Salmo 113 - El Dios que se acerca

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Introducción

Una de las preguntas más profundas del corazón humano es esta: ¿Está Dios lejos o cerca de nosotros?
Muchas religiones presentan a un dios distante, inaccesible, indiferente al sufrimiento humano. Incluso dentro de la iglesia, a veces hablamos de Dios con tanta reverencia que, sin darnos cuenta, lo colocamos tan alto que lo sentimos inalcanzable. Pero el Salmo 113 nos confronta con una verdad gloriosa: el Dios más alto es también el Dios que se inclina.
Este salmo no solo nos llama a alabar, sino que redefine nuestra comprensión de la grandeza divina. Y, finalmente, nos prepara el camino para ver a Cristo como la máxima expresión del Dios que se acerca.

Historia de conexión con el texto

Cuenta la historia que, en una visita oficial, un rey europeo del siglo XIX fue recibido por una multitud. La gente común estaba separada por guardias; nadie podía acercarse. Pero en medio del acto, un niño cayó y comenzó a llorar frente al carruaje. El rey se bajó, caminó hacia él, lo levantó y lo consoló. Ese gesto no disminuyó su autoridad; la engrandeció.
De manera infinitamente superior, el Salmo 113 nos muestra que la verdadera grandeza de Dios no se ve solo en su trono, sino en que se inclina para levantar al que está en el polvo.

Cuerpo del sermón

Contexto general del Salmo 113

Pertenece al Hallel egipcio (Salmos 113–118), cantado en la Pascua.
Israel recordaba la redención de Egipto: un Dios que vio, oyó y descendió para liberar.
Este salmo abre el Hallel con una pregunta implícita: ¿Quién es este Dios que salva?
La respuesta se desarrolla en tres movimientos.

PH: 3 maneras de agradecer al Cristo que se digna en mirarnos con misericordia con el propósito de vivir maravillados por quién es Él.

1. Agradecemos a Cristo con adoración continua (v. 1–3)

→ Nuestra gratitud se expresa públicamente y en todo tiempo.

2. Agradecemos a Cristo reconociendo su majestad (v. 4–6)

→ La verdadera gratitud nace de una visión correcta de su grandeza.

3. Agradecemos a Cristo confiando en su gracia redentora (v. 7–9)

→ El agradecido descansa en el Cristo que se inclina para salvar.

I. Agradecemos a Cristo con adoración continua

(Salmo 113:1–3)
“Alabad, siervos de Jehová, alabad el nombre de Jehová…”

Exégesis

“Alabad” (הַלְלוּ – hallelû): Es un imperativo plural. No es una sugerencia emocional, sino un mandato teológico. La alabanza es una respuesta objetiva a quién es Dios.
“Siervos de Jehová”: No se limita a los levitas; incluye a todo el pueblo del pacto. La adoración es el privilegio de los redimidos.
“El nombre de Jehová”: En la mentalidad hebrea, el nombre representa el carácter revelado de Dios: fiel, santo, misericordioso.
“Desde ahora y para siempre… desde el nacimiento del sol hasta donde se pone”: La alabanza es:
continua (todo tiempo),
universal (todo lugar).

Contexto israelita

Israel alababa a un Dios que no estaba limitado a un territorio, a diferencia de los dioses paganos. Yahvé gobierna todo el tiempo y todo espacio.

Aplicación a la iglesia

La adoración cristiana no se reduce al domingo.
Una iglesia que conoce a Dios no necesita estímulos artificiales para adorar.
Nuestra falta de alabanza revela una visión reducida de Dios.

II. Agradecemos a Cristo reconociendo su majestad

(Salmo 113:4–7)
“Excelso sobre todas las naciones es Jehová, sobre los cielos su gloria…”

Exégesis

“Excelso” (רוּם – rum): Significa elevado, supremamente alto. Dios no es simplemente el más grande entre otros; Él está en otra categoría.
“Sobre todas las naciones”: En contraste con los dioses nacionales, Yahvé es soberano absoluto. Esto afirmaba que incluso las potencias que oprimían a Israel estaban bajo Su autoridad.
“¿Quién como Jehová nuestro Dios?” Es una pregunta retórica que espera una sola respuesta: nadie.
“El que se sienta en las alturas”: Imagen real: Dios gobierna desde su trono. No está luchando por control; reina con autoridad perfecta.

Tensión teológica

Hasta aquí, el salmo podría llevarnos a pensar en un Dios distante, inaccesible, imponente. Pero el versículo 6 cambia radicalmente el rumbo.

III. Agradecemos a Cristo confiando en su gracia redentora

(Salmo 113:7–9)
“Que se humilla a mirar en el cielo y en la tierra…”

Exégesis clave

“Se humilla” (שָׁפֵל – shafel): Literalmente: agacharse, descender. ¡El Dios que habita en las alturas debe inclinarse incluso para mirar!
“Levanta del polvo al pobre”: El “polvo” representa humillación extrema, indignidad, muerte social.
“Al menesteroso alza del muladar”: El basurero de la ciudad. Lugar de desecho, vergüenza y marginación.
“Para hacerlos sentar con príncipes”: Lenguaje de exaltación radical. Dios no solo rescata, restaura dignidad.
“Hace habitar en familia a la estéril”: En Israel, la esterilidad era símbolo de vergüenza y dolor profundo. Dios transforma el lamento en gozo.

Teología del texto

La gloria de Dios no se manifiesta solo en su poder, sino en su gracia condescendiente. Dios no se acerca porque el hombre sube, sino porque Él desciende.

Aplicación a la iglesia

Cristo no vino por los autosuficientes, sino por los quebrantados.
La iglesia debe reflejar este carácter:
acercarse al débil,
amar al olvidado,
restaurar al caído.
Una iglesia que solo exalta la grandeza de Dios, pero ignora al necesitado, no ha entendido el Salmo 113.

Conclusión: Jesús, el Dios que se acercó

Todo este salmo apunta a una verdad que se cumple perfectamente en Cristo.
Pablo lo expresa con claridad:
“El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres…” (Filipenses 2:6–7)
Jesús es el cumplimiento del Salmo 113:
El Dios exaltado → se hizo hombre
El que habitaba en las alturas → habitó entre nosotros
El que se inclinó para mirar → se inclinó hasta la cruz
Cristo es el Dios que se acercó no solo para ver nuestra miseria, sino para cargarla. No solo levantó al pobre; se hizo pobre para enriquecernos con su gracia.

Llamado final

Si estás quebrantado: Dios no está lejos.
Si te sientes indigno: Él se inclina hacia ti.
Si has sido levantado por gracia: vive para su gloria.
“Alabad, siervos de Jehová… Aleluya.”
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