Dios nos quebranta para que le demos gloria

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Queridos hermanos, en este día especial queremos acercarnos al Señor para rendirle gloria, para reconocer nuestra necesidad de El y para escucharle hablar. Necesitamos oír siempre la voz de Dios porque cuando el Señor habla, su pueblo debe escuchar, entender y obedecer. Hace unos instantes hemos pasado un tiempo orando, clamando, intercediendo y hablando a nuestro Dios. Ahora es tiempo de callar, sentarnos, apaciguar el corazón para escuchar a Dios hablar. El tiene algo que decir a su pueblo.
Se dice que el mejor maestro es el fracaso y que quien ha tropezado y ha mordido el polvo solo puede ir hacia arriba, es decir levantarse. Pero, ¿por qué Dios permite que pasemos a veces estas situaciones? ¿Cómo trata Dios con su pueblo de manera individual y asimismo con su pueblo en forma general? ¿Nos podemos levantar cuando le hemos fallado al Señor como iglesia? ¿Puede Dios perdonarnos?
La respuesta es un rotundo SI. Nuestro Dios de gracia y perdón también es un Dios santo y justo. El quiere glorificarse a través de su pueblo; pero cuando su pueblo pierde el rumbo y abraza lo que no debe abrazar y hace lo que no debe hacer es que entonces Dios nos lleva a un tiempo de quebrantamiento, no con el objetivo de destruirnos, sino de restaurarnos para que seamos lo que El siempre ha querido que seamos y que hagamos lo que siempre ha querido que su pueblo haga: darle gloria en este mundo.
Para entender mejor esto, por favor leamos el libro de Jeremías, capítulo 18, versos 1 en adelante:
Jeremías 18:1–6 RVR60
Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.
Oremos al Señor

Introducción: el contexto del pecado del pueblo de Israel

Para poder entender mejor el mensaje del capítulo 18 del libro de Jeremías, tenemos que mirar el contexto. El capítulo 17 es una denuncia del Señor hacia su pueblo, por la condición de su corazón, que se ha inclinado al pecado y que se ha corrompido.
Mire estos versos:
Jeremías 17:1 RVR60
El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón, y en los cuernos de sus altares,
Jeremías 17:9–10 RVR60
Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿Quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.
Durante siglos, el pueblo de Dios se había apartado de Dios y de su Palabra, abrazando los ídolos y el comportamiento de las naciones paganas que Dios les había advertido que no debían seguir ni abrazar. Poco a poco fueron contaminándose y degradándose al punto de que ya no podían ser útiles en las manos de Dios.
Jeremías es un profeta que escribe a la nación de Judá en los últimos años antes del juicio final de Dios sobre su pueblo en el exilio babilónico. Fue enviado por el Señor para advertir y llamar por última vez al arrepentimiento a su pueblo antes de que fueran llevados a una nación pagana y ser casi destruidos. Al final sucedió lo que Dios advirtió, puesto que Judá fue efectivamente al exilio por 70 años, el templo y la ciudad de Jerusalén fueron destruidos y la nación de Israel casi desapareció. Sin embargo, Dios no permitió este tiempo para destruir a su pueblo, sino para disciplinarle, para castigarle y llamarle a la humillación, al arrepentimiento y al cambio. Por que la disciplina de Dios nos humilla, nos avergüenza, abate nuestro orgullo y nos hace reflexionar, orar, llorar y cambiar. O por lo menos eso es lo que debería hacer.
Este es el contexto que debemos tener en cuenta antes de entrar al capítulo 18 de este libro.

Dios nos quebranta para restaurarnos

Jeremías 18:1–6 RVR60
Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.
Ahora, entendiendo este contexto, vemos como después de la denuncia de Dios a Israel por su corazón que estaba lleno de pecado es que el Señor lleva al profeta Jeremías a la casa del alfarero, donde Dios hablaría a su siervo por medio de lo que vería allí.
