Símbolos de nuestra salvación: el bautismo
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En esta mañana y, Dios mediante, la siguiente vamos a examinar los dos símbolos de nuestra salvación, también conocidos como las ordenanzas que Cristo dio a sus discípulos. Son el bautismo y la Santa Cena. ¿Por qué es importante el bautismo? Porque es un testimonio público que el creyente da en Cristo Jesús. También porque representa nuestra identificación con Cristo tanto en su muerte al ser sepultados en el agua como en su resurrección al salir de las aguas para la gloria de Dios y para vivir esa nueva vida a la que Dios nos ha llamado en Jesús.
Por favor, leamos la primera epístola de Pedro, capítulo 3, versos 18 al 22:
Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua. El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo, quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades.
Oremos al Señor
Pedro escribe a creyentes que enfrentan adversidad en un mundo hostil, influenciado por el culto imperial romano en Asia Menor durante el dominio de Nerón. Las provincias en el Asia menor en el siglo I eran Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia (1 Pedro 1:1) y se encontraban bajo el dominio romano. En este entorno, la religión y la política no eran esferas separadas, sino que se encontraban íntimamente entrelazadas. En Roma se practicaba el culto imperial, es decir, la adoración directa al emperador, la cual se practicaba en todos los aspectos de la vida civil.
En ese sentido, si un ciudadano se negaba a participar de los rituales del culto imperial era considerado como desleal, antisocial e irreverente a la deidad del emperador. Es pues claro que, en esta sociedad politeísta, la exclusividad religiosa de los cristianos, que se evidenciaba en su negativa a honrar al emperador y a los dioses de Roma, fue muy chocante, llevándolos a ser considerador somo ateos y ser tratados hostilmente. También se debe considerar el contexto económico de la sociedad. La mayoría de la población vivía en un entorno agrario, siendo trabajadores propiedad de la aristocracia urbana, en una precariedad económica y social significativa. En este grueso de personas se encontraban la mayoría de los creyentes de la época, lo que los constituía en un grupo especialmente vulnerable.
El fundamento de nuestra salvación: la obra de Cristo
El fundamento de nuestra salvación: la obra de Cristo
Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;
El contexto de este pasaje es el mandamiento de Pedro a los creyentes a vivir con una buena conciencia aun en medio de una sociedad corrupta y que iba volviéndose violenta y agresiva con los creyentes. Los creyentes son llamados a vivir de una manera digna del evangelio:
sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros;
Esto es así porque los creyentes son llamados a heredar bendición (v. 9), porque Dios recompensará con bendiciones a quienes se aparten del mal y hagan el bien (v. 10-12), porque es bueno que los creyentes tengan buena conciencia, aunque por ello tengan que sufrir (v. 16), porque a veces es la voluntad de Dios que los creyentes sufran (v. 17).
La última razón enlaza sufrimiento y un buen testimonio y comportamiento delante del mundo de parte de los creyentes tiene que ver con el comportamiento del mismo Hijo de Dios en este mundo: Cristo también sufrió en este mundo; sin embargo se mantuvo fiel y obediente a Dios, dando un testimonio que honró a su Padre Celestial. Ahora, con respecto al sufrimiento de Cristo tenemos que tener en cuenta lo que Pedro nos dice:
Cristo padeció en su carne: El Eterno y Santo Hijo de Dios sufrió en su naturaleza humana el dolor, el abandono de su Padre, la carga del pecado sobre sus hombres, el castigo físico y la muerte. Ahora, ¿por que Cristo sufrió al punto de la muerte? Cristo sufrió por tu pecado y por mi pecado. Nuestros pecados fueron los causantes, nuestra maldad, nuestra perversión, todo el odio, el rencor, la falta de perdón, el orgullo, la mentira, los asesinatos, la infidelidad, la lujuria, la promiscuidad, etc. Todo ello ocasionó la muerte del Hijo de Dios.
Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.
Cristo padeció una sola vez: El Hijo de Dios fue entregado una sola vez para siempre como una ofrenda perfecta y suficiente por el pecado de la humanidad. Su sacrificio fue completamente necesario para satisfacer la ira de Dios por el pecado del hombre. Por eso ahora podemos proclamar el evangelio porque la ofrenda por la maldad ha sido pagada y ahora Dios puede ser propicio al pecador para darle salvación.
Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.
pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.
Cristo padeció en nuestro lugar: La Escritura es clara: el justo padeció por los injustos. El que era inocente fue castigado como culpable, sufriendo la ira de Dios y los culpables, lo que merecíamos ser castigados en el infierno eterno recibimos gracia y misericordia. Hermano, ¿piensas que sufres en esta vida? Déjame decirte que muchas veces sufrimos las consecuencias de nuestros propios pecados. Sin embargo, mira a Jesús, el único que sufrió siendo inocente, pagando por nuestra maldad, poniéndose en nuestro lugar.
Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
Cristo sufrió para llevarnos a Dios: La muerte de Cristo hizo posible nuestra salvación. La Biblia es clara al decir que por causa de nuestro pecado estamos todos separados de Dios y no alcanzamos la gloria de Dios. Ningún ser humano puede acercarse a Dios por causa de nuestro pecado; pero Cristo que es el único Camino, Verdad y Vida abrió un camino nuevo y vivo para que podamos llegar a la presencia de Dios, limpios de nuestros pecados por su muerte en la cruz. Los hermanos en la iglesia de Roma huían temerosos de Nerón; sin embargo, Pedro les dice que cobren ánimo porque están en la presencia de Dios, en las manos de El y de sus poderosas manos ningún malvado gobernante ni nadie les puede arrebatar.
Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.
Cristo sufrió; pero resucitó de entre los muertos: El contraste que expone Pedro es muy claro. El Hijo de Dios, el Justo que sufrió por los injustos, fue muerto ciertamente en carne; pero fue vivificado en el Espíritu. La muerte no lo pudo retener. El mismo dijo que tenia poder para entregar su vida y también tenia poder para volverla a tomar.
Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.
Hermanos, sin la obra poderosa, suficiente y maravillosa de Cristo no solo el bautismo no tiene sentido, sino que nuestra salvación y toda nuestra esperanza. Es tan importante esta doctrina que el mensaje central del evangelio es este: ¡Cristo murió por nuestros pecados pero resucitó para nuestra salvación! Si alguien puede reconocer y creer esto, que está perdido en sus pecados, pero solo Cristo le puede salvar, ese será salvo de la condenación, para la gloria de Dios.
Un modelo de nuestra salvación: el Diluvio Universal
Un modelo de nuestra salvación: el Diluvio Universal
en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.
Se debe reconocer que esta sección es una de las más difíciles de interpretar, básicamente por la identificación de “los espíritus en prisión”. Un segundo desafío teológico tiene que ver con el “donde” y “cuando” Cristo predicó a estos espíritus y que relación tiene todo esto con los tiempos de Noé.
El verso 19 empieza con la frase “en el cual” que enlaza directamente con la frase anterior “pero vivificado en el espíritu”. Es en el poder del Espíritu que Cristo fue y predicó a los espíritus encarcelados. Pedro declara una estructura interesante aquí pues dice:
El Justo que sufrió por los injustos, que fue muerto, pero también vivificado en el espíritu (v. 18), fue a anunciar a los espíritus encarcelados (v. 19), pero también fue al cielo a ser entronizado como el Salvador (v. 22)
Ahora, siendo un poco técnicos, el texto griego nos dice que Cristo proclamó (gr. ἐκήρυξεν). A diferencia del verbo griego εὐαγγελίζομαι que tiene una connotación de anuncio de buenas nuevas, ἐκήρυξεν tiene la connotación de la solemnidad de una proclamación o anuncio. Es decir, mas que pensar en que Cristo fue a predicar el evangelio a estos seres, debemos pensar que Cristo anunció y proclamó a estos seres.
Sin embargo, aun para poder entender esto debemos pensar en la identidad de los espíritus encarcelados. Se dice en el verso 20 que estos espíritus “desobedecieron en otro tiempo”. Con respecto a esta frase, se han esgrimido interpretaciones a lo largo de la historia. Se ha pensado que estos “espíritus” eran los hombres que vivieron antes del Diluvio Universal y murieron en incredulidad. También se ha pensado que estos espíritus son los ángeles caídos a los que Cristo anunció su victoria en la cruz. Incluso se ha postulado que esta predicación es simbólica y que es la Iglesia que, predicando el evangelio, representa ese anuncio de Cristo a los espíritus encarcelados que es la humanidad incrédula. Sin embargo, esta posición se aleja de la interpretación literal y contextual de este pasaje. Un anuncio del evangelio a seres humanos en el infierno, como era creencia de muchos Padres de la Iglesia alude a una predicación para salvación post-mortem que también se aleja del sentido estricto del texto y de la revelación bíblica.
