Deja la venganza al Señor

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Romanos 12:17-21

Esta sección empieza con una amonestación muy difícil de recibir porque es contraria por completo a la naturaleza humana no redimida: Bendecid a los que os persiguen. El cristiano obediente no solo debe abstenerse de aborrecer y lanzar represalias en contra de quienes le hacen daño, sino que tiene el mandato de dar el paso adicional y bendecir a tales personas.
Aquí en esencia Pablo está parafraseando las palabras del Señor mismo: "Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen" (Lc. 6:27-28; cp. Mt. 5:44). Jesús se refirió a esa misma clase de amor agape que Pablo exhorta a los creyentes a tener en Romanos 12:9, y que se caracteriza por ser voluntario, de corazón, sin hipocresía y que lleva a la entrega sin reservas de la persona misma.
Para que nadie creyera que estaba hablando de meros sentimientos de benevolencia, el Señor dio varias ilustraciones específicas de lo que el amor genuino hace en respuesta al maltrato. "Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues. A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva" (Lc. 6:29-30).
En otro comentario sobre la actitud que debemos mantener en tales situaciones, Jesús explica: "Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo" (vv. 32-33)
Como es de esperarse, el ejemplo supremo de bendición a los perseguidores de uno fue dado por nuestro Señor mismo. Siendo el Hijo de Dios libre de pecado, mientras estuvo clavado a la cruz llevando sobre sí el pecado de la humanidad, Él oró con una misericordia inimaginable: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lc. 23:34).
También Esteban hizo eco de esas palabras de su Salvador mientras yacía bajo las piedras lanzadas por quienes estaban acabando con su vida, cuando dijo: "Señor, no les tomes en cuenta este pecado" (Hch. 7:60).
"Pues para esto fuisteis llamados", escribió Pedro muchos años después; "porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al quejuzgajustamente" (1 P.2:21-23).
Nunca debemos pagar mal por mal (v.17)
No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres
En primer lugar, nunca debemos pagar mal por mal. Esta es una reiteración y extensión del segundo aspecto del principio enseñado en el versículo 14. No solo estamos obligados a bendecir a quienes nos persiguen y no maldecirlos, sino que esto implica que nunca se debe cambiar o pasar de una maldición verbal a un acto concreto de venganza.
La ley del talión en el Antiguo Testamento, de "ojo por ojo, diente por diente" (Éx. 21:24; cp. Lv. 24:20 Dt. 19:21) se aplicaba a la justicia civil, no a la venganza personal. No solo eso, sino que su propósito central era prevenir que la severidad del castigo excediera la severidad de la ofensa. En otras palabras, a una persona culpable de destruir el ojo de otra persona no se le podía imponer un castigo mayor que el de perder uno de sus propios ojos, si se daba el caso.
Unos cuantos versículos más adelante en esta carta, Pablo declara que quien ejerce la autoridad civil es "servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo" (Ro. 13:4). Al mismo tiempo, el uso de esa misma autoridad que no solo es permitida sino ordenada por Dios para el gobierno civil, ha sido prohibido por Dios para cualquier fin personal y privado.
"Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos" (1 Ts. 5:15). Pedro hace eco de la misma verdad usando casi las mismas palabras: "Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición" (1 P. 3:8-9).
Una actitud correcta hacia los enemigos incluye procurar lo bueno delante de todos los hombres. Si procuramos lo bueno para todos, incluyendo nuestros enemigos, tendremos una protección "incorporada" en contra de caer en la tentación de pagarles mal por mal en un arranque de ira, y por el contrario, tendremos la disposición permanente para hacer lo bueno para ellos.
Estos esfuerzos concretos para procurar lo bueno nos ayudarán a desarrollar la auto disciplina necesaria para prepararnos antes de que sucedan las cosas para responder a la maldad con todo lo que es bueno. Los creyentes deberían responder a todo de manera instintiva y espontánea con lo que es agradable a Dios y provechoso para los demás.