Sobre esto, tenemos que tener en cuenta algunas situaciones:
El alfarero era este hombre que tenia como oficio elaborar, a base de arcilla y tierra, vasijas de diversos tipos, formas y colores para ser usadas en el trabajo diario de una sociedad como la israelita. Este hombre era un profesional en el trabajo con la arcilla y tenía una rueda, que era la plataforma sobre la que se colocaba la masa para ser moldeada por las manos expertas de este hombre mientras la rueda giraba. Esto tomaba un cierto tiempo mientras la masa iba tomando la forma deseada por las manos del alfarero hasta que estaba a punto para ser puesta a secar, pulida nuevamente en la rueda y llevada al horno de cocción donde por unas horas seria expuesta la vasija a altas temperaturas con el objetivo de que la vasija cobre fuerza, dureza y solidez para ser puesta a la venta y al uso diario.
Lo que Jeremías ve al llegar al taller del alfarero es que el maestro está trabajando con sus manos en la masa y en la rueda. Y sin embargo, la masa que ya tenía la forma de una vasija se “echó a perder en su mano”. Esto quiere decir que la masa con la que estaba formada la vasija, el barro conformado por arcilla y otros componentes tenía impurezas, no había absorbido el agua correctamente, no tenía la solidez suficiente o tenía piedras u otras cosas que impedían que tomara y/o sostuviera la forma adecuada que el alfarero quería.
Ante esta situación, el alfarero no desecha la masa de barro, ni tampoco se arrepiente de continuar con el trabajo que estaba haciendo. Lo que Jeremías ve es lo que el alfarero hace una y otra vez: corrige la masa defectuosa, “desarmando” la vasija que estaba haciendo (que no iba a poder llegar al proceso de horneado) y haciéndola nuevamente con el objetivo de que siga siendo útil, de la manera que mejor le pareció hacerla.
Queda claro hermanos que el problema no es el Alfarero, el es un experto en el trabajo con el barro. El sabe lo que tiene que hacer y es capaz de hacer vasijas hermosas a partir de barro que otros desecharían. Sus ojos son capaces de visualizar hermosura donde otros verían solo tierra. Sus manos expertas son capaces de convertir una idea, un diseño en algo real, tomando barro común y corriente, modelándola y formándola con paciencia y arte al punto de hacer algo precioso que puede ser útil.
El problema aquí que Dios lleva a Jeremías a ver estaba en la masa. Ese barro era impuro, tenia en su interior elementos que, cuando el barro se encontraba en forma de barro pasaban desapercibidos; pero que cuando son tocados por la mano del alfarero que quiere llevar al barro a ser algo mas, no permiten que el barro pueda ser dúctil, sólido y con la forma, textura y estructura necesaria para llegar a ser algo útil en las manos del alfarero.
Jeremías 18:5–6 RVR60
Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.
Dios mismo le dice a Jeremías que así como el alfarero tiene experticia y potestad sobre la masa de barro para hacer y deshacer con el propósito de lograr sus objetivos, así, el pueblo de Israel es barro en las manos del Divino Alfarero que es Dios. Si, Israel fracasó y se alejó de Dios. La masa era corrupta, estaba llena de impurezas y no podía en esa condición ser útil para las grandes cosas que Dios quería hacer.
Sin embargo, así como el alfarero, Dios no desechó esa masa (la casa de Israel), ni abandonó sus propósitos para con ellos, sino que, así como el alfarero quebrantó la vasija para volverla a formar de la manera que mejor le parecía, así Dios quebrantaría a su pueblo con el exilio para volver a formarlos, un pueblo santo, que le alabe, que le glorifique con sus palabras y su comportamiento y así pudiera llevar la gloria de Dios hasta el confín de las naciones.
Hermanos, el apóstol Pablo reconoce que los creyentes somos “vasos de barro”, vasijas comunes y corrientes que en las manos del Alfarero divino podemos llegar a hacer cosas maravillosas, ser útiles en las manos de Dios; pero antes de ello, debemos pasar por el proceso de formación en las manos del Señor y cuando nuestro pecado impide que tengamos la solidez que Dios busca, es que El nos quebranta.
