnos a esa verdad, porque mientras más nos aferremos a ella, más conscientes seremos de que Dios está ahí; y mientras más conscientes seamos, más podremos alinearnos y encaminarnos hacia Él .
Al igual que con tu cuerpo, el hecho de que no lo sientas; el hecho de que no lo veas; no significa que no está ahí, por eso necesitamos aferrarnos aún cuando no podamos ver.
Si viviendo el día a día de forma “normal”, dentro de la rutina, es muy fácil distraernos de Dios, no verlo y no sentirlo, ¿cuánto más no lo será en momentos de problemas y sufrimiento?
Pero pase lo que pase, Dios no cambia.
Dios no deja de estar presente.
Dios está ahí, aun cuando no lo vemos.
Hoy iremos a una de las historias más famosas del Antiguo Testamento veremos un ejemplo de justamente eso, de cómo poner enfocarnos en Dios aún en medio del dolor y de lo que significa ser consciente del “Emanuel” de Dios.
Daniel 3:1–18 NTV
El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro que medía veintisiete metros de altura y dos metros y medio de ancho y la levantó sobre la llanura de Dura, en la provincia de Babilonia. Luego envió mensajes a los altos funcionarios, autoridades, gobernadores, asesores, tesoreros, jueces y magistrados y a todos los funcionarios provinciales para que asistieran a la dedicación de la estatua que había levantado. De modo que todas estas autoridades vinieron y se pusieron de pie ante la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado. Entonces un vocero proclamó: «¡Gente de todas las razas, naciones y lenguas escuchen el mandato del rey! Cuando oigan tocar la trompeta, la flauta, la cítara, la lira, el arpa, la zampoña y otros instrumentos musicales, inclínense rostro en tierra y rindan culto a la estatua de oro del rey Nabucodonosor. ¡Cualquiera que se rehúse a obedecer, será arrojado inmediatamente a un horno ardiente!». Así que al sonido de los instrumentos musicales, toda la gente, de cualquier raza, nación o lengua, se inclinó rostro en tierra y rindió culto a la estatua de oro que había levantado el rey Nabucodonosor. Sin embargo, algunos de los astrólogos se presentaron ante el rey y denunciaron a los judíos. Dijeron al rey Nabucodonosor: «¡Qué viva el rey! Usted emitió un decreto que exige a todo el pueblo inclinarse y rendir culto a la estatua de oro al oír tocar la trompeta, la flauta, la cítara, la lira, el arpa, la zampoña y otros instrumentos musicales. Ese decreto también establece que quienes se rehúsen a obedecer serán arrojados dentro de un horno ardiente. Pues hay algunos judíos —Sadrac, Mesac y Abed-nego— a los que usted puso a cargo de la provincia de Babilonia que no le prestan atención, su Majestad. Se niegan a servir a los dioses de su Majestad y no rinden culto a la estatua de oro que usted ha levantado». Entonces Nabucodonosor se enfureció y ordenó que trajeran ante él a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Cuando los trajeron, Nabucodonosor les preguntó: —¿Es cierto, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que ustedes se rehúsan a servir a mis dioses y a rendir culto a la estatua de oro que he levantado? Les daré una oportunidad más para inclinarse y rendir culto a la estatua que he hecho cuando oigan el sonido de los instrumentos musicales. Sin embargo, si se niegan, serán inmediatamente arrojados al horno ardiente y entonces, ¿qué dios podrá rescatarlos de mi poder? Sadrac, Mesac y Abed-nego contestaron: —Oh Nabucodonosor, no necesitamos defendernos delante de usted. Si nos arrojan al horno ardiente, el Dios a quien servimos es capaz de salvarnos. Él nos rescatará de su poder, su Majestad; pero aunque no lo hiciera, deseamos dejar en claro ante usted que jamás serviremos a sus dioses ni rendiremos culto a la estatua de oro que usted ha levantado.
Es muy importante decirte, justo como lo ha venido remarcando Henry T. Blackaby en el libro “Mi experiencia con Dios”, si no tienes una relación con Dios por medio de Jesús, éste mensaje no tendrá sentido para ti.
