El llamado que implica conocer a Dios — de la Serie «Quién es el Dios de la Biblia»

«Quién es el Dios de la Biblia»  •  Sermon  •  Submitted   •  Presented
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Introducción:

Por la gracia de mi bendito Señor, tengo el privilegio y la gran responsabilidad de hablarles hoy de parte de Dios, y delante de Dios con la enseñanza que Él me ha permitido preparar, y la cual, venía orando por Su sabiduría y ayuda para hacerlo.
Hoy quiero enfatizar el tema que compartí en la vigilia del viernes 30 de enero sobre «¿Qué implica mi llamado?». Para los que pudieron venir ese día, y los que no pudieron estar, hablamos sobre el llamado que Dios hace al creyente, qué implicaciones tiene ese llamado y cómo vivir ese llamado en la vida diaria. Y al mismo tiempo, Dios me ha guiado a conectar ese tema de la vigilia con el segundo tema de la serie que empece con ustedes hace un mes. ¿Recuerdan el nombre de la serie que empezamos conmigo hace un mes? La serie se llama «¿Quién es el Dios de la Biblia?».
Mientras oraba al Señor por su guía, para que me hable a mí y también a esta iglesia, Dios me mostró que una de las implicaciones más importantes de mi llamado como creyente es el de “conocer a Dios”. Recordemos un pasaje que William Eduardo nos compartió en su tema en 1 Cor 1:9
1 Corinthians 1:9 NBLA
9 Fiel es Dios, por medio de quien fueron llamados a la comunión con Su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
O también entender que el llamado general de Dios al hombre es a la salvación, es decir la vida eterna. Y en este sentido podemos citar nuestro pasaje principal del sermón de hoy, que es Jn 17:3
John 17:3 NBLA
3 »Y esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.
Ahora bien, con estos pasajes en mente, y teniendo en cuenta mi enseñanza de hace un mes, que consistía en tres puntos o principios importantes que les compartí, ¿los recuerdan?, ¿no? Bueno les hago un pequeño recorderis. El tema se llamó «Un creyente no fragmentado», les compartí de la importancia de NO hacer una separación entre mi vida espiritual y secular, que la Biblia no enseña esto, y les hablé de tres principios que atraviesan constantemente nuestra realidad: 1. la doctrina correcta (orthodoxia), la obediencia o práctica correcta (orthopraxis) y las emociones correctas acerca de Dios (orthopatia). También les hable de cómo estos tres principios los vivimos en distintas áreas de nuestra vida sin fragmentarnos, pero que muchas veces en nuestra relación con Dios en lo cotidiano de mi vida, si lo separo. ¿Si recuerdan algo?
Ahora, también les dije que estos tres principios los vamos a tener en cuenta de cómo aplicarlos en cada uno de los temas que vamos a estar viendo en este año de esta serie que empezarón conmigo. Y que son nuestro marco de referencia para aplicar en cada tema.
Así que conforme a todo lo anterior, quiero empezar el tema con esta corta analogía:
Una vez, un anciano sabio le dijo a un niño curioso que conocer a Dios es como aprender a montar en bicicleta. Al principio, te tambaleas, te sientes inseguro y te cuestionas el camino que tienes por delante. Pero a medida que pedaleas, tu equilibrio mejora y, de repente, sientes el viento en tu cabello (¿recuerdan cómo fue su experiencia al aprender a montar bicicleta?). Del mismo modo, la comunión con Dios fortalece nuestra capacidad para comprender quién es Él. Puede que no entendamos todo sobre Él, pero cada experiencia nos aporta claridad y nos enseña que la duda y la incertidumbre pueden, en última instancia, conducir a una fe y una conexión más profundas.
Ahora, esto que voy a decir, tal vez, parecerá muy obvio para alguno de ustedes, pero para nosotros poder aceptar el Llamado general que Dios hace a cada ser humano, como lo decía al comienzo, ese llamado a la comunión con Cristo, esa vida eterna que Dios por gracia quiere darnos, yo debo aceptar la «Existencia de Dios». En otras palabras, una de las implicaciones de mi llamado es conocer a Dios, y para yo conocer a Dios tengo que aceptar primero que “Dios existe”. Sin esto es imposible aceptar el llamado general, y menos tener comunión con Él para conocerlo más y más.
Ahora, hace un mes y al inicio de este sermón, les dije el nombre de la Serie que están viendo conmigo. ¿Lo recuerdan?, ¿sí, alguien? Exacto: «¿Quién es el Dios de la Biblia?». Así se llama la serie, y hermanos, miren, una cosa que debemos entender es que para saber quién es el Dios de la Biblia, primero tenemos que comprender y aceptar la «Existencia del Dios de la Biblia». Es imposible conocer algo que no existe.
Es como intentar hornear un pastel sin ingredientes, ¡solo con aire! Puedes hablar todo lo que quieras sobre el glaseado y las velas, pero sin los ingredientes básicos, es imposible hacer el pastel. Conocer a Dios es similar: si no reconocemos Su existencia como nuestro fundamento, ¿cómo podremos construir una relación significativa con Él? Sin los ingredientes reales de la fe, solo es una dulce fantasía.
¿Me hago entender?, ¿están conmigo o están perdidos hasta aquí? Bueno, si en un momento se ven perdidos, por favor no coma entero y al final del culto usted se puede acercar a mí, y me pregunta aquello en lo que se sienta perdido. Le he rogado a Dios que esta enseñanza sea tan sencilla de entender, para un adulto mayor como para un niño de 10 de años. Por favor, trate de no distraerse y menos dormirse. ¿Listo?
Tal vez ya vieron en pantalla el título de la enseñanza, ¿verdad?: «El llamado que implica conocer a Dios». Hoy esta enseñanza la vamos a abordar en cuatro puntos, junto con su conclusión y aplicación. Los puntos que abordaremos hoy son:
Pruebas de la existencia de Dios y el conocimiento inicial.
La incomprensibilidad de Dios y el misterio de la comunión.
Conocimiento de Dios y la unión transformadora.
Tu llamado implica tener comunión con Dios y conocer a Dios.