2 Corintios 4:7–10 RVR60
Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.
Cuando Dios nos quebranta es porque en el estado en el que nos encontramos no podremos soportar la presión y la carga que significa ser útil en las manos de Dios para glorificarle. El quebranto no es algo agradable, nos humilla, nos avergüenza, abate nuestro orgullo; pero es necesario para que volvamos al Señor y nos pongamos en sus sabias y poderosas manos para que El nos vuelva a hacer conforme mejor le parezca, para la gloria de su nombre.

Dios nos quebranta cuando endurecemos el corazón

Jeremías 18:7–12 RVR60
En un instante hablaré contra pueblos y contra reinos, para arrancar, y derribar, y destruir. Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles, y en un instante hablaré de la gente y del reino, para edificar y para plantar. Pero si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz, me arrepentiré del bien que había determinado hacerle. Ahora, pues, habla luego a todo hombre de Judá y a los moradores de Jerusalén, diciendo: Así ha dicho Jehová: He aquí que yo dispongo mal contra vosotros, y trazo contra vosotros designios; conviértase ahora cada uno de su mal camino, y mejore sus caminos y sus obras. Y dijeron: Es en vano; porque en pos de nuestros ídolos iremos, y haremos cada uno el pensamiento de nuestro malvado corazón.
Allí podríamos terminar el relato del capítulo 18 de Jeremías y salir de aquí contentos porque Dios deshizo y rehízo a su pueblo y así también nos quebranta a nosotros y todo termina bien. Pero tu y yo sabemos que las cosas no son tan fáciles. Las impurezas en el barro son persistentes. El pecado en nuestro corazón esta profundamente enraizado dentro de nosotros. Aun el gran apóstol clamó “Miserable de mi, ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?
Dios le dice a Jeremías el principio básico que todos debemos recordar: cosechamos lo que sembramos. Sin embargo, si nos arrepentimos, podemos cambiar un destino desfavorable por la gracia y misericordia de Dios.
Si un pueblo hace lo malo delante de Dios, entonces el Señor planeará castigar a ese pueblo, arrancar, derribar y destruir. Pero, si ese pueblo se convierte de su maldad Dios se arrepentirá del mal que había pensado hacerles en justo castigo por su maldad y les perdonará y cambiará su destino desfavorable por uno de misericordia, gracia y compasión (edificar, plantar y bendecir). Un ejemplo de esto es Nínive:
Jonás 3:1–10 RVR60
Vino palabra de Jehová por segunda vez a Jonás, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré. Y se levantó Jonás, y fue a Nínive conforme a la palabra de Jehová. Y era Nínive ciudad grande en extremo, de tres días de camino. Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad, camino de un día, y predicaba diciendo: De aquí a cuarenta días Nínive será destruida. Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos. Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. ¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos? Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo.
Sin embargo, si este pueblo desoyere la voz de Dios y persistiere en su terquedad y en su desobediencia y en la dureza de su corazón, entonces nuevamente Dios se arrepentiría del bien que había pensado hacerles y volvería a juzgarlos por su maldad, porque desoyeron la gracia de Dios, tomaron en poco la paciencia y la bondad del Señor y pisotearon su bondad.
Ahora, lo que Dios dice para cualquier pueblo, lo dice sobre todo para SU pueblo. Es al pueblo de Dios al que el Señor le demanda aun mas que a los demás pueblos, porque el pueblo de Dios tiene la Palabra de Dios, el Espíritu del Señor. Y aun entre el pueblo de Dios, los lideres del Señor son llamados aun a un estándar mas alto. El pueblo de Dios no tiene excusa alguna para esto.
