Aguardando la esperanza bienaventurada
Sabiduría para la vida cada día • Sermon • Submitted • Presented
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Introducción
Introducción
“Fui designado para predicar la fe que durante mucho tiempo me había afanado en destruir.”
Esta frase es el epitafio de un hombre que fue un pastor y predicador inglés del siglo XVII, quien es recordado hoy, principalmente, por ser el autor del famoso himno sublime gracia, John Newton. Sin embargo, para sorpresa de algunos, su historia no comenzó en una iglesia, ni en la piedad. Por el contrario, antes de conocer a Cristo, Newton fue un marinero, blasfemo y un despreciable traficante de esclavos.
De hecho, el mismo reconocía que su vida estaba marcada por el pecado y la rebeldía contra Dios. En cierta ocasión, navegando en un barco, cayó borracho al mar, y su tripulación no hizo mucho esfuerzo para salvarlo, pues, era tan despreciable, que lo consideraban un animal. De ese modo, lanzaron un arpón que atravesó su cadera y lo sacaron como si fuera un gran pez.
Debido a esto, quedo cojo por el resto de su vida, y años más tarde, ya estando convertido al Señor, diría: “Cada paso que doy es un constante recuerdo de la gracia de Dios sobre este desventurado pecador.”
Esta cojera, se convirtió en un recordatorio diario de una verdad profunda, y es que él no vivía por su propia fuerza, ni por su pasado, ni por lo que pudiera hacer en el futuro, sino por la gracia de Dios. Esa gracia, lo había salvado cuando no podía salvarse a sí mismo, lo estaba formando cada día, y mantenía su corazón orientado hacia la bendita esperanza de la gloria venidera.
Al comenzar un nuevo año, es muy común que pensemos en el futuro. De hecho, en un sentido, todos caminamos hacia el futuro…
¿Qué es lo que realmente sostiene y orienta nuestra vida?
¿Vivimos sostenidos por nuestras resoluciones?
¿Vivimos orientados por el peso de nuestros fracasos?
¿O vivimos por la gracia de Dios?
El apóstol Pablo le escribe a Tito para instruir a las iglesias de Creta que vivían en medio de una cultura difícil y corrupta. Y él dice: Porque la gracia de Dios se ha manifestado…
Pablo enseña en este pasaje que la vida cristiana se vive entre dos manifestaciones: la gracia que ya se manifestó para salvarnos, y la esperanza bienaventurada que aguardamos como creyentes; la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.
De manera que, entre esos dos momentos, la misma gracia que nos salva, nos enseña a vivir en este mundo caído, y orienta nuestra esperanza hacia Cristo. No vivimos a la deriva, como si no tuvieramos rumbo. Debemos vivir aguardando la esperanza bienaventurada.
Así que, veremos tres verdades que nos ayudarán a entender cómo la gracia de Dios gobierna toda la vida cristiana.
La gracia salva
La gracia salva
Pablo comienza estableciendo el fundamento de la toda la vida cristiana…
¿Qué es la gracia?
“La gracia de Dios es su favor activo que otorga el más grande de los dones a quienes merecen el mayor de los castigos.” — William Hendriksen
“Es el medio por el cual Dios efectúa la salvación, sustenta la vida cristiana, y permite la perseverancia del creyente.”
— Diccionario bíblico Mundo Hispano
“Porque la gracia de Dios se ha manifestado…
Manifestado = Epephane = Hacerse visible o mostrarse
Esto indica que la palabra que Pablo usa no es un idea abstracta o algo en lo que podemos pensar y ya. Este término implica una aparición visible, es decir, un acontecimiento histórico, real. De manera que, la gracia de Dios irrumpió en la historia, se hizo evidente…
Esto es sumamente importante, porque la gracia no es solamente la buena disposición de Dios a perdonar, sino que indica que Dios mismo actúa para salvar.
¿Cuándo se manifestó la gracia de Dios?
Pablo, en su contexto, está haciendo referencia a la primera venida de Cristo. Como lo dice Juan en su evangelio: “El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14).
Esto no quiere decir que entonces la gracia de Dios no se había manifestado antes de eso… (Explicar esto)
El Hijo eterno de Dios, Dios encarnado, entró en nuestro mundo caído, asumió nuestra humanidad, vivió la vida que jamás podríamos vivir y murió la muerte que merecíamos.