I. Pruebas de la existencia de Dios y el conocimiento inicial:

Les recuerdo de nuevo el planteamiento para este primer punto:
P1: Si no acepto que Dios existe, es imposible conocerlo.
P2: Para conocer a Dios (que es parte de mi llamado), tengo que aceptar primero que existe.
Q: Por lo tanto, aceptar la existencia de Dios es el fundamento necesario para cumplir mi llamado de tener comunión con Él y conocerlo.
Las Escrituras enseñan que el universo que podemos observar revela o muestra la existencia de su Creador. Vamos a verlo, primero, en las Escrituras–particularmente en Romanos 1– y segundo, a través de algunos de argumentos, que aunque no están directamente en la Biblia de forma textual, apoyados en el racionamiento que Dios le ha dado a cada ser humano, podemos llegar a la conclusion, ante toda duda razonable de que Dios existe.

1. El argumento bíblico:

Vamos primero al argumento bíblico en Rom 1:19-20. Leo en la NTV.
Romans 1:19–21 NTV
19 Ellos conocen la verdad acerca de Dios, porque él se la ha hecho evidente. 20 Pues, desde la creación del mundo, todos han visto los cielos y la tierra. Por medio de todo lo que Dios hizo, ellos pueden ver a simple vista las cualidades invisibles de Dios: su poder eterno y su naturaleza divina. Así que no tienen ninguna excusa para no conocer a Dios. 21 Es cierto, ellos conocieron a Dios pero no quisieron adorarlo como Dios ni darle gracias. En cambio, comenzaron a inventar ideas necias sobre Dios. Como resultado, la mente les quedó en oscuridad y confusión.
Pablo aquí está hablando a toda la humanidad, y describe la realidad del ser humano a lo largo de nuestra historia en este mundo. Lo vemos en los sistemas religiosos del mundo, lo vemos en los ateos, en los escépticos o agnósticos que no niegan ni afirman que Dios existe. Lo vemos en la filosofía contraria a la fe cristiana, lo vemos en el capitalismo en el que vivimos, en la política, en el arte, la cultura, la música, el cine, la educación, etc., etc.
Sin embargo, hermanos, quiero decirles algo aquí empieza el conocimiento inicial de Dios: la gente adquiere conocimiento de Dios a través de los sentidos al percibir su creación, desarrollando en ellas una impresión o sentido acerca de Dios. Esta experiencia sensible del Creador o de Dios en la creación es la oportunidad del primer encuentro relacional del ser humano con Dios.
Otro pasaje de los varios que hay en la Escritura es Acts 17:26-27
Acts 17:26–27 NTV
26 De un solo hombre creó todas las naciones de toda la tierra. De antemano decidió cuándo se levantarían y cuándo caerían, y determinó los límites de cada una. 27 »Su propósito era que las naciones buscaran a Dios y, quizá acercándose a tientas, lo encontraran; aunque él no está lejos de ninguno de nosotros.
Recordemos que aquí está Pablo ante los filósofos Griegos dando defensa de Dios frente al “dios desconocido” que ellos adoraban en el Areópago. Otros pasajes son el Psalm 19:1-5, también en el libro de Job.

