Esperar para Recibir: La Mentalidad del Espíritu
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Testify about Pastors wait before entering into his traveling season
INTRODUCCIÓN
INTRODUCCIÓN
Iglesia, déjenme empezar con una pregunta sencilla, pero honesta:
¿A quién aquí se le hace difícil esperar?
Esperar respuestas.
Esperar resultados.
Esperar puertas que se abran.
Esperar que Dios haga lo que prometió.
La espera nos incomoda porque sentimos que no estamos avanzando.
Sentimos que estamos perdiendo tiempo.
Sentimos que algo debería estar pasando… y no pasa.
Vivimos en una cultura de lo inmediato.
Comida rápida.
Mensajes instantáneos.
Resultados al momento.
Y sin darnos cuenta, ese mismo espíritu se nos manifiesta en la fe.
Queremos promesas sin proceso.
Queremos poder sin preparación.
Queremos movernos sin detenernos a escuchar.
Pero la Biblia nos enseña algo muy diferente:
Dios no apresura a la gente que va a usar poderosamente.
Dios primero los forma.
Antes de Pentecostés, los discípulos eran hombres apasionados pero desordenados:
reaccionaban por emociones, por miedo o por impulso.
Amaban a Jesús, pero muchas veces hablaban sin pensar.
Querían defenderlo con espada, pero huían cuando las cosas se ponían difíciles.
Tenían fuego… pero no dirección.
Y Jesús, sabiendo lo que venía, no los envía inmediatamente al ministerio.
No les dice: “Salgan y cambien el mundo ahora mismo”.
Les dice algo mucho más difícil: Aprendan a esperar.
Jesús los reúne y les da el primer paso hacia una mente transformada:
no hacer nada… hasta recibir dirección del Espíritu Santo.
Porque una iglesia renovada no corre delante de Dios,
una iglesia renovada espera la instrucción del Espíritu.
Esperar no es pasividad.
Esperar es obediencia.
Esperar es disciplina espiritual.
La espera revela si confiamos más en nuestra capacidad
o en el tiempo perfecto de Dios.
Y aquí es donde quiero que pongamos mucha atención, iglesia,
porque antes de un mover poderoso del Espíritu,
Dios siempre trabaja primero en la mente.
Antes de lenguas de fuego, hubo corazones alineados.
Antes de milagros públicos, hubo obediencia privada.
Antes de predicar con autoridad, hubo silencio, quietud y espera.
Por eso hoy quiero que entendamos algo fundamental:
el poder del Espíritu Santo no se sostiene en una mente desordenada.
Y aquí entramos a nuestro primer punto.
TRANSICIÓN AL PUNTO 1
TRANSICIÓN AL PUNTO 1
Antes de darles poder,
antes de darles autoridad,
antes de enviarlos al mundo…
Jesús exige algo primero.
Jesús exige una mente disciplinada antes de un ministerio poderoso
(v. 4)
Y eso comienza con una orden que muchos no quieren escuchar:
“Esperen.”
1. Jesús exige una mente disciplinada antes de un ministerio poderoso (v. 4)
1. Jesús exige una mente disciplinada antes de un ministerio poderoso (v. 4)
Una vez, mientras comía con ellos, les ordenó: «No se vayan de Jerusalén hasta que el Padre les envíe el regalo que les prometió, tal como les dije antes.
Jesús les ordena que no se vayan de Jerusalén, sino que esperen la promesa del Padre.
Esta orden revela una verdad profunda: el ministerio poderoso comienza con disciplina interna, no con actividad externa.
Repitelo conmigo:
Esperar no es pasividad.
Esperar es obediencia.
Esperar es disciplina espiritual.
En la espera, Dios forma la mente para sostener el peso del poder que está por venir.
Jesús entiende que el poder sin una mente disciplinada puede destruir.
El poder sin carácter expone.
El poder sin dirección confunde.
Por eso, antes de dar autoridad pública, Jesús forma el interior.
La espera se convierte en entrenamiento mental.
Los discípulos aprenden a no reaccionar, a no moverse por impulso y a no depender de emociones. Aprenden a alinearse con el ritmo de Dios.
Dios no está apurado por usarte.
Dios está comprometido con formarte.
Antes de hacer algo grande a través de ti, quiere hacer algo profundo dentro de ti.
TRANSICIÓN
TRANSICIÓN
Pero surge una pregunta natural: si la mente necesita disciplina, ¿cómo ocurre realmente esa transformación?
PUNTO 2
PUNTO 2
2. El Espíritu Santo es la fuente del cambio de mentalidad (v. 5)
2. El Espíritu Santo es la fuente del cambio de mentalidad (v. 5)
Juan bautizaba con agua, pero en unos cuantos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo».
Jesús les dice que serán bautizados con el Espíritu Santo.
