La receta del fracaso
David • Sermon • Submitted • Presented
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· 6 viewsEl descuido espiritual hace que el pecado nos domine, llevándonos a lugares que jamás imaginamos.
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Introducción
Introducción
¿Alguna vez te has sentido invencible? ¿Alguna vez te haz sentido que el nada te puede tocar? En la Biblia podemos encontrar un personaje que luchaba en una guerra, pero luego de unas victorias decidió quedarse atrás y dejar que sus hombres lucharan mientras él tomaba un descansito… cuando se supone que estuviese con ellos. Les hablo de David; específicamente el rey David. En ese momento David se sentía invencible así que decidió quedarse, bajó la guardia, se descuidó espiritualmente… y pagó un gran precio por eso. Veamos la receta de fracaso de David.
Cuerpo
Cuerpo
Por medio de las acciones de David, Dios nos quiere enseñar que el descuidado espiritual produce:
1. Un sentido falso de seguridad (2 Sam. 11:1)
1. Un sentido falso de seguridad (2 Sam. 11:1)
En los capítulos anteriores podemos ver las campañas que David llevaba a cabo y en cada una de ellas Dios le dio la victoria, pero llegó una ocasión en la que David decidió quedarse en Jerusalén en vez de salir con sus hombres a la guerra. Esto lo confirma 1 Ch. 20:1,2. En las campañas militares los reyes estaban presentes. Las guerras eran peleadas desde la primavera hasta el tiempo de cosecha y luego hasta el invierno. Durante esos períodos, se esperaba que el rey de la nación estuviese presente liderando a sus soldados, pero David decidió quedarse en Jerusalén cuando su responsabilidad era quedarse con su ejército. ¿Por qué David descuidó sus responsabilidades? Se confió en sí y pensó que la guerra contra los amonitas ya estaba ganada así que se entregó al ocio en el momento equivocado, en la manera equivocada y de manera dañina. Este sentido falso de seguridad produjo en él descuido de tanto sus responsabilidades y su comunión con Dios. Muchas veces nos encontramos como David, donde todo está yendo de lo más bien, pero llega el momento en que quitamos los ojos de Cristo y comenzamos a enfocarnos en nosotros mismos. Tenemos un sentido falso de seguridad cuando en todo momento debemos mantenernos conectados a Dios, tanto en los momentos buenos y malos. Otra cosa con la que hay que tener cuidado es con el ocio. El tiempo de ocio no es malo, uno necesita descansar, pero sí puede ser como el caso de David donde nos entregamos al ocio en el tiempo equivocado y la manera equivocada.
2. La tentación, la caída y las consecuencias (2 Sam. 11:2-4)
2. La tentación, la caída y las consecuencias (2 Sam. 11:2-4)
Como resultado de este descuido, David ve a Betsabé bañándose y en vez de huir como José, se quedó acariciando la tentación hasta que la tentación al ser abrazada, se convierte en pecado. Aquí David pierde de perspectiva lo que dice en Jn. 15:5. David permite que la carne sea el que lidere sus acciones y no Dios. Esto lleva a la caída y las consecuencias. David se acuesta con Betsabé y como resultado ella queda encinta. Esta es la consecuencia del pecado, pero esto es solo el comienzo… El mismo proceso ocurre con nosotros. Cuando pensamos que podemos valernos por nosotros mismos y descuidamos nuestra vida espiritual, volvemos a depender de la carne, lo cual nos lleva al fracaso: a la caída… pero esta no es la voluntad de Dios; no lo fue ni para David, ni lo es para nosotros. El pecado parece atrayente, pero en realidad es todo una mentira. Es como ver un frasco bien lindo, abrirlo y encontrar algo podrido dentro aunque sepas que hay algo podrido adentro, pero nos dejamos llevar por el frasco lindo ignorando el olor. Así es el pecado. El pecado no solo te deja con sentimientos de culpa, sino que tiene el potencial de producir consecuencias tanto pequeñas como grandes; incluso te lleva a lo que jamás imaginaste. Dios quiere que al ser tentados, le digamos que no al pecado, pero para esto debemos mantenernos conectados a Jesús. No hablo de perfección, porque habrá momentos en el que habrá caídas, pero hablo de dependencia y crecimiento.
Antes que terminara la guerra con los amonitas, David regresó a Jerusalén, dejando la dirección del ejército a Joab. Los sirios ya se habían sometido a Israel, y la completa caída de los amonitas parecía segura. David se veía rodeado de los frutos de la victoria y de los honores de su gobierno sabio y hábil. Fué entonces, mientras vivía en holgura y desprevenido, cuando el tentador aprovechó la oportunidad de ocupar su mente. El hecho de que Dios había admitido a David en una relación tan estrecha consigo, y había manifestado tanto favor hacia David, debiera haber sido para él el mayor de los incentivos para conservar inmaculado su carácter. Pero cuando él estaba cómodo, tranquilo y seguro de sí mismo, se separó de Dios, cedió a las tentaciones de Satanás, y atrajo sobre su alma la mancha de la culpabilidad. El hombre designado por el Cielo como caudillo de la nación, el escogido por Dios para ejecutar su ley, violó sus preceptos. Por sus actos el que debía castigar a los malhechores, les fortaleció las manos. —Patriarcas y profetas 776.2
3. Lo que jamás imaginaste (2 Sam. 11:14,15)
3. Lo que jamás imaginaste (2 Sam. 11:14,15)
Yo me imagino que el pastorcito David jamás se imaginó que él sería responsable por el asesinato de alguien, más aún de una persona cercana a él; incluso como rey. Lamentablemente, el querer cubrir su pecado luego de que parte de la consecuencia hubiese ocurrido, lo llevó a hacer lo menos pensado:
Betsabé observó los acostumbrados días de luto por su marido; y cuando terminaron, “envió David y recogióla a su casa: y fué ella su mujer.” Aquel que antes tenía tan sensible la conciencia y alto el sentimiento del honor que no le permitían, ni aun cuando corría peligro de perder su propia vida, levantar la mano contra el ungido del Señor, se había rebajado tanto que podía agraviar y asesinar a uno de sus más valientes y fieles soldados, y esperar gozar tranquilamente el premio de su pecado. ¡Ay! ¡Cuánto se había envilecido el oro fino! ¡Cómo había cambiado el oro más puro!—Patriarcas y profetas 778.3
No se queda ahí, sino que Dios por medio del profeta Natán le revela lo siguiente (2 Sam. 12:9,10). Las consecuencias de este pecado fue grande. Luego de este evento hubieron muchos conflictos familiares en el palacio real, todo porque David confió en su propio entendimiento y no en el de Dios, pero no se queda ahí. Dios hace algo claro: hay consecuencias, pero hay perdón y gracia a los que aman al Señor (2 Sam. 12:13). Muchas veces cuando cometemos errores buscamos la manera de esconderlo, a lo mejor al extremo de David, pero el primer instinto del ser humano luego del primer pecado fue esconderse por que tuvo miedo. Muchas veces mentimos o comenzamos a invalidar la gravedad de lo cometido, pero Dios está allí esperando pacientemente para que aunque hayamos cometido un error y en nuestra naturaleza buscamos escondernos, Él nos espera con brazos abiertos para restituirnos. Esto no nos guarda de las consecuencias, pero aún así Dios quiere salvarte; quiere entregarte Su perdón.
Conclusión
Conclusión
El descuidado espiritual produce:
Un sentido falso de seguridad,
La tentación, la caída y las consecuencias,
Lo que jamás imaginaste.
¡Mantengámonos pegados de Jesús en los momentos buenos y los no tan buenos!