Si no te has arrepentido de tus pecados y te has rendido al Padre creyendo en Cristo Jesús como tu único Salvador y Señor, ahora mismo puedes hacerlo. Quiero darte unos minutos para que pienses en dónde estás, en dónde está tu corazón y quizá, si has estado escuchando la voz de Dios, hoy por su gracia, puedas finalmente rendirte ante Él y nacer de nuevo.
(Tiempo para presentar el evangelio y orar por y con aquellos a quien el Señor milagrosamente llame de muerte a vida)
Estamos en época decembrina y hemos establecido como meta de éste mes, meditar en el profundo significado de lo que significan las palabras del ángel a María en Mateo 1:23 "«¡Miren! ¡La virgen concebirá un niño! Dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel, que significa “Dios está con nosotros”»."
Desde el inicio, la idea de Dios ha sido habitar entre su pueblo.
Él quiere ser el centro de nuestra vida, y que todo gire al rededor de Él.
Esto no es sólo una forma de hablar ya que desde Éxodo 25:8, el Señor ha dejado en claro que Él quiere que incluso el acomodo del campamento en la travesía del desierto tuviera en el centro al tabernáculo de reunión, lugar dónde la presencia de Dios se manifestaba.
Dios quiere que nosotros, su pueblo, habitemos al rededor de Él. Que toda nuestra vida gire en torno a Él. ¿Cómo está tu día a día? ¿En torno a quién gira?
Regresemos a Daniel 3:1-8, en ésta historia se nos muestra el inicio del momento más recordado y quizá , uno de los más peligrosos en la vida de éstos tres varones: Sadrac, Mesac y Abed-nego.
En este pasaje, Dios nos muestra tres verdades: Dios está con nosotros aún cuando todo sale mal, Dios está con nosotros aún cuando nos atacan y Dios está con nosotros aún si Él no se manifiesta. Analicemos de nuevo el pasaje y veamos cómo éstas tres verdades fueron una realidad en la vida de éstos varones y cómo, si hemos creído en Cristo Jesús también son una realidad para nuestra vida.

I. Dios está con nosotros aún cuando todo sale mal.

En Daniel 1:1–4 leemos:
Daniel 1:1–4 NTV
Durante el tercer año del reinado de Joacim, rey de Judá, llegó a Jerusalén el rey Nabucodonosor de Babilonia y la sitió. El Señor le dio la victoria sobre el rey Joacim de Judá y le permitió llevarse algunos de los objetos sagrados del templo de Dios. Así que Nabucodonosor se los llevó a Babilonia y los puso en la casa del tesoro del templo de su dios. Luego el rey ordenó a Aspenaz, jefe del Estado Mayor, que trajera al palacio a algunos de los jóvenes de la familia real de Judá y de otras familias nobles, que habían sido llevados a Babilonia como cautivos. «Selecciona sólo a jóvenes sanos, fuertes y bien parecidos —le dijo—. Asegúrate de que sean instruidos en todas las ramas del saber, que estén dotados de conocimiento y de buen juicio y que sean aptos para servir en el palacio real. Enseña a estos jóvenes el idioma y la literatura de Babilonia».
Y después leemos:
Daniel 1:6–7 NTV
Daniel, Ananías, Misael y Azarías fueron cuatro de los jóvenes seleccionados, todos de la tribu de Judá. El jefe del Estado Mayor les dio nuevos nombres babilónicos: A Daniel lo llamó Beltsasar. A Ananías lo llamó Sadrac. A Misael lo llamó Mesac. A Azarías lo llamó Abed-nego.
Así que quiero que pienses. ¿Qué tan fácil sería para ellos creer que Dios no estaba con ahí?
Dios mismo había permitido al enemigo tomar la ciudad, capturarlos y deportarlos.
En esa nueva nación les borraron la identidad, no tenían posesiones y estaban a merced de un rey que no tenía el menor respeto de lo más sagrado.
¿Pero que sucede en verso 12? (Daniel 3:12) ¡A pesar de todo deciden no adorar a algo que ellos sabían era un dios falso!
¿Cómo es esto posible? ¿No era más fácil comprometer sus creencias con tal de sobrevivir? ¿No era más fácil poner a un lado a Dios, si finalmente fue Él quien esta permitiendo que todo salga mal?