La palabra griega ka/os (lo bueno) se refiere a cosas que poseen un bien intrínseco y que en sí mismas son justas y honestas. También se aplica a cosas cuya bondad intrínseca es obvia y visible delante de todos los hombres. Pablo no está hablando de sentimientos disimulados sino de una bondad que se expresa en la práctica. En nuestra conducta diaria debemos estar dispuestos a perdonar y extender la gracia divina a nuestros enemigos, a fin de que "en todo adornemos la doctrina de Dios nuestro Salvador" (Tit. 2:10)
2. Debemos vivir en paz con todos (v.18)
Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres
El cumplimiento de la siguiente característica de la vida sobrenatural es condicional porque depende en parte de las actitudes y respuestas de nuestros enemigos. Por esa razón Pablo dice: Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. Trátese de naciones o individuos, la paz es una condición de doble vía.
Por definición, una relación pacífica no puede ser unilateral. Nuestra responsabilidad consiste en asegurar que nuestro lado de la relación es correcto, que tenemos el deseo genuino de estar en paz con todos los hombres, incluso los más malvados y los que menos lo merecen.
A fin de no poner en tela de juicio la verdad y los estándares de Dios, debemos estar dispuestos a hacer todo lo posible para construir puentes pacíficos con aquellos que nos odian y lastiman. Debemos abandonar cualquier resentimiento o amargura y perdonar de corazón y por completo a todos los que nos hacen daño. Si hacemos eso, entonces podemos procurar una reconciliación con plena sinceridad.
3. Nunca debemos vengarnos (v.19)
No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.
Las últimas dos características que Pablo enumera aquí son reiteraciones importantes. El apóstol denuncia otra vez la acción individual de devolver mal por mal cuando declara: No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios.
Si se comete un mal contra nosotros, sin importar cuán serio o dañino pueda haber sido, nunca estaremos calificados ni en condiciones para ejercer el derecho de infligir por nosotros mismos el castigo por la ofensa. Debemos dejar esto a la ira de Dios. Con una cita de la ley mosaica(Dt. 32:35),1 apóstol recuerda a sus lectores que escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor (cp.2 S. 22:48; Nah. 1:2; He. 10:30).
En su propio tiempo divino, la ira de Dios vendrá (Col. 3:6), y su justa retribución aguarda a todos los que no se han querido acoger a su perdón.
4. Debemos vencer con el bien el mal (vv.20-21)
Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. 21No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.
No obstante, el simple hecho negativo de no devolver mal por mal es apenas una parte del cumplimiento de nuestra responsabilidad. En algunas ocasiones la parte positiva del mandato es más difícil de cumplir. Abstenerse de la venganza es una cosa, lo único que se requiere es no hacer nada; pero algo muy diferente es devolver bien por mal.
Esa ha sido siempre la obligación del hombre piadoso, aun bajo el antiguo pacto. Pablo cita de Proverbios 25:21-22 el precepto que Dios había dado siglos atrás: Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.
La frase "amontonar ascuas de fuego sobre su cabeza" se refería a una antigua costumbre egipcia. Cuando una persona quería demostrar su contrición en público, se colocaba sobre la cabeza un sartén con carbones encendidos para representar el dolor calcinante de su vergüenza y sentido de culpa. Aquí el punto es que cuando amamos a nuestro enemigo y procuramos con toda sinceridad proveer para sus necesidades, podemos hacer que se sienta avergonzado por su odio hacia nosotros.
No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal es una admonición con dos significados y aplicaciones. En primer lugar, no debemos permitir que lo malo que otras personas hagan contra nosotros nos deje vencidos y abrumados.
En segundo lugar, y más importante todavía, no debemos permitir que seamos vencidos por nuestras propias reacciones malas a la maldad. Nuestra propia maldad es infinitamente más perjudicial para nosotros que el mal cometido por otros.
En cada caso, lo que debemos vencer es el mal mismo, no las personas que lo perpetran y necesitan ser perdonadas, y estas cosas solo se pueden lograr con el bien.
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