ESTÁ BIEN NO ESTAR BIEN - CONCLUSIÓN
Está Bien NO estar Bien • Sermon • Submitted • Presented
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Introducción:
Introducción:
Amados hermanos, el Señor en su rica gracia les bendiga a todos. Hoy estamos pocos reunidos por motivos de esta temporada de fin de año. Ruego al Señor sea un tiempo para compartir las buenas noticias de salvación con nuestros seres queridos, y los lugares que visitemos, para que no solo se vuelva una corriente del mundo en nosotros, y cumplamos lo dicho por el Señor, de predicar a tiempo y fuera de tiempo. Esta temporada es una que podemos llamar «fuera de tiempo», y mi animo para todos es que lo hagamos, dejando las excusas atrás.
Doy gracias a Dios por este tiempo que hoy tenemos como iglesia reunida a lo largo del mundo. Hoy, millones de creyentes estamos en nuestras iglesias locales, reunidos en torno al Señor, Su Palabra y también como hermanos y familia en Dios que somos para edificarnos, para fortalecernos, animarnos y buscar ser santificados los unos con los otros para poner en alto el nombre de nuestro Señor.
Analogía
Analogía
Imagina que vas en un bus del Transmilenio cruzando la ciudad por la Avenida Caracas en plena hora pico. A tu lado, ves a una mujer con los ojos rojos de tanto llorar; un hombre que mira por la ventana con un desánimo que le pesa en los hombros; y un joven con las manos temblorosas por el miedo a perder su empleo. En el mundo (y a veces en la iglesia), les diríamos: "¡Ánimo!", "¡Ten fe!", "¡No llores!". Les pediríamos que se pusieran una máscara de bienestar.
Pero durante ocho semanas en Roca Mía hemos aprendido algo diferente: que en el Reino de Dios, está bien no estar bien. Hemos validado nuestras lágrimas, nuestro enojo y nuestros fracasos como parte de un caminar honesto. Sin embargo, no nos quedamos en el dolor por el dolor mismo, ni en la catarsis sin esperanza. Hoy cerramos mirando al único lugar donde nuestra vulnerabilidad encuentra descanso eterno y propósito redentor: la persona de Jesucristo, nuestro Gran Sumo Sacerdote.
Como ustedes ven hoy en el título del sermón, quiero hoy dar una conclusión de los 8 temas de la serie que a lo largo de estos últimos 5 meses estuve compartiendo con ustedes. «ESTÁ BIEN NO ESTAR BIEN». Es una frase interesante y puesta en una yuxtaposición, es decir, una aparente contradicción pues cuando decimos que algo “está bien”, en realidad debería serlo. Y aquí yo digo, que está bien, justamente no estar bien.
Más allá de esto, durante 5 meses vimos 8 temas que quiero nombrar, y que pueden ver en pantalla:
Está bien estar desanimado
Está bien estar triste
Está bien llorar
Está bien tener miedo
Está bien tener luchas
Está bien estar enojado
Está bien cuestionar a Dios
Está bien fracasar
Hoy, a modo de conclusión, quiero que veamos que estos temas y que los Salmos de lamento, están en nuestras Biblias por una razón muy importante: «evidenciar la forma en que grandes hombres de Dios, canalizaron todas sus emociones ante los fenómenos que enfrentaron en su día a día, sin miedo a ser juzgados o condenados por Dios, para luego fortalecer su fe y su relación con el Creador, siendo instrumentos en manos del Señor para acompañar a otros en experiencias similares.»
Esta es mi conclusion general sobre los Salmos de lamento y los temas vistos a lo largo de esta serie. Ahora, quiero que piensen en lo siguiente:
¿Cómo manejamos nuestro mar de emociones, en un mundo positivista y al mismo tiempo caído, que nos dice–incluso en las iglesias– la mayor parte del tiempo que por que somos hijos de Dios, tenemos que estar bien?
O considera esto también:
¿Cómo lidias cada día con tu desanimo, tus tristezas, tu llanto, tus miedos, tus luchas, tu enojo y fracaso, e incluso, aunque no lo digas a viva voz, el llegar a cuestionar a Dios?
Y saben, incluso el Señor Jesucristo, el mismo Dios encarnado, siendo verdadero hombre, experimento casi todas estas emociones en su humanidad. Los evangelios relatan su vida, y la forma en que el Señor también vivió estas cosas. Así que, ni siquiera el Dios-hombre, Jesús, pudo evadir la experiencia de enfrentar estos temas, incluso, tal vez, con miedo a equivocarme, puedo decir, que de forma profética, el mismo Jesús, hasta llegó a cuestionar a Su Padre, cuando le dice: «Dios, Dios, ¿por qué me has abandonado?».