En Daniel 1:3 podemos ver que estos tres jóvenes eran nobles, eran de familias de la realeza por lo que muy seguramente fueron educados en “La Ley” de Dios y en todas las artes judías. Así que estos hombres habrían leído los textos de Moisés y varios más. Estos hombres sabían quien era Dios.
Mira lo que dicen en Daniel 3:16-17
Daniel 3:16–17 NTV
Sadrac, Mesac y Abed-nego contestaron: —Oh Nabucodonosor, no necesitamos defendernos delante de usted. Si nos arrojan al horno ardiente, el Dios a quien servimos es capaz de salvarnos. Él nos rescatará de su poder, su Majestad;
¡Ellos sabían quién era Dios! ¡Ellos eran conscientes del poder, la majestad y el amor de Dios!
Sin consciencia no hay experiencia.
¡Es justo por eso que tanto tú como yo debemos pasar tiempo en intimidad con Dios! Porque hay veces que lo único que tenemos es lo que sabemos de Dios, pero ¿y si no sabemos nada? ¿entonces con qué nos quedamos?
La vida no es un campo de rosas, no es un post de instagram ni un video de tiktok, la vida es brutal, es fría, es muchas veces muy dolorosa pero, lo único que puede ayudar a alguien a salir adelante es el conocimiento de Dios.
La verdad de Dios resonando en nuestra mente, su voz susurrando su mensaje en nuestro corazón es capaz de ayudar al hombre a vencer los más trágicos escenarios.
Una de las historias más impactantes de fe en medio del sufrimiento es la de Darlene Deibler Rose, misionera estadounidense en Papúa Nueva Guinea durante la Segunda Guerra Mundial.
Cuando Japón entró en la guerra, los misioneros extranjeros fueron enviados a campos de prisioneras. Darlene fue separada de su esposo misionero (Russell Deibler), quien murió en cautiverio en 1944. Mientras tanto, ella pasó cuatro años en un campo de prisioneras japonesas, enfrentando hambre, enfermedades (como beriberi), violencia y desesperación.
A pesar de todo el sufrimiento físico y la incertidumbre emocional, su fe se sostuvo firmemente, creyendo que Dios estaba con ella incluso cuando parecía que todo estaba en su contra.
Tras la guerra, Darlene continuó sirviendo como misionera y su historia fue contada en su autobiografía “Evidence Not Seen: A Woman's Miraculous Faith in the Jungles of World War II” donde describe cómo la fidelidad de Dios fue su ancla en medio de la prueba.
Así que, si todo en éste momento de tu vida está saliendo mal y tu has entregado tu vida a Cristo, y cómo resultado de tu arrepentimiento has nacido de nuevo y eres un hijo o hija de Dios, debo recordarte esta mañana: Dios está con nosotros aún cuando todo sale mal.

II. Dios está con nosotros aún cuando nos atacan.

¿Te has dado cuenta que en la App del clima dice “feels like” o “sensación térmica” y muchas veces el número refleja más frío o calor que la temperatura marcada?
No sé tu, pero si a mi me dices que estamos a 0 º C pero la sensación térmica es de -9º C, para mi no estamos a 0º C, estamos a -9º C.
Esto es porque la primera forma que tengo de experimentar y entender la realidad es por medio de lo que siento. Si siento frío, significa que hace frío, si siento calor significa que hace calor. Pero debemos recordar que cuando se hablamos de lo espiritual hay “dos niveles” de realidad. Lo que podemos ver y sentir y lo que no podemos ver ni sentir.
Henry T. Blackaby en el libro “Mi experiencia con Dios” dice que muchas personas consideran que Dios los está guiando o está presente en sus vidas por “las puertas abiertas” o “las puertas cerradas” que encuentran en su vida.
¿Alguna vez has estado en esa misma situación?
¿Haz tomado alguna decisión usando ése método?
Es importante que dejemos esto en claro de una vez. La ausencia de problemas, el dolor y la desgracia no significa que Dios se ha ido, no significan que Dios no quiere que vayas por ahí, de la misma forma que, el dinero, la prosperidad, la salud y la calma no significa que Dios te esté bendiciendo o guiando por dónde Él quiere llevarte.
