Poder en la oración

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1. La oración nos esconde detrás de la cruz Corrie comienza reconociendo su debilidad física, pero declara no tener miedo porque hay personas orando y porque Jesús es más fuerte que cualquier temor. Su deseo no es que la vean a ella, sino que, al orar, Cristo sea exaltado y ella quede escondida detrás de la cruz. Texto clave: Colosenses 3:3 – “Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.”
2. La oración es nuestra verdadera riqueza espiritual El tema central de su mensaje es la oración, porque en Cristo poseemos riquezas inagotables que solo pueden comprenderse por el Espíritu Santo. La oración abre nuestros ojos a la herencia espiritual que ya tenemos en Jesús. Texto clave: Efesios 1:18 – “Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la riqueza de la gloria de su herencia.”
3. Dios obra cuando su pueblo ora, aunque no lo vea Corrie describe cómo personas en lugares lejanos reciben descanso, fortaleza y consuelo sin saber que otros están orando por ellas. La oración conecta al cuerpo de Cristo más allá de la distancia. Texto clave: 1 Tesalonicenses 5:25 – “Hermanos, orad por nosotros.”
4. La oración debe incluir a gobernantes y naciones La Escritura nos llama a interceder por autoridades, presidentes y reyes, porque de ello depende la paz y el testimonio cristiano en el mundo. Orar por las naciones es una responsabilidad espiritual. Texto clave: 1 Timoteo 2:1-2 – “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres.”
5. Somos un solo cuerpo que sufre y ora unido Corrie recuerda la persecución del pueblo cristiano en muchos países y afirma que no podemos ser indiferentes, porque cuando un miembro sufre, todo el cuerpo sufre con él. Texto clave: 1 Corintios 12:26 – “Si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él.”
6. No miramos nuestra fe, miramos a Jesús Ella enseña que no debemos preocuparnos por cuán pequeña es nuestra fe, sino por cuán grande es nuestro Dios. Cuando la fe falla, debe devolverse al “fabricante”, Jesucristo. Texto clave: Hebreos 12:2 – “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.”
7. La oración comienza desde la niñez Corrie testifica cómo conoció a Jesús desde los cinco años y cómo Dios escucha incluso las oraciones sencillas de los niños. Ningún corazón es demasiado pequeño para recibir a Cristo. Texto clave: Marcos 10:14 – “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis.”
8. Ninguna oración se pierde con el tiempo Oraciones hechas décadas atrás recibieron respuesta muchos años después. Dios guarda cada clamor y responde en su tiempo perfecto. Texto clave: Apocalipsis 5:8 – “Copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos.”
9. La oración es vaciar el corazón delante de Dios En el campo de concentración, Corrie aprendió a presentar cada carga al Señor, obedeciendo el mandato de no preocuparse y confiando en que Dios guarda el corazón con su paz. Texto clave: Filipenses 4:6-7 – “Por nada estéis afanosos… y la paz de Dios guardará vuestros corazones.”
10. Orar no es traer cargas… es dejarlas Ella reconoce que a veces se ora correctamente, pero luego se vuelve a tomar la carga. La verdadera oración entrega todo y lo deja en manos de Dios. Texto clave: 1 Pedro 5:7 – “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.”
11. La oración trae paz aun en medio del sufrimiento Betsy, su hermana, vivió una vida de oración que producía paz sobrenatural incluso en medio de violencia, hambre y muerte. Cuando lo peor sucede, lo mejor de Dios permanece. Texto clave: Juan 14:27 – “Mi paz os dejo, mi paz os doy.”
12. No hay nada imposible para el poder de Dios Corrie testifica cómo Dios protegió Biblias en la aduana de Moscú cuando ella oró aferrándose a las promesas de la Palabra. Dios vela por cumplir su Palabra. Texto clave: Jeremías 1:12 – “Yo apresuro mi palabra para ponerla por obra.”