Lo que queda claro acerca de la identidad de estos espíritus es su estado de desobediencia a Dios, su reclusión y que fueron los destinatarios del anuncio victorioso de Cristo. Siguiendo la figura contrastante de lo dicho hasta el momento por Pedro, cabe pensar que, así como Cristo fue al cielo a ser entronizado y reconocido por ángeles, autoridades y potestades (v. 22), la interpretación que se requiere es que Cristo haya anunciado su victoria a los seres espirituales enemigos de Dios, quienes en su momento también han de doblar la rodilla y confesar a Cristo como Señor.
para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Lo último que se debe considerar es la parte final del verso 20: “cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé". La conjunción ὅτε (“cuando”) ubica el tiempo de esta declaración: “en días de Noé”. En ese tiempo, la maldad del hombre se había desbocado sobre la tierra (Génesis 6:5 "Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”).
Y aunque casi toda la humanidad se había corrompido en su pecado, Noé halló gracia ante los ojos de Jehová (Génesis 6:8 "Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová” ) y, como declara Pedro, la paciencia de Dios esperaba:
La construcción del arca
La predicación de Noe, descrito por Pedro como pregonero de justicia (2 Pedro 2:5 "y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos")
El apóstol Pedro señala que la paciencia de Dios “esperaba pacientemente”. El verbo traducido como “esperaba” tiene la idea de una espera ansiosa y activa. El vocablo traducido como “paciencia”, también es traducido como “largura de ánimo” es un atributo de Dios mismo (2 Pedro 3:15; Romanos 2:4), mientras que en el creyente es parte del fruto que el Espíritu produce en ellos (Gálatas 5:22). Se concibe como paciencia divinamente regulada, parte de los tratos de Dios para con el hombre. La unión de estas palabras enfatiza la perseverancia y gran paciencia de Dios hacia la humanidad pecadora en esos tiempos, como en los actuales.
“mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua” (RV1960)
Esta sección, correspondiente a la parte final del verso 20, profundiza en algo que sucedió en tiempos de Noé: el Diluvio Universal, que fue el juicio de Dios al mundo pecador de aquella época; pero también la salvación de unos pocos que por su fe fueron liberados del juicio que ocurrió a través del agua. Esto fue, en palabras de Pedro, figura de una realidad mayor que se ve cumplida en el bautismo cristiano, señal de la verdadera liberación de Dios a los que ponen su fe en Cristo Jesús.
La sección anterior hacia referencia a la paciencia de Dios que esperaba pacientemente “mientras se preparaba el arca”. Es durante este tiempo que unos pocos, ocho personas “fueron salvados por medio del agua”. Un aspecto importante para considerar es la mención de los tiempos de Noé que utiliza Pedro enmarcado en la obra sufriente pero victoriosa al final de Cristo Jesús.
Se puede ver paralelos entre los tiempos de Noé y los tiempos en los que ministraba el apóstol Pedro:
El justo Noé (Génesis 6:9) como figura del Justo Hijo de Dios
La maldad desbocada de la humanidad en los tiempos antediluvianos comparados con la maldad creciente del imperio Romano al que se enfrentaban los creyentes a los que Pedro escribía
La predicación y la paciencia de Dios que esperaba el arrepentimiento de los hombres (2 Pedro 2:5), comparado con la paciencia de Dios que espera el arrepentimiento de los hombres en los tiempos de Pedro y en los actuales (2 Pedro 3:8-9).
Cristo mismo anunció que los tiempos de su venida serían como los tiempos de Noé, donde las personas ignoraban el mensaje de Dios y vivían separados del Señor hasta que la venida del juicio les alcanzó:
Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.
Dado que Jesús mismo usó los tiempos de Noé como una ilustración de los tiempos finales, no hay razón para no pensar en que Pedro haría también lo mismo, con el mismo objetivo.
