El costo de seguir a Jesús

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Cada año, el tercer lunes de enero se conmemora el día de MLK en los EE.UU. Pero ¿Quién fue MLK?
Martin Luther King Jr. fue un pastor bautista y uno de los líderes más importantes del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos durante las décadas de 1950 y 1960. Inspirado por la fe cristiana y por la filosofía de la no violencia, luchó contra la segregación racial y la injusticia social, promoviendo el amor al prójimo, la dignidad humana y la igualdad ante la ley. Es recordado especialmente por su discurso “I Have a Dream” y por su liderazgo en marchas pacíficas que impulsaron cambios históricos en la legislación de derechos civiles.
Murió el 4 de abril de 1968, cuando fue asesinado por un disparo mientras se encontraba en el balcón del Lorraine Motel en Memphis, Tennessee, donde apoyaba una huelga de trabajadores afroamericanos. Su muerte conmocionó al país y al mundo, pero su legado continúa desafiando a las personas a buscar justicia, reconciliación y paz con valentía y fe.
El racismo, la justicia social y las luchas por los derechos siguen siendo, 58 años después de la muerte de MLK algo que aún está presente en los EE.UU., que divide, que daña y que marca la sociedad.
¿Que pensarías si te dijera que hay un pasaje en las Escrituras dónde se ve a Jesús siendo racista y rechazando alguien por su condición social?
¿Será cierto?
Yo, como el Dr. King “tengo un sueño”, pero mi sueño, no está relacionado a lo social y cívico, mi sueño es que yo pueda llegar a conocer a Cristo cada vez más y de una manera más profunda, y que tu también lo hagas.
Así que, vayamos a Marcos para continuar con nuestro estudio en la serie “Kerigmas” mientras analizamos “El costo de seguir a Cristo”
Marcos 7:24–30 NLT
Then Jesus left Galilee and went north to the region of Tyre.* He didn’t want anyone to know which house he was staying in, but he couldn’t keep it a secret. Right away a woman who had heard about him came and fell at his feet. Her little girl was possessed by an evil* spirit, and she begged him to cast out the demon from her daughter. Since she was a Gentile, born in Syrian Phoenicia, Jesus told her, “First I should feed the children—my own family, the Jews.* It isn’t right to take food from the children and throw it to the dogs.” She replied, “That’s true, Lord, but even the dogs under the table are allowed to eat the scraps from the children’s plates.” “Good answer!” he said. “Now go home, for the demon has left your daughter.” And when she arrived home, she found her little girl lying quietly in bed, and the demon was gone.
Este pasaje ha sido utilizado con distintos fines: para justificar actitudes de racismo o clasismo, argumentando que Jesús “rechazó” a una mujer no judía; o bien para promover una visión distorsionada de la fe, que no acepta un “no” como respuesta de parte de Dios y que pretende “declarar”, “demandar” o “arrebatar” bendiciones de Su mano, como enseñan algunas denominaciones en la actualidad.
Ninguno de estos enfoques es correcto.
Primero debemos entender que no existen razas humanas en sentido biológico; todos pertenecemos a una sola especie: el ser humano.
La ciencia genética ha demostrado que las categorías raciales son construcciones sociales, no divisiones biológicas reales.
Si bien es cierto que el genotipo presenta variaciones asociadas a la adaptación geográfica (como la cantidad de melanina en la piel), las diferencias genéticas entre personas clasificadas como “blancas” o “negras” son mínimas y superficiales.
Estas diferencias se limitan principalmente al color de la epidermis y a algunos rasgos físicos externos, mientras que la composición genética es abrumadoramente compartida.
En términos científicos, todos somos humanos, con más del 99.9 % de nuestro ADN en común, lo que confirma que la idea de “razas humanas” carece de fundamento biológico.
Lo que pasa aquí también se narra en Mateo 15:21-28 y si lo leemos, la impresión del “rechazo” de Jesús a esta mujer es aún más grande:
