“Hoy, Dios nos llama a dar no solo por necesidad, sino por amor. Que nuestra generosidad sea el reflejo de un corazón transformado por Cristo, y que, a través de ella, muchas vidas sean alcanzadas para la eternidad.”
La generosidad que transforma vidas nace de una prioridad espiritual, una entrega plena, una gratitud sincera, un amor genuino y un propósito que refleje el corazón de Cristo.