Un gran pregón para un mundo herido
Tiempo de Epifanía • Sermon • Submitted • Presented
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1 Escuchen lo que dice el Señor: «Levántate, presenta tu pleito ante las montañas; deja que las colinas oigan tu voz». 2 Montañas, escuchen el pleito del Señor; presten atención, firmes cimientos de la tierra. Porque el Señor tiene un pleito contra su pueblo, presenta una acusación contra Israel: 3 «Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¿En qué te he ofendido? ¡Respóndeme! 4 Yo fui quien te sacó de Egipto, quien te libró de esa tierra de esclavitud. Yo envié a Moisés, Aarón y Miriam para que te dirigieran. 5 Recuerda, pueblo mío, lo que pidió Balac, rey de Moab, y lo que le respondió Balán, hijo de Beor. Recuerda tu paso desde Sitín hasta Guilgal, y reconoce que el Señor actuó con justicia». 6 ¿Con qué me presentaré ante el Señor y me postraré ante el Dios Altísimo? ¿Podré presentarme con holocaustos o con becerros de un año? 7 ¿Se complacerá el Señor con miles de carneros o con diez mil arroyos de aceite? ¿Ofreceré a mi primogénito por mi delito, al fruto de mis entrañas por mi pecado? 8 ¡Él te ha mostrado, oh mortal, lo que es bueno! ¿Y qué es lo que espera de ti el Señor?: Practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente ante tu Dios.
1 Cuando vio a las multitudes, subió a la ladera de una montaña y se sentó. Sus discípulos se le acercaron, 2 tomó él la palabra y comenzó a enseñarles diciendo: 3 «Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece. 4 Dichosos los que sufren, porque serán consolados. 5 Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia. 6 Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. 7 Dichosos los compasivos, porque serán tratados con compasión. 8 Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios. 9 Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. 10 Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque el reino de los cielos les pertenece. 11 »Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. 12 Alégrense y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el cielo. Así también persiguieron a los profetas que los precedieron a ustedes.
Introducción
Introducción
Durante los últimos domingos, el evangelio nos ha invitado a pensar en el pecado más allá de lo individual; ha traído a nuestra reflexión el sentido social del pecado mediante lo que denominamos pecado estructural, como una realidad social que quiebra la dignidad humana.
De otro lado, el evangelio nos ha hecho una invitación a caminar con Jesús. Él nos ha llamado para ser sus discípulos en una misión que no comienza en el centro, sino en la periferia, es decir, donde hay necesidad, exclusión y riesgo.
El llamado de Jesús a cuatro personas comunes y corrientes nos recordó que todos estamos invitados a seguirle. No por nuestros méritos o poder, sino por la gracia abundante de Dios, que nos llama desde su amor inagotable y gratuito.
Hoy hemos leído en el evangelio un texto que es bastante conocido y que siempre trae nuevas cosas para nuestra reflexión: se trata de las bienaventuranzas, comienzo del Sermón de la montaña y un referente importante para la comprensión de la vida de fe a la que Cristo nos invita.
En el contexto, leímos que Jesús recorría toda Galilea enseñando, anunciando las buenas noticias del Reino y sanando toda enfermedad y dolencia. Multitudes de diversas partes le seguían; además, nos dice que su fama se extendió por toda Siria, un punto importante que nos recuerda que el Evangelio debe llegar a todos los lugares y que no llega solo con la presencia de Jesús, sino también por el testimonio que se lleva por todas partes.
Así las cosas, hoy vamos a enfocar nuestra enseñanza en la comprensión de qué son las bienaventuranzas, cuál es su razón de ser, su propósito, y de qué manera nos ayudan a vivir como signos del Reino de Dios en la tierra.
1. ¿Qué son las bienaventuranzas?
1. ¿Qué son las bienaventuranzas?
Hay varias cosas que debemos saber sobre las bienaventuranzas. El mensaje comienza en la montaña: Jesús sube la ladera de una montaña y se sienta; hace de la montaña su cátedra, trayendo a la memoria la experiencia de Moisés en el monte Sinaí, donde recibió las tablas de la Ley. Para el evangelio de Mateo, escrito por una comunidad con fuerte trasfondo rabínico, Jesús es presentado como la figura del nuevo Moisés.