13. Somos llamados a ser guerreros de oración La iglesia está en una batalla espiritual y la oración es nuestra arma principal. Satanás tiembla cuando ve al creyente más débil de rodillas. Texto clave: Efesios 6:18 – “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu.”
14. Oramos en el nombre poderoso de Jesús La oración es aceptada no por su elocuencia, sino porque se presenta en el nombre de Jesús. Él toma nuestras oraciones y las presenta al Padre. Nunca estamos solos. Texto clave: Juan 14:13 – “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, lo haré.”
Enseña cómo orar
Corrie ten Boom enseña que orar es depender de Dios en nuestra debilidad, reconociendo que no necesitamos gran fe, sino fe en un Dios grande (2 Corintios 12:9; Hebreos 12:2). Orar significa traer todas nuestras cargas, preocupaciones y pecados ante Él, confiando en que Él las recibe y nos da paz (Filipenses 4:6; Salmo 55:22; 1 Juan 1:9; Colosenses 3:15). La oración verdadera no busca nuestra gloria, sino que Cristo sea visto (Juan 3:30), y se hace tanto por nosotros como en intercesión por otros, incluyendo misioneros, líderes y los perseguidos (1 Corintios 12:26; 2 Timoteo 2:1). Debe ser perseverante, sencilla y confiada, como la de un niño (Mateo 18:3; Lucas 18:1), y muchas veces se fortalece usando la Palabra de Dios, presentando sus promesas ante el Padre (Jeremías 1:12). Además, toda oración debe hacerse en el nombre de Jesús, quien presenta nuestras súplicas al Padre (Juan 14:13), con la certeza de que Dios responderá en su tiempo y según su poder, aun cuando no veamos resultados inmediatos (Efesios 3:20). La oración nos conecta con el cielo, fortalece al creyente en tiempos de sufrimiento, nos protege del enemigo y produce milagros visibles e invisibles, recordándonos que Dios obra siempre fielmente más allá de nuestra comprensión y nuestra pequeña fe.
Enseña por qué orar
Corrie ten Boom enseña que orar es fundamental porque conecta al creyente con Dios y con el poder del cielo, haciendo posible que las cargas, sufrimientos y necesidades sean transformadas por su gracia (Filipenses 4:6; Salmo 55:22). Orar es un acto de obediencia y dependencia, que permite que el enemigo sea resistido y que la paz de Dios gobierne nuestros corazones (Santiago 4:7; Colosenses 3:15). También es un medio para interceder por otros, incluyendo familiares, líderes, misioneros y aquellos que sufren persecución, porque somos un solo cuerpo en Cristo y nuestras oraciones afectan vidas más allá de lo visible (1 Corintios 12:26; 2 Timoteo 2:1). La oración es poderosa incluso cuando parece insignificante, pues Dios escucha cada súplica sincera y actúa según su tiempo y su voluntad perfecta (Lucas 18:1; Efesios 3:20). Además, nos protege del desánimo y del pecado, nos llena de gozo incluso en medio de pruebas, y nos recuerda que Dios es fiel, que nada es demasiado grande ni demasiado pequeño para su amor y su poder, y que cada oración tiene un propósito eterno.
Enseña qué estorba la oración
Corrie ten Boom enseña que lo que estorba la oración es traer nuestras cargas y luego no dejarlas en manos de Dios, volver a tomar preocupaciones después de orar, y aferrarse al pecado, al odio o a la amargura sin confesarlo (Salmo 55:22; 1 Juan 1:9). También estorba la oración la falta de fe en el poder de Dios, confiar en nuestra propia fuerza o en nuestra habilidad para resolver las cosas en lugar de depender de Él (2 Corintios 12:9; Hebreos 12:2). La distracción, la desobediencia, la incredulidad, y la tendencia a buscar nuestra propia gloria en lugar de la de Cristo, bloquean la eficacia de la oración (Juan 3:30). Incluso las oraciones repetitivas o mecánicas, sin corazón ni sinceridad, no producen fruto; la verdadera oración requiere entregar todo con fe, dejarlo en las manos de Dios y orar en el nombre de Jesús, confiando en que Él obrará según su voluntad perfecta (Juan 14:13; Filipenses 4:6).