Mateo 15:21–28 NLT
Then Jesus left Galilee and went north to the region of Tyre and Sidon. A Gentile* woman who lived there came to him, pleading, “Have mercy on me, O Lord, Son of David! For my daughter is possessed by a demon that torments her severely.” But Jesus gave her no reply, not even a word. Then his disciples urged him to send her away. “Tell her to go away,” they said. “She is bothering us with all her begging.” Then Jesus said to the woman, “I was sent only to help God’s lost sheep—the people of Israel.” But she came and worshiped him, pleading again, “Lord, help me!” Jesus responded, “It isn’t right to take food from the children and throw it to the dogs.” She replied, “That’s true, Lord, but even dogs are allowed to eat the scraps that fall beneath their masters’ table.” “Dear woman,” Jesus said to her, “your faith is great. Your request is granted.” And her daughter was instantly healed.
Sí, es cierto que Jesús “rechazó” a esta mujer en una primera instancia, pero el relato no termina ahí. Al final, Él manifestó gracia, amor y misericordia, y liberó a su hija del demonio que la atormentaba.
Antes de profundizar, es importante que tengamos claros algunos principios fundamentales de interpretación:
Lo que estamos leyendo ocurrió en un momento específico, dentro de un contexto específico y bajo circunstancias específicas. Ese momento, ese contexto y esas circunstancias ya no son los mismos, y por lo tanto, la aplicación del pasaje hoy no puede ser idéntica a la experiencia original.
¿A qué me refiero?
Cuando Jesús hace una distinción tan marcada entre judíos y gentiles, Él aún no había ido a la cruz ni había resucitado. En ese sentido, el relato ocurre antes de la consumación de la obra redentora, por lo que todavía se desarrolla dentro del marco del antiguo pacto. No es sino hasta la muerte de Cristo cuando se produce un cambio radical en la historia de la redención:
Mateo 27:51 NLT
At that moment the curtain in the sanctuary of the Temple was torn in two, from top to bottom. The earth shook, rocks split apart,
Ese acto simboliza que la separación ha sido removida y que el acceso a Dios ya no está restringido por etnia, nación o estatus religioso.
Es cierto que antes sí existía una distinción étnica, pues Israel era el pueblo escogido de Dios, el ethnos mediante el cual Él revelaría su plan redentor. Sin embargo, la cruz y, de manera decisiva, la tumba vacía, transformaron completamente esta realidad. A partir de la obra consumada de Cristo, la identidad del pueblo de Dios ya no se define por linaje, sino por la fe en Él:
Gálatas 3:28 NLT
There is no longer Jew or Gentile,* slave or free, male and female. For you are all one in Christ Jesus.
Por lo tanto, este pasaje no puede usarse para justificar divisiones étnicas, espirituales o sociales en la iglesia hoy, sino para mostrar cómo la gracia de Dios, revelada plenamente en Cristo, trasciende toda barrera humana.
Entonces, ¿cómo podemos aplicar este pasaje? ¿Qué podemos aprender de él o qué quiere decirnos Dios?
Creo que en esta sección Dios quiere mostrarnos tres verdades fundamentales, pero para poder verlas es necesario observar algo que aparece de manera implícita en Mateo 15:21 y Marcos 7:24: “Jesús fue hacia…”.
La pregunta es importante: ¿acaso Jesús iba solo, o sus discípulos iban con Él?
La respuesta es clara: los discípulos iban con Él.
Esto es de suma importancia porque estamos llegando a la segunda mitad del Evangelio de Marcos, donde, de manera progresiva, Cristo comienza a enseñar a los discípulos la magnitud del reino de Dios y lo trascendente de su misión, mientras el camino hacia la cruz empieza a definirse con mayor claridad.
Por lo tanto, si queremos aplicar este texto de forma fiel y ser coherentes con lo que enseñan las Escrituras, debemos preguntarnos qué quiso enseñar Jesús a los doce en ese momento. Y ten por seguro que eso mismo que Él les enseñó a ellos, también quiere enseñártelo a ti y a mí hoy.

