La pregunta que no puede evitar

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I. “La pregunta que no puedes evitar”… “Responde bien la pregunta

correcta… ¿Quién es Jesús?
Mateo 16:13–15
Introducción
Hermanos y hermanas, al comenzar este segundo domingo de 2026, despertamos en un mundo que, a pesar de sus avances tecnológicos, sigue profundamente hambriento de respuestas. Seguimos conectados, pero no siempre con sentido; informados, pero no siempre con esperanza.
Hace dos mil años, en un rincón aparentemente insignificante del Imperio Romano, apareció un hombre que cambió el curso de la historia. No escribió libros, no comandó ejércitos, no ocupó cargos políticos… y sin embargo, hoy seguimos contando el tiempo a partir de su vida. Su nombre es Jesús. El mundo siempre tiene opiniones sobre Jesús, pero no convicciones.
La pregunta que atraviesa los siglos —y que hoy vuelve a resonar en nuestras calles y corazones— es sencilla pero profundamente transformadora:
¿Quién es Jesús? Algunos dirán que fue solo un buen hombre o un maestro inspirador, pero nadie ha influido tanto en la historia como Él. Y esta no es solo una pregunta para la mente; es una pregunta para la vida.
13 Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo, les preguntó a sus discípulos: —¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? 14 —Bueno —contestaron—, algunos dicen Juan el Bautista, otros dicen Elías, y otros dicen Jeremías o algún otro profeta. 15 Entonces les preguntó: —Y ustedes, ¿quién dicen que soy? Mateo 16:13-15.
Jesús está a unos seis meses de la cruz. Había muchas cosas más que quería enseñar a los discípulos, pero previamente sería necesario verificar la comprensión de los discípulos en cuanto a su identidad.
Antes de hacer esta pregunta, Jesús entabla diálogo con sus discípulos acerca de lo que “dice la gente” sobre Él.
Algunos decían que era Juan el Bautista;
otros que Elías; otros que un profeta más. Eran opiniones superficiales, basadas en percepción humana y popularidad. … Pero entonces Jesús cambia el enfoque: “Pero ustedes… ¿quién dicen que soy yo?” —no lo que dicen de mí otros, sino lo que tú dices personalmenteI. Una pregunta en un mundo de opiniones

1. Jesús realmente existió

Antes de hablar de fe, hablemos de hechos. Creer en Jesús no es dar un salto al vacío; es dar un paso de fe basado en evidencia histórica sólida.

2. Jesús fue completamente humano

Los evangelios no nos presentan a un ser distante o etéreo, sino a un hombre real, cercano, profundamente humano. Jesús se cansó junto al pozo de Samaria. Tuvo hambre en el desierto. Lloró frente a la tumba de su amigo Lázaro. Se indignó ante la injusticia, amó con ternura al joven rico, sintió angustia en Getsemaní. Trabajó con sus manos, aprendió, obedeció, fue tentado… y sufrió. Jesús conoce la vida desde dentro. Por eso no es un Salvador ajeno a nuestro dolor.Jesús no pregunta por curiosidad: ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Él sabe quién es, pero quiere que sus discípulos lo reconozcan por fe. El contexto muestra que ya habían escuchado sus enseñanzas, han visto milagros, y han caminado con Él. Por eso la cuestión ya no es meramente un título, sino una confesión personal.Así que, hermano él entiende tus luchas, tus lágrimas, tus preguntas…Pero aquí ocurre algo sorprendente.

II. Una pregunta personal que exige respuesta

1. Jesús habló de sí mismo como nadie más

Aunque fue plenamente humano, Jesús no habló como los demás maestros… El no uso palabras de un simple maestro moral.. No dijo: “Este es el camino”, sino: “Yo soy el camino, la verdad y la vida.” No dijo: “Busquen la luz”, sino: “Yo soy la luz del mundo.” No dijo: “Aquí hay pan”, sino: “Yo soy el pan de vida.” Jesús no solo enseñó verdades; se presentó a sí mismo como la respuesta. Dijo: “Vengan a mí”, “Síganme”, “Mi reino”. Afirmó que recibirlo a Él era recibir a Dios, que verlo a Él era ver al Padre. Y aún más impactante: perdonó pecados, algo que solo Dios puede hacer. Declaró que un día juzgaría al mundo. Y cuando fue confrontado directamente, afirmó ser el Mesías, el Hijo de Dios. Estas no son palabras de un simple maestro moral.

