La batalla dentro de mí

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Una de las realidades espirituales mas impactantes que el creyente debe reconocer es la lucha entre la carne y el espíritu. Muchas veces nos sentimos frustrados e impotentes porque aunque deseamos agradar a Dios, nos encontramos fallandole repetidamente.
Esto no es hipocresía, es una realidad que debemos reconocer. Sin embargo, esto no significa que debemos rendirnos al hecho de que nunca podremos agradar y obedecer a Dios. El apostol Pedro exhortaba con urgencia a los creyentes:
1 Pedro 2:11 RVR60
Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma,
Vivimos en medio de una batalla espiritual como antes lo hemos enseñado. Sin embargo, esa no es la única batalla que tenemos que enfrentar, sino tambien la batalla contra la carne. Para esto, es necesario entender estos terminos biblicos:

¿Que es la carne?

El termino griego σάρξ (särks) significa carne y hace referencia en la Biblia a: (1) el cuerpo físico del hombre y (2) la naturaleza pecaminosa. Vamos a estudiar este segundo uso del termino sarx; es decir, el remanente de la vieja naturaleza humana, caída y centrada en el yo. Esta carne se resiste al señorío de Cristo, es decir, quiere ser su propio dios. Afecta la mente, las emociones y la voluntad (Efesios 2:3).

¿Que es el Espiritu?

Se refiere al Espíritu Santo, la tercera persona de la Trinidad, que viene a morar en el creyente en el momento de la regeneración. Él implanta una nueva naturaleza y nuevos deseos.
Su característica: La dependencia y la gloria de Cristo.
Su alcance: Regenera nuestro espíritu humano para tener comunión con Dios.
Lo que enseña la Palabra de Dios es que los creyentes vivimos en una tensión y conflicto inevitable durante todo el tiempo de nuestra peregrinación:
Gálatas 5:17 RVR60
Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.
Pablo indica que entre la carne y el Espíritu existe una confrontación directa. En pocas palabras, la carne no quiere someterse al señorío del Espíritu Santo y el Espíritu de Dios no se agrada de los designios de la carne. Ahora, cada uno de estos apuntan a direcciones opuestas y tienen resultados claros y contundentes.
Romanos 8:6 RVR60
Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.
Romanos 8:13 RVR60
porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.
Gálatas 6:8 RVR60
Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.
Queda claro que seguir los lineamientos y los impulsos de la carne sin obedecer a Dios trae terribles consecuencias a nuestra propia vida, a la de otros y a la iglesia del Señor. Dios puede perdonarnos si pedimos perdón de corazón, pero aun tendremos que lidiar con muchas de las consecuencias de nuestros actos. Ocuparse, vivir y sembrar para nuestra carne solo trae muerte y corrupción. Por el contrario, ocuparse, vivir y sembrar para el Espíritu siempre nos traerá vida y paz.