Por lo tanto hermanos, quiero a modo de resumen, compartir con ustedes hoy 3 puntos para que nos llevemos esto a casa, y tal vez, si vienes lidiando con varias de estas emociones, con varias de estas situaciones, puedas, en este tiempo de finalizar y empezar un año nuevo, arrancar de una forma diferente a cómo vienes llevando tu vida hoy.
Para ello, vamos a leer como pasaje principal de nuestro sermón Heb 4:14-16
14 Por lo tanto, ya que en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos, aferrémonos a la fe que profesamos. 15 Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. 16 Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.
I. Jesús: El refugio para nuestra fragilidad emocional (vv. 14-15a):
I. Jesús: El refugio para nuestra fragilidad emocional (vv. 14-15a):
Observemos lo que dicen los versículos 14 y 15a.
14 Por lo tanto, ya que en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos, aferrémonos a la fe que profesamos. 15 Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado.
Hebreos nos presenta a un Sumo Sacerdote que «ha traspasado los cielos», pero que no ha olvidado lo que se siente estar en la tierra. Él es el refugio teológico y emocional para los primeros estados de vulnerabilidad que exploramos al inicio de nuestra serie. Al ascender a la diestra del Padre, Jesús no se desconectó de nuestra realidad en Bogotá; al contrario, Su posición de autoridad le permite ser el ancla para aquellos de nosotros que sentimos que el suelo se nos mueve bajo los pies.
1.1. Cuando el desánimo y la tristeza nos nublan el alma
1.1. Cuando el desánimo y la tristeza nos nublan el alma
En el inicio de la serie aprendimos que «está bien estar desanimado». Recordamos que el desánimo no es una falta de fe, sino una respuesta humana al cansancio y a las expectativas no cumplidas en una ciudad que nos exige productividad constante. Decíamos que "el desánimo no es pecado, es una invitación a profundizar nuestra sed de Dios". Jesús entiende perfectamente ese peso; Él experimentó la fatiga física (Jn 4:6)
6 Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se sentó junto al pozo. Era cerca del mediodía.
y la tristeza profunda que agota las fuerzas (Mat 26:37-38).
37 Se llevó a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a sentirse triste y angustiado. 38 «Es tal la angustia que me invade, que me siento morir—les dijo—. Quédense aquí y manténganse despiertos conmigo.»
Él es el Sumo Sacerdote que puede "compadecerse" (v. 15), una palabra que en el griego original implica entrar en la misma pasión y dolor que el otro. Él no nos juzga por sentir que las fuerzas se agotan, sino que nos ofrece Su propia fortaleza para seguir caminando cuando el horizonte parece oscuro.
De igual manera, entendimos que «está bien estar triste». En un mundo que nos obliga a sonreír para la foto, la Biblia nos muestra a un "Varón de dolores". Citábamos que "la tristeza es el eco de un mundo roto en un corazón que aún espera la redención". Jesús lloró ante la tumba de Lázaro (Jn 11:35), no porque no tuviera poder, sino porque sentía el desgarro de la pérdida.
Él valida tu melancolía y tu duelo. Al decir que tenemos un sacerdote que traspasó los cielos, Hebreos nos asegura que nuestra tristeza tiene un destino: el corazón de un Dios que un día enjugará toda lágrima, pero que mientras tanto, camina con nosotros en el valle de sombra.
1.2. El poder de las lágrimas y la paz en medio del miedo
1.2. El poder de las lágrimas y la paz en medio del miedo
También vimos que «está bien llorar» como una forma de comunicación profunda con el Creador. Dijimos que "las lágrimas son oraciones líquidas que Dios recoge en Su regazo”, recordándonos que el llanto no es signo de debilidad, sino de una humanidad que reconoce su necesidad. Jesús, en Su humanidad, experimentó el clamor y las lágrimas (Hebreos 5:7).
7 Cristo, en los días de Su carne, habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que lo podía librar de la muerte, fue oído a causa de Su temor reverente.
Al presentarse ante el Padre, Él no presenta una cara lavada y perfecta, sino que intercede por nosotros entendiendo el alivio que trae derramar el alma ante el trono. Él es quien convierte nuestro lamento en baile, pero solo después de haber llorado con nosotros en la noche.
Finalmente, validamos que «está bien tener miedo», especialmente cuando el futuro parece incierto o las amenazas de la vida nos rodean. Dijimos que "el miedo es la oportunidad para que la fe deje de ser una teoría y se convierta en un grito de auxilio". Jesús sabe qué es el miedo paralizante, pues en Getsemaní experimentó una angustia tal que Su sudor era como gotas de sangre (Lu 22:44).
44 Pero, como estaba angustiado, se puso a orar con más fervor, y su sudor era como gotas de sangre que caían a tierra.
Él traspasó los cielos llevando las marcas de Su victoria sobre el terror más grande: la muerte. Por eso, Su presencia nos da una paz que sobrepasa entendimiento; no es una paz que evita el problema, sino una paz que nos sostiene mientras atravesamos la tormenta, sabiendo que el Capitán, Cristo, ya venció.
