Dios con nosotros.

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Ultimo domingo del año, y así en un abrir y cerrar de ojos estamos cerrando el 2025. Quiero comenzar este tiempo dandole gracias a Dios por el privilegio y el honor que me da de exponer su Palabra con ustedes mis hermanos y mi familia.
Hoy, nuestro tiempo de sermón será un poco diferente, será un poco más didáctico, será un poco más interactivo así que por favor si no tienes una hoja o cuaderno, tomemos un minuto para que todos tengan un poco de papel y un bolígrafo por favor. Lo vamos a usar.
Cada cierto tiempo vemos imágenes que se nos quedan grabadas: IMAGEN
un corredor llegando a la meta totalmente agotado. No entra celebrando. No entra saltando. Entra tambaleándose. A veces cae justo después de cruzar la línea. A veces necesita ayuda para dar los últimos pasos.
No llegó así porque fue débil.
Llegó así porque la carrera fue real.
Y creo que así llegamos muchos al final de este año.
No derrotados, pero sí cansados.
No sin fe, pero con el alma golpeada.
No sin Dios, pero preguntándonos en silencio:
“¿Todavía puedo seguir confiando?”
Esta serie comenzó recordándonos que Dios ha estado con nosotros desde el inicio.
Luego aprendimos que Dios está con nosotros en medio del sufrimiento.
Después vimos que Dios está con nosotros en la misión, aun cuando estamos ocupados o distraídos.
Hoy, para cerrar, Dios nos dice algo sencillo, profundo y necesario para quienes llegan a la meta casi sin fuerzas:
“Yo sigo aquí.”

I. Dios está conmigo, confío en su amor (God is with me, I trust His love)

Leamos Lamentaciones 3:21-26
Lamentaciones 3:21–26 NTV
No obstante, aún me atrevo a tener esperanza cuando recuerdo lo siguiente: ¡el fiel amor del Señor nunca se acaba! Sus misericordias jamás terminan. Grande es su fidelidad; sus misericordias son nuevas cada mañana. Me digo: «El Señor es mi herencia, por lo tanto, ¡esperaré en él!». El Señor es bueno con los que dependen de él, con aquellos que lo buscan. Por eso es bueno esperar en silencio la salvación que proviene del Señor.
Inglés:
Lamentaciones 3:21–26 NLT
Yet I still dare to hope when I remember this: The faithful love of the Lord never ends! His mercies never cease. Great is his faithfulness; his mercies begin afresh each morning. I say to myself, “The Lord is my inheritance; therefore, I will hope in him!” The Lord is good to those who depend on him, to those who search for him. So it is good to wait quietly for salvation from the Lord.
El libro de Lamentaciones fue escrito en medio de uno de los momentos más oscuros en la historia de Israel: la destrucción de Jerusalén por los babilonios en el año 586 a.C.
La ciudad está en ruinas, el templo ha sido destruido, el pueblo ha sido llevado al exilio y el sufrimiento es profundo, real y continuo.
En Lamentaciones 3, el autor (tradicionalmente asociado con Jeremías) habla en primera persona, describiendo dolor, aflicción, pérdida y sensación de abandono. No está minimizando el sufrimiento; al contrario, lo expresa con honestidad cruda.
Sin embargo, en los versículos 21–26 ocurre un giro clave.
Después de lamentarse profundamente, el autor dice algo como:
“Esto traigo a mi corazón, por eso tengo esperanza…”
Es decir, en medio del dolor, decide recordar quién es Dios.
¿Qué recuerda?
Que el amor fiel del Señor no se ha acabado.
Que sus misericordias son nuevas cada mañana.
Que Dios sigue siendo bueno con los que esperan en Él.
Que vale la pena esperar en silencio y con confianza la salvación del Señor.
Este texto no nace desde la comodidad, sino desde el dolor.
El autor no dice: “Todo salió bien”.
Dice: “Todo se derrumbó… pero recuerdo quién es Dios”.
La esperanza no aparece porque las circunstancias cambian,
aparece porque Dios no cambia.
Cuando ya no puedes confiar en tu fuerza,
cuando no puedes confiar en tus resultados,
cuando no puedes confiar en cómo te fue este año,
todavía puedes confiar en el amor fiel de Dios.
No dice: “Dios tuvo misericordia”.
Dice: “Sus misericordias nunca se acaban”.
No dice: “Dios fue fiel”.
Dice: “Grande es su fidelidad”.
Tal vez este año te fallaron personas.
Tal vez te fallaste a ti mismo.
Pero Dios no falló ni una sola mañana.
ANOTAR 5 MOMENTOS DIFICILES DE ÉSTE 2025, ANOTAR 5 MOMENTOS HERMOSOS DE ÉSTE 2025

II. Dios está conmigo, espero en Él (God is with me, I wait for Him)

(Lamentaciones 3:24)
“El Señor es mi herencia; por lo tanto, esperaré en él.”
Aquí el autor hace una declaración radical:
cuando todo se perdió, Dios sigue siendo suficiente.
Esperar en Dios no es resignación.
No es cruzarse de brazos.
Es decir con fe madura:
“Tal vez no tengo respuestas, pero tengo al Señor… y eso me basta.”
Esperar en Dios es confiar aunque no entiendas por qué pasan las cosas.
Es permanecer aunque el final aún no se vea.
Es decidir que Dios no es solo el medio, sino la herencia.
Muchos llegan al final del año diciendo:
“Espero que el 2026 sea mejor”.
Las Escrituras nos invitan a decir algo más profundo: “Espero en el Señor, pase lo que pase.”
REVISAR HOJA Y AHORA CONTESTAR: ¿DIOS SE FUE EN ESOS MOMENTOS DIFICILES O HERMOSOS?

III. Dios está conmigo, dependo de Él (God is with me, I depend on Him)

(Lamentaciones 3:25–26)
“El Señor es bueno con los que dependen de él,
con aquellos que lo buscan.
Por lo tanto, es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.”
Aquí aprendemos algo contra-cultural:
la dependencia no es debilidad espiritual, es madurez espiritual.
Esperar en silencio no significa pasividad,
significa confianza rendida.
Es decir:
“Ya hice lo que pude. Ahora descanso en quien puede hacerlo todo.”
Muchos entran al nuevo año prometiendo:
“Ahora sí voy a poder”.
Dios nos invita a comenzar diciendo:
“Señor, te necesito”.

CONCLUSIÓN —  Dios no te soltó

Tal vez cruzaste la meta de este año arrastrando los pies.
Tal vez llegaste herido.
Tal vez llegaste sin celebración.
Pero llegaste sostenido por la fidelidad de Dios.
No porque fuiste fuerte, sino porque Él fue fiel.
Hoy no venimos a fingir que fue un año fácil.
Venimos a confesar una verdad más grande:
Dios estuvo conmigo.
Dios está conmigo.
Y Dios seguirá conmigo.
Si llegaste cansado… ven.
Si llegaste desanimado… ven.
Si llegaste con dudas… ven.
Si llegaste agradecido… ven.
No vienes a prometerle cosas a Dios.
Vienes a descansar en Él.

RETO — La última semana del 2025

Te dejo un reto sencillo, y profundo para esta última semana del año:
Cada noche, antes de dormir, ora esta frase:“Señor, en ti espero.”
Un acto consciente de dependencia: entrégale a Dios aquello que más control has querido tener.
No empieces el 2026 corriendo.
Empiézalo confiando, esperando y dependiendo.
Porque el mismo Dios que estuvo contigo desde el inicio…
seguirá contigo hasta el final.
Eres amado.
Dios está con nosotros.
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