Plan en acción
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Transcript
¡Cómo nos cuesta depender de Dios! Queremos que él haga todo con rapidez y muchas veces nos parece que tarda demasiado en llevar a cabo su obra. ¿Por qué no puede hacerlo todo de inmediato, conforme a nuestro deseo?
se encuentra una lección muy importante: la paciencia. Todos tenemos que aprender a esperar en él.
La petición al Rey
La petición al Rey
Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y lo serví al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia, me dijo el rey: ¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera. Y dije al rey: Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego? Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos, y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré. Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo. Además dije al rey: Si le place al rey, que se me den cartas para los gobernadores al otro lado del río, para que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá; y carta para Asaf guarda del bosque del rey, para que me dé madera para enmaderar las puertas del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa en que yo estaré. Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí.
Pasaron cuatro meses para que Jehová abriera la puerta.
Nehemías oró desde el mes de Quisleu (noviembre/diciembre) hasta Nisán (marzo/abril). Después de ese período, se enfrentó al rey para pedirle permiso. ¿Creería el monarca que su copero estaba participando en un movimiento de insurrección?
Al estudiar este pasaje, observamos cuatro principios fundamentales del ejemplo de Nehemías.
Debemos aprender a orar y esperar a que Dios haga su obra en los corazones.
El no hace las cosas conforme a nuestro calendario. Nehemías tuvo que aguardar 4 meses.
Nehemías tuvo que orar y esperar hasta que Dios hiciera la obra en el corazón del Rey.
Tendemos a impacientarnos fácilmente cuando las cosas no suceden conforme a nuestro deseo, ¿no es cierto? Si el Señor no actúa cuando pensamos que es mejor, muchas veces decidimos intervenir y hacerlo por nuestra cuenta.
Piense en alguna ocasión en que usted intentó llevar a cabo algo por su parte al ver que Dios no parecía interesado en hacerlo a tiempo. ¿Cómo resultó?
Cuando le preguntó a qué se debía esto, Nehemías tuvo temor porque sabía que podía ser condenado a morir por estar así delante del soberano (1:11b–2:2).
El monarca era responsable de proveer lo que su pueblo necesitaba y distribuirlo de una manera justa. Si un súbdito estaba afligido ante él, indicaría su descontento con lo que se le había proporcionado. Por eso, Nehemías tuvo miedo cuando él advirtió su estado de ánimo.
2. Conocía el terreno que pisaba
Nehemías 2:3–5 "Y dije al rey: Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego? Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos, y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré."
Por una parte, sabía que el Señor cumpliría su propósito, y por otra, que a él lo había enviado a realizar determinado trabajo. Lo importante era que estaba dispuesto a hacerlo fielmente. Es difícil mantener este equilibrio en la vida cristiana.
NEHEMIAS CONOCIA EL EQUILIBRIO ENTRE LO
QUE DIOS LOGRARIA Y LA PARTE
QUE A EL LE CORRESPONDIA
Frecuentemente invertimos los papeles. Queremos que Dios haga lo que nos ha ordenado a nosotros y cuando él dice: “déjame a mí los resultados”, queremos meternos para realizar su parte del trabajo porque pensamos que podemos acelerar las cosas. Si él no actúa conforme a nuestro calendario, nos sentimos con derecho a intervenir.
3. Supo cuando y como utilizar los recursos que se le habian dado para cumplir con su tarea
Cuando el rey abrió la puerta de la oportunidad, Nehemías la utilizó sabiamente explicando que no sólo buscaba su propia ventaja, sino que estaba dispuesto a volver a Susa y seguir sirviendo al soberano.
Cuando se dio cuenta de que contaba con el apoyo del rey para su plan, sin temor pidió una ayuda más; de antemano sabía lo que necesitaba y dónde podía conseguirlo. Estaba convencido de que aún los recursos del rey pagano estaban bajo el control de Dios y por tanto, disponibles para la obra divina.
Así que la fe no fue una excusa para justificar la falta de preparación adecuada o para no planear cuidadosamente con antelación.
4. Tenía un plan bien pensado.
Sabía cuanto tiempo le llevaría - Nehemias 2:6
Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo.
Que problemas y que clase de oposicion debia esperar - Nehemias 2:7
Además dije al rey: Si le place al rey, que se me den cartas para los gobernadores al otro lado del río, para que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá;
Que recursos haría falta para la reconstreccion - Nehemias 2:8
y carta para Asaf guarda del bosque del rey, para que me dé madera para enmaderar las puertas del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa en que yo estaré. Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí.
No obstante, estaba concencido de que Dios era quien había logrado todo. El Señor hizo que hallara misericordia a los ojos del rey. La buena mano de Dios estaba con él.
