Cuando el año termina… ¿qué hacemos con lo que no resultó?
Evangelismo • Sermon • Submitted • Presented
0 ratings
· 5 viewsNotes
Transcript
Introducción: el silencio del fin de año
Introducción: el silencio del fin de año
Estamos llegando al final de un año más.
Eso no es una opinión ni una creencia religiosa: es una realidad que todos compartimos. El tiempo avanza sin pedir permiso. El calendario cambia, los días se agotan, y un nuevo año se asoma delante de nosotros.
El fin de año tiene algo particular. Aunque el mundo siga girando, algo en nuestro interior se detiene. Bajamos un poco el ritmo. Pensamos. Recordamos. Evaluamos. Nos damos cuenta de que no solo termina un año, sino que ha pasado un tramo de nuestra vida que no volverá.
Algunos llegan a este momento con alegría. Otros con cansancio. Otros con una mezcla difícil de explicar. Porque junto con los recuerdos buenos, aparecen también los que duelen. Aparecen las preguntas que evitamos durante el año, pero que ahora ya no se pueden callar.
¿Qué hago con lo que este año dejó en mí?
¿Qué hago con lo que no resultó?
El tiempo, una realidad que nadie controla
El tiempo, una realidad que nadie controla
La Biblia habla con mucha claridad sobre el tiempo. Dice:
(Eclesiastés 3:1).
Este texto no pretende tranquilizarnos con frases bonitas. Nos enfrenta a una verdad incómoda: la vida está hecha de ciclos que no siempre elegimos. Hay tiempos de comenzar, pero también tiempos de terminar. Tiempos de construir y tiempos de perder. Tiempos de abrazar y tiempos de soltar.
Más adelante el mismo libro afirma:
(Eclesiastés 3:15).
Es una manera fuerte de decirnos que el tiempo no retrocede. No hay forma de rehacer este año. No hay forma de editar lo vivido. El tiempo no se puede negociar.
El problema no es que el año termine. El problema es cómo terminamos nosotros por dentro.
El balance inevitable
El balance inevitable
Querámoslo o no, el fin de año trae balance. Miramos hacia atrás y evaluamos.
Hay cosas que agradecemos. Momentos simples, personas que estuvieron, pequeñas alegrías que sostuvieron el camino. Pero también hay cosas que no salieron como esperábamos.
Proyectos que fracasaron.
Relaciones que se rompieron.
Errores que hoy pesan más que antes.
Decisiones que, con el tiempo, mostraron sus consecuencias.
La Biblia reconoce esta experiencia humana cuando dice: (Eclesiastés 9:12).
Muchas veces actuamos sin saber en qué terminarán nuestras decisiones. Y cuando el año se acaba, vemos con más claridad lo que antes no quisimos ver.
Cargar el pasado al futuro
Cargar el pasado al futuro
Una de las grandes dificultades del fin de año es que, aunque el calendario cambia, el pasado viaja con nosotros. Entramos a un nuevo año con recuerdos no resueltos, con culpas silenciosas, con heridas abiertas.
El libro de los Salmos expresa algo muy humano: (Salmo 38:4).
No habla solo de errores morales, sino de ese peso interior que muchas personas sienten y no saben cómo soltar. El problema no es recordar el pasado, sino permitir que el pasado gobierne el presente y condicione el futuro.
Y aquí aparece una pregunta clave:
¿qué hacemos con aquello que no podemos cambiar?
Contar los días con sabiduría
Contar los días con sabiduría
La Biblia no invita a olvidar, sino a aprender. Dice: (Salmo 90:12).
Contar los días no es solo sumar fechas. Es entender que cada etapa de la vida deja algo. Incluso los años difíciles. Incluso los errores. Incluso las pérdidas.
Hay personas que quieren borrar este año lo más rápido posible. Pero hay lecciones que solo se aprenden cuando somos capaces de mirarlas de frente. La sabiduría no nace del éxito permanente, sino de la reflexión honesta sobre lo vivido.
Proverbios dice: (Proverbios 16:9).
Este texto no niega la responsabilidad humana, pero recuerda que no todo está bajo nuestro control. Y reconocer eso no es debilidad, es lucidez.
El cansancio del alma
El cansancio del alma
Muchos llegan a fin de año agotados, no solo físicamente, sino interiormente. Cansados de intentar, de sostener, de aparentar, de cargar expectativas propias y ajenas.
El profeta Isaías describe este cansancio así: (Isaías 40:30).
No importa la edad. El desgaste interior no distingue generaciones. Y aquí aparece una verdad importante: el ser humano no fue diseñado para sostenerlo todo solo.
Por eso la Escritura también dice: (Mateo 11:28).
No es una amenaza. No es una imposición. Es una invitación. Descanso no como evasión, sino como alivio real para el corazón.
Un nuevo año no garantiza un nuevo corazón
Un nuevo año no garantiza un nuevo corazón
Cada fin de año abundan las promesas: ahora sí, el próximo año será distinto. Y aunque el deseo es sincero, la experiencia nos muestra algo claro: cambiar de año no cambia a la persona.
Jeremías lo expresa con crudeza: (Jeremías 17:9).
El problema no está solo afuera, en las circunstancias, sino dentro. Por eso el cambio verdadero no se logra solo con fuerza de voluntad, sino con una transformación más profunda.
La Biblia habla de esto cuando dice: (2 Corintios 5:17).
No habla de maquillaje espiritual, sino de una vida que encuentra un nuevo punto de partida.
Esperanza más allá del calendario
Esperanza más allá del calendario
El fin de año nos recuerda que la vida es frágil, limitada, y valiosa. Y lejos de ser una noticia negativa, es una oportunidad para vivir con mayor verdad.
Dice el libro de Lamentaciones: (Lamentaciones 3:22–23).
No dice nuevas cada año, sino cada mañana. La esperanza que Dios ofrece no depende del calendario, sino de su fidelidad constante.
Cierre: una pregunta necesaria
Cierre: una pregunta necesaria
Quiero cerrar con una pregunta sencilla, pero honesta.
No te preguntes solo qué esperas del próximo año.
Pregúntate también qué necesitas soltar de este.
Porque a veces, el mejor comienzo no es hacer más promesas, sino dejar atrás cargas que ya no te corresponde seguir llevando.
El año termina. Eso es un hecho.
Pero tu vida no termina aquí.
Y lo que no resultó no tiene por qué definir lo que viene.
(Isaías 40:30-31)