Enseña qué produce la oración
Corrie ten Boom enseña que la oración produce paz, protección y gozo incluso en medio de pruebas, fortalece al creyente en su debilidad y permite que Dios actúe de manera sobrenatural en nuestra vida y en la de otros (Filipenses 4:6-7; 2 Corintios 12:9). La oración derriba el poder del enemigo, mueve milagros visibles e invisibles, y genera respuestas aun cuando pasan años, mostrando la fidelidad de Dios más allá de nuestra comprensión (Santiago 4:7; Efesios 3:20; Lucas 18:1). Además, produce transformación interna, limpia el corazón del pecado, renueva el amor y la esperanza, y nos capacita para interceder eficazmente por familiares, misioneros, líderes y los necesitados, fortaleciendo la unidad del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:26; 1 Juan 1:9). La oración, bien hecha en el nombre de Jesús, conecta al creyente con el poder de Dios, permite ver milagros y experimentar que lo mejor permanece incluso en medio de lo peor, llenando nuestra vida de bendición y demostrando que Dios obra fielmente según su gran amor y poder.
Enseña cómo Dios responde a largo plazo
Corrie ten Boom enseña que Dios responde a nuestras oraciones según su tiempo perfecto y su gran poder, incluso cuando los resultados tardan años en manifestarse, mostrando que ninguna oración se pierde y que Él obra más allá de nuestra comprensión y nuestra fe limitada (Isaías 55:8-9; Efesios 3:20). Las respuestas pueden darse después de décadas, como experiencias de vidas transformadas o milagros inesperados, evidenciando que Dios escucha, guarda y cumple cada oración de los santos, aunque nosotros no veamos inmediatamente los frutos (Apocalipsis 5:8; 8:3-4). Este principio nos enseña a perseverar en la oración, a confiar en su fidelidad y a no desanimarnos por la espera, recordando que Él obra según su plan eterno y que, al final, todo se realiza conforme a su amor y su poder soberano (Santiago 1:12; Romanos 8:28).
Enseña cómo la oración vence al enemigo
Corrie ten Boom enseña que la oración vence al enemigo porque conecta al creyente con el poder de Dios y con los ángeles que nos protegen, debilitando las fuerzas de Satanás y frustrando sus planes (Santiago 4:7; Efesios 6:18-19). Orar con fe, perseverancia y en el nombre de Jesús hace que incluso los cristianos más débiles se vuelvan poderosos en oración, pues el enemigo tiembla cuando ve a un santo de rodillas y la Palabra de Dios es proclamada con autoridad (Juan 16:23; Mateo 17:20). La intercesión constante, la entrega de nuestras cargas y la confianza en Dios permiten que Él haga milagros, proteja a los necesitados y abra caminos donde parece imposible, demostrando que la oración es un arma espiritual que derrota la oscuridad, libera vidas y trae la victoria de Cristo (Lucas 10:19; 2 Corintios 10:4).
Enseña cómo la oración transforma el sufrimiento
Corrie ten Boom enseña que la oración transforma el sufrimiento al permitirnos entregar nuestras cargas, penas y miedos a Dios, recibiendo a cambio paz, fortaleza y gozo incluso en medio de pruebas extremas (Filipenses 4:6-7; Salmo 34:18). Al traer nuestras preocupaciones y el dolor de otros al Señor, nuestra perspectiva cambia: lo que parecía insuperable se vuelve llevadero, y podemos experimentar la presencia consoladora de Cristo (2 Corintios 1:3-4). La oración también nos capacita para perdonar, liberar el odio y amar aún en circunstancias difíciles, llenando el corazón de confianza en Dios y permitiendo que lo mejor permanezca incluso cuando lo peor sucede (Romanos 8:28; Mateo 5:44). Así, el sufrimiento deja de ser un peso insoportable y se convierte en un canal de crecimiento espiritual, de intercesión por otros y de demostración del poder y amor de Dios en nuestra vida.