Jeremías 18:11–12 RVR60
Ahora, pues, habla luego a todo hombre de Judá y a los moradores de Jerusalén, diciendo: Así ha dicho Jehová: He aquí que yo dispongo mal contra vosotros, y trazo contra vosotros designios; conviértase ahora cada uno de su mal camino, y mejore sus caminos y sus obras. Y dijeron: Es en vano; porque en pos de nuestros ídolos iremos, y haremos cada uno el pensamiento de nuestro malvado corazón.
Si bien es cierto, Israel nació por la buena voluntad e iniciativa de Dios y el Señor tenía grandes planes de bien para su pueblo, ellos desobedecieron y endurecieron el corazón al Señor. No quisieron obedecer la Palabra, sino que hicieron lo malo ante los ojos de Dios. Por ello, el Señor ha dispuesto juicio y castigo a su pueblo desobediente, quebrantándolos porque endurecieron el corazón, sometiéndolos a humillación para que aprendan que:
Gálatas 6:7–8 RVR60
No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.
El mensaje de Dios a su pueblo a través de Jeremías es: Conviértanse ahora cada uno de su mal camino y mejoren sus caminos y sus obras.
La realidad es que su pueblo ha pecado. No hay excusa alguna con respecto a esto.
Lo que Dios pide es arrepentimiento, cambio. Verdadera conversión que significa no solo un cambio de palabras o pensamientos, sino un cambio completo con respecto al pecado.
Lo que pide Dios es que el arrepentimiento sea inmediato. “Ahora”, no mañana. Hoy es el día en que debemos arrepentirnos. No podemos pasar un día mas abrazando el pecado.
Lo que pide Dios es que “cada uno” se arrepienta de sus pecados. Es fácil señalar con el dedo acusador a uno y al otro. Es fácil mirar la paja del ojo ajeno; pero Dios dice cada uno ha pecado. Todos hemos fallado al Señor: uno por hacer, otro por no hacer. Uno por chismear, otro por murmurar, otro por escuchar el chisme y diseminarlo, otro por pensar mal, otro por responder, otro por guardar rencor. Todos hemos tenido parte en el pecado y Dios pide que cada uno mire en su propio corazón y se arrepienta.
Lo que Dios pide es que cada uno se vuelva atrás de su mal camino, de sus malas obras, de sus malos pensamientos, de sus malas palabras, de sus malas acciones, de sus malas intenciones.
Lo que Dios pide es que cada uno mejore, enmiende, haga lo bueno. Se trata de no volver nunca mas a abrazar el pecado y la inmundicia. Es rechazar lo malo y abrazar lo que a Dios le agrada.
Hermanos, si Israel iba a ser útil en las manos del Señor y evitar el exilio babilónico, ellos debían detenerse, arrepentirse y cambiar. Con ese pecado en el corazón, abrazando los ídolos, el pecado, rechazando a los profetas, desobedeciendo a Dios jamás podrían ser útiles en las manos de Dios. Dios estaba ofreciéndoles el perdón, su gracia y su misericordia para empezar de nuevo.
Y sin embargo, mira lo que Israel responde:
Jeremías 18:12 RVR60
Y dijeron: Es en vano; porque en pos de nuestros ídolos iremos, y haremos cada uno el pensamiento de nuestro malvado corazón.
Dios habló por Israel porque Dios conoce el corazón de su pueblo. Dios ya sabía que aunque enviara a su siervo Jeremías a advertirles, ellos no escucharían porque el pecado estaba cincelado en sus corazones de piedra. Ellos no se arrepentirían, no cambiarían y serían por ello juzgados. Irían al exilio por 70 años y aun después de ese sufrimiento y esa humillación no cambiarían.
Examinemos la respuesta de Israel:
Es en vano”: Es una ofensa y falta de respeto a Dios, a su autoridad y a su Palabra. Es la desobediencia y rebeldía máxima. Con ello, Israel selló su destino trágicamente. Para ellos, no importaba cuantas veces Dios les enviara profetas o les advirtiera. Todo era en vano porque ellos no estaban dispuestos a obedecer.
