Oro, Incienso, Mirra... y Nosotros
Tiempo de Epifanía • Sermon • Submitted • Presented
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Transcript
1 Después de que Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, llegaron a Jerusalén unos sabios procedentes del Oriente.
2 —¿Dónde está el que ha nacido rey de los judíos? —preguntaron—. Vimos levantarse su estrella y hemos venido a adorarlo.
3 Cuando lo oyó, el rey Herodes se turbó y toda Jerusalén con él.
4 Así que convocó a todos los jefes de los sacerdotes y maestros de la Ley de su pueblo para preguntarles dónde había de nacer el Cristo.
5 —En Belén de Judea —le respondieron—, porque esto es lo que ha escrito el profeta:
6 “Pero tú, Belén, en la tierra de Judá, de ninguna manera eres la menor entre las principales ciudades de Judá; porque de ti saldrá un príncipe que será el pastor de mi pueblo Israel”.
7 Luego Herodes llamó en secreto a los sabios y se enteró por ellos del tiempo exacto en que había aparecido la estrella.
8 Los envió a Belén y les dijo: —Vayan e infórmense bien de ese niño y tan pronto como lo encuentren, avísenme para que yo también vaya y lo adore.
9 Después de oír al rey, siguieron su camino. Sucedió que la estrella que habían visto levantarse iba delante de ellos hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño.
10 Al ver la estrella, sintieron muchísima alegría.
11 Cuando llegaron a la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y presentaron como regalos: oro, incienso y mirra.
12 Entonces, advertidos en sueños de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
Introducción
Introducción
La información es un canal clave en el desarrollo social de las comunidades. Sabemos lo que sabemos porque hemos sido informados de diferentes maneras. Desde que nacemos recibimos información y esa información moldea nuestra forma de ser. Recibir información es un fenómeno común en el ser humano; en la microsociedad una persona recibe información de su entorno familiar, pero en la macrosociedad la información proviene de los medios de comunicación que pueden estar influenciados por las estructuras de poder.
Esa es la manera como la sociedad ajusta sus escalas de valores, transmitiendo información y transformando los contextos. Esa es la razón por la que cuando vemos o leemos noticias encontramos tintes políticos en la manera como se brinda la noticia. Quienes hemos vivido en otros países sabemos que la intensidad de una noticia depende de los intereses propios del país en donde se emite la noticia.
La noticia, entonces, cambia la vida de las personas, para bien o para mal, genera expectativas; el año pasado se anunció la persecución a inmigrantes indocumentados y esto ha generado terror en la comunidad migrante, especialmente entre nosotros los latinos. A nivel mundial, la guerra comercial desatada desde los Estados Unidos generó expectativas y temores en la comunidad internacional, aspectos que, al final, lo sentíamos cuando íbamos a hacer las compras en el súper.
En este tiempo también se comparte la historia de una noticia, quizás la noticia más importante para la humanidad. El nacimiento de Jesús, el Salvador del mundo, Dios con nosotros. Celebramos la Navidad, disfrutamos en familia y hemos compartido momentos que se mezclan con la esperanza del nuevo año. La Navidad y el cambio de año se juntan para dar fuerza a un nuevo comienzo secular y espiritual.
Entonces la noticia del nacimiento de Jesús sigue teniendo efectos vigentes para la persona humana. Iniciar el año reconociendo que Dios es con nosotros debe marcar una diferencia en nuestro ser y quehacer como personas creyentes en Cristo.
El evangelio de hoy comienza relatando la noticia del nacimiento de Jesús en Belén, hace unos domingos hablamos de Juan el Bautista que no era el profeta en Jerusalén sino en el desierto; ahora, Mateo nos informa que Jesús tampoco nació en Jerusalén, es decir, en la capital, en el lugar de relaciones importantes, sino en Belén, un pueblo pequeño pero significativo si tenemos en cuenta que allí fue ungido el rey David.
La noticia del nacimiento de Jesús impacta, sin duda alguna, no solo nuestra vida, sino que impactó a todo el sistema social y político de su época. Este encuentro con Dios es más que significativo, y hoy exploraremos el contraste entre la acción de los magos y la actitud de los líderes de Jerusalén, un contraste que tiene mucho que decirnos en nuestro propio contexto porque mientras los líderes sociales y politicos, que sabían donde estaba el recién nacido Rey, lo despreciaban, los magos traían presentes. Este contraste inspiró el título para esta predicación: «Oro, mirra, inciencio… y nosotros»
Contexto Bíblico
Contexto Bíblico
Hoy el evangelio nos da más información sobre el nacimiento de Jesús en Belén. Aparece en la escena el rey Herodes quien había sido nombrado por el Senado Romano y era rey para la región de Judea entre otras zonas del área. También se menciona a los magos o sabios de oriente que llegaron, guiados por una estrella, en la búsqueda del recién nacido «rey de los judíos».