En ese contexto de maldad creciente y de juicio inminente destaca la obra salvífica de misericordia de Dios: unos pocos, ocho específicamente, Noé y su familia fueron salvados por la misericordia de Dios por medio del agua. El verbo traducido por “preservar”, “librar del peligro” no suele ser usado en contextos de salvación espiritual (ello corresponde al vocablo σῴζω), sino más bien en contextos de sanidad física (Mateo 14:36) o liberación de un peligro inminente (Hechos 23:24; 27:43).
Esta liberación se realizó “a través/por medio de agua”. Ahora, esto definitivamente no significa salvación espiritual ni tampoco exige que se entienda el bautismo como medio de salvación, ni tampoco se ve en otros pasajes del Nuevo Testamento una relación entre el agua del Diluvio y el bautismo como instrumentos de salvación.
Noé y su familia fueron liberados del juicio de Dios por medio del agua del Diluvio a través del Arca. Fue un modelo de la salvación que Dios ofrece a través de la fe en Cristo Jesús para salvación de la condenación eterna.
Querido amigo, pocos se salvaron del juicio del Diluvio Universal. Solo Noé y su familia se salvaron por la misericordia de Dios. ¿Cuántos crees que se salvarán hoy de la condenación eterna y el juicio de Dios? Si los tiempos de Noé eran terribles, ¿Cuánto mas no serán los tiempos malvados hoy? El mundo entero le da la espalda a Dios. Hoy ya casi nadie quiere orar, ni menos leer la Biblia. No hay temor de Dios en el mundo, cada uno corre tras sus propias pasiones y pecados. ¿Cuántos hoy buscan a Dios de corazón?
Una evidencia de nuestra salvación: el bautismo a una nueva vida
Una evidencia de nuestra salvación: el bautismo a una nueva vida
El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo, quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades.
La traducción entonces al momento sería: "Por lo cual, ahora el bautismo [que es antitipo de esto] los salva a ustedes". El sentido de "salva” no puede tener un énfasis soteriológico estricto por cuanto el contexto más amplio y el paralelismo no atribuye propiedades salvíficas al bautismo cristiano. Por el contrario, así como Dios libró del peligro inminente a las ocho almas del Diluvio, así Dios libra (y salva) a los creyentes a través de la fe; de la que el bautismo cristiano es símbolo.
Pero Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si éstos no permanecen en la nave, vosotros no podéis salvaros.
Adicionalmente, Pedro añade, con el objetivo de eliminar cualquier confusión sobre alguna atribución salvífica al bautismo cristiano, que éste “no remueve la inmundicia de la carne”. Los rituales de purificación del Antiguo Testamento (Levítico 15:5-18) demostraron su ineficacia para purificar el corazón del ser humano (Hebreos 9:9-14). El bautismo cristiano tampoco tiene esa finalidad: no puede limpiar el corazón ni cambiar la naturaleza humana. Su finalidad es simbolizar de manera externa y pública una realidad interna y sobrenatural, el nuevo nacimiento que ha experimentado aquel que pone su esperanza en Cristo Jesús para salvación.
Por lo tanto, el bautismo no “salva” como un acto que confiere gracia, sino como el momento y el medio por el cual el creyente, cuya conciencia ya ha sido limpiada por la fe en la obra de Cristo, hace un compromiso solemne y público de lealtad a su nuevo Señor. Es el testimonio externo de una transacción interna.
El bautismo no significa o implica la remoción de la inmundicia de la carne, sino que representa otra realidad. Esta nueva realidad está descrita por la frase "sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios”. La clave de esta frase se encuentra en el término traducido como “aspiración” que se puede considerar como la declaración de lealtad al nuevo Señor y el compromiso del creyente que se bautiza a una nueva vida, caracterizada por una buena conciencia delante de Dios y de los hombres (Hechos 23:1; 24:16).
Así como los ocho fueron salvados por la gracia de Dios a través del agua del Diluvio Universal, ahora Pedro declara que este compromiso a una nueva vida es posible "por la resurrección de Jesucristo”· Es la resurrección de Cristo, no el agua, la base eficaz para la salvación que el bautismo representa.
La resurrección de Cristo es el evento clímax de la obra de salvación de Dios a favor de la humanidad. Sin ella, el cristianismo no tiene sentido (1 Corintios 15:14-15). A este evento se refiere Pedro en el verso 18 cuando menciona que Cristo, el Justo que sufrió y murió en carne, fue vivificado en espíritu. Es el Cristo glorificado quien asciende a los cielos para ser entronizado sobre todo nombre. Su resurrección es la victoria del creyente y la garantía de que, aunque pase por sufrimientos en este mundo, su glorioso final está garantizado por el poder de Dios. Es esta declaración final la que vamos a analizar:
quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades.