2. Argumentos apoyados en el racionamiento:

Ahora, quiero mencionarles algunos argumentos que se usan para hablar acerca de la Existencia de Dios. Como les dije, no están en la Biblia, pero los podemos usar porque apelan a la razón de las personas, como una forma de preparar el camino para sembrar la semilla del evangelio y compartir así el llamado que Dios hace a todo ser humano a conocerlo y ser salvos.
Solo voy a explicar el primero, y los demás solo les diré los nombres. En la presentación que les voy a compartir, podrán encontrar la explicación a detalle con un lenguaje sencillo para que lo puedan comprender de forma simple con ejemplos prácticos.
Saben, hay muchos tecnicismos en estos argumentos, como también las categorías que hay acerca de ellos, sin embargo, mi intención hoy no es enredarlos si no más bien que ustedes sean edificados.

i. Argumento Cosmológico Kalam:

El planteamiento de este argumento es así:
(1) Todo lo que comienza a existir tiene una causa.
(2) El universo comenzó a existir.
(3) Por lo tanto, el universo tiene una causa.
Ahora, lo explico en palabras muy sencillas para todos:
Imagine que encuentra un reloj hermoso en su mesa. ¿Pensaría que apareció solo, sin que nadie lo hiciera? No. Alguien lo creó y lo puso allí. El universo es como ese reloj, pero infinitamente más complejo. La ciencia nos dice que el universo tuvo un comienzo. Si tuvo un comienzo, algo o alguien tuvo que hacerlo comenzar. Nada surge de la nada por sí solo.
La pregunta es simple: ¿por qué existe algo en lugar de nada? La respuesta es que debe existir algo eterno, algo que no necesitó ser creado. Ese algo es Dios.
Les menciono ahora, solo por su nombre los demás argumentos:

ii. Las 5 vías de Tomas de Aquino:

Tomás de Aquino desarrolló cinco vías mediante las cuales la razón humana podría llegar al conocimiento verdadero de Dios:
A partir del movimiento, a un Motor Inmóvil (el empujón inicial): observa que en el mundo hay cosas que se mueven, pasando de la potencia al acto, pero nada puede hacer esto por sí mismo sin otro ser que esté en acto, por lo que debe existir un primer motor que no sea movido por otro.
Explicación sencilla: Imagine un carrito de juguete en el piso. No se mueve solo—alguien tiene que empujarlo. Ese alguien también fue empujado por otra persona. Pero tiene que haber alguien que empezó todo sin que nadie lo empujara. Ese es Dios: el primero que puso todo en movimiento.
A partir de la causalidad, a una Primera Causa (¿quién empezó todo): reconoce que todas las cosas tienen causas y unas son causas de otras, pero ninguna es causa de sí misma; en esta cadena causal debe existir una primera causa, pues sin ella no existirían las demás.
Explicación sencilla: Usted nació porque sus padres tuvieron hijos. Sus padres nacieron porque sus abuelos tuvieron hijos. Pero si seguimos hacia atrás, tiene que haber habido alguien primero que no fue causado por nadie. Ese alguien es Dios, la primera causa de todo.
A partir de la contingencia, a un Ser Necesario (lo que necesita razón para ser): distingue entre lo contingente y lo necesario: las cosas del mundo son contingentes (no tienen que existir), pero como de hecho existen, debe haber habido un ser necesario que les diera existencia cuando ningún ser contingente existía.
Explicación sencilla: Una casa podría no existir—alguien tuvo que construirla. Un árbol podría no existir—alguien tuvo que plantarlo. Pero el universo existe. Tiene que haber algo que lo hizo existir cuando nada existía. Ese algo es Dios, que existe por sí mismo y no necesita que nadie lo haga existir.
A partir de los grados de perfección, a un Ser Perfecto (lo mejor y lo peor): parte de la observación de que algunos seres son mejores que otros, lo cual indica su proximidad a un grado máximo de bondad; por tanto, debe existir algo que posea la perfección en su máximo grado y sea causa de los diversos grados de perfección en los seres.
Explicación sencilla: Algunos días son más fríos que otros. Algunos niños son más inteligentes que otros. Esto significa que hay un “más frío” y un “más inteligente” en algún lugar. Si unos seres son mejores que otros, esto se debe a su proximidad al grado máximo de bondad, por tanto, ha de existir algo que posea la perfección en su máximo grado. Ese algo es Dios, la perfección máxima.
A partir del diseño del universo, a un Diseñador: es el argumento teleológico: las cosas del universo, incluso las carentes de razón, se mueven hacia un fin que les es propio, algo que no podrían hacer por sí mismas ni por casualidad; lo que las dirige hacia su fin es Dios.
Explicación sencilla: Un reloj tiene engranajes que trabajan juntos para mostrar la hora. Las abejas hacen colmenas perfectas. Las cosas del universo, aun las carentes de razón, se mueven hacia un fin que les es propio, lo cual no podrían hacer llevadas por sí mismas, ni tampoco por la casualidad. Alguien inteligente diseñó todo esto. Ese alguien es Dios.