1. El costo de seguir a Jesús es… Ir a dónde nadie quiere ir.

Marcos 7:24 NLT
Then Jesus left Galilee and went north to the region of Tyre.* He didn’t want anyone to know which house he was staying in, but he couldn’t keep it a secret.
Después del enfrentamiento que Jesús tuvo con los fariseos y los maestros de la ley (al inicio del capítulo 7), Él decide retirarse a otro lugar. Muchos podríamos pensar que lo hizo para que las cosas se calmaran, para descansar o para reagruparse. Sin embargo, esa idea cambia por completo cuando nos damos cuenta a dónde se fue: Tiro.
Tiro era una región pagana, fuera del territorio de Israel. A lo largo de la historia había sido, en varias ocasiones, enemiga de Israel, y en la mente de muchos judíos era un lugar al que simplemente no se debía ir.
Para ilustrarlo con un ejemplo actual, sería como si un cristiano decidiera irse de retiro espiritual a la llamada “ciudad del pecado”: Las Vegas. ¿Te parecería el lugar más adecuado para un retiro? Un sitio conocido por sus grandes casinos, bares y excesos. Así de radical resulta la comparación. Por lo tanto, podemos concluir que esto no fue un accidente; fue algo intencional y preparado.
En otras ocasiones ya hemos visto que Jesús está dispuesto a ir a lugares incómodos para los judíos con el propósito de alcanzar a personas que necesitaban escucharlo. Un ejemplo claro es su encuentro con la mujer samaritana (Juan 4:1–26), donde Jesús cruza barreras culturales, religiosas y sociales para revelar la gracia de Dios.
Este patrón nos muestra que el ministerio de Jesús no se limita a zonas cómodas o aceptables, sino que avanza deliberadamente hacia aquellos lugares y personas que más necesitan la verdad y la misericordia de Dios.
Seguir a Jesús tiene un costo, y muchas veces ese costo no es perder cosas, sino perder la comodidad. Jesús no huyó del conflicto para esconderse; se movió intencionalmente hacia un lugar donde nadie esperaba que el Mesías estuviera. Tiro no era un destino lógico, ni seguro, ni espiritualmente “aprobado” en la mente religiosa de su tiempo. Pero ahí es precisamente donde Jesús decidió ir.
El discipulado verdadero nos lleva a lugares donde nuestra fe es probada, donde nuestras categorías se rompen y donde nuestros prejuicios quedan expuestos. Ir a donde nadie quiere ir no siempre significa un lugar geográfico; muchas veces es una conversación incómoda, una relación rota, una persona difícil, un entorno que preferiríamos evitar, o un llamado que no encaja con nuestros planes.
Familia, si seguir a Jesús nunca nos saca de nuestra zona de confort, quizá no lo estamos siguiendo tan de cerca como pensamos. El Señor sigue llamando a su pueblo a caminar hacia donde otros no quieren ir: a amar a quienes otros ignoran, a servir donde no hay reconocimiento, a permanecer fieles donde sería más fácil huir.
La pregunta no es si ese lugar es cómodo, seguro o aprobado por otros.
La verdadera pregunta es: ¿Jesús va ahí?
Y si Él va, entonces el llamado para nosotros es claro: ir con Él, aunque cueste, aunque incomode, aunque nos confronte. Porque ahí, precisamente ahí, es donde la gracia suele manifestarse con mayor claridad.