¿Por qué los creyentes pueden y deben vivir en esperanza? Porque Dios puede librarlos como hizo con los ocho que fueron librados del Diluvio Universal. Y esto es posible porque el Hijo de Dios se encuentra “a la diestra de Dios”. La diestra es visto en la Palabra de Dios como el lugar de autoridad y algo que Cristo había anunciado durante su ministerio terrenal (Marcos 14:62; 16:19; Lucas 22:69; Hechos 5:31; Hebreos 1:13; 10:12).
Pedro menciona aquí que Cristo llegó a este punto “habiendo ido al cielo”. El verbo "habiendo ido” ya se ha utilizado en el verso 19 para mencionar que Cristo fue y predicó a los espíritus encarcelados. Ahora, siguiendo esta estructura de contrastes, también fue al cielo para ser entronizado a la diestra de Dios, al lugar de mayor autoridad. Pedro corona esta declaración proclamando que a Cristo ahora están “sujetos ángeles, autoridades y potestades”.
Asimismo, una vez más es menester enfatizar el contraste que Pedro hace en este pasaje: los espíritus en prisión, desobedientes y rebeldes a Dios escucharon la proclamación del Cristo victorioso. Sin embargo, en el cielo, los espíritus servidores de Dios, con gozo se sujetan al Cristo entronizado.
Este cuadro triunfante cambia la perspectiva de todo: ninguna injusticia, ninguna persecución, ningún tirano podrá destruir a la Iglesia del Señor (Mateo 16:18). Al final de todo, Cristo reina soberano y poderoso. Por medio de este cuadro victorioso, Pedro anima a los creyentes que sufren para que se fortalezcan en la esperanza de la gloria de Dios. No solo esto, sino que desafía a los creyentes a que no vuelvan atrás y obedezcan a Dios, bautizándose y viviendo una vida agradable al Señor (1 Pedro 2:12; 3:16), dado que su fe está puesta en un Rey todopoderoso y exaltado.
Amigo, arrepiéntase de sus pecados, ponga su fe en Cristo y bautícese después de llevar su discipulado. Al bautizarse, comprométase a vivir una vida agradable al Señor, viviendo en esa nueva vida que Cristo ganó para nosotros.
Hermano, si aun no te has bautizado, debes hacerlo lo mas pronto posible pues debes dar testimonio público que Cristo te salvó y te ha llamado a una nueva vida. Si ya te has bautizado, entonces vive de una manera agradable al Señor, dando evidencia de que Cristo te hizo nacer a una nueva vida en El.
Aplicaciones para la vida
Aplicaciones para la vida
En ese sentido, el bautismo cristiano se enmarca como el símbolo de la nueva vida en Cristo, la salvación de Dios de la condenación en el infierno por el pecado y la confesión pública de la fe en el Señor, la declaración de una nueva lealtad al Cristo de Dios y el compromiso para vivir una vida digna de Él. Frente a contextos de sufrimiento, prueba o tentación, el creyente puede y debe hallar descanso en la realidad de la soberanía, poder y autoridad del Cristo resucitado. Dios libró a Noé y a su familia por la fe del Diluvio Universal, asimismo lo hará con aquellos que ponen su esperanza en el Señor victorioso Jesucristo, quien murió por los pecados del hombre, pero ha vencido y reina todo poderoso.
Considerando el contexto histórico cultural de este pasaje, la fidelidad a Cristo simbolizaba una ruptura con la lealtad al Cesar romano; lo que acarreaba grandes consecuencias que podían significar incluso la muerte, como llegó a suceder para muchos durante la persecución durante Nerón.
Por ende, ello conlleva un peso adicional al argumento que el bautismo, como señal externa de una obra interna de fe, desde el punto de vista del creyente es la declaración de una nueva lealtad a un nuevo Amo y el compromiso a vivir con una buena conciencia delante de este nuevo Señor, el Cristo de Dios que ha ascendido a los cielos y al cual todos le están sujetos, ángeles, autoridades, potestades, aun el mismo Cesar romano.
Oremos al Señor.
