¡No te harás ningún ídolo!

Los 10 mandamientos  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Notes
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Introducción

Retomar la serie…
Prólogo…
Primer mandamiento: El primer mandamiento exige una devoción exclusiva a Dios. Él debe ser el único objeto de nuestros deseos, afectos y servicio. Por tanto, como cristianos, debemos guardar nuestro corazón de la idolatría y las formas que ésta adopta en nuestra vida…
¿Cómo piensas que es Dios?
En una de las novelas de Lucy Maud Montgomery, un grupo de niños vive una experiencia que ilustra de manera sorprendente la importancia de tener un concepto correcto de Dios.
Un día, uno de ellos llega emocionado a contarles que Jerry Cowan había visto una imagen de Dios en un viejo libro de historia universal que tenía en casa. La noticia causó una impresión profunda. Los niños quedaron sobrecogidos ante la idea de que alguien pudiera haber visto un retrato de Dios. Hablaron del tema en voz baja, con reverencia, como si estuvieran tratando algo sagrado.
La curiosidad creció tanto que decidieron comprar la imagen. Reunieron dinero entre todos, sacrificando sus pocos recursos, porque pensaban que no era cualquier imagen, sino algo único, pues, se trataba de la imagen misma de Dios. El día que Jerry iba a traerla, se prepararon con solemnidad: se lavaron, se peinaron, se pusieron sus mejores ropas. Sentían que iban a contemplar algo santo. Incluso, dos niños iban a discutir entre ellos, pero una de las niñas les dijo, ¿cómo se atreven a pelear cuando van a mirar hoy una imagen de Dios?
Cuando finalmente llegó Jerry, traía la imagen doblada dentro de una cesta de pescado, envuelta en periódico. Los niños subieron a la parte más alta del granero, lejos de los adultos, y con manos temblorosas abrieron el paquete. Aguantaron la respiración, y entonces la vieron.
La imagen mostraba a un anciano severo, de ceño fruncido, con pelo largo, barba desordenada y una expresión dura. Al instante, una de las niñas comenzó a llorar y exclamó: ¿Dios se parece a eso?
El silencio fue pesado. Nadie sabía qué decir. La decepción fue profunda, y algo más oscuro se apoderó de ellos: la idea de que Dios era un ser enojado, distante, severo, que inspiraba terror más que amor.
Una niña expresó lo que todos sentían: “Ojalá nunca lo hubiéramos visto”. Pero ya era demasiado tarde. La imagen había quedado grabada en sus mentes.
Confundidos, decidieron preguntar al ministro del pueblo. Le mostraron la imagen con timidez y le preguntaron: “Por favor, pastor, ¿de verdad se parece Dios a esto?”
El ministro miró la imagen con indignación y dijo: “No existe una imagen de Dios. Ningún ser humano sabe cómo se ve Dios, ni debería intentar imaginarlo. Pero puedes estar seguro de que Dios es infinitamente más hermoso, amoroso, tierno y bondadoso que cualquier cosa que podamos imaginar”. Luego les dijo que la quemaran.
Los niños se sintieron un poco aliviados. Habían recuperado la esperanza de que Dios no era como ese retrato. Sin embargo, la historia termina con una nota profunda: aunque quemaron la imagen, reconocieron que algo quedó marcado en sus corazones. Cada vez que pensaban en Dios, la visión del anciano severo volvía a su mente. El daño estaba hecho.
Esa historia ilustra una verdad espiritual profunda: tener un retrato o una imagen equivocada de Dios, distorsiona nuestra fe, nuestra adoración y nuestra relación con Él e impacta profundamente la manera en que vivimos. El corazón humano siempre quiere un dios visible, controlable, comprensible según sus imaginaciones. Pero un dios imaginado no es el Dios verdadero.
Por eso, en el segundo mandamiento, Dios habla con claridad: no solo prohíbe hacer imágenes visibles, sino cualquier intento de definirlo y adorarlo según nuestra imaginación y no según Su revelación.
Eso es precisamente lo que nos enseña el texto: Debido a que Dios es Dios y es celoso por Su gloria, debemos adorarlo como Él ordena en Su Palabra, y evitar a toda costa hacer cualquier imagen de Él.
De ese modo, el segundo mandamiento confronta esa tentación universal a la que todos estamos expuestos de adorar al Señor de cualquier manera o fabricar un retrato o una imagen de Dios.