El papel de la Ley en la lucha contra la carne

Teniendo este conflicto tan claro y los resultados tan contundentes, al parecer alguien tendría que ser muy necio para seguir el camino de la carne y asi sufrir sus terribles consecuencias. Sin embargo, vemos que aun el apostol Pablo experimentó una terrible batalla en este sentido. Y si este siervo del Señor sufrió ello, ¿que nos espera a nosotros?
El apostol Pablo registra una experiencia desgarradora para un creyente: el quiere agradar a Dios; pero ve que no le es posible hacerlo. Vamos a analizar mas detalladamente este pasaje:
Romanos 7:7–12 RVR60
¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto. Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte; porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató. De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.
Pablo enseña claramente que la Ley de Dios no es pecaminosa ni mala en su esencia. La Ley de Dios es santa, justa y buena. Nos muestra el caracter de Dios y lo que a El le agrada. Está llena de promesas de bendición para quienes le obedecen. Denuncia nuestra maldad y señala lo oscuro y malvado de nuestro corazón. Le da el sentido de pecado a lo que hacemos porque sin Ley no hay infracción. El asunto con la Ley no es que sea defectuosa, sino que nuestro corazón es malvado. No podemos obedecer la Palabra de Dios no porque sea inalcanzable o sea pecaminosa o defectuosa. No la podemos obedecer porque nuestro corazon es pecaminoso, inclinado al mal y perverso.
Es el corazón pecaminoso que “produce” todo tipo de comportamiento malvado. Es el corazón pecaminoso quien maquina desobedecer la Palabra de Dios. Es el corazón pecaminoso quien tuerce y malinterpreta las Sagradas Escrituras a conveniencia, juzgando a otros; pero excusandonos a nosotros mismos. Es el corazón pecaminoso quien nos lleva a la muerte que es el pago de la desobediencia. Es el corazón pecaminoso que nos engaña, haciendonos creer que podemos vivir una vida de desobediencia y no experimentar consecuencias.
Romanos 7:13–20 RVR60
¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso. Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.
Pablo ahora aborda el tema de la utilidad de la Palabra de Dios. Ya hemos visto que la Ley de Dios no es mala en su esencia. Lo que vemos ahora es que tampoco produce mal. No es la Palabra de Dios la culpable de las herejias, sino que los falsos maestros tuercen la Escritura para hacer decir a la Biblia algo que ella no dice. De la misma manera, el corazón pecaminoso del ser humano malusa, tuerce y distorsiona la Palabra de Dios para justificarse a si mismos, para encontrar excusas y desobedecer a Dios.
La Ley es espiritual, el ser humano es carnal, aun los creyentes, y por ende susceptibles al pecado. Pablo reconoce la incoherencia en su propia vida: no logra hacer lo que desea (obedecer a Dios); sin embargo, termina haciendo aquello que aborrece (desobedecer al Señor). No hablamos de un incrédulo que vive una vida de continua desobediencia, sin importarle las consecuencias de sus pecados. Hablamos de un creyente que sabe que está mal lo que hace, que quiere de corazón obedecer a Dios; pero no logra hacerlo. Es débil, frágil, inmaduro, inconsistente, incoherente, voluble. No logra caminar en el Espíritu, sino que siempre está cayendo y tropezando en el pecado.
Un buen punto de quiebre que puede ser el inicio para un cambio y crecimiento verdaderos es cuando reconocemos nuestra debilidad: Pablo reconoce: “Yo soy carnal, vendido al pecado”. Sin embargo, la Ley es espiritual, entonces hay una discrepancia de niveles. Es decir, no estamos en el mismo nivel: la Palabra de Dios es espiritual y puede entenderse por personas espirituales, que han sido redimidas por la sangre del Cordero y que están creciendo, sometiendose al Espíritu Santo. La Palabra de Dios no puede entenderse por personas carnales, sometidas a su carne, que no están renovando su mente y no están sometiendose al Espíritu Santo.
Una persona carnal es una persona que se ha vendido al pecado. Esto es una contradicción con el concepto teológico de redención. La redención implica que hemos sido comprados y rescatados del pecado y de la condenación. El creyente carnal vuelve a venderse al pecado y a la esclavitud de la muerte. Rechaza a su amo que lo liberó y vuelve al pecado y sus consecuencias.
Ahora, cuando Pablo dice en Romanos 7:20 "Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí." se refiere no a una exclusion de responsabilidad, sino la declaración de una guerra en el interior del creyente. Si, hemos sido salvados por Dios. Hemos recibido un nuevo corazón y una nueva mente que anhela y desea conocer y obedecer al Señor. Sin embargo, tambien albergamos una naturaleza carnal que procura hacer lo malo delante de Dios porque persigue su propia agenda, se mueve por sus propios impulsos y reclama libertad y poder para hacer lo malo delante de Dios.
Hermano, tiene que reconocer que el problema por el cual no despego en mi vida espiritual y no avanzo en la fe no es por factores externos o por alguna deficiencia en la Palabra de Dios, sino en mi propio corazón. Soy yo quien da lugar a mi naturaleza carnal en vez de caminar en el Espiritu.

