Un creyente NO fragmentado — de la Serie «Quién es el Dios de la Biblia»

¿Quién es el Dios de la Biblia?  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
0 ratings
· 11 views
Notes
Transcript
Handout

Introducción:

Amados hermanos, el Señor en Su rica y abundante gracia les bendiga en esta mañana. ¡Que honroso me siento en esta mañana de estar aquí delante de ustedes y de mi Señor para compartir esta enseñanza!
Hoy, por la gracia de Dio, quiero empezar a compartir una nueva serie de enseñanzas, la cuál llamo con el nombre de: «Quién es el Dios de la Biblia». Hoy quiero compartir una introducción de esta serie, pues no quiero entrar en materia con cada tópico o tema principal, sin antes dar los fundamentos y metodología que debemos considerar e integrar para esta serie de enseñanzas. Este es el marco sobre el cuál vamos a conocer, entender, aplicar y experimentar esta serie de temas.
En otras palabras, y lo digo a manera de ilustración, es como la persona que aprende a conducir un carro: primero aprende los fundamentos sobre la conducción—esto es el conocimiento—: la caja de cambios, los pedales, los espejos, la visión, calcular el espacio, partes del motor, del carro, las normas de tránsito, etc. Segundo, empieza a conducir—la práctica—, aprende cómo usar el clucth, meter primera, usa los pedales para dar marcha al carro, y sale a la calle con ese conocimiento aprendido, y las explicaciones recibidas en la primera parte. Y tercero, el arte de conducir genera unas emociones fuertes, encontradas y que debemos incluso dominar. Muchos les da miedo, nervios, otros creen nunca lograrlo, o lo logran pero con actitudes conflictivas cerrando a otros, no respetando las normas de tránsito, exponiendo la vida de los demás actores viales; otros van dominando estas emociones con la práctica y finalmente se apasionan por la conducción, lo hacen con diligencia, sus emociones están reguladas, canalizadas. Entonces, así como necesitamos un correcto conocimiento, unas emociones correctas y una práctica correcta para aprender a conducir un carro, de la misma manera el creyente, necesita—con este marco de referencia— conocer correctamente a Dios, vivirlo o practicarlo correctamente y por último sentirlo o expresar correctamente sus emociones.
¿A qué voy con esta metáfora del proceso de aprender a conducir un carro? Pues nos sirve para ilustrar el marco de referencia sobre el cuál vamos a tratar esta serie de enseñanzas, donde el conocimiento, las emociones y la práctica correcta serán nuestros fundamentos y metodología que vamos a tener presente para cada tema.
Ahora bien, el primer tema de esta serie lo llamé: «Un Creyente NO fragmentado», y quise usar este nombre porque de manera triste, como creyente, muchas veces he llevado mi relación con Dios, y mi fe con mi prójimo de manera fragmentada. Hace 8 días William Eduardo nos hablo en su sermón sobre «Una vida que parece correcta», su enseñanza la baso en 1 Corintios 10:23-33 y nos hablo de los problemas de una fe fragmentada, la importancia y la aplicación práctica de glorificar a Dios en todo lo que hacemos, desde lo cotidiano, como beber y comer, hasta las decisiones más importantes de nuestra vida que requieren discernimiento y sabiduría bíblica. También nos hablo de los peligros cuando centramos nuestras vidas en uno mismo, en el yo, y bueno, otros puntos más muy relevantes. Los invito a que puedan ver la enseñanza nuevamente en nuestro canal de Youtube.