2. El costo de seguir a Jesús es…  ser “importunado” por los que nadie tolera

Marcos 7:25–26 NLT
Right away a woman who had heard about him came and fell at his feet. Her little girl was possessed by an evil* spirit, and she begged him to cast out the demon from her daughter. Since she was a Gentile, born in Syrian Phoenicia,
Marcos nos dice que “enseguida” una mujer se acercó a Jesús. No esperó turno, no pidió permiso, no midió el momento. Llegó con urgencia, con dolor y con una necesidad que no podía posponerse. Para muchos, ella era una interrupción; para los discípulos, probablemente una molestia; para la cultura religiosa, alguien fuera de lugar.
Pero Jesús no la ignora. Aunque guarda silencio en un primer momento y la conversación es tensa, no la despacha, no la humilla, no la expulsa. Jesús permite ser interrumpido por alguien que nadie más quería escuchar.
Seguir a Jesús implica aceptar que nuestro camino será interrumpido por personas reales, con problemas reales, en momentos inconvenientes. Personas insistentes, quebradas, confusas, emocionalmente cargadas. Personas que no saben “cómo acercarse”, pero que saben a quién acudir.
Aplicación:
Familia, muchas veces queremos seguir a Jesús sin interrupciones, sin cargas ajenas, sin personas difíciles. Pero el discipulado auténtico incluye aprender a ver las interrupciones como citas divinas. Aquellos que más nos incomodan suelen ser precisamente aquellos que más necesitan gracia. Si seguimos a Jesús, debemos estar dispuestos a ser “importunados” por quienes otros prefieren evitar.

3. El costo de seguir a Jesús es…  amar y servir a los que nadie quiere servir

Marcos 7:27–30 NLT
Jesus told her, “First I should feed the children—my own family, the Jews.* It isn’t right to take food from the children and throw it to the dogs.” She replied, “That’s true, Lord, but even the dogs under the table are allowed to eat the scraps from the children’s plates.” “Good answer!” he said. “Now go home, for the demon has left your daughter.” And when she arrived home, she found her little girl lying quietly in bed, and the demon was gone.
La conversación llega a su punto más duro cuando Jesús utiliza un lenguaje que refleja la tensión étnica y religiosa del momento. Sin embargo, la respuesta de la mujer revela algo extraordinario: humildad, fe y perseverancia. Ella no exige derechos; apela a la misericordia. No se defiende; se rinde. Y Jesús responde con gracia.
El resultado es claro: la hija es liberada, aunque Jesús no va físicamente a su casa. Su autoridad no conoce fronteras, y su misericordia no está limitada por etnias, geografías o estatus social.
Seguir a Jesús significa amar más allá de nuestras categorías, servir más allá de nuestra comodidad y extender gracia más allá de nuestros límites naturales. Amar a los que nadie quiere amar cuesta. Servir a los que nadie quiere servir confronta. Pero ese es precisamente el camino del Reino.
Aplicación:
La pregunta para nosotros no es si esa persona “merece” ser amada, sino si Cristo nos llamó a amar como Él ama. El discipulado no se mide por cuánto sabemos, sino por a quiénes estamos dispuestos a servir. Donde otros levantan muros, Jesús abre mesas.

Conclusión: 

Seguir a Jesús no es solo creer en Él; es caminar con Él.
Y caminar con Él implica:
Ir a donde nadie quiere ir.
Detenernos por quienes nadie quiere tolerar.
Amar y servir a quienes nadie quiere servir.
Este pasaje no nos presenta a un Jesús cómodo, predecible o domesticado. Nos presenta a un Salvador que cruza fronteras, que confronta prejuicios y que extiende gracia donde nadie la esperaba.
La pregunta final no es si admiramos a Jesús, sino si estamos dispuestos a pagar el costo de seguirlo.
Familia, hoy el Espíritu Santo nos confronta con una pregunta sencilla pero profunda:
¿Dónde te está llamando Jesús a ir?
¿A qué persona te está llamando a amar?
¿De qué comodidad te está llamando a salir?
Tal vez has evitado ese lugar, esa conversación o ese llamado. Tal vez has endurecido tu corazón hacia personas que Dios no ha dejado de amar. Hoy es un buen día para rendirte de nuevo, para decir: “Señor, quiero seguirte… cueste lo que cueste.”
Si hoy sientes que Dios te está llamando a dar ese paso, a soltar prejuicios, a obedecer con fe, este altar está abierto.
Ven, ora, rinde tu vida otra vez.
Porque seguir a Jesús siempre cuesta…
pero nunca cuesta más de lo que Su gracia es capaz de sostener.
ERES AMADO
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