La Luz que lo cambia Todo III
La Luz que lo Cambia Todo • Sermon • Submitted • Presented
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· 5 viewsEl peregrinar y regalos de los sabios tiene un mensaje para nosotros hoy
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El Gozo que Transforma
El Gozo que Transforma
Necesitamos servidores en el área de Multimedia. Comprometidos, con deseos de aprender, puntualidad.
En la Navidad, que todos traigan lo que van a cenar y un poquito más para compartir.
Los que van a participar que se apunten con David Hernández
Reunión de Varones, a partir de Enero
Ahora sí familia ¿cómo están? ya se siente la Navidad en Casa, tanto por los adornos, como por los cambios en la zona de la CaFe. Gracias a Evelyn por entregar a Dios su talento, habilidad, tiempo, recursos junto con otras personas que han contribuido de manera personal y a toda la iglesia, que hacemos posible esto.
En Hageo 1 hay una narración interesante en que Dios le dice al pueblo que sólo se preocupan por ellos mismos, que viven en casas lujosas, pero no se preocupan por la Casa de Dios. Es parte de nuestra mayordomía, embellecer este lugar de reunión.
Bueno, dicho eso, continuamos con los temas de Adviento, la preparación para la llegada de la Navidad. Hemos hablado de La Esperanza Anhelada con la historia de Zacarías, un sacerdote anciano que no tiene hijos, de pronto Dios envía un ángel para darle un mensaje diciéndole que sí ha escuchado su oración, esa oración que dejó de hacer hace varios años, pero que ha llegado el tiempo de responderla ¡tendrá un hijo! Él y su esposa Elizabet habían dejado de orar ¡ya son muy ancianos! pero para Dios no hay imposibles y ÉL que ha escuchado la oración, tiene el poder para hacer posible lo imposible.
La semana pasada vimos la historia de unas personas despreciadas por la sociedad, no eran considerados como importantes, pero Dios envía un ángel para darles el mensaje más glorioso que traerá Paz Inesperada, porque es una paz que no depende de la circunstancia, sino que surge de adentro y es puesto ahí por Dios mismo.
Hoy hablaremos del gozo, un gozo que cambia todas las cosas, un Gozo que Transforma. Para empezar la pregunta de rigor ¿cuál es la diferencia entre amar y querer? creo que todos sabemos la respuesta gracias a José José; ahora dime ¿cuál es la diferencia entre placer y gozo? (PREGUNTAR Y ESPERAR RESPUESTAS)
El placer es rápido, superficial y depende de las circunstancias. Por ejemplo, una buena comida en los Chavales da mucho placer, pero en unas 4 horas quieres ir otra vez, porque es un placer momentáneo. Un concierto te da placer, te emocionas, brincas, pero sales y vuelves a tu “realidad”. Un partido de algún deporte te mantiene al borde del asiento y te alegras...o sufres, pero pasa, porque también es momentáneo.
En cambio, el gozo es profundo, constante y es independiente de las circunstancias. Es algo parecido con la paz que vimos la semana pasada. Tanto el gozo como la paz es fruto del Espíritu y están interconectadas, pero cumplen funciones distintas en tu vida.
La paz te da calma, ausencia de ansiedad; el gozo es contentamiento, celebración.
La paz te da estabilidad y la cimentación; el gozo te da energía y formas de expresarte.
La paz nace de la confianza y una relación correcta con Dios, es saber que, pase lo que pase Dios tiene el control; el gozo nace de las promesas de Dios, en haber encontrado y tener a Jesús en el corazón.
La paz se expresa en quietud en la tormenta; el gozo es la celebración y el entusiasmo a pesar de la dificultad.
La paz combate la ansiedad y la angustia; el gozo combate el desánimo y la desesperación.
La paz es el ancla que te mantiene estable y evita que el barco se mueva, aunque la tormenta azote, el ancla te mantiene estable e impide que choques contra las rocas es la certeza de que no te vas a hundir.
El gozo es la música que pones en la cabina, la tormenta sigue, pero tú cantas celebrando la fidelidad de Dios, tu Capitán. Es la energía que te recuerda que tu destino es valioso, aunque el viaje sea difícil.
La paz te da estabilidad, el gozo te da entusiasmo.
Veremos esto en el relato de los sabios de oriente, mejor conocidos como los reyes magos. En ellos veremos ese gozo profundo, que te impulsa y contrasta con el placer superficial y el miedo paralizante de Herodes, en un momento más veremos por qué.
Vamos a Mateo 2, donde el drama de la Navidad ahora se va de Belén a Jerusalén.