Entonces, venía diciendo que muchas veces mi relación con Dios y la manera en que expreso mi fe con mi prójimo, lo hago de forma fragmentada. He decidido dividir algunas áreas de mi vida. Por ejemplo en la iglesia, en ocasiones, me pongo en modo espiritual, me preparó, y vengo a servir con cierto nivel de espiritualidad. Al salir, ese mismo nivel de espiritualidad disminuye, pues estoy ya en el día a día, en lo cotidiano de mis actividades. O también me ha ocurrido cuando oro en las mañanas, ese tiempo de oración, soy el más espiritual, me humillo, lloró, mi corazón se entristece, siento que Dios me habla y wow, eso me revitaliza; pero, al salir de la oración o el estudio de la Palabra, entonces vienen las actividades del día: organizar cosas de la casa, conectarme a trabajar, comer, beber, compartir con mi esposa, con mi hija, salir a dar una vuelta, ir al parque, hacer mercado, etc, etc. Y cuando entro a hacer todas estas cosas, no me siento igual, ese nivel de espiritualidad baja, esa revitalización que sentí en mi tiempo de oración o de estudio, va menguando. También me sucede que mis reacciones emocionales frente a las conflictos en casa con mi esposa, la familia, los hermanos en la iglesia, el trabajo, un vecino, conocido, los suelo fragmentar. Aquí no los entro a evaluar con todo ese conocimiento que he aprendido sobre Dios y Su Palabra, o con ese nivel de espiritualidad o revitalización que tengo cuando oro y estudio Su Palabra. Tristemente me dejo llevar más por mi carne. Algo similar me ocurre cuando tomo decisiones, o la forma en que administro mi tiempo cada día, o algunos hábitos que he formado.
He escuchado y visto también entre creyentes que se habla de una vida espiritual y una vida secular. Le damos el mote de cristiano a las cosas para espiritualizarlas más, ¿verdad? Por ejemplo le llamamos a la música ‘cristiana’; o le decimos a la literatura o los libros ‘cristianos’; o que me dicen las empresas ‘cristianas’, las fundaciones ‘cristianas’, canales ‘cristianos’, emisoras ‘cristianas’, etc., etc. Y por lo general, las cosas que no tienen ese sufijo de ‘cristiano’ lo llaman «secular, mundano, del mundo, carnal», entre otras palabras que he escuchado.
Pero, ¿la Biblia nos enseña hacer esa distinción entre algo ‘cristiano’ y algo ‘secular’?, ¿o que vivamos nuestra vida entre lo espiritual y lo secular?
Bueno, a través de este marco de referencia del conocimiento correcto, la práctica correcta y las emociones correctas acerca de Dios, es que vamos a ver estos temas de la serie de enseñanzas. Y para poder usar esta metodología, es importante conocerla primero, pues, ¿como usaré aquello que no conozco? ¿Cómo podría armar ese rompecabezas de mil piezas sin la imagen de referencia que me guía?
Y esto es lo que me propongo el día de hoy, que aprendamos cuál es el conocimiento correcto, la práctica correcta y las emociones correctas que debemos tener sobre Dios para que de esta manera, dejemos de tener una vida fragmentada entre lo espiritual y lo secular; para que podamos usar esta metodología, incluso en nuestro día a día, tanto en mi relación con Dios, como en mi relación con mi prójimo. En lo cotidiano y simple de la vida, como también en lo complejo y difícil de la vida.
Una pregunta que quiero hacerles es esta:
¿Cómo conoces, obedeces y sientes a Dios en tu día a día?
Hoy quiero compartirles tres puntos y una conclusión sobre la enseñanza de hoy:
¿Cómo estas conociendo a Dios?
¿Cómo practicas (obedeces) a Dios?
¿Qué emociones tienes acerca de Dios?
Conclusión: Cómo integrar estos tres principios en mi día a día.
Empecemos con el primero.

