De la teología a la adoración
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Romanos 11:25-36
El apartamiento de Israel a un lado por parte de Dios no solo es parcial y pasajero sino también lleno de propósito. Dios dejó de lado por un tiempo a su pueblo escogido con el fin de traer salvación a los gentiles, para que Israel tuviera celos de ellos de tal modo que anhelaran recibir las bendiciones del Mesías a quien habían rechazado, y que por esa vía pudieran ser usados para traer ricas bendiciones al resto del mundo (vv. 12-15). No obstante, el propósito predominante de Dios es en últimas que Él sea glorificado.
La doxología que aparece al final de este pasaje constituye el clímax de la sección doctrinal de la epístola y se enfoca en el propósito supremo de todas las cosas que Dios hace: glorificarse a sí mismo.
El beneficio supremo del plan de redención de Dios, tanto para judíos como para gentiles, consiste en recibir salvación y vida eterna; pero el propósito supremo de ese plan es que Dios mismo sea glorificado. Incluso aljuzgar a los inicuos, su propósito es glorificarse Él mismo. Su preparación del cielo para los salvos y del infierno para los no salvos es para mostrar su gloria. El propósito culminante de todo ser y cosa creados en el universo es glorificar a Dios (cp. Sal. 19: 1; Is. 43:20;1 Co. 10:31). Todas las demás intenciones divinas son subsidiarias de esa meta suprema y última.
Puesto que el propósito supremo del hombre es reconocer y honrar a Dios por su gloria y Illigestad, el acto de no glorificarle es la marca segura de rebelión espiritual e impiedad. Como Pablo explica al comienzo de esta epístola, no existe excusa alguna para que cualquier persona que haya vivido en cualquier tiempo o lugar, se abstenga de o se niegue a glorificar a Dios.
Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienenn excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios" (Ro. 1:18-21).
A lo largo de toda la historia de la redención, Dios ha llamado a hombres y mujeres para que den alabanza, honra, adoración y gloria solo a Él, y que le atribuyan todo lo que merece en su dignidad como el único Creador, Salvador y Señor de santidad y majestad infinitas.
El propósito de todas las cosas, sean ángeles, hombres, otras criaturas, la vida, la muerte, el cielo, el infierno, la tierra, los mares y los cielos, el universo entero, consiste en desplegar la majestad del Creador santo y soberano quien los hizo a todos, así como llevar a todas las criaturas a que le glorifiquen.
Los creyentes tienen una obligación y privilegio mucho mayor que los demás hombres, por eso pueden y deben glorificar a Dios, porque han sido testigos de la gloria de su gracia salvadora. Nosotros por lo tanto deberíamos proclamar todo el tiempo junto a Pablo: "A él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén" (Ef. 3:21).
La razón más cierta por la que Dios redimirá a Israel en últimas es que su palabra de promesa debe cumplirse para alabanza de su gloria. Tal como Él ordenó en su soberanía: "Este pueblo [Israel] he creado para mí; mis alabanzas [un día] publicará" (Is. 43:21)
Alabemos la soberanía de Dios (vv.25-26a)
Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo
Pablo acababa de advertir a los creyentes gentiles con respecto a las consecuencias de jactarse o ensoberbecerse debido a que el Israel incrédulo ha sido cortado de la bendición a fin de que esta pudiera ser ofrecida a los gentiles, y explica que "si Dios no perdonó a las ramas naturales [Israel], a ti tampoco te perdonará [la iglesia gentil]" (Ro. 11 :20-21). Si Él ahora en su gracia soberana ha otorgado salvación a los gentiles creyentes, "cuánto más" hará volver con fe a sí mismo a Israel su nación de pacto para que reciba la bendición plena, y cortará a la iglesia gentil apóstata (v. 24).
El primer componente de este misterio es un endurecimiento espiritual en parte que ha acontecido a Israel.
El segundo componente de este misterio es que el endurecimiento en parte será una realidad únicamente hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles.
La expresión hasta que se refiere a algo temporal, plenitud indica cumplimiento final, y juntas denotan transitoriedad. El endurecimiento durará nada más que el tiempo determinado por Dios. Empezó cuando Israel rechazó a Jesús como su Mesías y Salvador, y terminará cuando haya entrado la plenitud de los gentiles.