“Jesús nació en Belén de Judea durante el reinado de Herodes. Por ese tiempo, algunos sabios de países del oriente llegaron a Jerusalén y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Vimos su estrella mientras salía y hemos venido a adorarlo».” (Mateo 2:1–2, NTV)
Lo primero que vemos es que el gozo Nace de una búsqueda intencional.
El viaje de los sabios no fue algo coincidente, no fue un viaje de cortesía, estos hombres que eran astrólogos de la época, quizá consejeros de la corte de Persia, al estar observando el cielo descubren algo inusual, han aprendido a diferenciar estrellas, cometas, astros e identifican algo que les llama la atención y es algo tan importante que ¡deben saber más! Pero para descubrirlo deben hacer una inversión enorme.
Después de decidir seguir “eso” que se ve en el cielo, concluyen que vale la pena el viaje ¡a dónde los lleve! requieren equipo, bestias de carga, siervos, alimentos, tiempo, todo eso representa una gran inversión, es más ¡sus vidas mismas están en riesgo! Era un viaje peligroso, irán a lugares desconocidos para ellos.
En otras palabras, nosotros sabemos cómo termina la historia ¡ellos no! Pero sabían, sospechan que a dónde los llevará esa estrella, será algo magnifico, algo glorioso, algo que hará que todo eso valga la pena.
O sea que, aunque no sabían qué o a quién encontrarían, salieron a buscarlo. Lo encontraron ¡porque lo buscaron intencionalmente!
El gozo que te va a transformar no será producto de un accidente o casualidad; no es que un día te vas a levantar y dirás: ¡ah caramba qué gozo siento hoy! No es así, no pasa así, es el resultado de invertir en lo que realmente importa.
Es como creer que un día voy a despertar y digo ¡ah caramba qué cuerpazo me traigo! Sergio y Gael se quedan cortos, ¡no es así! si quiero esos músculos debo ser intencional, invertir.
El gozo es el resultado de invertir en lo que realmente importa.
Si andas por la vida buscando placer lo puedes encontrar en cualquier esquina y lo encuentras de muchas formas ¡pero dura poco! Si buscas gozo, tienes que ser intencional, tienes que moverte, tomar decisiones, hacer preguntas a las personas adecuadas, preguntas tales como ¿dónde está el REY? y tienes que seguir la guía que Dios te pone enfrente para darte dirección.
El gozo de Dios requiere esfuerzo y persistencia. Porque, para dejar atrás la comodidad deberás tomar una decisión y ¡hacerlo! El gozo, no siempre es sinónimo de comodidad, no son excluyentes, pero a veces no viene en el mismo paquete.
Para dejar tu “oriente”, tu zona de comodidad, de confort y seguirle la pista al REY, debes tomar una decisión. Porque llegará un momento que el Gozo que transforma, va a chocar con el miedo.
Miedo a lo desconocido, miedo a ser desplazado. Cuando los sabios llegan a Jerusalén, sucede algo que revela por qué el mundo, la cultura, la sociedad se resiste a ese gozo.
“Cuando el rey Herodes oyó eso, se perturbó profundamente igual que todos en Jerusalén. Mandó llamar a los principales sacerdotes y maestros de la ley religiosa y les preguntó: —¿Dónde se supone que nacerá el Mesías?” (Mateo 2:3–4, NTV)
Herodes era el rey. Escuchar la noticia que ha de nacer el “rey de los judíos” no le hizo mucha gracia, no le simpatizó, no le dio gozo ¡sintió una amenaza! Su reacción fue el miedo que perturba.
Herodes era un hombre cruel, capaz de asesinar a sus propios hijos, así que cuando “todos en Jerusalén” se enteran de que está perturbado, ellos tiemblan, porque saben que es capaz de muchas cosas.
Herodes representa a todos quienes han cimentado su vida o su identidad o su seguridad alrededor de su propio trono, porque creen que son ellos quienes lo han construido. Tienen su seguridad en lo que les rodea.
Si has construido tu vida basándote en que tú has logrado todo eso, tú eres el rey, tu palabra es la ley, tú decides qué se hace, tú dices qué se compra o qué no, quién habla, tú eres quien manda, de entrada, empiezas con la decisión de que tú nunca te equivocas, entonces la venida de Jesús el verdadero REY ¡será una amenaza para ti! y no una bendición.
El nacimiento de Jesús revela la diferencia entre el miedo de Herodes. Miedo a perder el control, miedo a perder o ceder el derecho a decidir, la autoridad. Miedo a entregar todo lo que “tú has construido” y dárselo al nuevo REY.