I. ¿Cómo estas conociendo a Dios?

Normalmente, antes de empezar a practicar o usar algo, necesitamos conocerlo. Es difícil, no imposible, usar algo que no conocemos. Cuando no lo hacemos, tomamos el riesgo de usarlo mal. Piensa en mueble de escritorio que compras: ¿qué pasaría si pierdes o piensas que no necesitas la hoja de instrucciones que viene para armarlo? Puede que lo logres armar después de muchas horas, o puede que lo armes mal, te sobren o falten piezas, o el mueble quede frágil. O incluso alguno opta por ver un tutorial en Youtube de cómo armarlo, pero muchas veces el mueble no es el mismo, o la referencia ni las piezas son las mismas. Y eso dificulta su armado. Lo más lógico y práctico es tomar esa hoja de instrucciones, leerla con cuidado y detalle, y luego seguir el paso a paso para lograr armar el mueble con éxito. Pero esta experiencia no termina solo con usar el manual y seguirlo paso a paso; también en ese proceso tenemos muchas emociones que expresamos. Si no logramos armar el mueble o lo armamos mal, o nos sobran piezas o se llega a caer, nos vamos a sentir frustrados, a alguno nos dará mal genio, otros simplemente lo dejan así, o lo regalan, o algunos van al manual, lo desarman completamente y lo vuelven a armar siguiendo el paso a paso. Ahora bien, ¿cómo nos sentimos cuando hemos seguido el manual paso a paso y el mueble es armado correctamente? ¡Exacto! Hay satisfacción, nos emocionamos, nos alegramos, y hasta los demás terminan admirando el trabajo realizado.
¿Saben hermanos?, lo mismo nos ocurre en nuestra relación con Dios. Si no estamos obteniendo el conocimiento acerca de quién es Dios de forma correcta, será muy difícil obedecerlo correctamente, y por ende nuestras emociones acerca de Dios no serán las correctas o irán de acuerdo a la forma en que estamos aplicando los dos primeros principios.
En Teología, que es el estudio o conocimiento acerca de Dios, cuando hablo de conocer a Dios correctamente, se le llama «Ortodoxía». Esta palabra griega es compuesta por otras dos: “orto” que es vara o medida correcta y “doxa” que es conocimiento, adoración o doctrina. Así que se traduce de forma más simple como «El conocimiento correcto», o «La correcta adoración» sobre Dios.
Ahora bien, la palabra ortodoxia no está en la Biblia, pero si podemos extraer el concepto de un par de pasajes bíblicos que quiero compartirles hoy. Vamos primero con uno de los evangelios:
John 4:23–24 NBLA
23 »Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que lo adoren. 24 »Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorar en espíritu y en verdad».
El concepto de conocimiento o adoración correcta lo podemos tomar aquí del mismo Jesús, al referirnos de que Dios busca una adoración en verdad o verdadera. Recuerden que el concepto habla de un conocimiento correcto, y para determinar que un conocimiento es correcto, debemos tener un punto de referencia correcto para determinarlo, y ese punto de referencia correcto que es nuestro estándar, es el verdadero. Así que cuando Dios espera verdaderos adoradores, está hablando de forma implicita de una ortodoxia o conocimiento correcto o adoración correcta que el digno de recibir de nuestra parte.
Diccionario Bíblico Lexham La ortodoxia en el Nuevo Testamento

El concepto de ortodoxia en los escritos de Pablo se capta mejor con el uso de las frases “la sana doctrina” (

Vemos un segundo ejemplo en el Apóstol Pablo. Allí podemos ver el concepto con frases que usa Pablo como la “sana doctrina”.
1 Timothy 1:10 NBLA
10 para los inmorales, homosexuales, secuestradores, mentirosos, los que juran en falso, y para cualquier otra cosa que es contraria a la sana doctrina,
2 Timothy 4:3 NBLA
3 Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, conforme a sus propios deseos, acumularán para sí maestros,
Hay otra expresión que Pablo usa como “las sanas palabras” en 1 Ti 6:3 y 2 Ti 1:13. Les doy la referencia para que la anoten, y solo leeré el primero por cuestión de tiempo.
1 Timothy 6:3 NBLA
3 Si alguien enseña una doctrina diferente y no se conforma a las sanas palabras, las de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad,
Con lo anterior, entonces lo primero que debemos hacer es tener una adoración verdadera o correcta acerca de Dios, un conocimiento correcto, conforme a la sana doctrina o las sanas palabras, como lo dice el apóstol Pablo. O en el ejemplo que he venido usando, tenemos que leer, conocer y entender la hoja de instrucciones para armar el mueblo, o conocer la parte teórica que necesitamos para aprender a conducir, para así poder hacerlo bien.
Ahora, la pregunta que quiero hacer y dejar a manera de reflexión en este primer punto es:
¿El conocimiento que hoy tienes de Dios es el correcto, es conforme a la sana doctrina o las sanas palabras?
Bueno, si tu respuesta es un sí, puedes decir que hasta empezaste bien. Llevas el primer paso de los tres que necesitamos para vivir una vida no fragmentada. Vamos con el segundo punto.