Trayendo salvación… El propósito de la manifestación de la gracia divina, no era para mejorar nuestra conducta o nuestra moral. Era para rescatarnos. Es evidente que solo aquel que está perdido, puede ser rescatado. Es decir, nosotros no éramos simplemente enfermos que necesitaban ayuda. La Biblia dice que estabamos muertos en nuestros delitos y pecados, y que Dios nos dios vida, y nos salvó por gracia (Ef. 2).
En medio de la corrupción que caracterizaba a la isla de Creta, el mensaje del Evangelio era profundamente escandaloso, y esperanzador al mismo tiempo, pues la gracia de Dios puede alcanzar al peor de los pecadores. Por esa razón es que Pablo dice que se manifestó para salvación a todos los hombres. En otras palabras, la gracia no estaba restringida por ninguna etnia, estatus social, económico…
El contexto deja ver claramente que Pablo no está hablando de una salvación universal (Vers 1-10).
“La gracia no pasó por alto a los de edad avanzada por su vejez, ni a las mujeres por ser mujeres, ni a los esclavos por ser esclavos, etc. Se manifestó para todos, sin consideración de edad, sexo o posición social.” — William Hendriksen
La Escritura misma da testimonio de esta verdad. El apóstol Pablo es un buen ejemplo de esto…
Ellos solo oían decir: «El que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en un tiempo quería destruir». Gálatas 1:23.
El mismo reconoció haber sido un perseguidor de la iglesia. De la misma manera, podemos pensar en el ladrón en la cruz, o en el publicano que solo pudo clamar a Dios por misericordia.
Es importante recordar que fue esa misma gracia la que se nos manifestó a nosotros en el Evangelio y nos salvó. No estamos en Cristo porque seamos mas sensibles que otros, o más espirituales, o mejores personas. Estamos en Cristo porque la gracia se manifestó, aún cuando nisiquiera la estabamos buscando, sino que éramos enemigos de Dios.
Pero Dios demuestra Su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Rom. 5:8.
Al comenzar este nuevo año, no debemos mirar nuestra vida desde el peso de nuestro pasado, tampoco desde la ansiedad de nuestro futuro, sino que debemos mirar nuestra vida desde esta verdad: hemos sido salvados por gracia.
Piensa por un momento en esta pregunta: ¿Qué ha hecho Dios por ti en Cristo?
Ahora, la gracia que nos salvó no desaparece después de habernos salvado, sino que continúa enseñandonos y orientandonos durante toda nuestra vida mientras aguardamos la esperanza bienaventurada.
La gracia enseña
La gracia enseña
“enseñándonos, que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente, Tito 2:12.”
Después de afirmar que la gracia de Dios se ha manifestado para salvación, Pablo nos dice que esa misma gracia también nos enseña…
Enseñandonos = paideuousa = Educar o criar. Originalmente comunica la idea instruir y formar (un niño) a través de la enseñanza y la disciplina en el conocimiento, la habilidad, la moral, el comportamiento social y otras facetas necesarias para convertirse en un ciudadano productivo y bien acabado.
De ese modo, lo que Pablo está diciendo es que así como un padre o un tutor se esfuerza por formar el carácter de su hijo brindandole todas las herramientas y disciplinas necesarias para ser un buen ciudadano de este mundo, de la misma manera la gracia nos enseña, nos forma el carácter y nos habilita para que podamos crecer y vivir como ciudadanos del reino de Dios…
Y esto ocurre en dos sentidos, uno negativo y otro positivo.
Pablo dice en primer lugar, que la gracia nos enseña a negar la impiedad y los deseos mundanos. Esto implica una ruptura consciente. Es decir, una determinación firme a decir no al pecado. Esto es importante en medio de una cultura que en ocasiones, presenta la gracia como tolerancia con el pecado… Pero aquí vemos todo lo contrario, la gracia no nos da licencia para pecar, en lugar de eso, nos enseña a no pecar.
De ese modo, la impiedad y los deseos mundanos describen lo que éramos antes, es decir, personas sin Dios y sin ley, dominados por pasiones desordenadas.…
“Por tanto, no reine el pecado en su cuerpo mortal para que ustedes no obedezcan a sus lujurias; ni presenten los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de iniquidad, sino preséntense ustedes mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y sus miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, pues no están bajo la ley sino bajo la gracia.” Romanos 6:12-14.
Recordemos cuando la esposa de potifar tentó a José…
“No hay nadie más grande que yo en esta casa, y nada me ha rehusado excepto a usted, pues es su mujer. ¿Cómo entonces podría yo hacer esta gran maldad y pecar contra Dios?.” Génesis 39:9.