La incredulidad de Israel durará solo hasta que el número completo de los gentiles escogidos por Dios hayan accedido a la salvación. El llamado especial de Pablo fue a "ser ministro de Jehová a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo" (Ro. 15:16). En su carta a Tito, Pablo se refiere a sí mismo como "apóstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios" (1:1). El misterio termina cuando se complete la reunión de los elegidos.
Todo Israel debe interpretarse en ese sentido literal, haciendo referencia a la nación entera que sobrevive al juicio de Dios que cae durante la gran tribulación.
El control de Dios sobre la historia es una evidencia irrefutable de su soberanía. No hay que dudar que así como cortó al Israel incrédulo de su árbol de salvación, también injertará de nuevo al Israel creyente, una nación completamente restaurada y salvada en todo su conjunto.
2. Alabemos la integridad de Dios (vv.26b-29)
como está escrito:
Vendrá de Sion el Libertador,
Que apartará de Jacob la impiedad.
27 Y este será mi pacto con ellos,
Cuando yo quite sus pecados.
28Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. 29Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios
Las Escrituras están repletas de afirmaciones de la absoluta veracidad y confiabilidad de Dios. "Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, 'y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?" (Nm. 23:19).
El escritor de Hebreos presenta esta certeza alentadora: “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió" (He. 10:23). Pedro nos da una afirmación similar: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento" (2 P. 3:9).
Las promesas de Dios son veraces y precisas. Serán cumplidas de la manera exacta y en el tiempo exacto que el Señor ha determinado y declarado. Nadie puede trastocar las promesas de Dios, y Él no está dispuesto a romperlas. En todo sentido y a todo nivel, su Palabra es inmutable.
La salvación es el perdón y remoción del pecado, la erradicación de aquello que separa al hombre caído del Dios santo. El poder de la salvación es la gracia de Dios, y la condición para la salvación es la fe del hombre. No obstante, esa misma fe requerida existe por provisión divina. Como Pablo ya ha dejado en claro, nuestro llamamiento a la salvación, nuestra justificación, santificación y glorificación, todo fluye de la gracia soberana de Dios, el fruto de su presciencia y predestinación divinas (Ro. 8:29-30).
La salvación última de Israel también está asegurada con certeza divina. A fin de que "todo Israel [sea] salvo", todo su pecado debe ser perdonado y removido.
Eso es lo que Dios promete hacer expresamente: apartará de Jacob la impiedad y quitará sus pecados. La promesa es incondicional. No dependerá de que Israel decida por su cuenta volver al Señor, sino de que Dios en su soberanía traiga a Israel de vuelta a sí mismo.
Así como la gracia soberana y la elección de Dios no pueden ser ganadas por méritos, tampoco pueden ser rechazadas o trastocadas. Son irrevocables e inalterables. Por lo tanto, nada puede impedir que la nación de Israel sea salvada y restaurada, ni siquiera su propia rebelión e incredulidad, porque como Pablo acaba de declarar, Dios en su soberanía apartará su impiedad, y en su gracia quitará sus pecados (vv. 26-27). Lo que es cierto acerca de los creyentes elegidos también es cierto del Israel elegido: "Fiel es el que os llama, el cual también lo hará" (1 Ts. 5:24).
3. Alabemos la generosidad de Dios (vv.30-32)
Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos, 31así también éstos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia. 32Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.
Aquí misericordia es la traducción de eleeo, que alude al concepto básico de tener compasión por aquellos que padecen necesidad y que lleva a satisfacer esa necesidad. Por cuanto la necesidad más grande del hombre es que sus pecados le sean quitados y que reciba vida espiritual, la misericordia de Dios le suministra eso exactamente.
El salmista declaró: ''Alabad aJehová, porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia" (Sal. 136:1). Salomón testificó delante del Señor: "Tú hiciste gran misericordia a tu siervo David mi padre, porque él anduvo delante de ti en verdad, en justicia, y con rectitud de corazón para contigo; y tú le has reservadoesta tu gran misericordia, en que le diste hijo que se sentase en su trono, como sucede en este día" (1 R. 3:6).
En su primera carta Pedro escribió: "Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos" (1 P. 1:3).
