Sermón sin título (6)
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Sermón: Mira por encima del sol
Sermón: Mira por encima del sol
Texto base: Eclesiastés 1:11
Gran idea principal: Mira por encima del sol
I. Contexto histórico de Eclesiastés
I. Contexto histórico de Eclesiastés
El libro de Eclesiastés nace en un momento muy particular de la historia de Israel. La nación ya no está luchando por sobrevivir ni por establecerse. Hay paz, estabilidad y prosperidad. Jerusalén se ha convertido en un centro de poder, cultura y comercio. Humanamente hablando, Israel está en su mejor momento.
En ese contexto se levanta la voz del Kohelet, una palabra que describe a alguien que se pone delante del pueblo para hablar y compartir reflexiones. No es un profeta denunciando pecado ni un sabio repitiendo fórmulas breves. Es alguien que ha observado la vida con detenimiento y ahora habla desde la experiencia.
Desde la antigüedad, la tradición ha identificado a este Kohelet con Salomón, hijo de David y rey en Jerusalén. El propio libro describe a alguien que reinó en Jerusalén, que tuvo una sabiduría extraordinaria, grandes recursos, proyectos ambiciosos, placer y reconocimiento. Es la voz de alguien que tuvo acceso a todo lo que muchos desean.
Eclesiastés fue escrito hacia el final de la vida de Salomón, alrededor del año 930 antes de Cristo. No surge desde la expectativa del que comienza, sino desde la evaluación del que ya recorrió el camino. Por eso el libro tiene un tono sobrio, reflexivo y, en ocasiones, desconcertante.
El texto parece estar dirigido al pueblo en general, pero especialmente a quienes se detienen a pensar. Habla de la vida cotidiana, del trabajo, del paso del tiempo, del placer, de la injusticia y de la muerte. No trata temas lejanos, sino la experiencia humana tal como es vivida.
A lo largo del libro, Kohelet expone observaciones sobre la vida “debajo del sol”, desde la perspectiva humana. Algunas afirmaciones suenan crudas, otras profundamente sabias. El lector es llevado a caminar junto al autor en su proceso de reflexión, escuchando preguntas que no siempre reciben una respuesta inmediata.
Eclesiastés no avanza de forma lineal ni sencilla. Vuelve sobre los mismos temas, repite ideas, tensiona conclusiones. Es un libro que no se lee con prisa, sino con atención.
Así se abre Eclesiastés: como el testimonio de alguien que estuvo en la cima, que lo probó todo y que se atrevió a decir en voz alta lo que descubrió al final del camino.
II. Introducción
II. Introducción
A TODOS nos gusta pensar que las cosas que hacemos son importantes y que las cosas que hacemos: QUE DEjaremos una huella, aqui cuando salgamos del mundo, pero realmente es esto así ?
En un mundo donde tenemos que enfrentar tantas cosas, tantos problemas, injusticias, cosas torcidas que no parecen nunca enderezarse, ¿de qué sirven nuestros logros?
O comportarse de cierta manera, si al final del día, todos vamos a morir, no importa cómo hayamos vivido. Ese tipo de cuestionamientos es lo que hace el autor del libro de Eclesiastés.
Una lectura superficial de este libro puede llevarnos directamente a caer en una filosofía de la vida fatalista.
Déjeme leerle algunos versículos para que tengas una idea del tipo de declaraciones que vamos a estar estudiando a lo largo de este libro:
Eclesiastés 2:17-18
17 Y aborrecí la vida, porque me era penosa[o] la obra que se hace bajo el sol, pues todo es vanidad y correr tras el viento.
18 Asimismo aborrecí todo el fruto de mi trabajo con que me había afanado bajo el sol, el cual tendré que dejar al hombre que vendrá después de mí.
Eclesiastés 3:18-19
18 Me dije también en cuanto a los hijos de los hombres: «Ciertamente Dios los ha probado para que vean que son como los animales».
19 Porque la suerte de los hijos de los hombres y la suerte de los animales es la misma[l]: como muere el uno así muere el otro. Todos tienen un mismo aliento de vida; el hombre no tiene ventaja sobre los animales, porque todo es vanidad.
Eclesiastés 7:15-17
15 He visto todo durante mi vida[h] de vanidad:
Hay justo que perece en su justicia,
Y hay impío que alarga su vida en su perversidad.
16
No seas demasiado justo,
Ni seas sabio en exceso.
¿Por qué has de destruirte?
17
No seas demasiado impío,
Ni seas necio.
¿Por qué has de morir antes de tu tiempo?
Eclesiastés 8:14-15
14 Hay una vanidad que se hace sobre la tierra: hay justos a quienes les sucede[c] conforme a las obras de los impíos, y hay impíos a quienes les sucede[d] conforme a las obras de los justos. Digo que también esto es vanidad.