La dualidad en la vida del creyente

Romanos 7:21–25 RVR60
Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.
El creyente tiene el deseo pero no la fuerza para hacer lo correcto. Tiene el conocimiento de lo que debe hacer; pero no la fuerza para aplicarlo a su vida diaria. Esto solo añade confusión, verguenza y responsabilidad al saber hacer lo bueno, pero no hacerlo. Segun el hombre interior se deleita en la ley de Dios, reconoce que es bueno seguir, servir, adorar y obedecer a Dios. Sin embargo, si ves su vida, ves una persona que no congrega regularmente, no sirve en un ministerio, no adora a Dios con sus diezmos y ofrendas, no ora, no lee la Palabra, sino que constantemente cae en pecados recurrentes. ¿Por que sucede esto?
Hemos visto entonces que, aunque la Ley es buena y santa, no tiene poder para vencer a la carne por cuanto se configura en reglas externas a la persona. Es decir, la Ley nos dice que debemos hacer y que no debemos hacer; pero no nos da el poder para hacerlo. Intentar vencer a la carne con solo la obediencia externa a la Ley solo la fortalece y nos vuelve hipocritas, es decir personas que externamente “parece” que cumplen la Ley pero no lo hacen de corazón. Es mas, Pablo dice: veo que el mal está en mi. El pecado y la inclinacion al mal es inherente a nuestra condición caída. El gran problema es que esto es natural para una persona incrédula; pero para un creyente esto no deberia ser asi. Sin embargo, Pablo, el creyente, el hijo de Dios, el siervo del Señor exclama: veo que el mal está en mi, hay una ley en mis miembros que se rebela contra la ley de mi mente y me lleva cautivo a la ley del pecado.
Pablo reconoce que no es lo que era antes de conocer a Cristo; pero tampoco es lo que Cristo quiere que sea. Y no solo porque le falta crecer y madurar, sino porque intencionalmente muchas veces se ve tentado a regresar, a retroceder, a desconfiar de Dios, a desesperarse, a dejarse llevar por la vanagloria de esta vida, a afanarse por los pecados y por la maldad de este mundo.

Ejemplos de creyentes que cedieron a la tentación

Pedro niega a Jesús la noche de su crucifixión —> Mateo 26:74–75 "Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo. Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente."
Los discipulos duermen mientras su Maestro batalla en Getsemaní —> Mateo 26:40–41 "Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil."
Ananias y Safira mienten al Espiritu Santo —> Hechos de los Apóstoles 5:3–4 "Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios."
Pedro cede ante los judaizantes en Antioquia —> Gálatas 2:11–12 "Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar.Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión."
Los corintios y su comportamiento carnal —> 1 Corintios 3:1–4 "De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?"
Los corintios y el pecado sexual —> 1 Corintios 5:1 "De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre."
Demas abandona a Pablo —> 2 Timoteo 4:10 "porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica. Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia."
Vemos que hay ejemplos de muchos creyentes que han cedido a la tentacion y han experimentado quebrantos por ceder a su naturaleza carnal. Sin embargo, hay esperanza en la Palabra de Dios. Note lo que Pablo exclama: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”. Este es el clamor de un verdadero creyente que quiere obedecer a Dios. Es la interrogante de quien quiere encontrar victoria frente al pecado, que peca pero que aborrece su pecado. Un verdadero creyente quiere, desea, anhela hacer la voluntad de su Señor. Puede vivir eventualmente episodios de inmadurez, de frialdad espiritual, de desobediencia; sin embargo, no se deleita en su pecado. No correr a pecar fervientemente, sin preocuparse de hacer o no la voluntad del Señor.
Que importante es el corazón y la actitud del creyente frente al pecado. Si dicha persona no quiere ya mas pelear, si ya se rindió en su lucha contra el pecado, entonces hemos cruzado una linea muy peligrosa. El verdadero creyente no debe vivir practicando el pecado.
1 Juan 3:9 RVR60
Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.
La Biblia habla acerca de la lucha contra el pecado que el creyente debe evidenciar:
2 Corintios 7:1 RVR60
Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.
Gálatas 5:16 RVR60
Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.
¿Que es entonces lo que el creyente debe hacer? El creyente debe anhelar obedecer a Dios, debe orar a Dios para que le de poder para obedecerle, debe alimentarse de la Palabra de Dios para renovar su mente y desear obedecer a Dios.
Gálatas 5:25–26 RVR60
Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.

