El Resultado de la Disciplina
La disciplina la ejerce Dios, pero nosotros la debemos recibir y sujetarnos a Dios, siendo ejercitados (entrenados) por Él para desarrollar la santidad y justicia en nuestras vidas. Todo esto debe llevarse a cabo mientras somos fortalecidos de nuestras debilidades y animados por la mirada puesta en Jesús.
Lectura Inicial
Lectura Bíblica
El Resultado de la Disciplina
Hebreos 12.9-13
Introducción:
I. La Sujeción
1. La forma activa de este verbo significa «colocar debajo», «fijar», «subordinar» (en pasiva «subordinarse», «estar sujeto»).
2. La forma media significa «sujetarse», «estar al servicio de», «someterse voluntariamente».
II. Nuestro Aprovechamiento
A. Participantes de Su Santidad
Este compuesto tiene sentidos como «asumir», un cargo, o «heredar», especialmente cosas intelectuales, por ejemplo un estudiante de su maestro.
B. Ejercitarnos en Justicia
C. Sanar sus heridas
El enfatiza la necesidad y la obligación de la responsabilidad corporativa que tienen los creyentes. En pasajes anteriores él ya había instruido a los lectores a tomar esta responsabilidad seriamente:
Antes que un corredor empiece a correr, el mismo examina la pista con cuidado; ya que el terreno disparejo puede hacerlo vulnerable a una caída. Corre peligro de lesionarse y quedar así descalificado de la carrera. Por dicha razón, las sendas deben ser emparejadas.
No todos los corredores están en una condición física óptima. Algunos son inválidos es decir, cojos. Y aun así, a pesar de su condición, ellos deben perseverar y completar la carrera.
Al alentar a estos corredores inválidos y al nivelar los baches y protuberancias de la ruta, los atletas en buenas condiciones cumplen un servicio útil. El resultado será que también los débiles llegarán a la meta. Si no se empareja la senda, habrá riesgo de que no lleguen al final.
Estos versículos retoman la metáfora de la carrera. Lo primero que le ocurre a un corredor cuando se cansa es que sus brazos caen. La posición y el movimiento de los brazos son muy importantes al correr para mantener la coordinación y el ritmo corporal adecuados. Sus brazos ayudan a impulsar su zancada, y son las primeras partes del cuerpo en mostrar fatiga. Después siguen las rodillas. Primero los brazos comienzan a caer y luego las rodillas a tambalearse. Pero si usted se concentra en la caída de los brazos o el tambaleo de las rodillas, hasta ahí llegó. La única forma mediante la cual cabe esperar continuar es enfocándose en el objetivo.
Cuando experimentamos las manos caídas y las rodillas paralizadas espiritualmente, nuestra esperanza está en poner “los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.”
En otras palabras: “No se rindan ahora. Mejores días están por venir. Pongan allá su mirada y tendrán el aliento y la fuerza que necesitan. ¡La victoria está adelante!”.
El énfasis de
