Afán y ansiedad

El Sermón del monte  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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En 2022, mi amigo Ángel y yo fuimos a México para una conferencia; nuestro itinerario comprendía varias escalas y los que me conocen saben la carga de ansiedad que me representa la idea de perder un vuelo.
Habíamos estado en la conferencia, aprendimos, compartimos con hermanos y era el momento de regresar, habíamos tomado la precaución de llegar con el tiempo suficiente pero parece que nuestro cálculo falló. La fila era enorme y se movía tan lento como puedas imaginarte. Mientras tanto, el reloj avanzaba y lo que era en su momento una lucha solo mental, que podía acelerar el movimiento involuntario de la pierna, se convirtió en casi una crisis: temblor, sudor, mirada hiperactiva. Estaba experimentando un ataque de ansiedad.
Ángel, quien probablemente es una de las personas más tranquilas que he conocido frente a situaciones críticas estaba tan fresco como una lechuga. Yo no lo podía creer. Vamos a quedar aquí, tendremos que pagar dinero que no tenemos, no llegaremos a tiempo y todos los escenarios posibles.
Recuerdo que las palabras de Ángel fueron estas: brother, si por más intranquilo y afanado que puedas estar, eso no va a hacer que el avión se detenga para esperarte. Va a pasar lo que el Señor quiera que pase. Tranquilo.
Me acordé que era creyente y me acordé que debía creer eso. Que el Señor tenía cuidado de nosotros y que mi afán era infructuoso.
Al final, llegamos a tiempo, embarcamos sin problema y llegamos a casa sin mayores contratiempos.
Puede que te sientas identificado con la historia, aunque probablemente en algún escenario distinto o por una razón distinta. Es probable incluso que hayas tenido a alguien para recordarte que no se saca provecho del afán; alguna necesidad de dinero, un trabajo o algún asunto por venir.
Pues bien, hoy a quien tenemos para recordarnos esta verdad no es más que el mismo Señor Jesucristo en lo que es una de las enseñanzas más ricas y prácticas que encontramos en la Biblia sobre la confianza en el Señor y la necesidad de no vivir con afanes.
Necesitamos ubicarnos en el contexto del sermón. Recordemos que el Señor está hablando acerca de cuál es el carácter de los bienaventurados, los llamados a ser parte del reino y les ha mostrado que su ética debe ser superior a cualquier forma externa de etiqueta, que debía ser del corazón. También que la práctica de la religión no debía ser hipócrita sino genuina; y ahora, en este segmento del sermón les está diciendo que los ciudadanos del reino deben tener una relación saludable con las cosas materiales; porque el amor por lo terrenal se puede convertir en un ídolo y puede dividirnos al alejarnos de una adoración genuina a Dios.
Este pasaje que hoy estudiaremos continúa esa idea, precisamente: Dado que las riquezas de este mundo son efímeras y se diluyen y dado que las posesiones materiales tienen el potencial de convertirse en ídolos falsos; debemos vivir una vida de contentamiento con lo que Dios provee, de confianza en su cuidado, sabiendo que Él nos ama y provee para nosotros lo necesario.
Dicho de otro modo: dado que el dinero y las riquezas son temporales y se pueden convertir en un ídolo, no se afanen, descansen y disfruten el cuidado del Señor.
Y esta es la idea que vamos a desarrollar:
Los discípulos del reino no deben vivir con afán por lo terrenal sino confiar en el cuidado del Señor.
Y vamos a desarrollarlo a la luz de los siguientes encabezados:
• El llamado a no vivir con afán (25)
• El motivo para no vivir con afán (26-30)
• La alternativa a una vida de afán (31-34)