Caminar en el Espiritu

Pablo decia “A pesar de que soy un miserable pecador, doy gracias a Dios por Jesucristo”. Sin Cristo hermanos estariamos perdidos y condenados al infierno eterno. Fue Cristo quien se encarnó en este mundo, vivió una vida perfecta en el Espíritu y murió en la cruz del calvario para librarnos de la condenación de la carne. No solo eso, sino que nos dio su Espíritu Santo para que podamos obedecer a Dios con un nuevo corazón y una nueva mente.
Es decir, a pesar de que somos carnales y vivimos en esa tension y lucha constante, el diseño de Dios para la salvación de los suyos considera que podamos vivir en victoria, no en derrota espiritual.
Romanos 8:3–4 RVR60
Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
Por ello, ahora, el creyente puede vencer a la carne cuando seguimos el diseño de Dios. Pablo enseña que si los creyentes hemos sido regenerados por el Espíritu, es propio que ahora sigamos viviendo y dependiendo del Espíritu para agradar a Dios.
Caminar en el Espíritu, de acuerdo a su voluntad. Este verbo hace referencia a un estilo de vida que va a de acuerdo a la voluntad del Espíritu, en el poder del Espíritu, en comunión con el Espíritu:
Efesios 5:1–2 RVR60
Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.
Efesios 5:8 RVR60
Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz
Colosenses 2:6 RVR60
Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él;
“Vivir en el espíritu, andar en el espíritu o la llenura del espíritu, es básicamente el caminar cristiano bajo el poder y el dominio del Espíritu Santo sobre nuestras vidas, lo cual lo conseguimos estando sujetos a la Palabra de Dios y en ejercicio constante de las disciplinas espirituales que todo creyente debe de mantener (leer, orar, alabar a Dios, vigilia, ayunar, congregarse, servir, diezmar, etc.)”
Es claro que el creyente debe andar sometido al Espíritu Santo, a través del ejercicio de las disciplinas espirituales que llevan a la piedad:
Mateo 26:41 RVR60
Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.
Muchos piensan que solo con orar van a salir bien librados; pero es necesaria la dieta de la Palabra de Dios:
Salmo 119:11 RVR60
En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti.
Efesios 5:17–18 RVR60
Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu,
Ser llenos del Espiritu es sinonimo de caminar en el Espiritu y a su vez es sinonimo de madurar espiritualmente. Someterse al señorio de Cristo es someterse al Espíritu Santo y es someterse a la Palabra de Dios. No puedes obtener uno de estos terminos sin los demas. Y el caminar en la carne me va a llevar a disminuir mi andar en la carne, esto es, dejarme llevar por los impulsos de mi corazon malvado que quiere hacer su propia voluntad en vez de la de Dios.
No satisfagan los deseos de la carne. La palabra “deseo” es el vocablo griego epithumia, que significa “deseo desordenado”. Lo que Pablo exhorta a los creyentes es que no nos sometamos a los deseos desordenados de la carne, que como un amo ilegítimo, quiere someter a los creyentes a su voluntad retorcida y malvada, contraria a la del Espíritu de Dios.
La caracteristica de una vida carnal es la de seguir las pulsiones mas bajas del ser humano. Se puede ver expresado en los frutos de la carne:
Gálatas 5:19–21 RVR60
Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
Estos pecados listados por Pablo son la manifestación de la naturaleza caída, el esfuerzo humano que solo puede producir lo malo. A diferencia de ellos, Pablo habla del fruto del Espiritu Santo. No habla de los “frutos” del Espíritu Santo. Es un paquete completo que refleja el caracter de Cristo. No podemos escoger tener “paz” pero no “paciencia”.