II. Jesús: El compañero en nuestras batallas más crudas (v. 15b):
II. Jesús: El compañero en nuestras batallas más crudas (v. 15b):
Ahora leamos de nuevo lo que dice la parte b del versículo 15:
15 […] sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado.
Jesús no solo entiende nuestros sentimientos superficiales, sino que caminó por el lodo de nuestras luchas más oscuras y complejas. Él experimentó la presión de la vida tal como nosotros la sentimos, enfrentando la tentación y el conflicto sin desconectarse de Su Padre.
2.1. El peso de las luchas internas y el fuego del enojo
2.1. El peso de las luchas internas y el fuego del enojo
Vimos que «está bien tener luchas», tanto externas como internas. En la serie dijimos: "Nuestras luchas no son señales de la ausencia de Dios, sino de la presencia de Su obra en nosotros". Jesús fue "tentado en todo de la misma manera que nosotros" (v. 15). Esto significa que Él conoce la presión de la tentación, el cansancio de la resistencia y el costo de la obediencia.
Él no es un general que da órdenes desde un búnker, sino un guerrero que tiene las mismas cicatrices que tú. Su victoria en la lucha no fue por falta de conflicto, sino por una dependencia absoluta en el Espíritu, dándonos el ejemplo de cómo pelear nuestras propias batallas.
Asimismo, aprendimos que «está bien estar enojado» ante la injusticia y el dolor. Mencionamos que "el enojo santo es la brújula que nos indica que algo en este mundo no está como debería estar". Jesús sintió el enojo santo ante la hipocresía y la falta de respeto en el templo (Jn 2:13-17),
13 La Pascua de los judíos estaba cerca, y Jesús subió a Jerusalén. 14 En el templo encontró a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los que cambiaban dinero allí sentados. 15 Y haciendo un látigo de cuerdas, echó a todos fuera del templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó las monedas de los que cambiaban el dinero y volcó las mesas. 16 A los que vendían palomas les dijo: «Quiten esto de aquí; no hagan de la casa de Mi Padre una casa de comercio». 17 Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: «El celo por Tu casa me consumirá».
y se entristeció por la dureza de corazón de los religiosos (Mar 3:5).
5 Y mirando con enojo a los que lo rodeaban, y entristecido por la dureza de sus corazones, le dijo* al hombre: «Extiende tu mano». Y él la extendió, y su mano quedó sana.
Él es el compañero de quienes luchan contra la indignación en un mundo que a menudo nos oprime. Sin embargo, Su enojo nunca se convirtió en pecado porque siempre estuvo gobernado por el amor y la justicia. Él nos enseña a procesar nuestra ira ante Su trono, permitiendo que Su justicia nos consuele cuando la nuestra no es suficiente.
2.2. Honestidad ante el silencio y descanso en el fracaso
2.2. Honestidad ante el silencio y descanso en el fracaso
En las últimas semanas aprendimos que «está bien cuestionar a Dios» desde un corazón que busca entender Su voluntad. Recordamos que "el silencio de Dios no es Su ausencia, sino el espacio donde la fe madura". Jesús mismo gritó en la cruz: "¿Dios mío, por qué me has desamparado?" (Mat 27:46),
46 Como a las tres de la tarde, Jesús gritó con fuerza: —Elí, Elí, ¿lama sabactani? (que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”).
validando cada uno de nuestros "porqués". Él no nos calla con religiosidad, sino que recibe nuestras dudas y nos abraza en el misterio. Jesús es el único que puede sostener nuestras preguntas más difíciles porque Él es la respuesta encarnada, el Logos que da sentido incluso al silencio más profundo del Padre.
Finalmente, concluimos que «está bien fracasar» en un sistema que solo premia el éxito. Citábamos que "el fracaso es el lugar donde dejamos de confiar en nuestra propia fuerza y comenzamos a vivir por la Suya". Jesús vivió el aparente fracaso total del Calvario: abandonado por Sus amigos, humillado públicamente y muerto como un criminal (Mat 27:32-50). Pero en ese fracaso, Dios estaba gestando la victoria más grande de la historia. Jesús redime nuestras derrotas y nos asegura que nuestro valor no depende de nuestros logros, sino de Su victoria. En Él, el fracaso no es el punto final, sino el punto de partida para una gracia que nos restaura y nos vuelve a levantar.
III. El Evangelio: Gracia para el que "No está bien" (v. 16):
III. El Evangelio: Gracia para el que "No está bien" (v. 16):
Leamos de nuevo ahora Heb 4:16
16 Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.
