De Lodebar a la gracia
David • Sermon • Submitted • Presented
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· 8 viewsLectura bíblica: 2 Sam. 9:1; Himno #269—Prefiero a Cristo
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Introducción
Introducción
En el siglo XIX, se pudo ver algo que nunca se había visto en la época: la reina Victoria adoptó a muchos familiares que tenían muchas complicaciones y limitaciones para que vivieran en el palacio. Lo que ocurre es que la norma era que estos familiares fuesen escondidos del ojo público porque las limitaciones eran vistas ante el público como señal de debilidad. Ella tenía un primo que tenía limitaciones severas, comía regularmente en la mesa real. En este momento quiero hablarte de una persona que también era discapacitada y que comió en la mesa del rey cuando la norma era que estuviera muerto: Mefiboset. Nosotros somos Mefiboset y de la misma manera Dios muestra Su misericordia de la siguiente manera:
Cuerpo
Cuerpo
Jesús quiere recordarnos que:
Él recuerda el pacto (2 Samuel 9:1-4)
Cuando David le hace esta pregunta a Siba, él estaba recordando el pacto que hizo con Jonatán (1 Sam. 20:11-17) . En el ACO, cuando una nueva casa real tomaba tomaba el poder la norma era la eliminación absoluto de la casa real anterior. Esto incluía lo siguiente:
Eliminación de varones reales,
confiscación de tierras y propiedades
Deshonra pública
Linaje es borrado
La casa de Saúl no fue eliminada por la casa de David, sino que la casa de Saúl se deshizo desde adentro. Todo comenzó cuando Saúl desobedeció y David fue ungido rey por Samuel. Años después, Saúl y Jonatán mueren en batalla. Antes de David ascender al trono, el hijo de Saúl: Is-boset asumió el trono, pero carecía de autoridad y dependía de la influencia de Abner, su general. Is-boset luego muere al ser asesinado por sus propios hombres y Abner también muere, por lo tanto ya no queda nadie que tome el poder. La casa de David llega y toma control. En este caso particular no fue David el que le quitó el poder a la casa de Saúl, sino que la casa de Saúl se lo quitó a sí misma de manera progresiva. Esta pierde la influencia, la legitimidad real y no tienen más herederos capaces de gobernar. David simplemente tomó control de las tierras.
David se recordaba de Jonatán y quiso mostrarle misericordia a alguien de su casa cuando la cultura dictaba que si quedaba alguien de la casa real de Saúl, habría que eliminarlo. De la misma manera Jesús se acuerda del pacto que hizo con nosotros. Incluso, lo selló con Su sangre. Cuando se supone que nosotros nos mantuviésemos con la culpa de nuestros pecados, Él tomó nuestro lugar (Phil. 2:5-8) por amor a nosotros porque Él recordó que Él quería a la humanidad a Su lado, que nos creó para vivir en eterna comunión con Él.
Él nos llama (2 Samuel 9:5,6)
David entonces manda a buscar a Mefiboset. En los versículos anteriores, se puede ver que Siba busca decirle a David de la condición de Mefiboset (2 Sam. 9:3), pero aún así David lo manda a buscar siempre recordando el amor que le tenía a Jonatán. De la misma manera Dios por amor a nosotros ignoró nuestra condición y nos mandó a buscar como quiera. Dios quiere reconciliarse con cada uno de nosotros y quiere sacarnos de donde sea que estemos para traernos hacia Sus pies. No importa que tú hayas hecho o lo que estés haciendo, no hay pecado más grande que el amor de Dios no pueda cubrir (Rom. 8:38-39).
Él nos restituye ( 2 Samuel 9:7-12)
David no solo lo llama, sino que le restituye todo lo que le pertenecía a su padre, Jonatán. No le dio lo más mínimo, no lo hizo un siervo, sino que le dio el máximo honor y lo tomó como si fuese su hijo. Esto no significa que entraba en la línea de sucesión real ya que Dios le prometió a David que el Mesías surgirá de su linaje (2 Samuel 7:12-16), sino que esto significaba que:
Acceso permanente a la mesa real,
Restauración de honor,
Protección política y personal,
Sustento de por vida.
Aunque no era parte de la línea de sucesión, entró en el “hésed”—la misericordia del pacto, gozando de sus beneficios.
Además, le devuelve las tierras y pertenencias que eran de Saúl y Siba y su casa, que eran originalmente siervos de Saúl, pasan a ser siervos de Mefiboset. Podemos ver que David no hizo el mínimo, sino que dio lo máximo que podía hacia Mefiboset. De la misma manera Dios quiere hacer para nosotros. A pesar de nuestros pecados, Dios nos quiere restituir como hijos suyos; no como siervos, no como criados, sino que como hijos suyos que se sientan en Su mesa. Así será cuando lleguemos a la Patria Celestial: nos sentaremos a cenar con el Cordero. Dios no te quiere dejar en Lodebar, sino que te quiere traer a las mesas del Cordero, tan solo hay que responder Su llamado.
Conclusión
Conclusión
Jesús nos recuerda que:
Él recuerda el pacto,
Él nos llama,
Él nos restituye.
¿Cuantos quieren responder el llamado de Dios?