La presencia de los magos de Oriente cobra vital importancia en el mensaje de Mateo porque se trata de la inclusión de personas de otras culturas e incluso otras religiones en el marco de la adoración al Dios de Israel. Los magos eran sabios gentiles, probablemente de Persia o Babilonia, con conocimientos de astronomía y de las tradiciones proféticas. Aunque personas que no serían bien vistas en el sistema religioso de Israel, Mateo los presenta positivamente porque cuentan en el plan divino, dejándonos saber que la relación con Dios no es el privilegio de un grupo de personas sino que alcanza a todos los seres humanos. El evangelio, ya en su final, dejará esto mismo expresado en la gran comisión: «Id por todo el mundo...»
Los magos fueron guiados por una señal celestial hasta la región, pero la estrella no les indicó el lugar específico donde habría de nacer el Mesías. Por esta razón consultaron en Jerusalén. Como dignatarios extranjeros con conocimiento de fenómenos celestiales, pudieron acceder a la corte de Herodes para inquirir sobre el nacimiento del rey.
El propósito de la visita de los magos era adorar al rey recién nacido (v. 2), y su pregunta es intencional: ¿dónde está el Rey de los judíos? Encontramos en lo no religioso, en lo secular, quizás lo mundano, el sentido de la búsqueda de Dios y la necesidad humana de adorarle.
Los magos eran gentiles que emprendieron un largo viaje movidos por la revelación divina, en contraste con los líderes religiosos que, conociendo las Escrituras, permanecieron indiferentes. Gentiles itinerantes adorando implica encontrar personas que se adhieren a Dios y encuentran motivos de profunda alegría.
Por su parte, la imagen de Herodes y la respuesta a la pregunta tienen otras connotaciones que deben llamar la atención. La escena se da en Jerusalén porque es desde allí donde se mueven todos los aspectos sociales y políticos de Israel. Es allí en donde se han consolidado los grupos religiosos. Jerusalén es el símbolo del poder social, político y económico de la sociedad judía. Belén por su parte representa el cumplimiento de la profecía de Miqueas: de este lugar pequeño, despreciado, surge el verdadero Pastor de Israel. Es el lugar donde Dios inaugura su reinado de forma humilde, el lugar de la nueva creación.
Para Herodes, la noticia es incómoda y genera preocupación. Herodes era idumeo y no tenía ascendencia real, además los idumeos eran vistos como "medio judíos" y su título de "Rey de los Judíos" era otorgado por Roma, no mesiánico. El comentario de los magos de Oriente es para Herodes una completa amenaza para su estabilidad social y política, dado que era conocido por su paranoia y había llegado a ejecutar a varios de sus propios hijos por temor a perder el poder.
El texto muestra, entonces, a un Herodes con capacidad para averiguar el sitio donde nacería el Rey de los Judíos. Se reúne con los líderes religiosos que también se preocupan para discernir el sitio, el dónde. Es curioso que mientras para los extranjeros es un niño anhelado y llamado rey, para Herodes y los líderes religiosos es una amenaza al poder que tenían. Por esa razón, el discurso cambia en el texto. Herodes no reconoce al recién nacido como rey sino como "el niño" y no atiende a sus visitantes conforme a su dignidad de visitante, sino que termina imponiéndose sobre ellos para engañarlos dándoles órdenes. Este cambio de vocabulario revela el rechazo de Herodes a reconocer la autoridad mesiánica del recién nacido.
Un tercer momento en la lectura vuelve a enfocarse en los magos. La estrella los guió hasta el lugar donde estaba el niño. Mateo se refiere a la casa en contraste con el palacio en donde vivía Herodes, lo cual sugiere que los magos llegaron tiempo después del nacimiento, cuando José ya había encontrado alojamiento más permanente. La casa se convierte en lugar de alegría y adoración. El encuentro con Jesús produjo en los magos la mejor actitud, postrarse, que es reconocer a Dios. Sus ofrendas, sin entrar en las múltiples explicaciones teológicas, son la entrega de lo que ellos tienen: oro que reconoce su realeza, incienso que reconoce su divinidad, y mirra que anticipa su sufrimiento. En estos dones, los magos proclaman quién es este niño: el Rey divino que habría de sufrir por su pueblo.
Este texto nos presenta la intervención divina en todo el relato. Dios con nosotros es una manifestación que transita por el texto para dejarnos saber que su casa está abierta para todo el mundo y para todas las personas.
Aplicación
Aplicación
Hemos visto en el evangelio un contraste profundo: magos gentiles que buscan, adoran y ofrendan, frente a líderes religiosos que conocen las Escrituras pero permanecen inmóviles, y un rey que teme y destruye. Ahora la pregunta es: ¿con quién nos identificamos nosotros? ¿Somos buscadores sinceros como los magos, conocedores indiferentes como los escribas, o resistentes temerosos como Herodes?
