Dios está con nosotros en la misión que nos dio.

Dios con nosotros  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
0 ratings
· 4 views
Notes
Transcript
Y así, casi sin darnos cuenta, hemos llegado ya al tercer domingo de diciembre. Uno más y el año habrá terminado.
¿No es increíble lo rápido que pasa el tiempo? Parece que fue ayer cuando regresamos del campamento familiar. El tiempo se ha ido volando… o al menos eso creemos, porque muchas veces no nos detenemos a ver con atención todo lo que Dios ha hecho a lo largo del camino.
Desde el primer domingo de ésta serie hemos repetido una idea clave: sin conciencia no hay experiencia.
Si no somos conscientes de la presencia de Dios, difícilmente lo experimentaremos de manera real y profunda.
¿Cómo vas tú?
¿Has notado alguna diferencia en tu manera de “experimentar a Dios” durante estos días?
Últimamente he escuchado varias veces la frase: “la vida pasa”. Casi siempre la oigo como una excusa o una justificación que usamos cuando alguien nos pregunta cómo vamos en nuestro caminar con Cristo. No nos queda otra más que admitir que hemos estado ocupados, corriendo, yendo de un lado a otro, sin haber priorizado nuestra vida espiritual.
¿Y tú, cómo estás?
¿Eso te suena familiar?
¿La vida, el trabajo y las presiones están “pasando” tan rápido que apenas nos damos cuenta, y en medio de todo eso dejamos de experimentar a Dios?
Lo sé… todos estamos ocupados. Diciembre es uno de los meses más caóticos del año. Precisamente por eso creo que tú y yo necesitamos recordar algo fundamental: pase lo que pase, estemos donde estemos, tengamos lo que tengamos o nos falte lo que nos falte, Dios está con nosotros.
Pero si esto es verdad, entonces surge una pregunta honesta: ¿por qué nos cuesta tanto trabajo sentirlo?
Déjame contarte una historia que puede ayudarnos a entrar en tema:
Babar fue un elefante común y corriente cuando nació. No era más pequeño ni más débil que los demás. Tenía las mismas patas fuertes, la misma espalda imponente y la misma capacidad de correr libremente por la sabana.
Sin embargo, Babar no nació libre. Desde pequeño fue llevado a servir como animal de trabajo del sultán Hafar Abud III. Mientras otros elefantes aprendían a recorrer largas distancias, a romper ramas y a defenderse, Babar aprendía algo muy distinto.
Cada mañana despertaba con una cuerda atada a una de sus patas. Y como Babar era pequeño, esa cuerda sí lo detenía. Si intentaba avanzar, la cuerda se tensaba, dolía, y la corrección llegaba de inmediato. Con el tiempo, dejó de intentarlo.
Aprendió una lección silenciosa pero poderosa: “no vale la pena moverse, no vale la pena intentar… no puedo”.
Los años pasaron y Babar creció. Se volvió enorme, fuerte, capaz de derribar árboles con facilidad. Su cuerpo cambió… pero su mente no.
Seguía despertando cada día con la misma cuerda, ahora ridículamente débil en comparación con su fuerza. Lo más sorprendente es que muchas veces esa cuerda ni siquiera estaba amarrada a nada; bastaba con rodear su pata.
Y aun así, Babar no huía.
No porque no pudiera,
sino porque creía que no podía.