iii. Argumento moral:

Plantea lo siguiente:
1. Todos los hombres son conscientes de una ley moral objetiva.
2. Las leyes morales suponen un Legislador de ellas.
3. Por lo tanto, debe haber un supremo Legislador moral de la ley.
Imagine que su mamá le dice: “No debes mentir”. Eso no es simplemente describir lo que usted hace—es decirle lo que debe hacer. Esa diferencia es importante. Las reglas de la física, como la gravedad, simplemente suceden. Una pelota cae porque tiene que caer. Pero las reglas morales son diferentes. Nadie tiene que ser honesto—algunos eligen mentir. Sin embargo, usted siente que debería ser honesto, ¿verdad?
Esa sensación de “debo” no viene de la naturaleza. Viene de alguien más inteligente y más bueno que nosotros. Así como una ley escrita necesita un legislador que la escriba, la ley moral que sentimos en nuestro corazón necesita a alguien que la puso allí. Ese alguien es Dios.

iv. Argumentos de Agustín de Hipona:

A continuación, los siete argumentos agustinianos:
El consenso universal: Creado a imagen de Dios y llamado a conocer y amar a Dios, el hombre que busca a Dios descubre ciertas “vías” para acceder al conocimiento de Dios, teniendo como punto de partida la creación: el mundo material y la persona humana. El hecho de que prácticamente todas las culturas, en todos los tiempos y lugares, hayan creído en la existencia de Dios sugiere que esta creencia responde a algo real y profundo en la naturaleza humana.
Explicación simple: Si usted pregunta a personas de diferentes países, religiones y épocas, casi todas creen que existe algo superior a ellas. Esta coincidencia universal no es casualidad—sugiere que Dios realmente existe y ha puesto en el corazón humano el conocimiento de Él. Imagine que todos los ancianos de su pueblo, sin haberse puesto de acuerdo, le dicen que vieron pasar un carro rojo por la calle. Aunque no lo vio usted mismo, la coincidencia de tantos testigos le hace creer que realmente pasó. Así sucede con Dios: la creencia universal de la humanidad es un testigo de su existencia.
El orden del mundo: A partir del movimiento y del devenir, de la contingencia, del orden y de la belleza del mundo se puede conocer a Dios como origen y fin del universo. El universo no es caótico sino ordenado: los planetas giran en órbitas precisas, las estaciones cambian regularmente, la naturaleza sigue leyes matemáticas exactas.
Explicación simple: El mundo no funciona por casualidad. Todo tiene un orden perfecto: el sol sale cada mañana, las plantas crecen, los animales tienen instintos que los guían. Este orden no surge de la nada—alguien lo diseñó. Cuando usted ve un reloj funcionando perfectamente, con todos sus engranajes trabajando juntos, sabe que alguien lo hizo. El universo es como ese reloj, pero infinitamente más complejo. Alguien inteligente lo creó y lo mantiene funcionando.
La belleza del mundo: Agustín dice: “Interroga a la belleza de la tierra, interroga a la belleza del mar, interroga a la belleza del aire que se dilata y se difunde, interroga a la belleza del cielo… interroga a todas estas realidades. Todas te responden: Ve, nosotras somos bellas. Su belleza es una profesión (‘confessio’). Estas bellezas sujetas a cambio, ¿quién las ha hecho sino la Suma Belleza (‘Pulcher’), no sujeta a cambio?”.
Explicación simple: Las cosas bellas que vemos—una flor, una puesta de sol, el rostro de una persona amada—no son bellas por accidente. Esa belleza viene de algo más bello aún, de una Belleza Perfecta que es Dios. Cuando ve una rosa hermosa en el jardín, ¿piensa que esa belleza surgió sola? No. Alguien plantó la semilla, la cuidó, y ahora brota esa flor perfecta. Así, toda la belleza del mundo—las montañas, los árboles, los cielos—proviene de un Creador hermoso.