Pensemos que, como dice Blackaby; “Dios te está invitando a unirte a su obra” predicando el evangelio pero eso significa que tendrías que conducir 2 horas diarias a otro pueblito dónde Dios ya comenzó a obrar pero para lograrlo debes salir justo a tiempo del trabajo pero en la planta quieren que hagas horas extra. ¿Será que Dios te está cerrando la puerta? ¿Que piensas?
No podemos dejarnos llevar solamente por lo que vemos.
En Juan 16:33 dice:
Juan 16:33 NTV
Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.
A veces no solo las circunstancias estarán “en tu contra” por obedecer a Dios. A veces, habrá personas que intencionalmente te atacarán por que has decidido obedecer a Dios.
En Daniel 3:8-12 dice:
Daniel 3:8–12 NTV
Sin embargo, algunos de los astrólogos se presentaron ante el rey y denunciaron a los judíos. Dijeron al rey Nabucodonosor: «¡Qué viva el rey! Usted emitió un decreto que exige a todo el pueblo inclinarse y rendir culto a la estatua de oro al oír tocar la trompeta, la flauta, la cítara, la lira, el arpa, la zampoña y otros instrumentos musicales. Ese decreto también establece que quienes se rehúsen a obedecer serán arrojados dentro de un horno ardiente. Pues hay algunos judíos —Sadrac, Mesac y Abed-nego— a los que usted puso a cargo de la provincia de Babilonia que no le prestan atención, su Majestad. Se niegan a servir a los dioses de su Majestad y no rinden culto a la estatua de oro que usted ha levantado».
¿Puedes ver cómo estos hombres usan palabras aduladoras para quedar bien con el rey y que así tener entrada para acusar a Sadrac, Mesac y Abed-nego?
Esta denuncia, desde mi perspectiva tiene más tintes personales que legales. Pareciera que los astrólogos tiene algún conflicto de carácter personal en contra de los seguidores de Dios. ¿Te suena familiar?
El que nos ataquen por obedecer a Dios no debe tomarnos por sorpresa y no debemos permitir que nos distraiga. La oposición no significa que Dios no está aquí, ni tampoco significa que Dios nos ha olvidado.
Jesús nos habló de esto en
Mateo 5:10–12 NTV
Dios bendice a los que son perseguidos por hacer lo correcto, porque el reino del cielo les pertenece. »Dios los bendice a ustedes cuando la gente les hace burla y los persigue y miente acerca de ustedes y dice toda clase de cosas malas en su contra porque son mis seguidores. ¡Alégrense! ¡Estén contentos, porque les espera una gran recompensa en el cielo! Y recuerden que a los antiguos profetas los persiguieron de la misma manera.
La persecución no es excepción, es parte del camino del discipulado.
Juan 15:18–20 NTV
»Si el mundo los odia, recuerden que a mí me odió primero. Si pertenecieran al mundo, el mundo los amaría como a uno de los suyos, pero ustedes ya no forman parte del mundo. Yo los elegí para que salieran del mundo, por eso el mundo los odia. ¿Recuerdan lo que les dije? “El esclavo no es superior a su amo”. Ya que me persiguieron a mí, también a ustedes los perseguirán. Y, si me hubieran escuchado a mí, también los escucharían a ustedes.
Mateo 10:22 NTV
Todas las naciones los odiarán a ustedes por ser mis seguidores, pero todo el que se mantenga firme hasta el fin será salvo.
El ataque no es señal de fracaso espiritual, sino de fidelidad.
Fíjate como los primeros cristianos interpretaron el ataque, Hechos 5:40-41
Hechos de los Apóstoles 5:40–41 NTV
Los otros miembros aceptaron su consejo. Llamaron a los apóstoles y mandaron que los azotaran. Luego les ordenaron que nunca más hablaran en el nombre de Jesús y los pusieron en libertad. Los apóstoles salieron del Concilio Supremo con alegría, porque Dios los había considerado dignos de sufrir deshonra por el nombre de Jesús.
