Proclamar su reino

ADN 2026  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
0 ratings
· 11 views

La proclamación del Evangelio no es una tarea que realizamos para Dios, sino el desbordamiento de una identidad que Dios ha creado en nosotros por Su Espíritu

Notes
Transcript
Proclamar Su Reino
Hechos 1.8
Pasaje:
Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? 7Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; 8pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. 9Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. 10Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, 11los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.  (Hechos de los Apóstoles 1:6–11, RVR60)
INTRO
Amada iglesia, estas semanas hemos estado hablando de lo que significa conocer a Dios. Pero hoy quiero que aterricemos eso en algo muy real: Proclamar. 
Y antes de que pienses que esto es solo para los que se suben a un púlpito, déjame decirte que esto tiene que ver con nuestra identidad más profunda como hijos de Dios.
Quiero hablarles con total honestidad: no estamos aquí para dar opiniones políticas ni para darles una charla de "autoayuda" que les diga que «echen ganas» para que les vaya bien. No somos un club de gente optimista. 
Estamos aquí, como una familia de personas que hemos fallado pero que fuimos rescatadas, para decir con fuerza que Jesús es nuestra única esperanza, tanto cuando todo va de maravilla como cuando sentimos que la vida se nos cae a pedazos.
Y Si somos honestos y nos miramos al espejo de la Biblia, nos parecemos mucho a los primeros seguidores de Jesús. 
Imagínense: ellos habían visto a Jesús resucitar, habían visto a la muerte perder la batalla, ¡y aun así seguían pensando en cosas chiquitas! 
Su pregunta en Hechos 1:6 nos delata a todos: «Señor, ¿vas a arreglar nuestro país ahora? ¿Vas a darnos el poder otra vez?».
Esa es la pregunta que todos nos hacemos cuando buscamos soluciones humanas para los vacíos del alma. 
A veces venimos a Jesús buscando que Él sea simplemente el «arreglador» de nuestros problemas: el que nos dé más dinero, el que nos quite al jefe pesado o el que nos devuelva la comodidad. 
En el fondo, queremos que Dios restaure nuestro pequeño reino personal. Pero Jesús, con una paciencia y un amor increíble, nos sacude y nos dice que Su Reino no se trata de nuestra comodidad, sino de Su gloria sanando cada rincón de este mundo roto.
Aquí es donde nos damos cuenta de que no podemos solos. Y quiero que hoy te lleves esta idea grabada en el corazón:
«Hablar de Jesús no es una tarea pesada que hacemos para Dios, sino lo que sucede naturalmente cuando entendemos quiénes somos gracias a Su Espíritu».
¿Ves qué hermoso es esto? Antes de que Jesús nos pida "hacer" algo, Él nos invita a simplemente estar con Él. 
Jesús les muestra a Sus amigos que ser Sus testigos no es un camino de trofeos y aplausos, sino un camino de entrega, confiando siempre en Su gracia.
La pregunta que hoy nos hace la Biblia es: 
¿Cómo podemos nosotros —gente común, con miedos, con problemas en casa y con limitaciones que nos dan pena— hablar de una esperanza que cambie el mundo?
La respuesta de Jesús es como un abrazo para nuestra alma: 
no necesitas lo que tú crees que necesitas. 
No necesitas ser el que mejor habla, 
ni el más fuerte, 
ni el que no tiene problemas. 
Lo que necesitas es algo que tú no puedes fabricar por tu cuenta. 
Jesús lo dijo claro: «Recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes; y serán Mis testigos» (Hch 1:8).
Querida iglesia, hoy vamos a descubrir que hablar de Dios no es una carga religiosa que arrastramos con culpa, sino el gozo de alguien que ha sido rescatado y que ya no puede callarse lo bueno que es su Salvador.
BOSQUEJO
La urgencia de depender: El Espíritu es el protagonista, no tú (Hechos 1:8a)
Para ser Sus testigos: Proclamar un Reino que ya empezó (Hechos 1:8b)
Conclusión:
El poder para una misión que no es nuestra (Juan 14:26)
DESARROLLO
I. EL NOS PROVEE LO QUE NECESITAMOS PARA SU MISON / SU ESPRIRITU…
Amada iglesia, debemos comenzar por lo más urgente: el Espíritu Santo debe ser el protagonista de nuestra vida porque, sin Su poder, no existe misión posible. Sin embargo, aquí es donde nos encontramos con nuestro pecado más sutil y profundo: la mayoría de nosotros vivimos como si la misión dependiera de nuestras propias fuerzas. Este es el conflicto silencioso que nos drena, nos frustra y termina por quemar nuestro servicio a Dios.