La prohibición

“No te harás ningún ídolo, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No los adorarás ni los servirás…” Ex. 20:4-5a
P. 56. ¿Qué se prohíbe en el segundo mandamiento?
R. El segundo mandamiento prohíbe adorar a Dios por medio de imágenes, o de cualquier otro modo que no esté establecido en Su Palabra.
Para entender este mandamiento, debemos recordar dónde se encontraba el pueblo de Israel. Acababan de salir de Egipto, una civilización saturada de imágenes religiosas. Los templos estaban llenos de estatuas; los dioses tenían forma de hombres, animales o combinaciones grotescas de ambos. Al mismo tiempo, iban rumbo a Canaán, donde la situación era similar: Baal, Asera y otras deidades eran representadas visiblemente y veneradas mediante objetos.
En el mundo antiguo, una imagen no era solo un recordatorio del dios; era considerada una manifestación real de su presencia. Tener una imagen era, en cierto sentido, controlar a la deidad…
Para Israel, este mandamiento significaba algo profundamente contracultural, pues no podían adorar al Señor como los pueblos paganos adoraban a sus dioses. Sin embargo, sabemos que no pasaría mucho tiempo para que hicieran el becerro de oro. En Éxodo 32. Israel no dijo: “Este es otro dios”. Dijeron: “Este es tu Dios, Israel, que te sacó de Egipto”. No estaban abandonando al Señor por otra deidad, estaban representándolo de una manera que Él no había autorizado…
Dios considera eso idolatría, porque una imagen siempre reduce, pretende controlar y distorsiona a Dios. Deuteronomio 4:15 dice: Así que tengan mucho cuidado, ya que no vieron ninguna figura el día en que el Señor les habló en Horeb de en medio del fuego… Solo se oyó su voz. Dios quería que su pueblo lo conociera por revelación verbal, no por imaginación visual.
El pasaje menciona el cielo, la tierra y las aguas. Es un lenguaje que abarca toda la creación, lo cual indica que no hay nada creado que pueda representar adecuadamente al Creador…
No obstante, es importante aclarar que esto no es una prohibición del arte en general. Dios mismo ordenó querubines en el tabernáculo (Éx 25:18). El problema no es el arte, sino la imagen como mediadora de adoración.
Algunos creen que la idolatría es el pecado que más se menciona en toda la Biblia… Basta con echar un vistazo a algunos pasajes o períodos en el desarrollo de la historia bíblica:
Abraham salió de una tierra llena de dioses
Jacob tuvo que purificar su casa de los ídolos
Raquel robó los ídolos domésticos de su padre Labán
Salomón introduce dioses extranjeros
Jeroboam colocó becerros de oro en Dan y en Betel para que no fueran a Jerusalén a adorar
Acab y jezabel promueven el culto a Baal
El llamado continuo de los profetas…
“Ahora pues, teman al Señor y sírvanle con integridad y con fidelidad. Quiten los dioses que sus padres sirvieron al otro lado del Río y en Egipto, y sirvan al Señor.” Josué 24:14.
Así que, si el primer mandamiento prohibe adorar dioses falsos, el segundo prohibe adorar al Dios verdadero, de una manera equivocada. No se pueden separar…
Sin embargo, Dios no solo prohíbe las imágenes, sino que también nos da la razón.
¿Por qué le importa tanto cómo lo adoramos?

