Pluribus, la utopía de la iglesia
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· 15 viewsLa perfección no es el camino para la unidad, debemos unirnos aunque seamos diferentes. Son nuestras debilidades y fracasos lo que nos une.
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Pluribus, la falsa unidad
Pluribus, la falsa unidad
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La iglesia se puede convertir fácilmente en una utopía de unidad, el problema es que esa unidad se consigue solo a través de la perfección.
Como no somos perfectos, la unidad no se alcanza, pero como sabemos que debemos procurar la unidad empezamos a vivir en una falsa perfección.
El camino a la unidad no es la apariencia, sino la aceptación de nuestra imperfección.
Es más fácil aceptar a todos cuando todos hacen lo correcto, son buenas personas, no fallan ni se equivocan; pero cuando nos equivocamos, herimos, traicionamos, fallamos en cumplir las expectativas…no es fácil unirnos.
Estaremos, durante esta serie, tratando una serie de plagas que se instalan en nuestra alma y empiezan a formar parte de nuestra vida, a veces sin darnos cuenta. Pueden ser sutiles, pero son peligrosas. Se muestran inofensivas y hasta bienintencionadas, pero hacen mucho daño.
La plaga de hoy es la Negación. Es no aceptar algo que está ahí. En nuestro caso, como seres humanos, cuando no entramos en negación podríamos incluso defender lo que nos hace daño.
Ser débiles e imperfectos no es algo que nos guste aceptar fácilmente. Al contrario, protegemos esa imperfección con apariencias de perfección.
Pero las apariencias nos hacen daño, fingir nos mata por dentro.
Alcanzar la unidad y permanecer unidos siendo imperfectos es muy difícil.
Para nosotros, la imperfección es un problema, pero no lo es para Jesús.
Necesitamos venir a Él para que nos sane de las apariencias.
Para Jesús la imperfección no es una limitación
Para Jesús la imperfección no es una limitación
La iglesia no puede sostener una falsa unidad a través de fingir una perfección imposible.
La forma en la que Jesús trata nuestras imperfecciones es diferente a como los cristianos lo hacemos.
Para Jesús, las imperfecciones no representaban un problema ni eran un motivo para separarnos.
Cuando nos mostramos perfectos para mantenernos unidos nos volvemos hipócritas, vestidos de apariencias.
Jesús tenía una lucha confrontativa contra la secta de los fariseos, justo por ese hecho.
6 Otro sábado entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada;
7 así que los maestros de la ley y los fariseos, buscando un motivo para acusar a Jesús, no le quitaban la vista de encima para ver si sanaba en sábado.
8 Pero Jesús, que sabía lo que estaban pensando, le dijo al hombre de la mano paralizada: —Levántate y ponte frente a todos. Así que el hombre se puso de pie. Entonces Jesús dijo a los otros:
9 —Voy a hacerles una pregunta: ¿Qué está permitido hacer en sábado: hacer el bien o el mal, salvar una vida o destruirla?
10 Jesús se quedó mirando a todos los que lo rodeaban, y le dijo al hombre: —Extiende la mano. Así lo hizo, y la mano le quedó restablecida.
Notemos tres aspectos fundamentales en esta historia:
1. Las apariencias son una carga desgastante
1. Las apariencias son una carga desgastante
El día de reposo se había convertido en una fatigosa apariencia de descanso.
Vivir de apariencias nos somete a vivir en negación constante.
2. Cuando promovemos las apariencias provocamos verguenza y separación
2. Cuando promovemos las apariencias provocamos verguenza y separación
Los líderes habían construido una comunidad llena de apariencias.
Vivir en negación nos hace sentir atemorizados de ser descubiertos y nos distanciamos para escondernos.
3. La aceptación trajo sanidad y por lo tanto unidad
3. La aceptación trajo sanidad y por lo tanto unidad
Las instrucciones de Jesús fueron:
Levántate
Ponte frente a todos
Extiende la mano
La primera instrución pudo avergonzarlo, la segunda lo expuso y la tercera lo sanó.
Vivir en aceptación de nuestras imperfecciones estimula la empatía y nos acerca como humanos débiles que necesitan apoyo y cuidado.
Reconocer tus imperfecciones, en vez de negarlas, te acerca a las imperfecciones de los demás.
Vivir en negación es vivir separados.
Puedes aceptar las imperfecciones de los demás cuando aprendes a aceptar tus propias imperfecciones.
9 Cada vez él me dijo: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad». Así que ahora me alegra jactarme de mis debilidades, para que el poder de Cristo pueda actuar a través de mí.
10 Es por esto que me deleito en mis debilidades, y en los insultos, en privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo. Pues, cuando soy débil, entonces soy fuerte.