Explicar: Nuestra insuficiencia estructural
Seamos honestos entre nosotros. Muchas veces vivimos intentando demostrarle al mundo —y a los hermanos en la banca de al lado— que no somos un fracaso. 
Nos esforzamos por proyectar que no necesitamos ayuda, que lo tenemos todo bajo control, que nuestra vida espiritual es una maquinaria perfectamente aceitada. Y lo trágico es que intentamos hacer lo mismo con Dios. 
Entramos en Su presencia tratando de "impresionarlo" con nuestro currículum de servicios, cuando Él ya conoce nuestra desnudez.
Dime, ¿realmente crees que somos competentes para la misión de Dios? La realidad es que muchos aquí se sienten profundamente incompetentes. 
Te miras al espejo y dices: «No soy un gran orador, no tengo un liderazgo nato, no tengo ese carisma que atrae a la gente». 
Ese sentimiento de insuficiencia es real y es honesto. Sin embargo, en el Reino de Dios, la insuficiencia no es un obstáculo; es un requisito previo. El problema no es que te sientas débil, el problema es lo que haces con esa debilidad.
Debemos tener cuidado con el pecado del activismo y la soberbia 
En lugar de rendirte al Espíritu, haces algo que la Biblia llama pecado: intentas compensar tu debilidad con estrategia, con activismo y con puro esfuerzo humano. 
Hemos llenado nuestras iglesias de programas que muchas veces no son necesariamente frutos de la oración. 
Usamos agendas de éxito y métodos de manipulación comercial, olvidando que la misión no es un producto que se vende, sino una vida que se comunica por el poder de Dios.
Cuando dejas de confiar en el Espíritu, caes inevitablemente en dos trampas peligrosas:
1. La tiranía de la intuición: Confías más en tus «pálpitos» y en tus ideas brillantes que en la dirección de Dios. Te has vuelto el capitán de una misión que no te pertenece. Si el Espíritu no guía, lo que estás construyendo es un monumento a tu propia inteligencia, no el Reino de Dios.
2. El refugio del sentimentalismo: Piensas que ser espiritual es simplemente sentir «bonito» o tener una sensibilidad exagerada durante las canciones del domingo. Pero una devoción al Espíritu que no tiene fundamento en la Palabra es solo emocionalismo vacío. El Espíritu Santo no es una "vibra"; es una Persona divina que guía exclusivamente a través de la Verdad revelada.
Escuchen bien, hermanos: para llevar a cabo la misión que Dios nos encomienda, el problema no es tu incompetencia, es muchas veces nuestra soberbia. 
Es tu negativa a confesar que necesitas ayuda sobrenatural. Jesús fue claro con Sus amigos: «esperen hasta que reciban el poder del Espíritu Santo» (Hch 1:8, NBLA). 
Él no les pidió mejores planes de contingencia; les pidió dependencia radical. Muchos de ustedes están tratando de alimentar a otros mientras sus propias almas se mueren de hambre por falta de comunión real con Dios.
Aquí es donde el Evangelio nos rescata de la esclavitud de "tener que poder con todo". Porque nuestro salvador no es un capataz que te exige resultados mientras te azota por tu debilidad; Él es el Salvador que te ofrece Su propio Espíritu para que no camines solo.
El Espíritu Santo no viene a ti para darte un espectáculo emocional. Él viene a poner el sello de Dios en tu corazón y a recordarte que eres Su hijo amado. 
No necesitas manipular a nadie ni "vender" a Jesús. 
Si has sentido convicción de pecado, si al leer la Biblia tu mente se ilumina, si en medio de tu debilidad Cristo es exaltado, ¡tienes al Espíritu Santo!
Tu misión no es convencer al mundo de lo fuerte que eres, sino de lo fuerte que es Él en tu debilidad. 
Cuando hables en tu hogar, en tu colonia o en tu trabajo, no hablarás de tus hazañas ni de lo bueno que eres. Hablarás de Cristo. 
Porque el contenido del mensaje es Él, Su obra y Su gloria. El Espíritu tomará tus palabras torpes y las usará para transformar corazones, porque la misión es Suya y el poder también.