Él no solo concede un perdón que no es merecido, sino que también al mismo tiempo rescinde su castigo, que sí es merecido.
La explicación de Pablo ha dado un círculo completo, por así decirlo. A causa de la incredulidad de Israel, la nación fue relegada desde un punto de vista parcial y temporal, mientras el evangelio de salvación fue extendido a los creyentes. Ahora bien, si Dios extendió su gracia a gentiles paganos aun cuando estaban en la incredulidad, ¿cuánto más extenderá su gracia de nuevo y con toda seguridad a Israel su pueblo escogido mientras ellos están en incredulidad? El apóstol aplica esta verdad a su contexto específico al decir: Pues como vosotros los gentiles también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos, cuánto más ahora es tiempo que los hijos de Israel, por la misericordia concedida a vosotros gentiles, también alcancen misericordia.
Bien sea para el gentil o para el judío, la salvación se basa en la misericordia de Dios, no en el mérito humano. Es una expresión de la gracia soberana y generosa de Dios.
Pablo testificó acerca de su propia salvación obtenida por gracia: "Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio, habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad. Pero la gracia de nuestro Señor fuemás abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús" (1 Ti. 1:12-14).
El pecado del hombre, manifestado en su desobediencia voluntaria, provee un medio para que Dios demuestre la magnitud y gracia de su misericordia. Si no hubiera desobediencia, no habría necesidad ni expresión de la misericordia de Dios. A fin de revelarse a sí mismo como lleno de misericordia, Él permitió la entrada del pecado. Él sujetó a todos, el mundo entero, judíos y gentiles por igual, en desobediencia e incredulidad a fin de que Él también pudiera tener misericordia de todos aquellos que se arrepienten de su pecado y se vuelven a Él para obtener su salvación por gracia.
Debe advertirse que esta misericordia que salva es mostrada a todos. La obra satisfactoria y perfecta de Jesucristo en su muerte y resurrección ha cumplido con todas las exigencias de la justicia y la santidad de Dios, y por esa vía ha quitado todas las barreras para el perdón de todos; cualquier persona que busque perdón y salvación los hallará y recibirá.
Como John Brown observó, la revelación de la misericordia de Dios en los evangelios se refiere a todos los hombres como pecadores, no a unos cuantos como pecadores elegidos.
Cristo murió por el mundo y está reconciliando al mundo consigo mismo porque Él ama al mundo.
4. Alabemos la incomprensibilidad de Dios (vv.33-36)
¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! 34Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? 35¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? 36Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.
Pablo estalla en una doxología maravillosa que expresa su regocijo porque la relegación temporal de Israel por parte de Dios le glorifica en su misma incomprensibilidad. El portento pleno de la omnipotencia y gracia de Dios está del todo por fuera de la capacidad humana de comprensión. Hace tambalear incluso al intelecto cristiano más maduro, incluyendo el entendimiento del apóstol mismo.
Tras completar su argumento y haber afirmado la soberanía, integridad y generosidad de Dios, Pablo no tiene que agregar más que loor y alabanza por la profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios. Mayor descripción y explicación están por completo más allá de los límites de la expresión y comprensión humanas.
La palabra inescrutables es la traducción de anexichniastos, la cual se refiere literalmente a huellas de pisadas que resulta imposible rastrear, como las de un animal que algún cazador es incapaz de seguir. Es la idea exacta que expresó bellamente el salmista cuando declaró acerca de Dios: "En el mar fue tu camino, y tus sendas en las muchas aguas; y tus pisadas no fueron conocidas" Sal. 77:19).
El Espíritu mismo de Dios es el único quien "todo lo escudriña, aun lo profundode Dios" (1 Co. 2:10).
Los creyentes que son fieles en su estudio de la Palabra de Dios pueden aprender y adquirir un cierto grado de comprensión de su verdad, de todo lo que es necesario "para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia", con el fin de que seamos "perfectos, enteramente preparados para toda buena obra" (2 Ti. 3:16-17).
Nuestro Dios de gracia nos da más que toda la verdad que necesitamos para conocerle, servirle y confiar en Él; pero sin importar con cuánta diligencia hayamos estudiado su Palabra, debemos confesar con David:
"Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender" Sal. 139:6).