En pos de nuestros ídolos iremos”: Israel adoraba a sus ídolos y se postraba ante ellos. No los iban a cambiar para adorar al verdadero Dios. Su corazón ya tenia dueño y no era Dios.
haremos cada uno”: Israel se había unido para lo malo. Cada uno de ellos decidió rebelarse contra Dios y no obedecerle. Cada uno de ellos, desde el mas pequeño hasta el mas grande decidieron hacer lo malo.
haremos cada uno el pensamiento de nuestro malvado corazón”: Hay una nota de cinismo y rebeldía en las palabras de Israel. Ellos reconocen su maldad, saben que está mal lo que están haciendo, pero aun así lo hacen. Son las palabras de un corazón endurecido por el pecado.
Hermanos, Israel decidió hacer lo malo y desobedecer al Señor. Por ello fueron quebrantados y aun hasta el día de hoy están lejos de Dios hasta el tiempo de la misericordia de Dios para ellos.
Pero, ¿Qué hay de nosotros? ¿Qué hay de la iglesia de Cristo? Nosotros que también somos pueblo de Dios somos advertidos de no endurecer el corazón por el engaño del pecado:
Hebreos 3:12–13 RVR60
Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.
Si endurecemos el corazón, entonces Dios nos va a quebrantar. Y Dios nos ha quebrantado hermanos, porque hemos pecado contra Dios y hemos endurecido el corazón contra el Señor y entre nosotros.
Hermanos, dejemos el pecado de no orar y no leer la Biblia a diario. Por no tener comunión con Dios es que somos carnales y nos cuesta dejar el pecado.
Hermanos, dejemos el pecado de no depender de Dios en todo aspecto, orando y meditando antes de tomar decisiones.
Hermanos, dejemos el pecado de guardar rencor en el corazón contra los hermanos y no querer perdonar
Hermanos, dejemos el pecado del chisme, la murmuración contra otros. Si usted tiene un tema objetivo con algún hermano especifico, ¿Qué hace hablando de eso con otras personas que no va directamente al hermano en mención?
Hermanos, dejemos el pecado de oír el chisme, el rumor y seguir esparciéndolo, agregando mentira y distorsionando la verdad, promoviendo consciente o inconscientemente la rivalidad, la enemistad entre hermanos
Hermanos, dejemos el pecado de juzgar a otros, como si Dios nos hubiera levantado como jueces en la casa de Dios, mirando cada detalle, cada palabra, exigiendo perfección de otros cuando nosotros no somos perfectos
Hermanos, dejemos el pecado de reaccionar con ira y enojo ante los hermanos porque eso no refleja el carácter de Cristo
Hermanos, dejemos todo tipo de pecado oculto, toda inmundicia que nos aleja del Señor y corta su bendición para nosotros y para su pueblo.
Hermanos, dejemos la carnalidad, la impetuosidad, la falta de respeto, la mentira, la malicia, la envidia, los celos, las contiendas, porque todas ellas son obras manifiestas de la carne y no agradan a Dios
Dios nos ha llamado a ser un pueblo santo. Dios exige un pueblo santo. Dios exige un liderazgo santo. Y Dios lo va a obtener a la buena o a la mala. Si cada uno de nosotros confiesa su pecado y se aparta, Dios nos bendecirá y usará grandemente. Pero si nos resistimos, si nos endurecemos frente a El y preferimos seguir en el pecado, entonces Dios nos quebrantará, nos humillará, nos disciplinará hasta que decidamos obedecerle.

Dios nos quebranta cuando no seguimos su diseño

Jeremías 18:13–17 RVR60
Por tanto, así dijo Jehová: Preguntad ahora a las naciones, quién ha oído cosa semejante. Gran fealdad ha hecho la virgen de Israel. ¿Faltará la nieve del Líbano de la piedra del campo? ¿Faltarán las aguas frías que corren de lejanas tierras? Porque mi pueblo me ha olvidado, incensando a lo que es vanidad, y ha tropezado en sus caminos, en las sendas antiguas, para que camine por sendas y no por camino transitado, para poner su tierra en desolación, objeto de burla perpetua; todo aquel que pasare por ella se asombrará, y meneará la cabeza. Como viento solano los esparciré delante del enemigo; les mostraré las espaldas y no el rostro, en el día de su perdición.