La razón

“Porque Yo, el Señor tu Dios, soy Dios celoso…” Ex. 20:5a.
Después de prohibir las imágenes, el texto nos dice que Él mismo da la razón del mandamiento, y esa razón no está en nosotros, sino en Él, lo cual indica que la base de la verdadera adoración es el carácter de Dios…
Dios dice: “Yo soy el Señor tu Dios”. Esa frase está cargada de un lenguaje pactual y también enfatiza la soberanía de Dios. Él no es un dios distante, ni una fuerza impersonal; es el Dios que redimió a Israel de Egipto, que los tomó como Su pueblo, que se comprometió con ellos. Por eso la idolatría no es simplemente un error doctrinal, sino una traición a nuestro Señor. Es infidelidad hacia el Dios que nos salvó.
Y luego Dios se describe con una palabra que puede incomodarnos: celoso. En nuestra experiencia, los celos suelen ser pecaminosos, inseguros y egoístas. Pero el celo de Dios no es una pasión desordenada; es una expresión de Su santidad y de Su amor pactual. Dios es celoso porque Su gloria es suprema y porque Su pueblo le pertenece.
En toda la Biblia, Dios se presenta como esposo de Su pueblo. De ahí que los profetas hablan de la idolatría como adulterio espiritual. Oseas, Jeremías y Ezequiel describen a Israel como una esposa infiel que abandona al esposo fiel para ir tras otros amantes. Esa es la imagen que Dios mismo usa para describir la idolatría. No es solo un error doctrinal, es una ruptura del amor del pacto.
En el contexto del mundo antiguo, esto era aún más fuerte. Los reyes exigían lealtad exclusiva de sus vasallos. Traicionar al rey era alta traición. El Decálogo refleja ese lenguaje: Dios es el Rey soberano del pacto, y adorar a otro dios (o adorar al Señor de manera no autorizada) es traicionar a Dios.
“La idolatría es el pecado fundamental, porque coloca algo creado en el lugar del Creador y rompe la relación del pacto. Eso es lo que está en juego aquí.” — Herman Bavinck
Dios es celoso por Su gloria. Él mismo declara en Isaías 42:8Yo soy el Señor, ese es Mi nombre; Mi gloria a otro no daré, ni Mi alabanza a imágenes talladas”. Si Dios permitiera ser reducido a una imagen, manipulado por rituales humanos o redefinido por nuestra imaginación, estaría negando Su propia santidad.
Dios no puede ser adorado correctamente si no se le adora conforme a Su Palabra, porque cualquier otra forma de adoración fabrica un dios falso.” — Juan Calvino
Pero este celo no es solo por Su gloria; es también por nuestro bien. Los ídolos prometen vida, pero dan muerte. Prometen libertad, pero terminan esclavizando. Cuando Dios se presenta como celoso, lo hace como un esposo que protege a su esposa de aquello que la destruiría.
Porque dos males ha hecho Mi pueblo: Me han abandonado a Mí, Fuente de aguas vivas, Y han cavado para sí cisternas, Cisternas agrietadas que no retienen el agua. Jeremías 2:13.
Dios no pierde nada cuando lo abandonamos; nosotros lo perdemos todo. Su celo es amor protector, no egoísmo divino.
Y si pensamos que esto es solo un problema antiguo, debemos examinarnos. Hoy los ídolos que ocupan el corazón no son tanto las estatuas (aunque miles de personas adoran imagenes), sino el dinero, el éxito, el ministerio, la reputación, la familia, la política, la seguridad personal, etc. Incluso podemos fabricar un Dios terapéutico, manejable, que nunca confronta y siempre afirma.
“No es suficiente creer en Dios; debemos creer en el Dios verdadero tal como Él se ha revelado. Un Dios editado es un ídolo respetable.” — R. C. Sproul

Las consecuencias

“que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y muestro misericordia a millares, a los que me aman y guardan Mis mandamientos.” Ex. 20:5b-6
Después de la prohibición y la razón, el texot nos muestra la seriedad del asunto. La idolatría no es un pecado menor; tiene consecuencias reales, profundas y duraderas. Pero también este texto está lleno de esperanza.
“que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen” Vers. 5
Esta frase ha sido malentendida muchas veces, como si Dios castigara injustamente a hijos inocentes por pecados ajenos. Pero el contexto bíblico es claro: se trata de patrones de pecado que se transmiten dentro del pacto y la comunidad.
En el Antiguo Testamento, los hijos aprendían la fe (o la idolatría) de sus padres. La idolatría crea estructuras, hábitos, culturas y corazones que moldean a las generaciones futuras. Cuando los padres rechazan a Dios, enseñan a sus hijos a hacer lo mismo, y ese rechazo produce consecuencias espirituales, morales y sociales. El texto está describiendo la realidad trágica del pecado que se reproduce y se hereda en patrones de vida.
Sin embargo, el mismo Antiguo Testamento aclara que cada persona es responsable por su propio pecado.
Deuteronomio 24:16 “Los padres no morirán por sus hijos, ni los hijos morirán por sus padres; cada uno morirá por su propio pecado.”
Ezequiel 18:4 “Todas las almas son Mías; tanto el alma del padre como el alma del hijo, Mías son. El alma que peque, esa morirá.”
Dios no condena mecánicamente a un hijo por el pecado de su padre; pero sí permite que las consecuencias del pecado se extiendan cuando el pecado se perpetúa. La idolatría nunca se queda en una sola persona, siempre afecta familias, iglesias y generaciones.
De los que me aborrecen…
El punto aquí es claro: adorar a Dios por medio de imágenes, o de cualquier otra forma contraria a la que Él ha revelado en Su Palabra, es aborrecerlo, no importan que tan bien intencionados podamos ser.
¿Por qué una persona que adore sinceramente al Dios verdadero de una manera que Él no ha ordenado en Su Palabra lo aborrece, aunque diga que lo ama?
Sin embargo, notemos que aunque el juicio se menciona hasta la tercera y cuarta generación; la misericordia se extiende a millares. El énfasis del texto no es la severidad, sino la gracia abundante. Dios se deleita en la misericordia más que en el juicio.
Esta desproporción es intencional. El pecado tiene consecuencias reales y muy serias, pero la gracia de Dios es infinitamente más poderosa. Donde el pecado abunda, la gracia sobreabunda.
Aquí vemos el corazón mismo de Dios: Él castiga a los que lo aborrecen, pero se deleita en bendecir a los que lo aman. Esto no quiere decir que la obediencia compre la gracia, pero sí evidencia que amamos a Dios. Amar a Dios se manifiesta en guardar Sus mandamientos, especialmente en adorarlo como Él ha ordenado.
En la historia de Israel, vemos ambas realidades. La idolatría condujo al exilio, a la ruina nacional, a la pérdida del templo y a la muerte. Pero la misericordia de Dios preservó un remanente, restauró al pueblo y preparó el camino para la venida de Cristo. El juicio fue real, hubo consecuencias profundas, pero también hubo gran misericordia.
Por eso, este pasaje no termina en amenaza, sino en esperanza. Dios no solo advierte; invita. Nos llama a amarlo y adorarlo conforme a Su Palabra.