No obstante, la gracia también nos enseña cómo vivir. Pablo dice que debemos vivir sobria, justa y piadosamente en este mundo (siglo).
Vivir sobriamente significa que debemos tener dominio propio, una vida ordenada, gobernada por la verdad de Dios, y no por nuestros impulsos. Asimismo, vivir justamente implica que nuestras relaciones con los demás estén marcadas por la integridad, la equidad y el amor. Y vivir piadosamente tiene que ver con nuestra relación con Dios, vivir coram Deo, delante del rostro de Dios, con reverencia y con devoción sincera.
Hay un detalle importante y es que todo esto que nos enseña la gracia, es para que vivamos en este mundo (siglo). En medio de nuestra cultura, sociedad, etc. La gracia no nos aísla del mundo en el que vivimos, nos enseña a vivir correctamente en medio de el.
De ese modo, debemos obedecer, no por temor al castigo (como pensó Newton en algún momento, y como hemos pensado nosotros seguramente en algún momento de nuestras vidas), sino por gratitud y por la obra transformadora en nuestro corazón.
El crecimiento en la vida cristiana no es por nuestra fuerza de voluntad, ni por nuestra disciplina en sí misma, ni por nuestro conocimiento teológico en sí mismo (aunque algunas de estas cosas son importantes). Es porque la gracia de Dios nos está enseñando día a día y nos está formando a la imagen de Cristo.
Y es precisamente esa gracia que hoy nos está enseñando a vivir en medio de este mundo, la que orienta nuestros afectos y nuestra mirada hacia la esperanza bienventurada que Dios ha prometido.
La gracia orienta
La gracia orienta
“aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús. Él se dio por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad y purificar para Sí un pueblo para posesión Suya, celoso de buenas obras.” Tito 2:13-14.
Habiendo considerado la gracia que se manifestó para salvarnos, y que hoy nos está enseñando a vivir, consideremos cómo esa gracia nos orienta al futuro glorioso que debemos aguardar.
No solo tenemos un pasado que ha sido redimido, un presente que está siendo transformado, sino que tenemos también una esperanza, que Pablo llama bienaventurada.
El texto nos llama a vivir aguardando esa esperanza. ¿Qué quiere decir aguardar? No se trata solo de esperar algo de manera resignada o ansiosa. Se trata más bien de una expectativa activa, llena de fe y centrada en algo específico. Esta palabra se usa para describir a alguien que vive con los ojos puestos en algo que es seguro, pero que aún no ha llegado.
De ese modo, no estamos esperando algo incierto, sino una esperanza segura y gozosa que está anclada en una promesa divina. Recordemos que nuestra esperanza no debe descansar en que las circunstancias mejoren, o en que llegue un mejor gobierno (aunque anhelamos y debemos orar por estas cosas), o en que nosotros lleguemos a ser mejores. Nuestra esperanza descansa en que una Persona vendrá…
“Un hombre mortal cumple su promesa y el mundo se divide entre aplausos y llanto. Cristo también prometió volver. Cuando Él regrese, no habrá neutralidad: será gozo eterno o llanto eterno.”
Esta esperanza es definida como la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Notemos la conexión que hace Pablo entre la esperanza del cristiano con la segunda venida de Cristo.
¿Es esta tu esperanza?
Pablo la llama bienaventurada porque imparte bendición, felicidad, placer, gloria. También es llamada así porque tiene un fundamento inmutable, porque su autor es glorioso, porque su objeto es maravilloso, porque produce un efecto precioso, y porque tiene un carácter eterno.
La gracia de Dios nos orienta hacia esta esperanza y esta esperanza es lo que debe direccionar y dar sentido a nuestra vida. En un mundo lleno de frustración, sufrimiento y corrupción, debemos estar anclados a esta esperanza, viviendo orientados hacia el día en que Cristo será plenamente revelado.
Sin embargo, notemos que Pablo conecta esta esperanza con la obra redentora de Cristo. Esto quiere decir que la certeza de su regreso está garantizada por una realidad que ya aconteció, su sacrificio. El Cristo que vendrá, Aquel que estamos esperando, ya vino, y se entregó a sí mismo por nosotros. Como dijo alguien: “La cruz es la garantía de la gloria.”
Pablo también explica el propósito de la entrega de Cristo en tres expresiones: Para redimirnos de toda iniquidad, para purificar para sí un pueblo propio, que sea celoso de buenas obras.