Los grados de perfección de los seres: Todo lo que observamos tiene diversos grados de perfección. Lo imperfecto implica la existencia de lo perfecto, porque todo lo que tiene finitud no es más que restricción de la infinitud. Por lo tanto lo perfecto es Dios.
Explicación simple: Usted nota que algunas cosas son más perfectas que otras. Una persona es más perfecta que una piedra. Un animal es más perfecto que una planta. Si existen grados de perfección, debe existir algo perfectísimo del cual todos participan: Dios. En su familia, algunos miembros son más sabios, más fuertes o más buenos que otros. Pero todos tienen estas cualidades en cierto grado. Eso significa que existe una Sabiduría Perfecta, una Fuerza Perfecta y una Bondad Perfecta de la cual todos reciben lo que tienen. Eso es Dios.
La mutabilidad de las criaturas: Agustín recalca especialmente la prueba de la existencia de Dios a partir de la existencia de la verdad. Según este argumento, la mente percibe verdades inmutables, verdades que ella misma no puede cambiar ni dudar. Todas estas verdades nos dan a conocer de manera absolutamente indubitable la existencia de una Verdad perfecta, que no puede ser creación de nuestra mente ni de todas las mentes del universo. Esta verdad absoluta o fundamento de toda verdad es Dios.
Explicación simple: Todo en el mundo cambia: su cuerpo envejece, las cosas se rompen, las personas mueren. Pero hay cosas que nunca cambian: dos más dos siempre es cuatro, la verdad siempre es verdad. Esas verdades eternas no vienen de nosotros—vienen de Dios, que es eterno e inmutable. Su casa puede envejecer, sus muebles pueden gastarse, pero la verdad de que usted existe, de que ama a su familia, eso no cambia. Esas verdades profundas que permanecen mientras todo lo demás envejece vienen de algo eterno: Dios.
El amor del alma humana hacia la belleza: Con su apertura a la verdad y a la belleza, con su sentido del bien moral, con su libertad y la voz de su conciencia, con su aspiración al infinito y a la dicha, el hombre se interroga sobre la existencia de Dios. En estas aperturas, percibe signos de su alma espiritual. La “semilla de eternidad que lleva en sí, al ser irreductible a la sola materia”, su alma, no puede tener origen más que en Dios.
Explicación simple: Su corazón anhela cosas hermosas, verdaderas y buenas. Busca la belleza, la justicia, el amor. Ese anhelo no viene de la materia—viene de un alma espiritual que busca a Dios, quien es la fuente de toda belleza y bondad. Cuando escucha una música hermosa o ve un acto de bondad, su corazón se conmueve. Ese sentimiento no es físico—es espiritual. Demuestra que en usted hay algo más que cuerpo, algo que busca lo eterno. Eso es su alma buscando a Dios.
La existencia de un Ser Superior al alma: La Verdad Perfecta: El mundo y el hombre atestiguan que no tienen en ellos mismos ni su primer principio ni su fin último, sino que participan de Aquel que es el Ser en sí, sin origen y sin fin. Así, por estas diversas “vías”, el hombre puede acceder al conocimiento de la existencia de una realidad que es la causa primera y el fin último de todo, “y que todos llaman Dios”.
Explicación simple: Usted existe, pero no se creó a sí mismo. El mundo existe, pero no se creó a sí mismo. Tiene que haber algo que existe por sí mismo, que no necesita ser creado, que es la razón de todo lo demás. Ese algo es Dios—la Verdad Perfecta, el Ser Necesario. Imagine una cadena de dominós cayendo. Cada uno derriba al siguiente. Pero alguien tuvo que empujar el primero. Así es la existencia: cada cosa es causada por otra, pero tiene que haber un Primero que no fue causado por nadie. Ese Primero es Dios, la causa de todo sin ser causado por nada.

v. Argumento basado en el diseño o teleológico:

Tiene las siguientes premisas:
Cualquier cosa diseñada debe tener un diseñador.
Algunas cosas en el mundo natural han sido diseñadas, es decir, ellas son obviamente el producto de un diseño inteligente.
Por lo tanto existe un diseñador, a saber, Dios.
Los planetas, los animales y las plantas se mueven sin saberlo hacia un objetivo. El hecho de que normalmente “logren su objetivo” es una consecuencia “de un plan (diseño), no de la casualidad”. Consiguientemente, tiene que existir “un ser inteligente que marca el rumbo de todas las cosas naturales
Explicación simple: Imagine que encuentra un reloj en el piso. Aunque nunca haya visto uno, sabe que alguien lo hizo—nadie cree que los engranajes se juntaron solos. Lo mismo sucede con el universo: es tan complejo y perfecto que debe tener un Diseñador. Ese Diseñador es Dios. Cuando ve un edificio hermoso y bien construido, sabe que un arquitecto lo planeó. El universo, con sus leyes perfectas, sus plantas que crecen, sus animales que funcionan perfectamente, es como ese edificio: alguien inteligente lo diseñó. Ese alguien es Dios.
Hay más argumentos que podría mencionar, pero lo dejo hasta aquí nada más. Pasamos ahora al segundo punto de nuestra enseñanza…

II. La incomprensibilidad de Dios y el misterio de la comunión:

Decir que Dios es incomprensible no significa que no podamos saber nada acerca de Dios, sino que como Dios es infinito, ningún ser humano o ser creado puede llegar a comprender, entender, captar o describir a Dios de una manera digna, adecuada o totalmente comprensiva. En otras palabras, ningún ser humano puede llegar a comprender 100% a Dios en su esencia, o describirlo en absoluto, de tal forma que podamos comprender en su totalidad a Dios. Es imposible.
Leamos lo que dice Job 11:7-9
Job 11:7–9 NVI
7 »¿Puedes adentrarte en los misterios de Dios o alcanzar la perfección del Todopoderoso? 8 Son más altos que los cielos; ¿qué puedes hacer? Son más profundos que el sepulcro; ¿qué puedes saber? 9 Son más extensos que toda la tierra; ¡son más anchos que todo el mar!
La naturaleza divina es tal que Dios no puede ser completamente conocido o descrito, tal como es en sí mismo, por ningún ser creado. Es decir, ningún lenguaje de criatura puede describir exhaustivamente lo inefable (o inexplicable) y ninguna criatura puede captar plenamente lo infinito, pues somos criaturas finitas y limitadas.
Muchas veces las personas se niegan a «creer en la existencia de Dios»–y por ende no están interesados en conocerle– porque dicen que Dios no es claramente visible, o que no se manifiesta de alguna forma que nosotros podamos observarlo.
Ahora, el hecho de que Dios sea incomprensible para la mente, el corazón y la razón humana no se debe a que Él sea carente de alguna perfección o atributo, sino más bien a que Él habita o vive en luz inaccesible. Miremos lo que escribe Pablo al final de la primera carta a Timoteo: 1 Tim 6:16
1 Timothy 6:16 NVI
16 al único inmortal, que vive en luz inaccesible, a quien nadie ha visto ni puede ver, a él sea el honor y el poder eternamente. Amén.
Ahora bien, el hecho de que Dios sea incomprensible en su esencial y perfección no quiere decir que Él no haya decidido darse a conocer. Así como el ser humano conoce su propia naturaleza, Dios conoce a la perfección su propia naturaleza y la ha dado a conocer de tres formas a los hombres para que puedan tener comunión con Él:
A través de la creación
Por medio de Su Hijo Jesucristo
Por medio de Su Palabra, la Biblia.
Por estos tres medios, el hombre no solo puede acercarse a Dios para empezar a conocerlo, sino que también puede tener una comunión con Él para disfrutar desde ya la vida eterna que Cristo compró con su propia vida y sangre por gracia a través de la fe, para viles pecadores como usted y yo.
Y saben hermanos, este punto se vuelve algo paradójico para mí, leamos Is 57:15
Isaiah 57:15 NBLA
15 Porque así dice el Alto y Sublime Que vive para siempre, cuyo nombre es Santo: «Yo habito en lo alto y santo, Y también con el contrito y humilde de espíritu, Para vivificar el espíritu de los humildes Y para vivificar el corazón de los contritos.
¿Por qué digo que es paradójico?, me explico:
Dios es tan infinitamente incomprensible para mí que ni todo el cumulo del conocimiento humano, el avance científico, la Inteligencia Artificial y todos mis esfuerzos, capacidades, virtudes y buenas obras, bastarían para tan siquiera poder estar cerca del patio de Su morada, y mucho menos del borde de Su manto.
Y aquí viene la paradoja que mi mente y mi corazón nuca van a comprender: ¿cómo es que este Dios Altísimo que habita en lo alto, que es inaccesible, que es Santo, Santo, Santo, eterno, a quién nadie ha visto ni podrá ver jamás, decide hacer Su morada conmigo?, ¿yo?, un perro sarnoso y muerto, lleno de maldad, incredulidad, ingratitud e idolatría en su corazón. ¿Qué viste en mí para merecer esto Señor? No escatimaste ni siquiera a tu propio hijo para entregarlo en manos de pecadores para que lo mataran en una cruz, solo para que recibas toda la gloria a través de la salvación que me regalas…
La verdad hermanos, mi alma queda en absoluto silencio. No sé que decirte Señor, fuera de darte gracias. No hermanos, realmente no sé usted, pero si esto no toca su corazón como lo ha hecho con el mío. No sé otra cosa lo pueda hacer.
Y, ¿saben? Dios no solo le ha placido darse a conocer por su creación, Su Hijo y Su Palabra, y no solo quiere venir y morar o habitar conmigo, sino que vas más allá: Él decidió, siendo yo un pecador merecedor de Su juicio y castigo, tener comunión conmigo… lo que debería llevar a un sentido de sobrecogimiento, y debería llevar a todo creyente a gozarse en Él y entregar su vida por completo a Él como un sacrificio vivo, santo y agradable.
De esta forma hermanos, vamos entonces pasando de aceptar la «Existencia de Dios» a través de la creación y Su Palabra, así como por medio de la razón y los sentidos con algunos argumentos racionales, para empezar a tener comunión con Él y Su Hijo entendiendo mejor una de las implicaciones de mi llamado.
Vamos ahora con el tercer punto. Aquí seré más breve.