Conclusión

El segundo mandamiento no es solo una regla antigua contra estatuas paganas. Nos enseña sobre el carácter santo de Dios y la forma cómo debemos adorarlo.
Él es celoso por Su gloria porque Su gloria es el bien supremo del universo. Que Dios sea celoso por Su gloria es lo más santo y amoroso que puede ser.
El problema no es solo que el ser humano hace ídolos visibles; el problema es que siempre queremos acomodar a Dios a nuestra conveniencia, reducirlo a algo que podamos controlar, que sea cómodo, predecible. Pero el Dios vivo y verdadero se rehúsa a ser domesticado. Él se ha revelado en Su Palabra, y es Él quien establece cómo debe ser adorado, Él define quién es Él.
Cuando adoramos a Dios según nuestras ideas, aunque sean religiosas, estamos cayendo en una idolatría sofisticada.
Este mandamiento nos confronta, pero también nos invita a abandonar cualquiera que sea la imagen de Dios que tengamos y adorar al Dios verdadero.

Aplicaciones

Cristológica:
Cristo es la imagen de Dios…
“Él es la imagen del Dios invisible…” Col. 1:15.
“Él es el resplandor de Su gloria y la expresión exacta de Su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de Su poder.” Heb. 1:3.
Cristo también nos enseña cuál es la verdadera manera de adorar a Dios. “Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espírituy en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que lo adoren. 24 Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorar en espíritu y en verdad.” Juan 4:23-24.
Eclesiológica:
Cuidemos el concepto que tengamos de Dios. Tengamos cuidado de no conformar a Dios a nuestro pensamiento, sino más bien de conformar nuestro pensamiento a Dios. Los paganos no son los únicos que hacen ídolos. Los cristianos también podemos adorar a un dios falso…
También debemos someter nuestra adoración a la Palabra. No debemos dejarnos llevar por las emociones o la cultura para determinar la manera en que adoramos a nuestro Dios…
Pero el texto también nos llama a pensar en las proximas generaciones. Esto es sumamente importante, ya que a quien adoremos hoy influirá a quien van a adorar nuestros hijos mañana…
Evangelística:
Todo ser humano es un adorador. Hace parte de nuestro ADN, por decirlo de alguna manera… La Escritura enseña que nadie es neutral, es decir, si no adoras al Dios verdadero, adoras algo creado. Puede ser el poder, el placer, el dinero, una persona, o cualquier otra cosa, incluyendote a ti mismo…
Ten presente que los ídolos siempre decepcionan. Así como en el relato de la introducción los niños se decepcionaron al ver la imagen distorsionada y falsa de Dios y dejó una huella en ellos, de la misma manera, los ídolos modernos prometen vida, pero terminan esclavizandote… No tienes que seguir luchando tratando de imaginar a Dios. Él ya se ha revelado en Cristo…
“Señor, muéstranos al Padre y nos basta, le dijo Felipe. Jesús le dijo:¿Tanto tiempo he estado con ustedes, y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a Mí, ha visto al Padre.” Juan 14:8-9.
Abandona tus ídolos. No sigas intentando fabricar un dios que se acomode a todos tus caprichos y a tu imaginación. Ven a Cristo en arrepentimiento y fe, y gozarás de la dicha de tener una relación real y plena con el Único Dios vivo y verdadero.
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