II. ¿Cómo practicas(obedeces) a Dios?

Tomando la parte teórica como realizada, ahora vamos a la práctica o aplicación de la misma. Una vez leído el manual vamos a empezar a armar, de manera práctica el mueble, o vamos a empezar a usar nuestros ojos, manos, pies y demás sentidos para dar marcha al carro.
Para empezar, les doy una definición de este segundo principio desde la Teología. Allí se llama «Ortopraxis», esta palabra compuesta habla, nuevamente, de “orto” que es la ‘medida o vara correcta’, y “praxix” que es ‘práctica’. Entonces la palabra se traduce como «la práctica u obediencia correcta».
Con esto en mente, la pregunta que surge aquí es esta:
¿Cómo puedo practicar u obedecer correctamente la sana doctrina?
Bueno, la respuesta simple es análoga. Así como vamos siguiendo el paso a paso del manual para armar el mueble, tomando cada pieza y tornillo usando las herramientas recomendadas, así nosotros necesitamos tomar cada pieza y herramienta de la sana doctrina para ir armando nuestra vida conforme al propósito por el cuál nos creo nuestro diseñador. El constructor del mueble tuvo en mente un diseño, uso y propósito de ese mueble a la hora de fabricarlo, y cuando uno lo arma siguiendo el manual, logra descubrir y experimentar el diseño, uso y propósito por el cuál el diseñador fabrico ese mueble, y al mismo tiempo, empezamos a darle ese uso para nuestro beneficio. De la misma manera cuando obedeces o practicamos a Dios, siguiendo el paso a paso de su ‘manual’, que para nosotros es la este libro sagrado que llamamos “Biblia”, lograremos descubrir el diseño, uso y propósito por el cuál Dios nos creo.
El concepto de ortopraxis, en la Biblia, lo relacionamos con los conceptos de obediencia y piedad. Quiero compartir, para este segundo principio, dos pasajes bíblicos. Empecemos con 1 Sam 15:22
1 Samuel 15:22 NBLA
22 Y Samuel dijo: «¿Se complace el Señor tanto En holocaustos y sacrificios Como en la obediencia a la voz del Señor? Entiende, el obedecer es mejor que un sacrificio, Y el prestar atención, que la grasa de los carneros.
¿Es necesario explicar el contexto de este pasaje?, ¿alguien lo recuerda? (Explicación breve de ser necesaria)
Saúl no aplico correctamente los mandamientos que había recibido de Dios a través del profeta Samuel. Esto trajo para él consecuencias trágicas donde no solo perdió su reino, si no que también su comunión con Dios había sido fragmentada.
La Biblia nos habla acerca de la piedad en varios pasajes. Este concepto de piedad lo podemos leer en
1 Tim 6:3
1 Timothy 6:3 NBLA
3 Si alguien enseña una doctrina diferente y no se conforma a las sanas palabras, las de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad,
En el Nuevo Testamento, el término griego eusebeia experimenta una redefinición significativa. Frente a enseñanzas erróneas, se utiliza la palabra piedad para referirse a la calidad de vida que corresponde a la verdad del evangelio, brotando del don divino de poder y vida que Dios ha provisto en su revelación salvador. Esto marca una transición crucial: la doctrina de Cristo produce piedad naturalmente, y quienes carecen de esta manifiestan no haber escuchado el evangelio.
Prácticamente, la piedad se expresa en una vida de arrepentimiento, lucha contra la tentación y mortificación del pecado; en hábitos de oración, gratitud y reverente observancia de la Cena del Señor; en el cultivo de la esperanza, el amor, la generosidad, el gozo, la disciplina; en la búsqueda de la honestidad, la justicia y el bien en las relaciones humanas; en el respeto a la autoridad divinamente ordenada de la iglesia, el estado, la familia y el trabajo. Además, la doctrina que es conforme a la piedad significa aquella que es coherente con la piedad, en contraste con las falsas enseñanzas; y la verdad que es según la piedad es aquella que produce piedad.
Ahora, con todo esto en mente, pasemos al tercer principio.