Por último, el Señor dirige al profeta una última acusación contra su pueblo Israel:
Preguntad ahora a las naciones, quién ha oído cosa semejante. Gran fealdad ha hecho la virgen de Israel” - Ni los paganos se comportaban así deslealmente con sus propios dioses falsos; pero Israel, la virgen separada para su Dios se había comportado de una manera terrible. Hermanos, mira el mundo incrédulo: aun los paganos son unidos, agradecidos, empáticos entre ellos. No todos claro, pero hay ejemplos de inconversos que trabajan juntos, logran grandes objetivos, forman equipos sólidos, pero ¿los creyentes? No somos capaces de trabajar unidos. No somos capaces de amarnos y tolerarnos los unos a los otros. No somos capaces de rendir las agendas personales para servir al Único Dios y a su Único Plan. Lo que Dios dice es: “Ve y pregúntale a un incrédulo si es correcto que entre creyentes andemos enemistados. Vé y pregúntale a un inconverso si es normal que los santos de Cristo no quieran servir juntos apasionadamente al Dios que dicen les salvó” ¿Qué diría el inconverso? ¿Qué diria el no creyente? Lo que hizo Israel no es natural, ni lógico, ni bíblico, ni bueno.
¿Faltará la nieve del Líbano de la piedra del campo? ¿Faltarán las aguas frías que corren de lejanas tierras?” - La segunda ilustración es igual de demoledora. La naturaleza responde al diseño de Dios. Las cosas suceden tal y como Dios las establece. Los animales responden al instinto que Dios les puso. El planeta y el universo funciona tal y como lo manda la Palabra de Dios. Aun podría añadir, si se me permite hacerlo, que aun los ángeles del cielo responden inmediatamente a la voluntad de Dios. Pero ¿y los creyentes? ¿los hijos de Dios obedecemos y seguimos el diseño de Dios? Israel definitivamente no lo hizo. Dios los creó para que sean luz entre las naciones y fueron oscuridad. Dios nos ha hecho reino de sacerdotes para que anunciemos las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz. Pero ¿hacemos eso hermanos?
Mi pueblo me ha olvidado” dice el Señor. No es una fría exhortación. Es el lamento de un Padre cuyos hijos ya no lo quieren. Hijos malagradecidos que recibieron sus bendiciones y se olvidaron de quien les llamó y preservó. Israel se olvidó de Dios, se olvidó de que era el pueblo de Dios, se olvidó de la Palabra de Dios y se olvidó de a quien representaba.
Incensaron a lo que es vanidad” - El pueblo de Dios se volvió a adorar a dioses falsos y sus abominables costumbres. Asimismo hermanos, nos hemos olvidado de Dios. Nos hemos olvidado de buscarle todos los dias. Nos hemos olvidado de que somos pueblo santo de Dios. Nos hemos olvidado de que representamos a Cristo. Nos hemos olvidado de que nuestro hermano también es un hijo o hija de Dios y que también tiene el Espíritu Santo que nosotros también tenemos.
han tropezado en sus caminos, en las sendas antiguas” - Por todo esto, el pueblo de Israel se desvió de la voluntad de Dios. Lo que iban a experimentar, el exilio, no era la voluntad de Dios. Ese no era el plan que Dios tenía para su pueblo; pero era la respuesta correctiva de Dios para su pueblo desobediente. Ellos decidieron desobedecer, ahora eso implicaba el castigo.
Su tierra fue deshabitada, fueron hechos objetos de burla de parte de sus enemigos quienes ahora se reian y se alegraban de su mal. Muchos dice que pasarán por Jerusalén y viéndola asolada menearan la cabeza en son de burla, de lamento, de asombro y escándalo. Serían esparcidos como viento delante del enemigo. Serían privados de la comunión con Dios (“les mostraré las espaldas y no el rostro”). Hermanos, el precio que Israel tuvo que pagar y que hasta el día de hoy paga es muy alto por causa de su pecado.