Orar en fe, no en grandeza propia: No necesitamos una fe enorme, sino confiar en un Dios grande que actúa según su poder y amor, aun cuando nuestra fe sea pequeña. (Mateo 17:20; Hebreos 12:2)
Entrega total al Señor: La oración efectiva consiste en traer todas nuestras cargas, pecados y preocupaciones a Dios y dejarlas en sus manos, sin retomarlas después. (Filipenses 4:6-7; 1 Juan 1:9; Salmo 55:22)
Intercesión por otros: La oración no es solo personal; tiene poder cuando intercedemos por familiares, amigos, misioneros, líderes y los necesitados. (2 Timoteo 2:1; 1 Corintios 12:26)
Persistencia y largo plazo: Dios responde en su tiempo perfecto; nuestras oraciones pueden dar fruto años después, demostrando su fidelidad y soberanía. (Lucas 18:1; Efesios 3:20)
Orar con la Palabra de Dios: Presentar las promesas de Dios como base de nuestra oración fortalece la fe y asegura que nuestras súplicas estén alineadas con su voluntad. (Jeremías 1:12; Salmo 119:105)
Orar en el nombre de Jesús: Este es un principio poderoso que garantiza la autoridad de nuestras súplicas y la intervención directa de Dios en nuestras vidas. (Juan 14:13-14; Juan 16:23)
Transformación del sufrimiento y del corazón: La oración nos permite enfrentar pruebas con paz, consuela a los afligidos, libera del odio, fortalece nuestra fe y produce alegría aun en medio de dificultades extremas. (Filipenses 4:7; 2 Corintios 1:3-4; Romanos 8:28)
1. Pregunta: ¿Se necesita mucha fe para que Dios responda a nuestras oraciones? Respuesta: No, no necesitamos gran fe; necesitamos fe en un Dios grande, que actúa según su poder y amor, incluso cuando nuestra fe es pequeña (Mateo 17:20; Hebreos 12:2).
2. Pregunta: ¿Qué significa entregar nuestras cargas en la oración? Respuesta: Significa traer todas nuestras preocupaciones, pecados y cargas a Dios y dejarlas en sus manos, sin retomarlas después (Filipenses 4:6-7; 1 Juan 1:9; Salmo 55:22).
3. Pregunta: ¿Por quién debemos orar además de por nosotros mismos? Respuesta: Debemos orar por familiares, amigos, líderes, misioneros y los necesitados, porque la oración intercesora tiene gran poder (2 Timoteo 2:1; 1 Corintios 12:26).
4. Pregunta: ¿Qué importancia tiene la persistencia en la oración? Respuesta: Dios responde en su tiempo perfecto, y nuestras oraciones pueden dar fruto años después, demostrando su fidelidad y soberanía (Lucas 18:1; Efesios 3:20).
5. Pregunta: ¿Cómo podemos fortalecer nuestra oración? Respuesta: Orando con la Palabra de Dios, presentando sus promesas como base de nuestra súplica, nos alineamos con su voluntad y fortalecemos nuestra fe (Jeremías 1:12; Salmo 119:105).
6. Pregunta: ¿Qué significa orar en el nombre de Jesús? Respuesta: Orar en el nombre de Jesús garantiza la autoridad de nuestras súplicas, asegurando que Dios intervenga según su voluntad (Juan 14:13-14; Juan 16:23).
7. Pregunta: ¿Cómo transforma la oración nuestro sufrimiento? Respuesta: La oración nos permite enfrentar pruebas con paz, liberar el odio, fortalecer la fe y experimentar alegría, incluso en medio de dificultades extremas (Filipenses 4:7; 2 Corintios 1:3-4; Romanos 8:28).
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