Tú no vas a convertir a nadie, pero tú has sido convertido para Él a través de Su Espíritu Santo. Sencillamente, ¡proclama desde el descanso de Su gracia!
II. PARA SER SUS TESTIGOS / proclamar su reino.
Cuando Jesús nos llama a ser "Sus testigos", no nos está dando una tarea opcional para cuando nos sobre tiempo; nos está revelando nuestra nueva identidad. Pero para entender esto, tenemos que ver el choque que hubo entre lo que los discípulos querían y lo que Jesús les entregó.
Explicar: ¿Qué significa realmente ser un testigo?
La palabra "testigo" en la Biblia (martus) tiene una carga legal y vital. En los textos antiguos, un testigo no es alguien que opina, sino alguien que declara lo que ha visto y vivido. 
Jesús les dice en Hechos: «Recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes; y serán Mis testigos... hasta los confines de la tierra» (Hch 1:8, NBLA).
Fíjate en esto: el Espíritu Santo es el "Testigo principal". 
Como dice Juan 14:26, Él nos enseña y nos recuerda todo lo que Jesús dijo. 
No somos nosotros intentando convencer a la gente con nuestra elocuencia; es el Espíritu de Dios testificando a través de nosotros. 
Ser testigo significa que tu vida y tus palabras se vuelven la evidencia de que el Reino de Dios ha llegado. Es una misión de veinticuatro horas al día que abarca desde cómo respondes un correo electrónico hasta cómo crías a tus hijos.
Conectar: El pecado de los discípulos (y el nuestro)
Justo antes de que Jesús les hablara de ser testigos, los discípulos le hicieron una pregunta que revela mucho de nuestro propio corazón: «Señor, ¿restaurarás en este tiempo el reino a Israel?» (Hch 1:6).
El pecado de los discípulos —y el nuestro— es que a menudo queremos el Reino pero sin la misión. Queremos un "Jesús político" o un "Jesús genio de la lámpara" que arregle nuestras circunstancias, que nos quite de encima a los "Romanos" de nuestra vida (ya sean problemas económicos, jefes difíciles o crisis políticas), pero no queremos ser Sus testigos.
Pecamos cuando nuestra prioridad es que Dios restaure nuestro reino personal, nuestra comodidad y nuestro estatus, en lugar de que use nuestra vida para proclamar el Suyo. Al igual que los discípulos, nos enfocamos en el "cuándo" (¿cuándo me vas a bendecir?, ¿cuándo se va a arreglar esto?) mientras ignoramos el "para qué" (para que seas Mi testigo en medio de esa dificultad).
Nuestra inconsistencia nace ahí: queremos el poder del Espíritu para sentirnos bien o para tener éxito, no para morir a nosotros mismos (martus) y servir a otros. Somos testigos falsos cuando usamos el nombre de Dios para buscar nuestra propia gloria, mientras nuestra vida cotidiana sigue gobernada por el egoísmo, la queja y el deseo de control.
Mostrar a Cristo: El Reino que proclamamos
Jesús no les respondió la fecha de la restauración, sino que les dio al Espíritu Santo. ¿Por qué? Porque el Reino de Dios no es una estructura política que se impone por la fuerza, sino una realidad espiritual que transforma los corazones.
Proclamar el Reino es anunciar que Jesús ya ganó y que Su forma de vivir es la única que trae vida verdadera. En este Reino:
• En lugar de buscar poder para aplastar a otros, usamos el poder del Espíritu para servir.
• En lugar de exigir que se nos haga justicia, mostramos la gracia que hemos recibido.
• En lugar de vivir para que nuestra "Historia Secundaria" (dinero, fama, seguridad) brille, vivimos para que la "Historia Primaria" de Dios sea conocida.
La buena noticia es que el Espíritu Santo desciende a nuestra realidad para darnos lo que no tenemos: el valor y la integridad. No tienes que ser perfecto, tienes que ser un testigo de la gracia. 
Cuando admites un error en el trabajo, cuando perdonas a quien te hirió o cuando decides ser honesto aunque te cueste dinero, estás diciendo: "Mi Rey es más grande que mis intereses". 
El Espíritu Santo hace que nuestras palabras tengan peso porque las respalda con una vida que ya no busca su propio reino, sino el de Cristo
CONCLUSION.