La inspección del sitio
La inspección del sitio
Vine luego a los gobernadores del otro lado del río, y les di las cartas del rey. Y el rey envió conmigo capitanes del ejército y gente de a caballo. Pero oyéndolo Sanbalat horonita y Tobías el siervo amonita, les disgustó en extremo que viniese alguno para procurar el bien de los hijos de Israel. Llegué, pues, a Jerusalén, y después de estar allí tres días,me levanté de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y no declaré a hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalén; ni había cabalgadura conmigo, excepto la única en que yo cabalgaba.Y salí de noche por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragón y a la puerta del Muladar; y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas por el fuego.Pasé luego a la puerta de la Fuente, y al estanque del Rey; pero no había lugar por donde pasase la cabalgadura en que iba.Y subí de noche por el torrente y observé el muro, y di la vuelta y entré por la puerta del Valle, y me volví.Y no sabían los oficiales a dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había declarado yo a los judíos y sacerdotes, ni a los nobles y oficiales, ni a los demás que hacían la obra.
Contando con el respaldo oficial del rey Artajerjes, Nehemías inició su viaje hacia Jerusalén. Al llegar a la región, presentó sus cartas de autorización a los gobernadores locales (2:9). Cuando éstos se dieron cuenta de sus intenciones de ayudar a Israel, se molestaron pero no pudieron hacer nada para detenerlo (2:10)
Todo su ministerio da evidencia de que podemos esperar que surja la oposición siempre que se intenta llevar a cabo la voluntad de Dios.
Antes de proseguir, salió de noche para conocer las condiciones que imperaban, comprender más adecuadamente la situación, y definir las tareas específicas para cada parte del muro (2:11–16).
La presentación del plan
La presentación del plan
Les dije, pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio. Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien. Pero cuando lo oyeron Sanbalat horonita, Tobías el siervo amonita, y Gesem el árabe, hicieron escarnio de nosotros, y nos despreciaron, diciendo: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿Os rebeláis contra el rey? Y en respuesta les dije: El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos, porque vosotros no tenéis parte ni derecho ni memoria en Jerusalén.
Nehemías presento su proyecto, fundando su anuncio motivador en tres elementos que todos sabrían apreciar.
Primero, les hizo un recuento de su evaluación personal acerca de la condición en que se encontraba la ciudad - Nehemias 2:17
Les dije, pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio.
El segundo elemento motivador fue su testimonio acerca de lo que Dios había hecho a través de él reconociendo la obra directa del Señor. Finalmente, los animó recordándoles el apoyo que había obtenido del emperador y el milagro de que Dios se manifestara a través de un pagano, el cual había quedado bien convencido de lo importante que era la obra después de escuchar el deseo de su copero de contribuir a la reconstrucción de la ciudad (Neh 2:18).
Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien.
Al conocer sus promesas y su plan para nosotros, debemos “levantarnos y edificar”.
Cuando Dios quiere realizar una obra significativa, la oposición no tarda en aparecer. Los gobernantes locales empezaron a burlarse y a hacer preguntas capciosas (Neh 2:19)
Pero cuando lo oyeron Sanbalat horonita, Tobías el siervo amonita, y Gesem el árabe, hicieron escarnio de nosotros, y nos despreciaron, diciendo: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿Os rebeláis contra el rey?
Es importante notar que la confianza de Nehemías no se basaba en lo que lo rodeaba. Veía más allá de todo ello, depositando toda su confianza en Dios, quien lo había llevado hasta ese punto (Neh 2:20). Los que se opusieran no tendrían parte en la herencia tampoco.
Y en respuesta les dije: El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos, porque vosotros no tenéis parte ni derecho ni memoria en Jerusalén.
Encontramos cuatro enseñanzas principales:
1. Tenemos que aprender a orar y esperar para que Dios haga su obra en los corazones.
2. Debemos encontrar el equilibrio adecuado entre el papel divino y el nuestro como sus siervos.
3. Comprender a la gente con la que trabajamos y motivarla a realizar la obra.
4. Cuando Dios nos dirige a hacer algo, comprometernos a cumplirlo.
Nehemías siguió estos cuatro principios. No fue sino hasta después de que se comprometió personalmente de esta manera, que principió a buscar colaboradores que quisieran trabajar con él.
La clave para entender este pasaje reside en reconocer que en realidad no se trata únicamente de un proyecto de construcción. La inquietud de Nehemías era que el pueblo escogido que vivía en la tierra desolada se diera cuenta de la gloria de Dios y se volviera a él. La reedificación era sólo un medio para lograr esta meta. Así debe ser nuestra visión.
Tal como aquel pueblo, con seguridad hemos podido ver los cuidados de Dios en nuestra vida y ministerio. Es importante confiar sólo en él si queremos lograr grandes cosas y comprometernos a seguir su dirección en todo tiempo.
¿Qué quiere Dios hacer para glorificarse a través de nuestra iglesia? ¿Cómo debe esta iglesia poner en práctica los principios que hemos visto para realizar el trabajo que el Señor tiene para su pueblo?