III. El Conocimiento de Dios y la unión transformadora:

Se refiere al alcance y los medios por los cuales la humanidad puede conocer a Dios. El medio y el fin de la salvación es el conocimiento verdadero, completo y personal de Dios, que es una unión entre el cristiano y Dios.
El conocimiento de Dios a través de naturaleza, con la ayuda del razonamiento y las pruebas, le permite a uno comprender ciertas verdades acerca de Dios, pero no es suficiente para comunicar lo que se debe saber y hacer para ser salvo, esto solo es posible por las sagradas Escrituras y la obra del Espíritu Santo en mi corazón.
Aquí comunión y conocimiento convergen completamente: uno llega a tener conocimiento cuando lo conocido entra en una especie de unión con el conocedor, en otras palabras, si yo quiero conocer más y mejor a mi esposa, tengo que tener una comunión con ella y ella conmigo. Ahí se produce esa union de los dos para tener un conocimiento intimo, personal y verdadero de cada uno. De la misma manera cuando ocurre la unión entre Dios y el creyente, yo empiezo a tener un conocimiento verdadero, personal e intimo de quién es Dios.
Me encanta lo que dice Pablo en Gal 4:8-9
Galatians 4:8–9 NBLA
8 Pero en aquel tiempo, cuando ustedes no conocían a Dios, eran siervos de los que por naturaleza no son dioses. 9 Pero ahora que conocen a Dios, o más bien, que son conocidos por Dios, ¿cómo es que se vuelven otra vez a las cosas débiles, inútiles y elementales, a las cuales desean volver a estar esclavizados de nuevo?
Conocemos a Dios no solo por mis méritos teológicos, doctrinales o de pasar horas y horas orando todos los días o leyendo la Biblia, conocemos a Dios–sobretodo–, por que primero somos conocidos por Él. En aquel tiempo–dice Pablo– refiriéndose a nuestra vida antes de Cristo, no conocíamos a Dios, éramos esclavos viviendo en cosas débiles, inútiles y elementales de este mundo y de mi propia vida, pero ahora somos conocidos por Dios.
Ahora bien, esta capacidad de conocer a Dios viene únicamente a través de Cristo, el cual es Dios encarnado y aquel que se nos da a conocer a través de la obra del Espíritu Santo que nos sella, nos enseña y guía al Padre y al Hijo.
Recordemos nuestro pasaje principal en Jn 17:3
John 17:3 NBLA
3 »Y esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.
Entonces hermanos, esa este conocimiento de Dios en Cristo, me lleva a tener una unión transformadora. Es decir, una unión que produce cambios radicales, sustanciales, transformadores en mi vida. Un antes y un después. Un nuevo nacimiento, una regeneración por la Palabra, un nuevo corazón, El Espíritu de Dios morando en mí, quién me lleva de gloria en gloria perfeccionándome hasta el día de Jesucristo.
Vamos ahora con nuestro cuarto punto…