El llamado a no vivir con afán

Este pasaje comienza con un llamado taxativo: no se preocupen por comida o por qué van a vestir porque su vida es más importante.
Y como ya mencionamos, no debemos desconectar este pasaje de lo que ya se ha abordado con anterioridad. La idolatría por el dinero comienza con afán por cosas simples y básicas como el comer y el beber así que el Señor está apuntando radicalmente a la idea de que los creyentes deben mantenerse lo más lejos posible de convertir las cosas materiales en el fin último de la vida.
Jesús está observando que algunos en su afán por conseguir bienes de este mundo, dinero y riquezas, se habían olvidado de vivir.
La mención aquí a alimento y vestido no es circunstancial. Desde el bloque anterior donde habla del peligro de las riquezas el Señor mencionó la tendencia que había en la época de mostrar poder adquisitivo a través de grandes banquetes y de comprar buenas telas y ropa.
En la parábola del rico y Lázaro se dice por ejemplo que él: vestía de lino fino y hacía banquetes con esplendidez. Esta era la forma en la que las personas mostraban que tenían cierto valor o posición y por eso lo perseguían con tanta desesperación.
Esto por supuesto no significa que sean las únicas cosas que nos lleven a una vida de afanes; si tuviéramos que trasladar eso a nuestro tiempo diríamos que tendríamos que adicionar a los banquetes y a la ropa, los viajes, los últimos aparatos de tecnología, un carro, una casa propia, las relaciones o la influencia y tantas otras cosas que convertimos en el fundamento de nuestra identidad.
"Comida y vestido" es entonces todo aquello material que consideremos que nos representa seguridad o identidad.
Noten que ninguna de estas cosas son malas en sí; por lo que la idea del Señor es, no conviertan eso en objetivo principal de sus vidas porque eso es efímero y tiene el potencial de convertirse en un ídolo.
De hecho, la palabra "preocuparse" es interesante porque da la idea de estar distraído o dividido. De mantenernos con la mente puesta en otra cosa. De ahí la idea del punto anterior: no pueden servir a dos señores. No pueden vivir en pos de las riquezas y el dinero, lo cual implica siempre estar mirando hacia el futuro, lo que vas a necesitar, lo que te vas a gastar etc. y no en pos de lo que tienes ahora y esto ya nos da una idea de lo que el Señor está diciendo.
En última instancia, la vida en el reino está marcada por lo que recibimos cada día de parte de Dios y no por lo que nos faltará mañana.
No está demás aclarar que este pasaje no está en contra de una actitud precavida con respecto al futuro en términos de ahorro o previsibilidad lo cual es parte de ser sabios; pero una cosa es prepararnos para el futuro con sabiduría conscientes de que todo está en manos del Señor y otra es vivir con ansias y desespero por lo que aún no ha venido. Nuestra vida no puede estar determinada por los días que aún no llegan porque eso no está en nuestro control.
Las personas afanadas a diferencia de las que son sabias y previsibles, siempre están pensando en qué va a pasar mañana, y si no tengo y si se caen los negocios y si hay otra pandemia y si el negocio no resulta; pero nada de eso está en tus manos. Todo de lo cual eres responsable lo estás viviendo hoy y sí, algunas decisiones afectarán lo por venir, pero debes tomarlas con fidelidad hoy; de lo demás se encarga el Señor.
Ahora bien; cuál es la razón por la cual los hijos del reino deben exhibir este tipo de confianza: la respuesta de parte del Señor es: porque Dios cuida de nosotros y para probarlo usa dos ilustraciones que no pueden ser más claras, lo cual nos conduce a nuestro segundo encabezado:

El motivo para no vivir con afán (26-30)