Con esto deja claro que la transformación que Dios desea no es solo humana, es sobrenatural.
El Espíritu Santo no viene solo a dar poder.
Viene a renovar el entendimiento.
Viene a cambiar la manera en que pensamos, percibimos y discernimos la vida espiritual.
El bautismo del Espíritu no solo enciende poder; enciende comprensión espiritual.
Nos permite ver lo que antes no entendíamos y discernir lo que antes nos dominaba.
Hay batallas que no se ganan con fuerza de voluntad.
Hay hábitos, temores y patrones mentales que solo cambian cuando el Espíritu gobierna la mente.
Por eso la vida cristiana no es solo esforzarse más, sino rendirse más.
TRANSICIÓN
TRANSICIÓN
Aun con esta promesa delante de ellos, los discípulos revelan que su mentalidad todavía necesita ser transformada.
PUNTO 3
PUNTO 3
3. La mente carnal quiere respuestas; la mente renovada quiere obediencia (v. 6–7)
3. La mente carnal quiere respuestas; la mente renovada quiere obediencia (v. 6–7)
Así que mientras los apóstoles estaban con Jesús, le preguntaron con insistencia:
—Señor, ¿ha llegado ya el tiempo de que liberes a Israel y restaures nuestro reino?
Él les contestó:
—Sólo el Padre tiene la autoridad para fijar esas fechas y tiempos, y a ustedes no les corresponde saberlo;
Los discípulos le preguntan a Jesús cuándo restaurará el reino. La mente carnal siempre quiere fechas, explicaciones y control.
Jesús no les da un calendario.
Les enseña a confiar.
Les muestra que la fe madura no depende de saberlo todo, sino de confiar en el Padre.
La mente carnal quiere entender antes de obedecer.
La mente renovada obedece aun sin entender completamente.
La ansiedad espiritual nace cuando queremos respuestas.
La paz espiritual nace cuando confiamos en Dios.
Jesús les enseña a dejar de preguntar “cuándo” y a aprender a confiar “en quién”.
TRANSICIÓN
TRANSICIÓN
Y cuando esa confianza se establece, algo cambia radicalmente.
PUNTO 4
PUNTO 4
4. El poder del Espíritu cambia la identidad y el comportamiento (v. 8)
4. El poder del Espíritu cambia la identidad y el comportamiento (v. 8)
pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes; y serán mis testigos, y le hablarán a la gente acerca de mí en todas partes: en Jerusalén, por toda Judea, en Samaria y hasta los lugares más lejanos de la tierra.
Jesús les promete poder, pero no solo para hacer cosas, sino para ser algo nuevo.
Recibirán poder y serán testigos.
Antes eran temerosos; ahora serán valientes.
Antes estaban escondidos; ahora serán enviados.
El Espíritu Santo no solo cambia lo que hacemos; transforma quiénes somos.
Cuando la mente es renovada, el comportamiento comienza a alinearse, no por esfuerzo, sino por convicción.
La mentalidad del Espíritu no empuja con ansiedad; guía con claridad.
No nos mueve el miedo, nos mueve la obediencia.
No caminamos reaccionando a las circunstancias, caminamos respondiendo al llamado de Dios.
Y aquí es donde muchos luchamos.
Porque sabemos confiar cuando Dios habla, pero nos cuesta cuando Él guarda silencio.
Sabemos avanzar cuando el camino está claro, pero la espera revela lo que realmente hay en el corazón.
La espera confronta nuestra prisa, nuestra necesidad de control, nuestra ansiedad por resultados.
Por eso la Escritura nos recuerda:
pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.
Esperar no es quedarse inmóvil; es permitir que Dios renueve nuestras fuerzas.
No es pasividad; es dependencia.
Es creer que Dios sigue obrando aun cuando no vemos movimiento.
Es confiar que el Espíritu está formando algo en nosotros antes de enviarnos a hacer algo para Él.
Y tal vez hoy el Espíritu no nos está pidiendo que corramos… sino que descansemos.
No que hagamos más… sino que confiemos más.
CONCLUSIÓN
CONCLUSIÓN
La iglesia del libro de los Hechos comenzó con un cambio de mentalidad: esperar para recibir.
No corrieron.
No se adelantaron.
No intentaron producir el poder por sus propios medios.
Esperaron la dirección del Espíritu Santo.
Y cuando esperaron, caminaron en Su poder.
Dios sigue buscando una iglesia que no corra delante de Él, sino que aprenda a esperar Su voz.
Una iglesia que entienda que la espera no es pérdida de tiempo, sino preparación divina.
Porque cuando esperamos Su dirección, caminamos en Su poder.
Y cuando caminamos en Su poder, vivimos exactamente donde Dios nos quiere: en Su perfecta voluntad.