Nos queda a nosotros reconocer la intervención de Dios en nuestras vidas y en la vida de nuestra comunidad. Al igual que los magos de Oriente, nosotros hemos sido guiados hasta aquí para reconocer a Cristo como Señor y Rey de nuestras vidas. Los magos eran extranjeros, forasteros que no pertenecían al pueblo escogido. Sin embargo, fueron ellos quienes reconocieron y adoraron al Rey. Nosotros, como comunidad latina en este país, a veces nos sentimos como extranjeros. Pero el evangelio de hoy nos recuerda que Dios no solo nos recibe, sino que nos usa como instrumentos de su revelación al mundo.
Los magos anhelaban adorar a quien los líderes religiosos preferían eliminar. De la misma manera que ellos preguntaron sobre el lugar, nosotros debemos preguntarnos constantemente: ¿Dónde reconocemos el señorío de Cristo en nuestra vida cotidiana? ¿En nuestro hogar, en nuestro trabajo, en nuestras relaciones? La luz de Cristo nos guía al servicio y a hacer el bien en toda la comunidad. El peligro de la familiaridad religiosa es real. Los expertos en las Escrituras supieron exactamente dónde buscar, pero nunca fueron. Conocimiento sin acción es peor que ignorancia con búsqueda sincera. ¿Estamos nosotros actuando conforme a lo que conocemos?
También es importante reconocer la casa donde adoramos. No es el santuario el que nos convoca, aunque bonito y digno, sino el servicio al Señor. En ese sentido, más que un santuario encontramos aquí una casa, es decir, una familia en la fe, y eso debe ser causa de alegría. Mateo contrasta la humilde casa de Belén con el palacio de Herodes. Nuestra comunidad no es un edificio imponente, sino una familia que acoge, que incluye, que está abierta a los "magos" contemporáneos que Dios trae a nuestras puertas.
El encuentro con Dios produce muchísima alegría, una alegría que nos mueve a postrarnos ante la presencia de Dios y reconocernos como parte de la familia de Cristo. Postrarse significa reconocer el señorío absoluto de Cristo. ¿Qué áreas de nuestra vida aún no hemos entregado a su gobierno? ¿Nuestras finanzas, nuestras ambiciones, nuestros temores, nuestras relaciones? Ahora bien, si llegamos al igual que los magos, hemos de entregar nuestros dones a Dios.
Entregar nuestros dones no implica despojarnos de lo que somos sino reconocer que todo lo que somos y tenemos encuentra su verdadero propósito cuando lo ponemos al servicio de Cristo. Ahora que estamos comenzando un nuevo año y que hemos visto el gran regalo de Dios que se encarna y se hace como nosotros, debemos reflexionar: ¿De qué forma estoy dispuesto a servir a Dios y darle mis dones? Los magos ofrecieron oro, incienso y mirra: lo más valioso de sus tesoros. ¿Qué estamos dispuestos a ofrecer nosotros?
Esta comunidad, a donde Dios le ha traído, es un lugar ideal para que usted entregue sus dones y servicio. Podemos vivir estos principios de búsqueda, adoración y ofrenda de maneras muy concretas: Con su asistencia fiel, pues la adoración comunitaria enriquece la fe de los creyentes y le da sentido a nuestra familia de fe. Participando en los ministerios de la iglesia, como maestros de escuela dominical, liturgistas, lectores, en el ministerio con jóvenes, o en el la música. Aportando económicamente, practicando una mayordomía generosa que refleje nuestra gratitud por el don supremo de Dios: Cristo mismo. Cada programa requiere de atención económica y juntos lo estamos logrando gracias a la fidelidad de quienes han ofrendado generosamente. Invitando a otras personas a participar en la vida de fe, porque Dios nos ha llamado para predicar las buenas noticias, el evangelio, y es hora de que llevemos ese mensaje de amor a un mundo que lo necesita.
Nos gustaría ver que cada persona que se integra a la comunidad participa activamente y pone sus dones al servicio de Dios. Este conjunto —alegría, servicio y entrega— convierten la adoración en un estilo de vida que se fundamenta en el amor y la seguridad de que Dios está con nosotros.
El evangelio nos recuerda también que el encuentro genuino con Cristo siempre nos transforma. Los magos "regresaron por otro camino" después de adorar al niño Rey. Habían sido cambiados. De igual manera, cuando adoramos verdaderamente, no podemos volver a vivir como antes. Nuestro camino debe ser diferente. ¿Estamos dispuestos a regresar por otro camino, a cambiar nuestras prioridades, nuestros valores, nuestro estilo de vida?
Este es un tiempo ideal para recordar la gran comisión, la universalidad del evangelio y el compromiso que tenemos con Dios de trabajar para que su obra crezca y se fortalezca. Los magos fueron los primeros misioneros, llevando la noticia del Rey recién nacido a sus tierras. Nosotros también somos llamados a ser portadores de esa buena noticia en nuestro contexto, testigos de que Dios ha venido a estar con nosotros y que su casa está abierta para todas las personas, sin importar su origen, su estatus o su pasado. Como los magos nos enseñan, lo que importa no es de dónde venimos, sino hacia dónde nos dirigimos: hacia Cristo, el Rey de reyes y Señor de señores.