IV. Tu llamado implica tener comunión con Dios y conocer a Dios:

Vimos hermanos que los tres puntos anteriores, a saber:
Pruebas de la existencia de Dios.
La incomprensibilidad de Dios, y
El conocimiento de Dios
Nos llevan a declarar de forma inexorable–es decir, algo que no podemos evitar–, que «Dios existe». Ahora partiendo de esta declaración, vamos a ver en este último punto que la «Existencia de Dios» de forma ineludible, debe llevar al ser humano a responder las implicaciones del llamado que Dios le hace, esto es, tener comunión con Él y conocer verdaderamente a Dios.
Una pregunta que surge aquí es: ¿Es lo mismo tener comunión con Dios que conocer a Dios?, ¿qué piensan ustedes?… Bueno, inicialmente yo pensaba que las dos palabras: comunión y conocer eran lo mismo, pero realmente son distintas, pero ambas están interconectadas, están relacionadas estrechamente. No las podemos separar y no debemos hacerlo.

1. Tener comunión con Dios:

La palabra griega para comunión es koinōnia (κοινωνία), aparece 19 veces en el N. T. en pasajes como 1 Cor 1:9 que ya leímos al inicio, en Hech 2:42, etc. Significa “compañerismo, participacion, lo que se tiene en común y se comparte”. De forma simple esta palabra «comunión» se manifiesta como una relación de presencia y diálogo continuo.
Veamos un ejemplo rápido y directo. Leamos Ex 19:3, 20
Exodus 19:3 NBLA
3 Moisés subió hacia Dios, y el Señor lo llamó desde el monte y le dijo: «Así dirás a la casa de Jacob y anunciarás a los israelitas:
Exodus 19:20 NBLA
20 El Señor descendió a la cumbre del monte Sinaí. Entonces el Señor llamó a Moisés a la cumbre del monte, y Moisés subió.
Aquí vemos en este capítulo que Dios le pide a Moisés que suba al monte, hacía Dios, el Señor lo llamaba a la cumbre del monte donde estaba la presencia de Dios.
Moisés ejemplifica esto de manera clara el concepto de comunión: cuando subía al monte o entraba en el tabernáculo, la columna de nube descendía, y Dios hablaba con él. La comunión es el acto de permanecer en la presencia de Dios, compartiendo su vida.

2. Conocer a Dios:

Ahora vamos con Conocer a Dios. Aquí la palabra griega es ginōskō (γινώσκω), que se traduce como «percibir», «entender», «conocer». En otras palabras, el Conocimiento de Dios, enfatiza la comprensión experiencial que surge del encuentro o de la comunión.
No se trata del conocimiento intelectual recibido de otros, sino del conocimiento de la vida diaria que Dios utiliza para darse a conocer a sí mismo a nuestra alma. Conocer a Dios es estar en relación con Él, y el conocimiento de Dios consiste en reverente obediencia a Él.
La distinción práctica: Moisés tenía comunión con Dios en el tabernáculo (presencia compartida), y a través de esa comunión conocía quién era Dios (comprensión transformadora). Ambas ocurren simultáneamente, pero la comunión es el contexto relacional donde el conocimiento se desarrolla.
¿Logre dar a entender la diferencia entre comunión y conocimiento? Bueno si no es muy claro para todos, les comparto esta corta analogía para hacerlo más comprensible.

Analogía explicativa:

Imagine una relación matrimonial profunda. La comunión es el acto de estar presente juntos—compartir la mesa, conversar, trabajar lado a lado, dormir en la misma cama. Es la experiencia diaria cercana, donde dos personas se entregan mutuamente a través de la presencia mutua y el diálogo. La comunión se describe en términos de permanecer en Dios, así como un cónyuge permanece en la vida del otro.
El conocimiento, en cambio, es lo que surge de esa comunión, es el resultado. No es información sobre su pareja aprendida de terceros, sino la comprensión profunda que surge de vivir juntos día tras día. Así como un esposo llega a conocer verdaderamente a su esposa a través de años de intimidad compartida, el creyente conoce a Dios a través de la comunión vivida.
La distinción es esta: la comunión es el contexto relacional (estar juntos), mientras que el conocimiento es el resultado experiencial (comprender quién es realmente esa persona). No puede haber verdadero conocimiento sin comunión, porque ambos requieren presencia y obediencia mutua.

Conclusiones:

En síntesis, las pruebas revelan a Dios (iniciando comunión), la incomprensibilidad mantiene la humildad en esa relación, y el conocimiento de Dios asegura que esa comunión es real y transformadora. Cada acción bajo la presencia divina es una prueba vivida de Dios, un misterio reverente de su infinitud, y una unión progresiva de conocimiento y amor.

Aplicaciones:

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