En otras palabras, la redención implica un rescate costoso, el precio fue su propia vida. Pero también tiene un propósito corporativo. Cristo no está formando individuos aislados, sino un pueblo que le pertenece, y que es transformado para hacer buenas obras.
La esperanza futura produce santidad en el presente. Juan lo dice en su primera carta:
“Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que habremos de ser. Pero sabemos que cuando Cristo se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos como Él es. Y todo el que tiene esta esperanza puesta en Él, se purifica, así como Él es puro.” 1 Juan 3:2-3.
La esperanza del regreso glorioso del Cristo glorioso debe llevarnos a vivir con fidelidad en este mundo hostil. Por eso, la gracia no solo nos salva, no solo nos enseña, sino que también orienta toda nuestra vida. Cada desición, nuestras luchas contra el pecado, nuestra obediencia, cobran sentido a la luz de esta bendita esperanza. Recordemos que no estamos caminando hacia la nada. Caminamos hacia un encuentro glorioso.
Mientras aguardamos, somos sostenidos por la gracia de Dios.
Si ustedes, pues, han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Pongan la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque ustedes han muerto, y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces ustedes también serán manifestados con Él en gloria. Col. 3:1-4.
Conclusión
Conclusión
Hemos visto que la vida cristiana no consiste en una serie de esfuerzos, sino en una vida completamente gobernada por la gracia de Dios. De principio a fin, es solo por la gracia de Dios.
Recordemos entonces que esa gracia que nos salvó, se manifestó plenamente en la historia cuando Dios envió a Su Hijo y que no fuimos nosotros los que tomamos la iniciativa de buscar a Dios, sino que fue Dios quien fue a nuestro encuentro y nos tomó, de manera que nuestra fe debe descansar en lo que Cristo ya hizo.
De la misma manera, recordemos que Dios no nos deja igual que cuando nos salvó. Su gracia nos enseña, nos forma y nos disciplina en medio de este mundo caído para que vivamos de manera sobria, justa y piadosa.
Finalmente, consideramos que la gracia orienta y levanta nuestra mirada hacia la esperanza bienaventurada, la gloriosa manifestación de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.
La gracia se manifestó en la primera venida, y la gloria se manifestará en la segunda venida. Vivimos entre esos dos momentos, y la gracia nos sostiene, nos forma y nos dirige.
Tú, pues, hijo mío, fortalécete en la gracia que hay en Cristo Jesús. 2 Tim. 2:1.
Aplicaciones
Aplicaciones
Cristológica: Este pasaje nos lleva a una verdad central, y es que Cristo es el centro de la gracia. La gracia no es una fuerza impersonal, ni tampoco es un concepto teológico o un cliché entre los cristianos. Cristo es la revelación máxima de la gracia divina, Él fue quien se manifestó para salvarnos, quien se dio a sí mismo por nosotros y quien volverá en gloria para consumar Su reino y restaurar todas las cosas.
Es por eso que nuestra esperanza para este año, y para cada día de nuestra vida debe estar en Él. Si Cristo no es el centro de nuestra fe, la obediencia se volverá pesada y nuestra esperanza flaqueará.
Eclesiológica: El texto nos recuerda que Cristo se entregó para purificar para sí un pueblo propio. Somos un pueblo redimido por la gracia de Dios que vive junto, crece junto y espera junto. Vivamos como iglesia en este mundo, como el pueblo de Dios, celoso de buenas obras, dando testimonio con nuestras vidas, nuestras relaciones, no para ganar la salvación, sino para reflejar a Aquel que nos salvó.
Llamado al incrédulo: Haz vivido toda tu vida alejado de Dios, pero recuerda que la gracia de Dios se ha manifestado para salvación. Hay una esperanza y hoy se te está ofreciendo. No tienes que tratar de ganarte a Dios, la gracia es precisamente para aquellos que no pueden salvarse a sí mismos.
Cristo murió por pecadores y resucitó al tercer día. hoy te extiende una invitación real. Arrepientete y cree en el Evangelio, confía toda tu vida a Cristo como Señor y Salvador. Este es un llamado urgente para tu alma, pues, el mismo Cristo que vino en gracia y que te ofrece su gracia hoy, volverá en gloria, ya no para ofrecer gracia, sino juicio. Hoy es el día de gracia, el día de salvación.
Que el Señor nos conceda vivir sostenidos y gobernados por su gracia en lugar de nuestras resoluciones que frecuentemente fracasan año tras año, y podamos vivir aguardando la esperanza bienaventurada, la gloriosa venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.