Hermanos, hemos visto hoy que el Espíritu Santo no vino para darnos un "espectáculo" de poder, sino para hacernos testigos. Pero después de escuchar todo esto, quizá sales de aquí sintiéndote abrumado. Tal vez piensas: «Mi vida es un desastre, mi carácter sigue siendo áspero, ¿cómo voy a ser yo un testigo del Rey?».
Y Nuestro pecado, el mismo que tenían los discípulos cuando preguntaban por fechas y reinos políticos, es creer que el Reino de Dios se construye con nuestra fuerza, nuestro carisma o nuestra perfección. Nos enfocamos tanto en el "hacer" que olvidamos el "ser". 
Pecamos cuando intentamos testificar de un Jesús que nosotros mismos no estamos disfrutando.
Porque Jesús no es alguien que nos observa desde lejos esperando que cumplamos la misión para aceptarnos; Él es el Rey que se acerca a los que están cansados y cargados.
Y Aquí es donde el Evangelio cambia nuestro lunes por la mañana y todos los días de la semana... Tu responsabilidad no es convencer al mundo de que tú eres bueno, sino de que Él es bueno.
Tú no eres el protagonista de tu testimonio. 
Si el mundo ve a un cristiano "perfecto", verá una religión.  Pero si el mundo ve a un hombre o un hombre o mujer que conoce su propia debilidad, que admite sus errores y que descansa profundamente en la gracia de un Salvador, entonces verán el Reino de Dios.
Ser testigo es simplemente ser un mendigo que le dice a otros mendigos dónde encontrar pan. 
El Espíritu Santo te capacita no para que seas un superhéroe, sino para que seas un canal de ese carácter de nuestro Dios. 
Cuando perdonas a tu cónyuge
cuando tratas con ternura a tu empleado 
o cuando hablas de Jesús con tu vecino, no lo haces para ganar puntos con Dios como lo hacen otras religiones….
Lo haces porque has encontrado descanso para tu alma en Cristo Y ESTO NO SE VUELVE UN TENGO COMO UNA TAREA MÁS DENTRO DE LA FE…SINO UN FRUTO DE LA MISMA… QUIERO CONTARTE A OTROS CUÁNTO LOS AMA DIOS!!!
Por tanto…Tu misión comienza donde estás: en tu hogar, en tu oficina, en tu Samaria personal… TIENES EN TU FAMILIA MUJERES, HIJOS, SOBRINOS, PRIMOS, HERMANOS QUE DIOS TE HA PUESTO AHÍ PARA QUE PROCLAMES SU REINO, Y HAGAS DISCIUPULOS… QUIERES HABLAR A OTROS DE CRISTO PERO EN TU PROPIA CASA NO HACES DISCIUPULOS, ESOS ES ILÓGICO…
RECUERDA QUE NO SOLO SE TRATA DE DECIR…JESÚS TE AMA… ES MOSTRAR QUE JESÚS TE AMA TAMBIEN!!! Y MOSTRAR ESE AMOR A ÉL O ELLA…NO SE TRATA DE ENTREGAR FOLLETOS NADAMAS…SE TRATA DE VERDAD MOSTRAR INTERÉS EN ESCUCHAR A LA GENTE PROQUE CRISTO MUESTRA ESE INTERÉS A TI!!! DE LO RECIBIDO DE ÉL DAMOS!
Y QUIZÁS DICES… NO ME CONOCES…. Y NO PUEDO HACERLO…Y LO MÁS GLORIOSO ES QUE NO LO HACES SOLO!!!!… El Espíritu Santo que te habita es el mismo que te recuerda que, aunque tu pecado es grande, Su gracia es mayor.
No esperes el momento perfecto. 
Comienza hoy, con tus grietas y tus dudas, pero con la mirada puesta en el Rey que no apaga la mecha que humea ni quiebra la caña cascada. 
Ese es el Reino que proclamamos: un Reino donde el Rey murió por Sus súbditos para que nosotros, Sus testigos, podamos vivir en Su libertad.
Sal de aquí no con una carga, sino con un Salvador. Sé un testigo. Que el mundo no vea tu esfuerzo, sino Su gloria transformando a alguien tan común como tú.
Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.  (Juan 14:26, RVR60)
Related Media
See more
Related Sermons
See more
Earn an accredited degree from Redemption Seminary with Logos.