Aquí el Señor se va a valer de dos ilustraciones que estaban a la mano, a la vista de todos: las aves del cielo y los lirios del campo. Ambas ilustraciones están acompañadas de una exhortación, la primera es: nadie puede añadir con afán una hora al curso de la vida y la segunda es la realidad de que el afán es el resultado de una fe pobre.
Veamos cada una:
Las aves de los cielos:
"Miren las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No son ustedes de mucho más valor que ellas?" Mateo 6:26 NBLA
La realidad siempre ha estado frente a sus ojos; mírenlo. Las aves del cielo no siembran, no siegan, ni recogen y siempre son alimentadas por el Padre y el Señor aplica inmediatamente esta idea a sus oyentes: ¿No son ustedes de mucho valor que ellas?
Las aves eran consideradas en la época animales de poco valor. Quien no tenía nada para ofrendar en el templo siempre podía llevar un ave. Porque no implicaban gasto de mantenimiento y sin embargo servían de alimento. Así que por ley de oferta y demanda, eran de un valor poco estimado.
Espero no perdamos de vista el principio aquí: el Señor muestra su cuidado de sus criaturas proveyendo sustento para ellas.
Puede que pensemos que nuestras necesidades son más complejas y puede que te cueste ver a Dios como el que te da todo lo que tienes pero si abres bien los ojos lo notarás. Permíteme leer un fragmento del salmo 104:14
"Él hace brotar la hierba para el ganado, Y las plantas para el servicio del hombre, Para que él saque alimento de la tierra, Y vino que alegra el corazón del hombre, Para que haga brillar con aceite su rostro, Y alimento que fortalece el corazón del hombre. Los árboles del Señor se sacian, Los cedros del Líbano que Él plantó, Donde hacen sus nidos las aves, Y la cigüeña, cuya morada está en los cipreses. Los montes altos son para las cabras monteses; Las peñas son refugio para los tejones. Él hizo la luna para señalar las estaciones; El sol conoce el lugar de su ocaso. Tú ordenas la oscuridad y se hace de noche, En ella andan todas las bestias del bosque. Rugen los leoncillos tras su presa, Y buscan de Dios su comida. Al salir el sol se esconden, Y se echan en sus guaridas. Sale el hombre a su trabajo, Y a su labor hasta el atardecer. ¡Cuán numerosas son Tus obras, oh Señor! Con sabiduría las has hecho todas; Llena está la tierra de Tus posesiones. He allí el mar, grande y anchuroso, En el cual se mueve un sinnúmero De animales tanto pequeños como grandes. Allí surcan las naves, Y el Leviatán que hiciste para que jugara en él. Todos ellos esperan en Ti Para que les des su comida a su tiempo. Tú les das, ellos recogen; Abres Tu mano, se sacian de bienes. Escondes Tu rostro, se turban; Les quitas el aliento, expiran, Y vuelven al polvo." Salmo 104:14-29 NBLA
Lo que sucede es que estamos tan concentrados y andando por lo que vendrá mañana que nos olvidamos del milagro del cuidado de Dios todos los días.
Parecemos al pueblo de Israel a quien se le había dicho que tendría maná todos los días y que no podía guardar para el día siguiente, que debía confiar que al día siguiente habría; pero su temor por el futuro no los dejaba apreciar el milagro de lo presente.
Empieza por ser más consciente de esto. Cada vez que te sientes a comer, haz que tus oraciones por los alimentos sean un genuino reconocimiento con gratitud de la generosidad y bondad de Dios. Es una pena que a veces nuestras oraciones por los alimentos se convierten en rezos. Mantras que citamos por inercia pero desconectados del milagro que está ocurriendo y es Dios cuidando de nosotros.
Tú dirás, pero si yo soy quien trabaja y compra la comida, si no hago eso no como y yo te pregunto ¿estás seguro?
El Señor cierra esta primera ilustración de su cuidado con una exhortación, tal como mencioné hace un momento: 
"¿Quién de ustedes, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida?" Mateo 6:27 NBLA
Los que viven con afán olvidan que los días siguen durando 24 horas y que las horas tienen 60 minutos. Que por mucho que queramos adelantar el tiempo y jalar el día de mañana para poder resolverlo ahora es imposible. No podemos adelantar el tiempo, aunque quisiéramos porque el tiempo y la vida están en las manos del Señor.
La siguiente ilustración para probar el cuidado del Señor es el vestido. Los lirios del campo que se visten con tanta belleza y que son solo hierba, también son vestidos por el Señor y Él promete hacer aún más por nosotros. Y ahí quiero que nos detengamos:
En cierto sentido, la idea del Señor es que cuando vivimos afanados por cada cosa estamos renunciando al cuidado del Señor. Es como si estuviéramos dudando que Él es un Dios Bueno y misericordioso. Por eso la pregunta confrontadora es ¿tan poca fe tienen?
Nuestra vida tranquila y confiada refleja cuánta fe y confianza tenemos en el Señor.
Por otro lado una vida de preocupaciones constantes está dudando del cuidado del Señor y duda tanto que cree que necesita intervenir para asegurarse de que las cosas se den. Qué infantiles somos cuando actuamos de esta manera.
Hay una recompensa para los que confían y es que ellos verán el cuidado del Señor.
Puede que una persona confiada en el cuidado del Señor y un afanado lleguen al mismo fin: ambos comen y ambos se visten, pero uno de ellos experimentará gratitud mientras que el otro cansancio.
Habiendo visto entonces que el Señor nos llama a no vivir con afán y habiendo mostrado los motivos que son claros en el texto: que Dios cuida de nosotros y que Él es digno de confianza; veamos ahora cuál debe ser nuestra manera de vivir, cuál es el camino que el Señor espera que transiten los hijos del reino, lo cual nos conduce al tercer y último encabezado.

La alternativa a una vida de afán (31-34)