En primer lugar, las bienaventuranzas son el primer mensaje organizado de Jesús, el gran pregón del evangelio que abre su enseñanza. Se ubican en lo que en Mateo se denomina el «Sermón de la montaña», que se diferencia del «Sermón de la llanura» de Lucas. En este sentido, es importante recordar que el Sermón de la montaña brinda las pautas éticas y la norma moral de Jesús en el evangelio de Mateo.
En segundo lugar, el mensaje de las bienaventuranzas aparece tanto en Mateo como en Lucas. Ambos debieron haber tomado los datos de una misma fuente (la fuente Q); sin embargo, Lucas escribe en segunda persona del plural: «ustedes», mientras que Mateo las formula en tercera persona: «los que». Esto nos deja ver que la intención de los dos evangelistas sobre la misma experiencia es diferente: Lucas predica desde la herida concreta, mientras que Mateo formula el programa del Reino para la comunidad. Asimismo, Lucas presenta cuatro bienaventuranzas seguidas de cuatro ayes, mientras que Mateo menciona ocho bienaventuranzas, lo que nos deja ver que en el evangelio de Mateo prima la gratuidad de Dios antes que la advertencia, la gracia por encima del juicio, al menos en este pasaje.
Un tercer aspecto tiene que ver con la proclamación mesiánica. Las bienaventuranzas proclaman la palabra del futuro que penetra en el presente: es la palabra de gracia y de la presencia del Reino de Dios que brinda esperanza a la persona humana y, por ende, puede producir transformación en el ser. En otras palabras, no se puede pensar que la transformación viene de la humanidad que mira a Dios, sino de Dios que se mantiene en amor por la humanidad.
Otro aspecto al respecto es que las bienaventuranzas son palabra creadora (performativa): cada bienaventuranza produce algo nuevo en el ser bienaventurado. La palabra griega para bienaventurado es makários (μακάριος); esta palabra significa plenamente bendecido. En el griego antiguo se usaba para referirse a los dioses, que vivían en un estado de felicidad plena y autosuficiencia, lejos de las preocupaciones humanas.
En ese sentido, las bienaventuranzas son un mensaje en su conjunto que pone «en el lugar de los dioses» a los seres humanos más vulnerables, como veremos más adelante, signo de la gracia abundante de Dios.
2. ¿Desde dónde comienza Jesús las bienaventuranzas?
2. ¿Desde dónde comienza Jesús las bienaventuranzas?
Si las bienaventuranzas son el gran pregón del Reino, la pregunta es: ¿desde dónde comienza Jesús? Podemos afirmar que Jesús da inicio a las bienaventuranzas desde la realidad humana. Jesús, quien ha decidido moverse en la periferia y que mira con compasión a quienes han sido excluidos por el sistema social y religioso, pone en el centro de su discurso a los más vulnerables: los pobres, los que sufren, los humildes y los que tienen hambre.
En estos grupos de personas, Jesús pone la esperanza del Reino de Dios, no como esperanza futura, sino como realidad presente: «el Reino de los cielos les pertenece». Una vez más nos encontramos con la gratuidad de Dios: a aquellas personas que no tienen nada y que sufren, Dios les ha traído el Reino de los cielos.
Sin duda, en esta primera parte del discurso de Jesús no están los más poderosos. Si bien Mateo añade la expresión «en espíritu» en la primera bienaventuranza, que además da la guía y promesa del Reino, no deja de lado la pobreza material. La palabra griega para pobres es ptōchoí (πτωχοὶ) y se refiere a quien no tiene absolutamente nada: indigentes, mendigos o habitantes de la calle. Esta palabra se diferencia de penḗs (πένης), que da la connotación de una persona que trabaja y gana lo suficiente para vivir.