Pasos prácticos para ganar la batalla

Por ello es necesario caminar en el Espíritu Santo para ganar la batalla. ¿Como hacemos esto?
Colosenses 3:12–17 RVR60
Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Efesios 5:15–20 RVR60
Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Podemos ver esta enseñanza en la forma de estos hechos prácticos:
Ore diariamente al Señor
Medite en la Palabra fielmente (lectura, memorización, meditación)
Practique el perdón constantemente (perdona y pida perdón)
Haga todas las cosas con amor (una buena motivación)
Sea agradecido siempre (gratitud)
Alabe al Señor todo el tiempo
Enseñe y comparta con otros lo que aprende en la Palabra de Dios
Busque hacer todo con excelencia, como una muestra de gratitud a Dios
Hable lo bueno siempre (cuide sus palabras)

Conclusión

Recuerde lo que dice Pablo:
Romanos 7:25 RVR60
Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.
Gracias por Cristo. El es nuestro Salvador y es nuestra victoria frente a la tentación, el pecado y la muerte. Pablo fue tentado; pero encontró la victoria en Cristo. Pedro fue tentado; pero también encontró la victoria en Cristo. Hermano, mire a Cristo, el mismo fue tentado por el diablo:
Mateo 4:1–4 RVR60
Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
El diablo tentó a Jesús para que dejara de confiar en Dios y se preocupara por si mismo, dejando de lado la misión que tenia en mente. El Hijo de Dios sabía que su Padre tenia cuidado de él, sabia que su Padre le habia dado una misión y sabia que su Padre nunca le abandonaría. Por ello, respondió diciendo que vale mas confiar en Dios y su Palabra.
Mateo 4:5–7 RVR60
Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.
El diablo tentó a Jesús para que tentara a Dios, es decir que pida a su Padre que le bendiga a pesar de que no estaba haciendo su voluntad. El Hijo de Dios sabía que su Padre bendice la obediencia, no los caprichos; por ende, respondió que no es correcto poner a prueba o tentar a Dios a hacer lo malo.
Mateo 4:8–10 RVR60
Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.
El diablo tentó a Jesús para que abandonara su misión en esta tierra, su lealtad al Padre Celestial y adore a Satanás por las riquezas y glorias pasajeras de este mundo. Poder, autoridad, fama, riquezas, comodidades y muchas otras cosas mas el diablo ofrece a quien este dispuesto a arrodillarse ante el. El Hijo de Dios sabia que todas las cosas le habian sido entregadas por su Padre, que es el autentido dueño de todo. El santo Cristo de Dios sabia que su amor y lealtad era a su Padre. Jamás se arrodillaría ante el tentador. Por ello, le echó diciendole: “Vete Satanás, porque escrito esta que al Señor tu Dios adorarás y solo a El servirás”. No adoramos al dinero. No adoramos al trabajo. No adoramos otra cosa que no sea Dios.
Cristo cumplió cabalmente su misión, confió en su Padre, nunca dejó de ser leal y fiel a Dios. Por ello, cumplió su cometido: morir por los pecadores para darles salvación. Asimismo, ahora puede darnos victoria como un fiel sumo sacerdote que se encuentra sentado a la diestra de Dios, intercediendo por nosotros.
Hermano, reconozca su debilidad carnal. Pida a Dios en oración poder y ayuda para salir adelante. Empiece a cultivar los habitos espirituales. Rodeese de buenos amigos que le ayuden a edificarse. Alejese de quienes le distraen y le llevan al mal.
Hay victoria en Cristo. Pablo concluye en Romanos 7:25 "Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado." Es decir, soy un carnal, seguiré toda mi vida luchando contra el pecado; pero eso no es lo importante. Lo importante es que, a pesar de eso, soy victorioso, pues mi victoria es Cristo. El venció por mi y la victoria que vence al mundo es mi fe en El:
1 Juan 5:4 RVR60
Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.
Oremos al Señor.
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