Ningún historiador serio niega la existencia de Jesús. Fuera de la Biblia, historiadores romanos como Tácito, y el historiador judío Flavio Josefo, mencionan a Jesús y a sus seguidores. Josefo incluso lo describe como un “hacedor de milagros”. Y cuando miramos al Nuevo Testamento, encontramos uno de los documentos históricos mejor respaldados de la antigüedad. Existen más de 20,000 manuscritos antiguos (5.000 griego, +10.000 latín 9.300 otros), muy por encima de cualquier otro texto histórico comparable. El cristianismo no comienza con un mito ni con una emoción, sino con un hecho histórico: Jesús vivió.

Pero entonces surge una pregunta inevitable, la misma que Jesús hizo a sus discípulos en Cesarea de Filipo —y que hoy nos hace a nosotros—: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” (Mateo 16:15).
En el ministerio de Jesús hubo muchos momentos decisivos, pero pocos tan profundos y personales como esta pregunta. No es una pregunta más… es la pregunta que define tu vida eterna. Jesús no está preguntando lo que dicen otros… está preguntando lo que tú dices

2. El trilema: ¿Mentiroso, loco… o Señor?

Al llegar a este punto, no podemos quedarnos neutrales. Como expresó C. S. Lewis, un hombre que dijo las cosas que dijo Jesús no puede ser simplemente un “buen maestro moral”. Él no nos dejó esa opción. Ante sus afirmaciones extraordinarias —ser uno con el Padre, perdonar pecados, saciar el hambre espiritual del ser humano— solo existen tres posibilidades lógicas:

1. Era un fraude: sabía que mentía.

2. Era un iluso: estaba loco y creía ser Dios sin serlo.

3. Es el Señor: estaba diciendo la verdad.te permite reducirlo a un maestro moral. Él no lo permitió.” Jesús no es solo un maestro moral, ni un simple profeta entre otros —idea que muchos sostienen hoy— sino el Mesías prometido, el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Esta confesión distingue a la verdadera fe cristiana de todas las religiones o ideologías del mundo. Entonces queda la opción más desafiante

III. Pero cuando observamos su vida, su coherencia, la profundidad de sus enseñanzas, su amor por los marginados y su entrega hasta la cruz, las dos primeras opciones se desmoronan. Como dijo Bono, líder de U2: “Jesús no y transformadora: Jesús decía la verdad. Una respuesta que define tu destino

1. Evidencias que respaldan quién es Jesús

Sus enseñanzas: Nadie ha superado la profundidad del Sermón del Monte. “Amen a sus enemigos”, “oren por los que los persiguen”. No solo elevó la moral humana; la redefinió.

Su carácter: Incluso sus enemigos no hallaban culpa en Él. En la cruz, oró por quienes lo estaban matando. Amor sin reservas.

El cumplimiento de las profecías: Más de 300 profecías escritas siglos antes se cumplieron en su vida: su nacimiento, su ministerio, su muerte.

La resurrección: La tumba quedó vacía. Más de 500 personas afirmaron haberlo visto vivo. Los discípulos, antes temerosos, fueron transformados y murieron por su fe. Nadie entrega su vida por algo que sabe que es mentira. La resurrección es el corazón del cristianismo. Jesús no solo murió… Jesús vive.

2. No solo conocer de Jesús, sino conocer a Jesús

Creer en Jesús no es solo aceptar argumentos históricos o teológicos. Es una invitación personal. La fe cristiana no se queda en la cabeza; está diseñada para descender al corazón. Creer en Cristo significa aceptar el hecho histórico más grande de todos: su resurrección.La tumba vacía, las apariciones a más de 500 personas y la transformación radical de los discípulos —que prefirieron morir antes que negar que lo habían visto vivo— nos dicen que la muerte fue vencida. Pero vivir para Él en este 2026 va más allá de la convicción intelectual. Significa:

Encontrar descanso: entregar nuestras ansiedades y culpas, confiando en su promesa: “Vengan a mí… y yo les daré descanso”.

Experimentar libertad: permitir que Él rompa cadenas de pecado, Si adicciones y miedos.