Mateo se refiere a la pobreza extrema. La palabra también connota a personas que no gozan de buena reputación social y a las personas que son pobres porque no tienen a Dios en su corazón.
Jesús pone la realidad de la pobreza en el primer plano de su discurso y, con ello, otras realidades como el sufrimiento, el hambre y la mansedumbre, que se puede interpretar como el sentimiento de dolor en medio de un sistema opresivo, estas personas pobres también están ausentes de Dios para la perspectiva religiosa del contexto.
A quien sufre, el Reino de Dios le pertenece, ya lo tiene, porque el Reino que Jesús predica es diferente al reinado propuesto por el sistema social. El Reino de Dios surge de su gratuidad y se construye en el desarrollo de la comunidad. Quien participa de la comunidad y comprende la norma moral que plantea el evangelio, por gratitud, extenderá su mano, compartirá su sufrimiento, su experiencia y su aprendizaje, para recibir consolación y ayuda mutua.
Jesús no comienza desde los palacios, sino desde las heridas; no desde los templos del poder, sino desde las casas del dolor.
La comunidad de fe es justamente eso: un grupo de personas que hemos llegado desde nuestras realidades y sufrimientos para encontrar en Dios su gracia y, con ella, personas que están siendo transformadas por Él y en quienes podemos encontrar apoyo en los momentos más difíciles.
3. ¿Cuál es el propósito de la bienaventuranzas?
3. ¿Cuál es el propósito de la bienaventuranzas?
Las bienaventuranzas surgen de la realidad humana y nos presentan el Reino de Dios como realidad comunitaria. Por esta razón, el siguiente bloque de bienaventuranzas nos presenta ideas clave que surgen de un corazón sanado y restaurado por Dios.
La paz y la justicia terminan siendo un punto clave para la comprensión del propósito del mensaje de Jesús. Sin embargo, para lograr construir una comunidad de paz y justicia se requiere integridad (corazón limpio) y misericordia (compasión).
Las bienaventuranzas son un mensaje que nos invita a construir la paz, una paz integral que se diferencia de la paz política o militar (Pax Romana); es una paz que surge desde la compasión y no desde la imposición. Es la paz shalom del Antiguo Testamento, que indica plenitud de vida.
En ese sentido, las bienaventuranzas resultan ser un camino para la paz y la noviolencia, un camino que resiste la injusticia no con las «armas de este mundo», sino en la unión y el desarrollo de la comunidad, donde el amor se fortalece y podemos ser transformados por Dios en medio de la resiliencia, trabajando nuestro dolor.
Sin embargo, Jesús advierte que no es un camino fácil. Construir este tipo de vida pacífica no es sencillo: las estructuras sociales y políticas no prestan atención a estos esfuerzos comunitarios; el medio que nos rodea impone las políticas por las cuales deberíamos «vivir en paz». Aun así, a quienes luchan por los derechos los asedian, amenazan y persiguen.
Dios nos llama a ser ciudadanos del Reino, personas que trabajan para construir la paz, a ser una comunidad del Reino que crece y encuentra formas de superar los conflictos, a vivir una vida de fe en la que nos preocupamos por el otro y nos comprendemos como familia.
Conclusión
Conclusión
El Señor nos llama a reconocer nuestras realidades y a ponernos al servicio de la justicia. Ser seguidores de Jesús, cristianos como se nos llamó por primera vez en Antioquía (región de Siria), nos debe conectar con el presente, para construir una espiritualidad que va más allá de hacer el «culto correcto».
El mensaje de Jesús es el mismo que Dios llevó al pueblo de Israel a través de Miqueas: más allá del culto correcto, se necesita una conducta correcta, que el profeta presenta en tres acciones: practicar justicia, amar misericordia y caminar humildemente ante Dios.
La construcción de una comunidad de paz requiere justicia, misericordia y la presencia de Dios, que no se encuentra únicamente en el templo, sino en la experiencia de la vida y de la adoración comunitaria.
Dios nos invita, una vez más, a vivir en unidad y a caminar en la paz que solo puede llegar por la gracia de su amor desbordante.