III. ¿Qué emociones tienes acerca de Dios?

En Teología a esto se le conoce como «Ortopathia». “orto” que es ‘medida o vara correcta’ y “pathos” que significa ‘emociones’. Entonces aquí podemos decir cuando hablo de ortopathia, me refiero a «las emociones o sentimientos correctos a acerca de Dios».
En el contexto bíblico y teológico, si bien el término técnico “ortopathia” no aparece en la Biblia, la idea sí aparece: los sentimientos, emociones y disposiciones internas del creyente deben alinearse con la verdad revelada, no solo en lo que cree (ortodoxia) o en lo que hace (ortopraxis), sino en cómo siente y responde emocionalmente ante Dios.
La verdadera religión o vida del creyente consiste mucho en los afectos, las emociones y sentimientos, de modo que no puede haber verdadera vida sin ellos. Aquí es importante analizar un posición radical: rechazar tanto el extremo del emocionalismo desenfrenado como el del intelectualismo frío.
Debe haber luz en el entendimiento junto con un corazón fervoroso afectado; donde hay calor sin luz, no puede haber nada divino en ese corazón; pero donde hay una clase de luz sin calor—una mente llena de nociones y especulaciones con un corazón frío y desafectado—tampoco puede haber nada divino en esa luz.
Veamos dos pasajes bíblicos para dar soporte a este principio: 1 P 1:8
1 Peter 1:8 NBLA
8 a quien sin haber visto, ustedes lo aman, y a quien ahora no ven, pero creen en Él, y se regocijan grandemente con gozo inefable y lleno de gloria,
La verdadera vida cristiana se caracteriza por emociones/sentimientos profundas. El apóstol Pedro representa el estado mental de los cristianos bajo persecución, refiriéndose a la prueba de su fe y su estar en tristeza por múltiples pruebas. Incluso en circunstancias adversas, los verdaderos creyentes experimentan gozo y amor hacia Cristo—evidencia de que sus emociones, sentimientos y pasión son inseparables de la fe auténtica.
Ahora veamos Mt 16:15-17
Matthew 16:15–17 NBLA
15 “Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?», les preguntó* Jesús. 16 Simón Pedro respondió: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente» 17 Entonces Jesús le dijo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino Mi Padre que está en los cielos.
Cuando Jesús pregunta a Pedro quién cree que es él, y Pedro responde que es “el Cristo, el Hijo del Dios viviente,” Jesús le declara bienaventurado porque “no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”. Este pasaje lo podemos tomar como referencia para demostrar que la verdadera convicción de las cosas de Dios no proviene de razonamiento humano, sino de una revelación divina que afecta profundamente el corazón del creyente.
Aquí es importante vincular una comprensión correcta con la respuesta emocional adecuada: si las grandes cosas de la religión cristiana se entienden correctamente, afectarán el corazón. La razón por la que los hombres no son afectados por cosas infinitamente grandes, importantes, gloriosas y maravillosas es que están ciegos; si no lo estuvieran, sería imposible que sus corazones no fueran fuertemente impresionados y movidos por tales cosas.
Las cosas de la vida cristiana no toman posesión de las almas de los hombres más allá de lo que los afectan, y nunca ha habido cambio considerable en la mente o conducta de ninguna persona por algo de naturaleza religiosa sin que sus afectos fueran movidos.
Esta perspectiva anticipa directamente lo que hoy llamaríamos ortopathia: emociones, sentimientos y disposiciones internas que corresponden correctamente a la verdad revelada.

Conclusión: Integrar estos tres principios en mi día a día

Para entrar en la recta final, entonces vamos a mirar cómo integramos de forma simple estos tres principios en nuestros día a día.

1. ¿Cómo estás conociendo a Dios?