¿No es interesante que para ellos el ataque, el dolor e incluso las golpizas no fue ausencia de Dios sino todo lo contrario? ¡Ellos fueron capaces de ver a Dios obrar aún en medio del ataque!
Dios está con nosotros aún cuando nos atacan.
El mes pasado tuve la oportunidad de escuchar al pastor Tony Merida en la orientación de Send Network, y el predicó un pasaje que me impactó mucho. Vayamos a 2 Cronicas 20:12
2º Crónicas 20:12 NTV
Oh Dios nuestro, ¿no los vas a detener? Somos impotentes ante este ejército poderoso que está a punto de atacarnos. No sabemos qué hacer, pero en ti buscamos ayuda».
El rey Josafat, rey de Judá, estaba enfrentando una situación humanamente imposible. Tres ejércitos enemigos (moabitas, amonitas y meunitas) se habían unido para atacar a Judá. No era un problema pequeño ni una amenaza lejana: el enemigo ya estaba muy cerca.
Josafat no tenía un ejército suficientemente fuerte para enfrentar esa alianza. No había una estrategia militar clara, ni un plan alterno. Todo estaba en su contra.
En lugar de entrar en pánico o confiar solo en su fuerza, Josafat hizo algo muy importante: buscó a Dios. Convocó a todo el pueblo a ayunar y a orar. Hombres, mujeres y niños se reunieron delante del Señor, reconociendo su total dependencia de Él.
En medio de esa oración, Josafat dijo las palabras que encontramos en 2 Crónicas 20:12: “No sabemos qué hacer, pero en ti buscamos ayuda.” En el texto original dice “nuestros ojos están en ti”
Ese versículo no nace de la calma, sino de la crisis, del ataque, del peligro real y cortante de tener enfrente al enemigo.
No es una frase poética, es una confesión honesta: “Dios, no tenemos la capacidad, no tenemos el control, no tenemos la respuesta… pero confiamos en Ti.”
Dios responde a esa oración asegurándoles que la batalla no era de ellos, sino del Señor. Judá no tendría que pelear como normalmente se pelea una guerra; Dios mismo pelearía por ellos. Al final, el pueblo solo fue testigo de cómo Dios derrotó a sus enemigos.
Es justamente por eso que no podemos confiar en las puertas cerradas y en las puertas abiertas porque, no se trata de lo que no podemos hacer o de lo que podemos hacer, sino de lo que Dios puede hacer.
Muchas veces, Dios permite que experimentemos ataques y tribulación para que de forma intencional le busquemos. Así que, si estás pasando por un momento de ataque, no te distraigas pensando que Dios no está ahí, sino como dijo Josafat: “No se qué hacer, pero pongo mis ojos en ti, y en ti confío.”

III. Dios está con nosotros aún si Él no se manifiesta.

Quiero que notes algo: hasta este punto del capítulo, Dios no ha hablado.
No hay una visión.
No hay un ángel.
No hay una “señal del cielo”.
No hay una voz que diga: “Sadrac, Mesac y Abed-nego, todo va a estar bien”.
Y eso es importante, porque a veces así se siente el dolor: silencioso.
A veces el ataque no viene con una explicación.
A veces la prueba no viene con una sensación de paz inmediata.
A veces tú oras, buscas, te acercas… y no “sientes” nada.
Y es justo ahí donde muchos se rinden: “Si Dios estuviera conmigo, yo lo sentiría… yo lo vería… se manifestaría…”
Pero Daniel 3 nos enseña una verdad que nos sostiene el alma:
Dios no está ausente solo porque no se manifiesta como tú esperas.
Mira lo que pasa en los versículos 13 al 15. Nabucodonosor los manda llamar, se enfurece, y les da una última oportunidad. En otras palabras: “Comprométanse un poquito. Háganlo una vez. Nadie tiene que enterarse. Solo sobrevivan.”
Y luego suelta una frase cargada de orgullo:
“¿y entonces, qué dios podrá rescatarlos de mi poder?”
Esa pregunta es una trampa.
Porque el rey está intentando obligarlos a demostrar a Dios.
Está presionándolos a que su fe dependa de un “resultado”: “Si tu Dios es real, que actúe ya.”