Descubrir propósito: dejar de buscar sentido en cosas temporales y hallarlo en una relación viva con el Creador. Jesús no nos ofrece una religión fría, sino vida en abundancia. Jesús es el Cristo: Merece tu fe, merece tu obediencia, merece tu vida. No es solo conocer de Jesús, es conocer a Jesús

Conclusión:

Las preguntas tienen el propósito de determinar hasta qué punto los discípulos estaban al tanto de la opinión pública en cuanto a la identidad de Jesús. Más importante: Jesús quería saber hasta qué punto los mismos discípulos habían captado su verdadera naturaleza. Hoy, Jesús sigue haciendo la misma pregunta que hizo hace dos mil años:

“Y tú, ¿quién dices que soy yo?” No mañana…No cuando todo esté resuelto…Hoy… No esperemos a un momento límite, a un lecho de muerte o a una crisis final para buscarlo. Hoy es el día. Jesús nos invita a algo más profundo que la admiración: “Vengan a mí.” “Síganme.”

Seguir a Jesús no es perder la vida, es encontrarla. Conocerlo no es el final del camino, es el verdadero comienzo. Que este 2026 no sea un año más de metas vacías, sino el año en que decidamos caminar con Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida.Bienvenida: Programa del 11 de enero Servicio Dominical

“La pregunta que no puedes evitar”
Mateo 16:13–15
Amada iglesia, reciban una cordial bienvenida en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Hoy no
venimos simplemente a ocupar un lugar o a cumplir una rutina dominical. Nos hemos congregado porque creemos
que Dios sigue hablando, que Cristo sigue llamando y que Su presencia transforma vidas.
En esta mañana somos confrontados con una de las preguntas más profundas que Jesús jamás hizo. No fue una
pregunta académica ni un debate teológico; fue una pregunta dirigida al corazón. Antes de cantar, antes de
escuchar la Palabra, levantemos nuestra mirada a Cristo y recordemos las palabras de Pedro en Juan 6:68: “Señor,
¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.”
Hoy adoramos porque Jesús no es solo un personaje del pasado, sino el Señor vivo y presente en medio de
Su iglesia.
Oración inicial: Oremos juntos:Señor, aquí estamos delante de Ti. Venimos con nuestras cargas, nuestras
dudas y nuestras preguntas. Reconocemos que solo Tú tienes palabras de vida eterna. Te pedimos que en este
servicio tu Espíritu Santo nos guíe a toda verdad, abra nuestro entendimiento y prepare nuestro corazón para
responder con fe a la voz de Jesús.
Oramos de manera especial por quienes nos visitan hoy, por aquellos que están buscando respuestas, y por
los hermanos que necesitan renovar su compromiso contigo. Que nadie se vaya igual a como llegó. En el
nombre de Jesús, amén.
Lectura bíblica
Iglesia, pongámonos en actitud reverente para escuchar la Palabra del Señor, porque ella es viva y eficaz.
13 Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo, les preguntó a sus discípulos: —¿Quién dice la
gente que es el Hijo del Hombre? 14
—Bueno —contestaron—, algunos dicen Juan el Bautista, otros dicen
Elías, y otros dicen Jeremías o algún otro profeta. 15 Entonces les preguntó: —Y ustedes, ¿quién dicen que
soy? Mateo 16:13-15.
Alabanza congregacional:Ahora entraremos en un tiempo de adoración congregacional. Cada canto que
entonaremos apunta a una verdad central: quién es Jesús y lo que Él ha hecho por nosotros.
Alabamos a Cristo por Su grandeza, por Su obra redentora en la cruz y por Su señorío sobre nuestras vidas. No
cantamos solo con los labios, sino con un corazón rendido, reconociendo que Él es digno de toda gloria, honra y
alabanza.
Te invitamos a participar activamente, a levantar tu voz y tu corazón, recordando que la verdadera adoración
nace de una respuesta sincera a quién es Jesús.
Predicación de la Palabra: “La pregunta que no puedes evitar”… Que el Señor use Su Palabra para
llevarnos más allá de opiniones, tradiciones o costumbres, y nos conduzca a una confesión personal y
transformadora de fe.
Diezmos y ofrendas: Ahora participamos del tiempo de diezmos y ofrendas como un acto de adoración. No damos
por obligación, sino con gratitud, reconociendo que todo lo que tenemos proviene del Señor. “Cada uno dé como
propuso en su corazón, no con tristeza ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.” (2 Corintios 9:7)
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Oración final y despedida
Antes de despedirnos, oremos una vez más: Señor, gracias por hablarnos a través de Tu Palabra. Ayúdanos a
no ser solo oidores, sino hacedores. Que la pregunta que hoy escuchamos siga resonando en nuestra vida diaria
y que nuestra respuesta sea una confesión viva de que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Iglesia, salimos de este lugar no solo informados, sino enviados. Que este 2026 no sea un año más de metas
vacías, sino el año en que caminemos cada día con Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida.
Que el Señor les bendiga y les guarde. Amén
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