Aquí es donde toda la serie se conecta con la Cruz y la Resurrección de forma definitiva. El versículo 16 nos da la invitación más gloriosa de toda la Escritura: "Acerquémonos, pues, con confianza al trono de la gracia". Este no es un trono de juicio donde se nos examina para ver si somos dignos; es un trono de gracia donde se nos recibe porque Cristo ya fue juzgado en nuestro lugar. La sangre de Jesús ha limpiado el camino, quitando el velo que nos separaba, para que nuestra honestidad no sea castigada, sino recompensada con Su presencia.
Jesús es el "Fracaso" que nos dio la victoria. Como vimos en el sermón anterior, el mundo desprecia la derrota, pero el Evangelio se levanta sobre un madero de ejecución. En ese "no estar bien" de Jesús en la cruz, Él absorbió nuestro pecado, nuestro desánimo, nuestra ira y nuestra muerte (1 P 2:24).
24 Él mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados.
Por lo tanto, acercarse al trono de la gracia significa traer nuestras manos vacías y nuestros corazones rotos, sabiendo que allí encontraremos "misericordia y gracia para recibir ayuda en el momento de necesidad" (Hebreos 4:16). No vienes a Dios para que te "arregle" rápido, vienes a Él para que Su gracia te sostenga mientras Él te transforma.
Conclusión
Conclusión
Hemos terminado esta serie entendiendo que Dios no busca personas perfectas que siempre tengan una sonrisa plástica en el rostro, sino personas honestas que reconozcan su necesidad de un Salvador. Si hoy terminas este año sintiéndote aún desanimado, si el fracaso todavía te duele, si el miedo sigue tocando a tu puerta o si tus preguntas aún no tienen respuesta, tengo una buena noticia para ti: Jesús está aquí. Él no te pide que "te pongas bien" para acercarte; Él te pide que vengas tal como estás para que Él pueda ser tu descanso.
Durante siglos, grandes pensadores, teólogos y filósofos han intentado resolver la cuestión del sufrimiento, el dolor, la tristeza, el enojo, las luchas, el temor, el llanto y el cuestionar a Dios. Creo que una respuesta al sufrimiento es el lamento. El lamento es en sí mismo una señal de esperanza. Puede que nunca encontremos una solución a nuestro sufrimiento individual o a los sufrimientos de este mundo. Pero Dios nos ha proporcionado, en el lamento, una forma de afrontar nuestros sufrimientos.
“Un paraguas no puede detener la lluvia, pero nos permite permanecer bajo la lluvia". El lamento no puede resolver todos nuestros problemas, pero puede crear el espacio necesario donde podemos lidiar con nuestros sufrimientos.
El lamento, sin embargo, no es solo una herramienta para sobrellevar el dolor. Puede convertirse en un medio para crecer en nuestra intimidad con Dios. Al ser abiertos con Dios acerca de nuestro propio quebrantamiento y acerca de la condición real de nuestros corazones, nos colocamos en su abrazo amoroso.
Ya no tenemos que esconder nuestro dolor; de hecho, podemos llevarlo al Señor. No tenemos que tener miedo de ser rechazados por nuestros fracasos; ya somos aceptados, amados y apreciados tal como somos. Hay espacio para nuestras preguntas, luchas, dolor y fracasos.
Esta serie ha sido un permiso divino para ser humanos, pero sobre todo, ha sido una invitación para ser hijos. Está bien no estar bien porque tenemos un Padre que nos ama, un Espíritu que nos guía y un Sumo Sacerdote que intercede por nosotros con una empatía infinita.
La serie «Está bien no estar bien» termina hoy como mensaje, pero su verdad debe convertirse en el estilo de vida de nuestra iglesia: una comunidad donde la máscara se cae, la gracia abunda y Cristo es el centro de nuestra debilidad. ¡Vengan a Él y encuentren descanso para sus almas!
Aplicación:
Aplicación:
El propósito de esta serie no fue solo la comprensión intelectual, sino la transformación relacional. Esta semana, realiza un "ayuno de máscaras". En tus conversaciones con otros hermanos y en tu oración privada, sé radicalmente honesto sobre tu estado emocional. No digas "estoy bien" por inercia. Permítete llevar tu "no estar bien" directamente al trono de la gracia, pidiendo específicamente la misericordia que Hebreos 4:16 promete para tu situación actual.
Preguntas de reflexión:
Preguntas de reflexión:
Después de recorrer estos ocho temas, ¿cuál ha sido el área donde más te ha costado aceptar que "está bien no estar bien"? ¿Cómo cambia tu perspectiva saber que Jesús también caminó por ese dolor específico?
Al mirar el trono de Dios, ¿ves a un juez esperando que resuelvas tus problemas solo, o ves a un Sumo Sacerdote que se compadece de ti? ¿Qué pasos puedes dar para que tu confianza en Su gracia sea mayor que tu vergüenza por tu fragilidad?