Y ahí es donde estos tres hombres revelan lo que realmente creen.
Daniel 3:16–18 es una de las respuestas más maduras de fe en toda la Biblia:
Daniel 3:16–18 NTV
Sadrac, Mesac y Abed-nego contestaron: —Oh Nabucodonosor, no necesitamos defendernos delante de usted. Si nos arrojan al horno ardiente, el Dios a quien servimos es capaz de salvarnos. Él nos rescatará de su poder, su Majestad; pero aunque no lo hiciera, deseamos dejar en claro ante usted que jamás serviremos a sus dioses ni rendiremos culto a la estatua de oro que usted ha levantado.
¿Lo viste? Su confianza no estaba en una manifestación, sino en el carácter de Dios.
Ellos no dijeron:
“Dios nos va a salvar porque nosotros somos muy valientes.”
No dijeron:
“Dios nos va a salvar porque nos lo debe.”
No dijeron:
“Dios nos va a salvar porque ya sentimos paz.”
Dijeron algo mucho más fuerte:
“Dios puede… y aunque no… igual no me muevo.”
Esta es una fe que no depende de la emoción.
No depende del “feels like”.
No depende de puertas abiertas o cerradas.
No depende de si el horno se enciende o se apaga.
Depende de una sola convicción: Dios sigue siendo Dios, y yo le pertenezco.
Familia, esto es lo que el dolor produce cuando Dios está en el centro:
una fe que no negocia.
una fe que no se vende.
una fe que no se doblega ante la presión.
Porque la idolatría siempre funciona así: te ofrece vida… pero te cobra el alma.
Te ofrece comodidad… pero te roba la fidelidad.
Te promete seguridad… pero te exige adoración.
Quizá tú no estás frente a una estatua de oro, pero sí estás frente a una presión real.
La presión de mentir “poquito” para no perder el trabajo.
La presión de callarte para no ser criticado.
La presión de comprometer lo que es correcto moralmente para “encajar”.
La presión de rendirte a la amargura, al resentimiento o a la desesperanza porque “Dios no hizo lo que tú querías”.
Y lo que Dios te está preguntando hoy no es: “¿Sientes mi presencia?”
La pregunta es: “¿A quién vas a adorar cuando no me veas?”
Porque tu adoración revela tu centro.
Y en el dolor, lo que está en el centro siempre sale a la luz.
A veces Dios no se manifiesta como esperamos…
pero aun así nos está sosteniendo.
Como con tu respiración y tu corazón: tú no lo ves, tú no lo sientes, pero está ocurriendo.
Y en lo espiritual pasa igual: Dios sigue obrando incluso cuando tú no lo percibes.
La cruz lo confirma.
El día que Jesús murió, parecía que el Padre guardó silencio.
Parecía que todo se perdió.
Parecía que el mal ganó.
Pero en ese silencio, Dios estaba llevando a cabo el plan más grande de salvación.
La ausencia de manifestación no era ausencia de Dios; era profundidad del propósito de Dios.
Dios está con nosotros aun si Él no se manifiesta como nosotros quisiéramos.
Quizá tú estás viviendo el dolor de una pérdida.
Quizá estás en medio de ataque, oposición o injusticia.
Quizá no oras porque sientes que nada ha de cambiar, porque quizá no sabes cómo orar o para qué.
Quizá estás a punto de inclinarte ante “la estatua” de este mundo: comprometer tu fe para sobrevivir.
Hoy, el Señor te está llamando a hacer lo que hicieron estos tres hombres:
poner a Dios en el centro otra vez.
Ven y dile al Señor:
“Padre, no entiendo… pero confío.”
“No veo… pero creo.”
“No siento… pero no me voy a rendir.”
“Dame fuerzas para no doblarme.”
“Recuérdame que Tú estás conmigo.”
Ven.
Oremos juntos.
No venimos a fingir que todo está bien.
Venimos a declarar que, aun en el dolor, Dios está aquí.
ORACION COLECTIVA
Recuerda: Dios está con nosotros.
Emanuel es real, ya vino.
Eres amado.
Related Media
See more
Related Sermons
See more
Earn an accredited degree from Redemption Seminary with Logos.