15 Por tanto yo alabé el placer, porque no hay nada bueno para el hombre bajo el sol sino comer, beber y divertirse, y esto le acompañará en sus afanes[e] en los días de su vida que Dios le haya dado bajo el sol.
Eclesiastés 9:19
Para el placer se prepara la comida,
Y el vino alegra la vida,
Y el dinero es la respuesta para todo.
III. Preguntas “¿Por qué?”
III. Preguntas “¿Por qué?”
Mis hermanos, este libro nos prepara para recibir el precioso evangelio de nuestro señor Jesucristo. Lo que hace este libro es examinar la vida del hombre desde una perspectiva completamente secular, para mostrarnos que de esa manera, la vida del hombre no tiene sentido.
El libro de Eclesiastés es enigmático para muchas personas, porque en su mayoría es pesimismo y tiene un aire de cinismo en ocasiones y escepticismo; y es uno de los libros más difíciles en el Antiguo Testamento de interpretar, por esta razón.
Es casi como leer a un filósofo existencial del siglo veinte y descubrir esas filosofías milenios atrás. Por ejemplo, Ernest Hemingway, quien a veces ha sido descrito en la literatura norteamericana como uno que adoptó el naturalismo pesimista, vio la futilidad de la existencia humana y se quejó de los problemas sin significado que atacaron su propia alma. Él acabó con su propia vida, suicidándose.
El libro empieza con una visión cíclica de la vida, común en el mundo antiguo, especialmente en la filosofía griega: todo da vueltas en un círculo sin fin, sin comienzo ni final, sin triunfo duradero.
Bien, el libro de Eclesiastés empieza con estas palabras:
"Vanidad de vanidades, dice el Predicador, vanidad de vanidades, todo es vanidad."
Aquí, el término “vanidad” no se refiere al orgullo, sino a lo que se hace en vano, lo inútil. Podríamos traducirlo: “la futilidad de futilidad, todo es fútil”.
IV. Debajo del sol
IV. Debajo del sol
Eclesiastés explora la vida debajo del sol, es decir, la vida desde la perspectiva humana, sin Dios:
“¿Qué provecho recibe el hombre de todo el trabajo con que se afana bajo el sol?”
“Una generación va y otra viene, mas la tierra permanece para siempre.”
“El sol sale y el sol se pone, y de allí vuelve a salir.”
“Todos los ríos van hacia el mar, y el mar no se llena.”
“No hay nada nuevo bajo el sol.”
Esto es información extremadamente pesimista. Cada ser humano ha experimentado la amenaza de la duda:
¿Por qué paso la mayor parte del tiempo haciendo cosas que realmente no quiero hacer?
¿Tiene la vida un propósito?
¿Mi esfuerzo diario sirve para algo?
Si leemos esto con Dios fuera de la ecuación, inevitablemente terminamos en decepción y desesperación.
El libro examina las cosas que la gente persigue para encontrar felicidad: placer, hedonismo, poder, riqueza, reconocimiento. Todo esto falla si Cristo no está en la ecuación.
V. Encima del sol
V. Encima del sol
¡Mira por encima del sol!
¡Mira por encima del sol!
¿Por qué? Porque Cristo es más, Cristo es mayor que todo.
En Cristo hay un nuevo pacto (Lucas 20:20)
En Cristo tenemos un nuevo corazón (Ezequiel 36:26)
En Cristo somos nuevas creaturas (2 Corintios 5:17)
En Cristo todo es hecho nuevo (Apocalipsis 21:5)
Dios nos ha hecho nuevos, y algún día todo lo que está debajo del sol pasará, y Cristo instaurará su reino eterno. La creación será liberada de la vanidad del pecado, y no habrá más frustración ni hastío.
VI. Aplicación
VI. Aplicación
Lo terrenal pasa. ¿Cuál es tu perspectiva sobre la vida?
¿Tienes esperanza en Dios y en su plan de redención?
¿Miras la cruz de Cristo para recordar que todo fue pagado y ahora somos uno con Él?
Si vivimos sin esperanza, recordemos: Cristo VIVE (Juan 10:10). Él nos ha dado vida en abundancia.
Miramos por encima del sol porque Dios está sentado en su trono, dando vida y propósito a todo y todos para su gloria. Nada ni nadie puede frustrar los planes de Dios.
San Agustín: “Dios nos hizo para Él; nuestra alma solo encontrará descanso cuando regrese a Él.”
Poeta cristiana: “Si yo no tuviera nada, pero tuviera a Cristo, lo tendría todo como quiera.”
Solo Cristo da sentido a la vida, propósito a nuestra existencia. Es el centro de nuestra vida.
VII. Llamado
VII. Llamado
No te vayas de este lugar sin arreglar las cuentas con Dios.
Ora y pídele a Cristo que te libre de este sistema caído y sin sentido y que te conceda Su gracia, paz y vida eterna.
VIII. Oración
VIII. Oración
Oremos.
