EL REY HA llegado

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DOMINGO DE NAVIDAD

“EL REY HA llegado”

BIENVENIDA (CÁLIDA, HUMANA, CERCANA)

Muy buenos días, familia de La Vid. Y Feliz Navidad.
De verdad es una alegría poder estar juntos hoy.
Para algunos de nosotros, la Navidad es un tiempo lleno de gozo y celebración. Para otros, es una temporada un poco más complicada. Y para algunos, simplemente estar aquí hoy requirió esfuerzo.
Pero no importa cómo llegaste hoy, quiero que escuches esto con claridad desde el principio:
Eres bienvenido aquí. No tienes que fingir. No tienes que tener todo resuelto. Tú perteneces aquí.
La Navidad tiene algo especial: reúne a personas de diferentes culturas, diferentes generaciones, y diferentes historias en un mismo lugar.
Y eso refleja perfectamente el corazón de Dios.

ORACIÓN INICIAL (SUAVE, CENTRADA EN LA PALABRA)

Tomemos un momento para orar juntos.
Padre Dios, gracias por Tu cercanía.
Tu Palabra dice en el Salmo 34:18: “Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón, y salva a los contritos de espíritu.”
Hoy te pedimos que nos encuentres justo donde estamos.
Ayúdanos a bajar el ritmo. Ayúdanos a respirar. Ayúdanos a estar presentes.
Que este no sea solo otro servicio de Navidad, sino un momento donde los corazones sean tocados y la esperanza sea renovada.
En el nombre de Jesús, Amén.

ORIENTACIÓN (BREVE, SIN REPETIR EL MENSAJE ANTERIOR)

La semana pasada hablamos de algo importante: que la Navidad no comenzó en un pesebre, sino con una promesa que Dios hizo hace mucho tiempo.
Gálatas 4:4 nos dice: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer.”
Jesús llegó justo a tiempo.
Hoy no vamos a repetir todo eso.
Hoy vamos a hablar de lo que significa que Jesús realmente vino y por qué eso importa para nuestra vida hoy.

TRANSICIÓN

Así que, en lugar de correr por muchos puntos, quiero que hoy vayamos despacio y reflexionemos en algunas verdades sencillas, pero profundas, que conectan con la vida real.

VERDAD 1: JESÚS ENTRÓ EN LA VIDA REAL — NO EN UNA VIDA PERFECTA

Lucas 2:6–7 nos dice:
“Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.”
Jesús nació en un mundo que ya estaba roto.
Había presión. Había incertidumbre. Había miedo.
Y ahí fue donde Dios decidió entrar.
Jesús no esperó a que todo estuviera tranquilo. No esperó a que la gente tuviera su vida en orden.
Él vino así como estaba el mundo.
Y eso es muy importante para nosotros hoy.
Porque muchos pensamos que primero tenemos que arreglar nuestra vida, poner todo en orden, y luego acercarnos a Dios.
Pero Romanos 5:8 nos recuerda: “Mas Dios muestra Su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”
Jesús entra en la vida real: en corazones cansados, mentes cargadas, y situaciones complicadas.
Si Él estuvo dispuesto a entrar a un mundo quebrantado, también está dispuesto a entrar en tu historia, tal como está.

VERDAD 2: JESÚS VINO CON HUMILDAD — PERO CON PROPÓSITO

Jesús no nació en un palacio. No estuvo rodeado de poder ni riqueza.
Filipenses 2:6–7 nos dice que, aunque Jesús era Dios, escogió humillarse y tomar forma de siervo.
Él vino con mansedumbre. En silencio. Con humildad.
Pero el cielo sabía exactamente quién era.
Lucas 2:11 dice que los ángeles anunciaron: “Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.”
Salvador — el que rescata. Cristo — el Rey prometido. Señor — el que tiene autoridad.
Jesús no vino para impresionar a la gente. Vino para invitarla.
Y eso es muy relevante hoy.
Vivimos en una cultura cansada de que le digan qué hacer. Desconfiamos de la autoridad.
Pero la autoridad de Jesús no aplasta — restaura.
Él no domina con fuerza. Él guía con amor.

VERDAD 3: JESÚS SE ACERCÓ — PERO NUNCA OBLIGA

La Biblia dice que no había lugar en el mesón.
No porque la gente fuera mala, sino porque estaban ocupados.
Y eso suena muy actual.
La mayoría de las personas no rechazan a Jesús directamente. La vida simplemente se llena.
Agendas llenas. Mentes llenas. Corazones llenos.
Juan 1:11–12 dice: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en Su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.”
Recibir a Jesús no significa tener todas las respuestas.
Significa hacer espacio.
Y Jesús mismo dice en Apocalipsis 3:20: “He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo.”
Él no empuja la puerta. Él toca.

LO QUE LA NAVIDAD NOS PREGUNTA

La Navidad nos hace una pregunta sencilla, pero profunda:
¿Hay lugar para Jesús en tu vida?
No solo hoy. No solo en esta temporada.
Sino en tu vida diaria.
Jesús no vino para ser una tradición. Vino para caminar con nosotros, guiarnos y amarnos.

INVITACIÓN (NATURAL, SIN PRESIÓN)

Tal vez hoy sientes algo en tu corazón.
Eso no es presión. No es coincidencia.
Juan 6:44 nos dice que Dios atrae los corazones hacia Él.
Eso que sientes es una invitación: a dejar de cargar todo tú solo y confiarle tu vida a Jesús.

ORACIÓN DE RESPUESTA (SENCILLA, ACCESIBLE)

Si quieres, te invito a orar conmigo — en silencio o en voz baja.
Jesús, gracias por acercarte a mí.
No tengo todo resuelto, pero quiero hacerte lugar en mi vida.
Confío en Ti. Recibo Tu amor. Decido seguirte.
Sé mi Salvador. Sé mi Rey.
Amén.

CIERRE (LLENO DE ESPERANZA, MEMORABLE)

Iglesia, hoy celebramos esta verdad:
Juan 1:14 dice: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros.”
Dios se acercó. La esperanza entró al mundo.
El Rey ha venido.
Y porque Él vino, nadie está demasiado lejos, ninguna historia está perdida, y ningún corazón está sin esperanza.
Feliz Navidad. Nos alegra mucho que estés aquí.
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