En cambio, los magos tienen gozo de encontrar el Camino correcto, de encontrar la perla de gran precio, el mayor tesoro por el que bien vale la pena entregar todos “sus tesoros”.
El gozo que transforma es incompatible con ser tu propio dios. El gozo que no se acaba, que no depende de las circunstancias no será posible si sigues queriendo ser tú el rey ¡no será posible! Tendrás pequeños placeres que vas a querer disfrazar de gozo.
El gozo profundo culmina en la Adoración y entrega de Ofrendas.
Los magos reciben la dirección, salen de Jerusalén y de pronto, la guía que habían dejado de ver ¡regresa!
“Después de esa reunión, los sabios siguieron su camino, y la estrella que habían visto en el oriente los guió hasta Belén. Iba delante de ellos y se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella, ¡se llenaron de alegría!” (Mateo 2:9–10, NTV)
Al ver la estrella ¿qué pasó? ¡Se llenaron de alegría! Ven la estrella, la guía, ahora saben que tienen dirección. No saben cuánto más van a caminar, pero lo importante es que ¡tienen dirección! tienen destino.
“Entraron en la casa y vieron al niño con su madre, María, y se inclinaron y lo adoraron. Luego abrieron sus cofres de tesoro y le dieron regalos de oro, incienso y mirra.” (Mateo 2:11, NTV)
¿Cuál fue la respuesta a ese gozo? Dos cosas que siempre van juntas:
Adoración y entrega. Se inclinan y lo adoran. Se postran, se rinden, ellos mismos se entregan. Reconocen que ese bebé era más grande que su conocimiento, su sabiduría, su viaje, sus títulos.
Lo otro que hacen es: entregan sus ofrendas de oro, incienso y mirra, en otras palabras ¡rinden todo! Lo más valioso que tenían.
Los regalos no sólo eran valiosos en precio de mercado, sino el simbolismo y el costo que representa para ellos es también importante.
El oro era el metal precioso, la moneda de cambio, la reserva de valor y la seguridad económica, era de la realeza, representaba la seguridad financiera. Actualmente nuestra seguridad financiera depende del colchón, de lo ahorrado, la inversión, el banco y es lo que más cuesta soltar y darlo al REY de reyes.
Ellos rinden su estabilidad y poder adquisitivo, para nosotros es darle a Jesús la última palabra sobre nuestras finanzas.
El Incienso es una resina aromática quemada sólo en el templo durante la adoración; no tenía otro uso práctico diario, era sólo para honrar a la deidad. Es la adoración y representa lo personal y lo espiritual. Es nuestro tiempo y talento, lo que usamos para adorar y servir a Dios. El único recurso no renovable que podemos entregar al REY ¡es nuestro tiempo! El uso que damos a lo que ÉL nos ha dado.
El valor de ofrecerle incienso es que, con esa entrega, reconocen su devoción a Jesús como REY. Rendirle a Jesús el mejor uso de nuestro tiempo, talento, y adoración.
La mirra era una resina amarga usada para embalsamar, preparar un cuerpo para el entierro, era el regalo más “raro”, sombrío, porque apunta al futuro de Jesús. Representa la mortalidad y el sacrificio, representa el futuro incierto.
Para nosotros representa nuestros planes, metas, el control de la agenda, lo que más tememos sacrificar: nuestra comodidad, nuestra visión personal del futuro, estudios, trabajo, carrera, jubilación.
Es entregarle a Dios el derecho a cambiar nuestros planes de vida.
Entonces lo de más valor que llevaron los sabios no fueron objetos, sino la renuncia al control que ese objeto representaba: el oro les daba seguridad, al darlo, renuncian su seguridad personal, por el REY. El incienso les costó esfuerzo conseguirlo, al darlo, rindieron Su servicio, esfuerzo, al REY. La mirra, era una verdad incómoda, al darlo, rinden su futuro al REY.
El gozo que transforma ¡no es barato! cuesta lo más valioso que tememos: nuestra seguridad, servicio y el control sobre el futuro.
Entonces, el gozo que Dios ofrece no es sólo un sentimiento agradable, es la emoción profunda que resulta de rendirle al REY lo más valioso que posees, ya sea tu tiempo, servicio y futuro. El gozo que transforma tu vida es el que viene en la adoración genuina.
Ahora te pregunto, últimamente ¿has perdido el gozo? si es así ¡busca una vez más al REY! Quizá has estado ocupado protegiendo tu pequeño “trono”, “reino” como Herodes ¡entrega tus regalos al REY!
El gozo de la Navidad está disponible, pero requiere que salgas de tu comodidad y que al encontrar al REY le rindas, le entregues tu mejor tesoro.
Palabra de Dios
Oremos