Y aquí es donde la historia comienza a tocarnos de cerca. Muchas veces tú y yo somos como Babar. Vivimos convencidos de que hay cosas demasiado grandes, demasiado duras o demasiado imposibles de romper, cuando en realidad no son más que cuerdas viejas que siguen atándonos solo porque les creemos.
Nos dejamos dominar por el ritmo del trabajo, por las exigencias de la vida secular, por las preocupaciones diarias, y sin darnos cuenta perdemos de vista algo esencial: Dios sigue ahí, presente, cercano, pero nuestra atención está tan dispersa que no logramos percibirlo.
No es que Dios se haya ido; es que, como Babar, hemos aprendido a vivir limitados por lo que creemos, no por lo que realmente es verdad.
Este mes hemos hablado de Jesús como Emanuel: Dios con nosotros.
Pero hoy queremos hacernos una pregunta honesta y necesaria:
¿Dónde prometió Jesús estar con nosotros de una manera especial y continua?
La respuesta la encontramos en Mateo 28:20
Mateo 28:20 NLT
Teach these new disciples to obey all the commands I have given you. And be sure of this: I am with you always, even to the end of the age.”
Éstas palabras son parte de lo último que Jesucristo dijo antes de ascender a la gloria con el Padre.
Leamos Mateo 28:16-20 para tener contexto claro.
Mateo 28:16–20 NLT
Then the eleven disciples left for Galilee, going to the mountain where Jesus had told them to go. When they saw him, they worshiped him—but some of them doubted! Jesus came and told his disciples, “I have been given all authority in heaven and on earth. Therefore, go and make disciples of all the nations,* baptizing them in the name of the Father and the Son and the Holy Spirit. Teach these new disciples to obey all the commands I have given you. And be sure of this: I am with you always, even to the end of the age.”
Lo que acabamos de leer sucedió aproximadamente un mes después de la resurrección de Jesús, y tuvo lugar en Galilea.
Galilea es la región donde Jesús comenzó su ministerio. Es la zona donde estaba la casa de Pedro, y es también la región donde, hasta este punto en nuestro estudio del Evangelio de Marcos, hemos visto que Jesús realizó muchos milagros.
Quiero que pongas atención a este “pequeño” detalle: Jesús comenzó y terminó su ministerio en el mismo lugar.
¿Qué tenía de especial ese lugar?
Era una región rechazada por muchos, considerada de poca importancia. Era un lugar donde los religiosos no veían potencial espiritual, porque estaba lleno de personas que no eran judías. Era una zona donde los líderes religiosos juraban que “no podías experimentar a Dios”.
Y, sin embargo, justo ahí —donde transitaba gente de toda lengua y región— Jesús nos dio una misión que comenzó hace 1,995 años y aún no ha terminado:
“Vayan y hagan discípulos.”
¿Quiénes?
¿Solo el pastor, porque para eso le pagan?
¿Solo los ancianos, porque saben más?
¡No!
Todos los que hemos creído en Jesús tenemos la misma misión.
“Vayan (todos) y (tú, tú, tú y tú también) hagan (más) discípulos.”
Y aquí está la premisa central de este sermón, mi hermano, mi hermana:
“Si no cumplimos la misión, no podremos experimentar a Jesús como Él prometió…”
Por lo tanto quiero que analicemos de nuevo el pasaje que hemos acabamos de leer y meditemos en tres verdades cortas pero muy importantes:

Si no hablo no creo. (If I don’t speak, I don’t believe.)

¿Cuántos de nosotros nos atreveríamos a decir a las grandes corporaciones les importa la gente y no solamente el dinero? Si no hablo de un tema es porque no lo creo.
Decir que Amazon, Coca-Cola, Walmart, y Apple están más preocupado por el bienestar de sus empleados que por cuánto dinero hacen es o un argumento publicitario muy malo o una muestra de total ignorancia sobre como funciona el capitalismo. A las empresas lo único que les importa es el capital, o sea, el dinero.
Pero ahora bien, ¿cuantos de nosotros creemos que Jesús es Dios?
¿Cuántos de nosotros creemos que Mateo 28:18 es verdad?
Mateo 28:18 NTV
Jesús se acercó y dijo a sus discípulos: «Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra.
H. Blackaby dice que lo que hacemos revela lo que creemos acerca de Dios y estoy totalmente de acuerdo.
¿Creemos que Jesús es Dios hecho carne, que Jesús es lo que éste mundo necesita, que Jesús es la salvación para éste mundo?
Las Escrituras lo muestran
Juan 3:16 NTV
»Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
¿Lo crees?
¿Cuándo fue la última vez que le hablaste a alguien sobre esto?

2. Si no enseño no crezco. (If I don’t teach, I don’t grow.)

Todos nosotros estamos tan ocupados en nuestras cosas que no caemos en cuenta que estamos pasando de largo una gran necesidad en nuestros corazones: Enseñar a otros.
Espera, ¿de qué estás hablando?
Si, enseñar a otros es esencial, porque mientras más enseñas más creces.
Mateo dice asi:
Mateo 28:19–20 NLT
Therefore, go and make disciples of all the nations,* baptizing them in the name of the Father and the Son and the Holy Spirit. Teach these new disciples to obey all the commands I have given you. And be sure of this: I am with you always, even to the end of the age.”
¿Cuándo fue la última vez que le enseñaste a alguien más acerca de Cristo?
Quizá pienses ¿yo? ¿Enseñar? Si yo vengo a aprender, aún “estoy chiquito y no puedo”
Pero el problema es que si siempre estas chiquito y no puedes, nunca vas a crecer.
Nadie nace sabiendo, pero se aprende haciendo.
Contar como Angel Vivero fue de mucha ayuda y como ahora Omar García lo será.
No se trata de que lo sepas todo, porque nadie lo sabe todo.
No se trata de que seas un experto o de que ya llegaste al PhD,
se trata de enseñar lo que tu sabes, porque en eso que tu sabes, Dios se te ha revelado y te ha llevado de la mano a conocerlo.
Nadie hace la sopita como tu, y a muchos les beneficiaría aprender como tu haces tu sopita.

3. Si no obedezco no siento. (If I don’t obey, I don’t experience.)

Este es el punto crucial
Jesús dice: “Vayan… hagan discípulos… enseñen…”
Y luego añade: “Y tengan por seguro esto: estoy con ustedes siempre.”
La promesa de Su presencia no está flotando en el aire; está conectada directamente a la obediencia.
Muchos creyentes dicen:
“No siento a Dios.”
“Siento que está lejos.”
“Mi fe se ha vuelto sólo un ritual.”
Pero pocas veces nos preguntamos si seguimos caminando en la misión que Él nos confió.
No es que Dios haya dejado de estar presente.
Es que nos hemos salido del lugar donde Él prometió manifestarse de manera viva y activa.
La misión no es un “extra” para cristianos muy comprometidos.
Es el espacio donde la presencia de Dios se vuelve experiencia.
Cuando compartes tu fe…
cuando discipúlas a alguien…
cuando sirves, amas, perdonas y obedeces aunque sea incómodo…
ahí es donde Jesús dice: “Estoy contigo.”
Recuerda a Babar , tenía fuerza., Tenía capacidad., Tenía todo para ser libre, Pero vivía atado… no por la cuerda, sino por lo que creía acerca de ella.
Así nos pasa a muchos creyentes.
Creemos que:
No tenemos tiempo para la misión.
No sabemos lo suficiente.
No somos “tan espirituales”.
La vida está demasiado ocupada.
Y sin darnos cuenta, aceptamos una mentira silenciosa: “nada cambia, soy solo un espectador” (Dicen que la iglesia es un show porque nosotros la hacemos un show)
No porque no podamos vivir algo más profundo, sino porque dejamos de intentarlo.
La misión nos confronta, nos saca de la comodidad, nos obliga a depender de Dios.
Y cuando evitamos esa dependencia, perdemos también la experiencia viva de Su presencia.
No es que Dios se haya ido.
Es que, como Babar, hemos aprendido a vivir atados por costumbre.
Mateo 28:20 no es solo una promesa; es una invitación. Jesús no dice: “Estoy con ustedes cuando lo sientan.”
Dice: “Estoy con ustedes mientras obedecen.”
La conciencia de Emanuel no crece solo con más información, sino con obediencia práctica.
Cuando damos pasos en la misión:
Nuestra fe se activa.
Nuestra dependencia de Dios aumenta.
Nuestra sensibilidad espiritual se despierta.
Ahí dejamos de vivir como Babar. Ahí nos damos cuenta de que la cuerda nunca fue tan fuerte como pensábamos. ¡Dios también puede usarme a mi!
La misión no es una carga que nos aleja de Dios. Es el camino donde descubrimos que Él siempre ha estado ahí.
Filipenses 1:9–11 NLT
I pray that your love will overflow more and more, and that you will keep on growing in knowledge and understanding. For I want you to understand what really matters, so that you may live pure and blameless lives until the day of Christ’s return. May you always be filled with the fruit of your salvation—the righteous character produced in your life by Jesus Christ*—for this will bring much glory and praise to God.
Hoy quiero pedirte que tomes una resolución para lo que queda de éste año y para todo el 2026:
Si no hablo no creo  (If I don’t speak, I don’t believe.) ¡HABLA!
Si no enseño no crezco  (If I don’t teach, I don’t grow.) ¡ENSEÑA!
Si no obedezco no siento  (If I don’t obey, I don’t experience.) ¡EXPERIMENTA A DIOS!

ERES AMADO.

Related Media
See more
Related Sermons
See more
Earn an accredited degree from Redemption Seminary with Logos.