El discipulado, la vida en el reino es un camino. Uno distinto al de los escribas y fariseos que solo buscaban hacer las cosas externamente; pero también uno distinto a los gentiles y paganos que también se ocupan solo de las cosas materiales. La ética y la justicia de los hijos del reino debe estar lejos del camino de los fariseos e hipócritas pero también, la relación con los bienes de este mundo debe estar lejos del camino de los paganos.
No persigan los bienes de este mundo como lo persiguen los paganos. Los creyentes somos llamados a una vida diferente.
Sin embargo, mucho de lo que vemos hoy entre creyentes son las mismas preocupaciones que ves entre los que no tienen al Señor. Hay una religión diseñada alrededor del materialismo que incluso se predica desde muchos púlpitos: vas a tener un carro, Dios te dará mucho dinero, te vendrá una bendición etc. etc. 
Poco escuchas hablar de la piedad que hay en el contentamiento. De cómo padecer con gozo en la adversidad. De hecho, esta nueva religión no se permite la escasez si es la voluntad de Dios, la reprenden como si fuera el diablo, no se permiten la modestia porque es una mentalidad pobre, para ellos toda bendición se mide si estás prosperando, pero eso es la religión del diablo. Esa religión está lejos del verdadero evangelio.
Dios puede bendecirnos, darnos para comer o vestir bien si es su voluntad, pero puede también darnos justo lo necesario y ambas cosas vienen de Él.
Mis hermanos, tenemos que rechazar ese paganismo de nuestras vidas y sacarlo también de nuestras mentes.
No estoy diciendo que debemos vivir una vida mediocre y con pocas aspiraciones, lo que estoy diciendo es lo que este texto parece decir con toda claridad: no vamos a convertir la aspiración por tener muchos bienes en la meta suprema de la vida.
Entonces ¿cuál es ese camino? El de buscar primero el reino de los cielos y su justicia. El de poner en orden nuestras prioridades, en definir primero para quién y para qué vivimos. Y no es que esas cosas no sean necesarias, es que el Señor las traerá como añadidura a esa forma de vida.
Buscar primeramente el reino es someterse al señorío de Cristo. Es reconocer que Él es el Rey y que nosotros somos sus súbditos. Es someternos a su voluntad, hacer aquellas cosas que agradan al Rey; que se haga su voluntad y no la nuestra.
Buscar el reino significa usar mis recursos, mis fuerzas y mi tiempo por el avance de dicho reino. No es que dejemos de trabajar o de proveer para nuestras familias, sino que todo eso lo hacemos bajo el entendimiento de que servimos a un Rey mayor y que todo lo que tenemos le pertenece a Él.
¿Ves la diferencia? El afanado trabaja para acumular, para asegurarse el mañana, para construir su propio reino. El discípulo del reino trabaja con fidelidad, sabiendo que el Señor proveerá, y usa lo que recibe para honrar al Rey y extender su gobierno en la tierra.
Cuando buscamos primero el reino, nuestras prioridades cambian. Ya no preguntamos "¿cómo puedo tener más?" sino "¿cómo puedo servir mejor?". Ya no vivimos angustiados por lo que nos falta sino agradecidos por lo que tenemos. Ya no miramos con envidia lo que otros tienen sino con generosidad lo que podemos dar.
Esto es maravilloso,  "y todas estas cosas les serán añadidas". El Padre sabe que necesitamos comer, que necesitamos vestirnos, que tenemos necesidades reales. Pero cuando ponemos el reino en primer lugar, Él se encarga de proveer. No siempre como nosotros quisiéramos, pero siempre lo suficiente.
El versículo 34 cierra esta sección de manera magistral: "Por tanto, no se preocupen por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástele a cada día sus propios problemas".
El Señor no nos está llamando a ser irresponsables, nos está llamando a ser fieles hoy. A ocuparnos de lo que está frente a nosotros con excelencia y dedicación, confiando en que Él tiene el mañana en sus manos. Cada día tiene suficientes desafíos como para además cargar con la ansiedad de lo que aún no ha llegado.
Conclusión
Regresando a la historia del aeropuerto en México, ¿saben qué aprendí ese día? Que mi afán no detuvo el avión, pero tampoco lo hizo despegar más rápido. Que mi ansiedad no resolvió nada, solo me robó la paz. Y que las palabras de mi amigo Ángel eran un eco de las palabras de nuestro Señor: va a pasar lo que el Señor quiera que pase. Tranquilo.
Espero que esto sea también un recordatorio para ti: que Él cuida de nosotros como cuida de las aves y de los lirios, que nuestro afán es infructuoso porque no podemos añadir una hora a nuestra vida, y que el camino de los hijos del reino es buscar primero su gobierno y su justicia, confiando en que todas las demás cosas nos serán añadidas.
¿Estás viviendo afanado por el mañana? ¿Las preocupaciones por lo material están robando tu paz y dividiendo tu corazón? El Señor te invita hoy a soltar esa carga. A confiar en su cuidado. A buscar primero su reino, sometiéndote a su señorío, usando tus recursos y tu tiempo para su gloria.
Que el Señor nos dé la gracia de vivir como verdaderos discípulos del reino: libres del afán, confiados en su provisión, y entregados a buscar primero su voluntad. Amén.
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