Hablamos de este primer principio que llame «Ortodoxia». Y aquí es importante y mi animo es que podamos seguir aprendiendo y estudiando la “sana doctrina” como leímos en palabras del apóstol Pablo. O también la podemos llamar teología.
La teología no es un lujo para eruditos, sino una herramienta práctica que transforma la vida cotidiana del creyente común. La teología enseña cómo aplicar la verdad revelada para que guíe nuestras vidas, lo que significa que cada decisión diaria—desde cómo trabajar hasta cómo tratar a otros—debe estar fundamentada en una comprensión clara de quién es Dios y qué espera de nosotros.
Cuando comes o bebes, la teología te recuerda que estas acciones glorifican a Dios. Cuando trabajas en tu oficio, la comprensión de que Dios te ha llamado a ese trabajo—no como castigo, sino como mayordomía—transforma tu actitud. En las salidas de entretenimiento, la teología te guía sobre qué es honroso y qué compromete tu testimonio. En las relaciones con el prójimo, una base teológica sólida sobre la imagen de Dios en cada persona fundamenta la compasión y la justicia.
La teología guía nuestros pasos, nos concede una visión y estimula nuestra adoración, mientras que desinfecta nuestras mentes de ideas inadecuadas, distorsionadas y corruptas de Dios. Sin esta base, ideas incorrectas nos confundirán y nos detendrán en nuestra práctica cristiana, y serán una piedra de tropiezo para aquellos a los que queremos ayudar.
Ahora integremos el segundo principio:

2. ¿Cómo practicas (obedeces) a Dios?

Para el creyente común, integrar la ortopraxis en la vida cotidiana significa traducir las verdades doctrinales en acciones concretas que reflejen el carácter de Cristo. La ortopraxis tiene que ver con el cuidado por la acción correcta, es decir, una acción que sea cabal expresión de las creencias que se sustentan y que esté en todo de acuerdo con los principios que se afirma seguir.
En la práctica diaria, esto se concretiza de formas muy específicas. En el trabajo, significa ejecutar tus tareas con integridad, reconociendo que sirves a Dios. En las relaciones familiares, implica tratar a cada miembro con dignidad porque reflejan la imagen de Dios. Con el prójimo, la ortopraxis se expresa en justicia, compasión y honestidad.
Crucialmente, la ortopraxis privilegia el carácter de la acción por sobre el valor de los principios doctrinales, y estos últimos carecen de valor a menos que se traduzcan en una conducta de vida caracterizada por la integridad y el compromiso. Hay que pasar de una ortodoxia a una ortopraxis, es decir, aterrizar la teología en el contexto de la vivencia cotidiana del creyente, y toda ortodoxia está llamada a convertirse en sana práctica cristiana; de lo contrario debería cuestionarse su categoría de “sana doctrina”.
Por último, vamos con el tercer principio:

3. ¿Qué emociones tienes acerca de Dios?

Para el creyente que no prioriza la ortodoxia ni hace un esfuerzo consistente en la ortopraxis, la ortopathia ofrece un punto de entrada transformador: comenzar por cultivar emociones y sentimientos correctos alineados con la verdad del evangelio.
Las emociones son un medio esencial para integrar doctrina en la vida, y entender cómo se forman puede contribuir a la madurez espiritual. Esto significa que aunque este creyente no estudie teología formal, puede comenzar permitiendo que sus sentimientos se reorienten hacia lo que realmente importa en la fe cristiana.
En la práctica diaria, esto se concretiza de manera muy accesible. Los cristianos deben ser intencionales en cuanto a cultivar emociones justas como parte de su formación espiritual. Cuando enfrenta dificultades en el trabajo, puede cultivar gozo reconociendo que esas pruebas lo acercan a la madurez. En sus relaciones, puede desarrollar compasión genuina viendo a otros como amados por Dios. En sus entretenimientos, puede entrenar sus afectos para deleitarse en lo que honra a Dios.
Crucialmente, las emociones son moralmente importantes, pueden ser mandadas y pueden ser formadas por reflexión sobre el evangelio. Las emociones son maneras de percibir cómo situaciones de la vida afectan nuestros intereses, y el que no ve cómo el evangelio afecta sus intereses no dará fruto del evangelio.
La orotpathia pone énfasis sobre un sentir correcto, o sea, un corazón correcto delante de Dios, colocando los sentimientos, fundamentalmente el amor, por encima del pensamiento y la voluntad, porque se puede repetir un credo y actuar aceptablemente, pero si no hay amor de nada sirve. Este es el camino práctico: permitir que el amor de Cristo transforme sus emociones, lo cual eventualmente reorientará tanto su comprensión como sus acciones.
Oremos…
Related Media
See more
Related Sermons
See more
Earn an accredited degree from Redemption Seminary with Logos.