Mother of God
Mother Mary • Sermon • Submitted • Presented
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Abrimos el nuevo año y el primer día está dedicado a Santa María, en su título más propio: Madre de Dios.
El Si de Maria el año nuevo, el no de Eva el año viejo.
El Si de Maria el año nuevo, el no de Eva el año viejo.
Primero, no es una coincidencia: el sí de María es el que abre el Nuevo Testamento. Si el Antiguo Testamento inició con el no de Eva, la nueva etapa de la humanidad inicia con el sí de María.
Nunca entenderemos todo lo que le debemos a María. Para explicarlo mejor, seguiremos las ideas del más reciente doctor de la Iglesia, San John Henry Newman, quien fue anglicano y, estudiando a los discípulos de los apóstoles —lo que se llama los Padres Apostólicos—, se dio cuenta de que la única fe que ellos creían estaba en la Iglesia Católica y no en la suya, que tenía al rey como cabeza. Él renunció a amigos y posesiones para vivir la verdad.
Tiene un escrito muy corto en el que estudia qué creían los primeros cristianos acerca de María.
Maria la Nueva Eva.
Maria la Nueva Eva.
Primero, ante todo, María para los primeros cristianos es la Nueva Eva. Fue ante una virgen sin mancha, junto a un árbol, por la voz de un ángel caído, que la humanidad cayó.
Ahora, para hacer justicia, es otra Virgen, también sin mancha, frente a otro ángel, la que culmina su acto supremo de fe hasta el árbol de la cruz. Lo primero sucede en un jardín, del cual son expulsados; lo segundo inicia en otro jardín, el de los olivos. El primero cierra las puertas del paraíso; el segundo, que inicia con el sí de María, abre las puertas del cielo.
Para Newman, la grandeza de María es que es un instrumento libre en el plan de Dios; por eso son tan meritorios sus actos. Porque ella tiene algo propio que aporta a nuestra salvación: su sí, que es de ella. Es digna no por llevar al Hijo de Dios en su seno, sino por haber creído.
San Agustín lo explica de esta manera:
“María es más bendecida al recibir la fe de Cristo que al concebir la carne de Cristo”; y además añade: “Su cercanía como Madre no habría sido de ningún beneficio para María si no hubiera llevado a Cristo en su corazón de manera más bendita que en su carne”.
Maria es quien da su si en nombre de toda la humanidad.
Maria es quien da su si en nombre de toda la humanidad.
Santo Tomás de Aquino explica que el sí de María es tan meritorio porque es la embajadora de toda la humanidad;es la encargada de decir sí al matrimonio entre la humanidad y Dios.
Es necesario su sí para mostrar que existe cierto matrimonio espiritual entre el Hijo de Dios y la naturaleza humana. Por ello, en la Anunciación se solicitó el consentimiento de la Virgen en lugar del de toda la naturaleza humana. Sto. Tomas de Aquino
Fíjense lo que esto está diciendo: es gracias al sí de María que nosotros nos podemos unir a Cristo, el único Salvador. Nunca terminaremos de agradecer lo que la Virgen ha hecho por nosotros.
Ahora bien, el título más perfecto es María, Madre de Dios. Este título asusta a muchos, porque cuando decimos Madre de Dios no decimos que ella sea diosa, sino que es Madre de uno que es Dios. Cada vez que decimos “Santa María, Madre de Dios”, estamos diciendo: Jesucristo es Dios.
Quien primero la llama así es el Espíritu Santo, pues su prima, llena del Espíritu Santo, dice: “¿De dónde a mí que venga a verme la madre de mi Señor?”. ¿Y quién es su Señor? Dios.
Por eso este título es el más precioso, el más propio para ella, porque al honrarla a ella honramos a Cristo, pues estamos diciendo que Jesús es Dios. Ser madre no significa dar todo el ser: ustedes solo dieron el cuerpo a sus hijos, el alma se la dio Dios, pero ustedes son propiamente su madre. No dicen “madre del cuerpo de Pedro”, sino “madre de Pedro”.
Lo mismo María: ella aporta la humanidad. Cristo, como Dios, ya existía antes de María, pero toma un cuerpo, y porque toma un cuerpo puede nacer, puede hacer cosas propias de la naturaleza humana: nacer, sufrir, morir.
Por eso, cuando confesamos “Madre de Dios”, estamos diciendo que el Hijo de Dios se encarnó y nació.
Quien Ama a la Madre Conservara el amor al Hijo.
Quien Ama a la Madre Conservara el amor al Hijo.
Para Newman, esto está muy claro: quien confiesa que María es Madre de Dios conservará la fe en que Cristo es Dios. Y pone un ejemplo diciendo que los países que se negaron a honrar a María terminaron perdiendo la fe en la divinidad de Cristo.
La Iglesia y Satanás coincidieron en esto, que el Hijo y la Madre iban juntos; y la experiencia de tres siglos ha confirmado su testimonio, pues los católicos que han honrado a la Madre aún adoran al Hijo, mientras que los protestantes, que ahora han dejado de confesar al Hijo, comenzaron entonces burlándose de la Madre. St. John Henry Newman
Cada Ave Maria es un Jesucristo es Dios.
Tú, cuando tomas el rosario, estás repitiendo la fe en el misterio de Cristo. Primero repites las palabras del ángel y el saludo de su prima; luego, cada vez que dices “Madre de Dios”, estás diciendo: Jesús es Dios. Pero me dirás: es muy repetitivo, son diez veces por cada misterio, o sea cincuenta.
¿Cuántas veces negó Pedro a Jesús? ¿Cuántas veces Cristo le hizo repetir que lo amaba para lavar esa culpa?
¿Cuántas veces has negado a Dios con tus actos: cincuenta, cien? ¿Cuántas veces deberías repetir “sí creo que tú eres el Hijo de Dios”, por eso digo “Santa María, Madre de Dios”?
No es un juego de palabras: cada vez que tú repites con fe el Ave María, reparas tu incredulidad, tus pecados y los de tus seres queridos.
Por eso, al iniciar el año con esta fiesta, quiero que conozcas cuánto le debemos a María; que con el rosario confieses que ella es Madre de Dios, que Cristo es Dios. Que enseñes a tus hijos a amar a María, con gestos de cariño y de ternura, porque quien ama a la Madre amará al Hijo; quien ignora a la Madre será ignorado del Hijo.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros que acudimos a vos.
Felipe Preciado, IVE