No caigamos en semejante ejemplo de desobediencia. Dios nos dice hoy: He aquí pongo delante de vosotros el camino del bien y del mal. Escoge que camino vas a seguir. Si cada uno de nosotros nos arrepentimos hoy del mal que hemos cometido y clamamos a Dios por su misericordia, El se compadecerá, nos bendecirá y hará de Doulos su casa donde su gloria habitará y donde vengan muchos a ser restaurados, capacitados y enviados a hacer la obra de Dios para la gloria del nombre del Señor.
Pero si nos rehusamos a obedecer, si preferimos abrazar la mentira y el pecado, si albergamos rencor en el corazón, si abrazamos el chisme, la maldad y seguimos haciendo lo malo, entonces Dios vendrá y quitará nuestro candelero y así como alguna vez Dios hizo nacer esta congregación la desaparecerá y será solo un triste recuerdo que será objeto de burla para los enemigos del Señor.
Dios nos ha diseñado como el cuerpo de Cristo, la iglesia del Señor, que debe ser santa y sin mancha. Dios nos ha diseñado para ser luz en medio de las tinieblas, un faro de luz en la oscuridad de este mundo, un hospital para los heridos, un oasis de paz y de amor donde el mundo puede ver el amor de Dios expresado en como los hermanos nos amamos y avanzamos juntos en este camino que Dios nos ha trazado. Dios nos ha diseñado como una casa de oración, donde el corazón atribulado y cargado viene a dejar sus cargas ante el trono de Dios. Dios nos ha diseñado como ese rebaño que debemos ser pastoreados por el Buen pastor con su Palabra. Dios nos ha diseñado como la familia de Dios, donde todos somos hermanos, hijos de un mismo Padre, templos del mismo Espíritu Santo, trabajando juntos en unidad para la gloria de Dios. Si no seguimos ese diseño y hacemos lo que bien nos parece, entonces Dios nos quebrantará y ya lo ha hecho porque no hemos sido familia, no hemos sido hermanos, no hemos caminado en unidad.
Hermano amado, Dios te ha llamado y diseñado a ti y a mi para que reflejemos el carácter de Cristo y llevemos la gloria de Dios al mundo. Dispongámonos a hacer la voluntad de Dios para que el Señor nos bendiga.

Aplicaciones para la vida

A pesar de que este episodio bíblico termina con una nota triste, recordemos lo que Dios muestra a su siervo el profeta Jeremías al inicio: El es el Alfarero Divino e Israel, a pesar de su desobediencia, es barro en las manos del Señor. Si, Dios los quebrantará por su pecado una y otra vez; pero al final Dios cumplirá sus propósitos:
Romanos 11:25–27 RVR60
Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, Cuando yo quite sus pecados.
La restauración futura de Israel es posible porque Cristo, el Hijo de Dios, fue quebrantado a pesar de ser santo e inocente, para que nosotros no seamos destruidos. El fue quebrantado para que nosotros no seamos quebrantados. El fue quebrantado en la cruz por nuestros pecados, murió en la cruz para que seamos salvos.
Por Cristo ahora nosotros tenemos la gran ventaja de tener la salvación de nuestros pecados, la Palabra de Dios y el Espíritu Santo. Pero no nos engañemos hermanos, Dios demanda de nosotros santidad, de cada uno de nosotros. Por ello, debemos con mayor razón buscar ser fieles a Dios y decidir obedecerle para que el Señor nos bendiga, levante y use poderosamente.
Dios nos ha hablado hoy. El quiere bendecirnos. No seamos necios o tercos para permanecer en el pecado porque sino el Señor nos va a quebrantar. Dios quiere bendecirnos. Seamos sabios y busquemos obedecer hoy al Señor.
Oremos al Señor
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